4 Discussion
4.3 Bilayer-bilayer contact as an on-pathway intermediate mediated by a
de las ciudades de alrededor de Jerusalén,
llevando enfermos y atormentados por espíritus impuros, y todos ellos eran sanados[142].
Pero esa imagen de unidad de la comunidad primigenia de Jerusalén no cuadra con el ciclo tradicional de relatos sobre los helenistas de Jerusalén, que está en la base de 6,1– 8,40 y 11,19-21[143]. Como ya se ha indicado anteriormente, ese ciclo de relatos supone la existencia de dos grupos en Jerusalén, el de los hebreos y el de los helenistas, que tuvieron un origen independiente y una organización y concepción diferentes.
Concretamente, en cuanto al motivo de la comunión de bienes reseñada en los sumarios (2,44-45; 4,32.34-35), el autor de Hch generaliza el dato de las tradiciones de 4,36-37, sobre el donativo de José Bernabé, y de 5,1-11, sobre el castigo de Ananías y Safira[144]. Pero no tiene en cuenta que esas tradiciones precisamente excluyen la generalización del dato. Ya que la misma transmisión de ellas supone lo extraordinario de los sucesos narrados, cosa que no cuadra con una comunión de bienes. Por otra parte, esos casos especiales narrados tratan solo de la venta de una finca y de la consiguiente entrega de su precio (4,37; 5,1), y no de una comunión generalizada de bienes. Es más, el mismo texto de 5,4 indica expresamente la no existencia de esa supuesta comunión de bienes. Tampoco cuadra con una comunión generalizada de bienes el conflicto señalado en 6,1 sobre la no atención a las viudas de los helenistas en el servicio caritativo diario de la comunidad.
8.1.2. Conflictos en Hechos
Normalmente, el autor de Hechos silencia los conflictos en el cristianismo antiguo. Pero no tuvo otro remedio que narrar algunos de ellos, ya que sin su mención quedaban sin aclarar acontecimientos importantes de la historia del movimiento cristiano y la misma secuencia narrativa del libro. Lo que hace en esos casos, entonces, es camuflar o suavizar los conflictos lo más posible, dándoles una solución sin ningún trauma.
a) Hebreos y helenistas
Como se ha señalado ya anteriormente, las diferencias entre el grupo de los hebreos y el de los helenistas en el relato de 6,1-6 tenían una dimensión mucho más profunda que la que intenta presentar el autor de Hechos[145]. No se trataba simplemente de una desigualdad en la atención de sus viudas en el servicio caritativo diario de la comunidad, sino realmente de dos grupos diferentes en su origen, en su organización y en su misma comprensión de las implicaciones del acontecimiento mesiánico. La solución del conflicto propuesta por el autor de Hch convierte a los siete dirigentes helenistas en simples administradores del servicio caritativo (servidores de las mesas), en dependencia de los doce apóstoles, los únicos proclamadores (servidores de la palabra). Pero la tradición señalaba claramente que esos dirigentes helenistas eran auténticos proclamadores de la palabra y misioneros.
b) Apertura a los gentiles
El mismo relato de Hch 10,1–11,18 señala la conflictividad del tema de la apertura misional a los gentiles, al realzar la renuencia de Pedro, que únicamente accede a la aceptación del gentil Cornelio después de la indicación de una visión celeste (10,9-16), y al mencionar expresamente la oposición de algunos miembros de la comunidad de Jerusalén, a los que tiene que responder Pedro (11,1-18). Pero realmente la conflictividad de ese tema tuvo una dimensión muy diferente a la presentada por el autor de Hechos. Fueron los helenistas, a diferencia de los hebreos, los que ya desde los primeros momentos abrieron su misión al mundo gentil (8,26-40; 11,19-21). Lo que intenta, entonces, el autor de Hch es oficializar la misión a los gentiles por medio de la figura de Pedro y de la comunidad de Jerusalén, conforme a su imagen de unidad, fundada en los doce apóstoles y en Jerusalén. Tampoco la solución presentada de la cuestión, con el total acuerdo de toda la comunidad de Jerusalén (11,18), cuadra con la realidad histórica, como indica el mismo libro en 15,1-2, al hablar de unos cristianos de Jerusalén que exigen en Antioquía la circuncisión de los cristianos gentiles, hecho que desencadenará la asamblea de Jerusalén. La cuestión fue, entonces, mucho más aguda y duradera, como señala claramente la carta de Pablo a los gálatas.
c) Asamblea de Jerusalén
El relato de la asamblea de Jerusalén en Hch 15,1-35 se funda, sin duda, en una tradición, pero esta está muy elaborada por parte del autor de Hch[146]. El relato actual coincide en varios datos con el paralelo paulino de Gal 2,1-10 y ofrece además algunos detalles sobre la ocasión de la asamblea y sobre la delegación de la comunidad de Antioquía enviada a ella. Pero el texto paulino señala que la discusión en la asamblea fue mucho más tensa que lo que indica el relato de Hch, que realza la armonía de todos los participantes. Tampoco el acuerdo conseguido en ella fue el que señala Hch 15,23-29. En la base de ese texto está, efectivamente, una tradición que intentaba regular la convivencia entre los miembros de origen judío y los de origen gentil, dentro de las comunidades cristianas mixtas. Pero esa tradición no se puede ligar a la asamblea de Jerusalén, ya que la excluye el informe paulino de Gal 2,6-10. Tampoco el resultado de la asamblea significó el final de la discusión del tema, como quiere el autor de Hch. Lo demuestra claramente el conflicto posterior en Antioquía (Gal 2,11-14) y la crisis gálata, de la que trata toda la carta a los gálatas.
Gal 2 1 Después, al cabo de catorce años,