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Caracterizar la dinámica de la estructura social de la región Rosario, requiere reconocer el impacto de las políticas de ajuste y reforma estructural aplicadas en la región en la década del ’90.

Sin entrar en el detalle analítico de la aplicación de estas medidas, se pueden delinear algunas de las principales consecuencias inmediatas

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de las mismas: una reestructuración económica, con un fuerte peso del factor tecnológico que profundizó los desequilibrios regionales, la desestructuración del aparato productivo nacional, especialmente en el sector de la pequeña y mediana empresa, y un proceso de reforma de las condiciones laborales, marcadas por una fuerte flexibilización y precarización laboral.

En términos de estructura social se produjo una profunda transformación en el ámbito nacional, que tuvo un fuerte correlato en la región, con la desintegración progresiva del mercado de trabajo y el consecuente aumento del desempleo y subempleo, que generó un circulo vicioso de pobreza, vulnerabilidad y exclusión social.

La literatura al respecto ha desarrollado ampliamente el tema, advirtiendo la heterogeneidad intrínseca de algunos estratos sociales, fenómeno que se acentúa a partir de la consolidación del proceso de acumulación afianzado durante la década del ’90, en donde la pobreza adquiere un carácter más diverso, ante la creciente vulnerabilidad de los sectores medios y medios – bajos (Torrado – 1994). El altísimo nivel de desempleo y de subempleo constituyen un problema social relativamente inexistente en el pasado, pero hoy puede pensarse como un elemento estructural y económicamente funcional al modelo de acumulación impuesto. El riesgo de descenso social empieza a cristalizarse como nunca antes en una sociedad acostumbrada a la movilidad social ascendente.

Por otro lado, el desmantelamiento de los servicios sociales públicos y los sucesivos recortes del gasto social, agudizaron aún más la situación, dejando en desprotección a amplios sectores de la sociedad.

En este contexto, en diciembre del 2001 se precipitó una crisis sin precedente en el período democrático iniciado en 1985, a partir de la salida compulsiva del tipo de cambio fijo que se ejecutó en el 2002, mediante una devaluación del peso, lo cual: “en el contexto de un inconsistente programa económico, acelera el deterioro económico y social” (Barbeito y Lo Vuolo – 2002).

Desde el punto de vista de las instituciones del Estado de Bienestar se acompañó a este proceso con una serie de reformas en el área social estructurada sobre dos ideas-fuerza: focalización y pobreza extrema, es decir, la identificación de los grupos más pobres y la focalización del gasto social en los mismos (Lo Vuolo, Barbeito y Rodríguez Enríquez – 2002), suponiendo con ello una mayor eficacia, tanto en la asignación del gasto como en diseño y ejecución de las políticas.

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Para el año 2003, el sector de población que vivía bajo la línea de pobreza en el aglomerado Rosario superaba el 50% (VER ANEXO VII.2.), y el Censo Nacional de Población y Vivienda del año 2001, registró que 35.950 familias vivían en asentamientos irregulares, es decir sin servicios básicos adecuados.

Rosario ha sido, y sigue siendo, contenedora de grandes contingentes de población expulsada de sus lugares de origen por el empeoramiento de las condiciones socioeconómicas regionales que, junto a sectores empobrecidos de la misma ciudad configuran la población de los asentamientos irregulares.

Si bien la noción de irregular refiere a la condición de tenencia de la tierra, las características que prevalecen en esta población, hace que se asocie el termino a otro concepto, el de exclusión que, en el caso de este sector social, se manifiesta en un doble sentido: exclusión urbanística-estructural y exclusión socio-cultural.

El gobierno local desplegó, sin embargo, políticas de contención, el sistema de salud pública es sin duda el logro más importante. Junto a esto, existen otros programas como el Rosario Hábitat, que promueve la incorporación de los asentamientos irregulares a la ciudad, el Programa Crecer que es una intervención integral de atención a la niñez y diferentes programas de promoción de emprendimientos productivos, entre otros.

En el año 2005 el escenario es sensiblemente diferente, de casi un 25% de desocupación en los primeros trimestres del 2003, en el 2005 no superó el 15%, y para el primer trimestre del 2008 la desocupación ya estaba por debajo del 10% (VER ANEXO V.II.3.).

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Fuente: Sistema de Información Metropolitano – en Base a datos EPH -INDEC Desde distintas posiciones se sostiene por un lado, que la recuperación responde a las condiciones macroeconómicas favorables que viene transitando el país y la región en los últimos años, otras opiniones argumentan que las políticas locales han posibilitado tal despegue, quizá desde una posición intermedia se encontraran factores de despegue en la suma de los esfuerzos.

Por otra parte la región ostentaba un escenario más equitativo que el resto del país en la distribución del ingreso. El Coeficiente de Gini, que muestra la concentración del mismo, y que compara la distancia entre los ingresos del 10% de la población que más gana, y el 10% de la que menos gana, tenía un valor a mediados de 2005 de 0,42 para Gran Rosario, 0,45 para Gran Córdoba, 0,49 para Gran Buenos Aires, y 0,51 para el total de los aglomerados.

De todas formas, y a pesar de la espectacular recuperación, queda claro que aún hay importantes problemas por resolver y que las características de la región la hacen muy vulnerable frente a los shocks económicos. La situación actual, frente a políticas adoptadas en relación al sector primario exportador dan cuenta de esta característica.

La consolidación de un proyecto colectivo requerirá especialmente tener presente estas cuestiones. Es común encontrar en América Latina, (aún al interior de regiones con potencialidades para competir en el orden global) desequilibrios en la estructura social.

T a sa d e d e so cu p a ci ó n

Comparación de la tasa de desocupación entre Aglomerado Gran Rosario y Total de Aglomerados

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La Región Metropolitana de Rosario, con enormes posibilidades competitivas en el contexto global, deberá simultáneamente, implementar estrategias para morigerar los desequilibrios que aún persisten en su interior.

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