Carlos Montes Serrano define el análisis como “cualquier labor encaminada a obtener un conocimiento cierto y exhaustivo de una realidad determinada; conocimiento que adquirimos
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mediante cierta operación intelectual que permite estudiar y captar las propiedades esenciales o constitutivas de un objeto; conocimiento que no podemos alcanzar mediante la simple percepción del objeto o de la realidad.” 43
Señala así las operaciones intelectuales que suponen un análisis, y la diferencia en la calidad y el nivel de la información que se consigue con el mismo respecto de la simple visión.
El análisis como operación intelectual remite al estudio de un objeto a través del desmenuzamiento concienzudo de las partes que lo componen. Por ello, estará muy ligado en su primera etapa a la observación meticulosa y a la descripción. En lo correspondiente al análisis de las formas estéticas, el autor hace una adecuada clasificación de las distintas tipologías analíticas y sus supuestos teóricos. Básicamente reconoce dos caminos posibles:
descomponer la forma en los elementos relacionados que la constituyen: la finalidad es estudiar los elementos compositivos de manera independiente, para luego indagar en el modo en que estos elementos se interrelacionan tanto entre ellos como con la totalidad de la unidad formal. Así, dos operaciones son las principales para este tipo de análisis: la descomposición en partes y, en un segundo momento, la síntesis.
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Montes Serrano, Carlos, Representación y análisis formal, Secretariado de Publicaciones Universidad de Valladolid, Valladolid,1992, pp. 157-160.
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indagar en los principios o leyes que han regido su proceso generativo: aquí se busca conocer, a través de un acercamiento ordenado, metódico y razonado, la forma a partir de sus causas y principios generadores, para intentar explicar la dinámica complejidad de factores que la ha generado.
Al tomar uno de estos dos caminos, y al ser guiados por un concepto de forma que sirva para definir las áreas de interés de la investigación en particular, se han de encontrar con distintas opciones.
Si la forma es entendida como configuración, los análisis formales pueden ser:
descriptivos: los puramente analíticos. Como su nombre lo indica, el rumbo de las indagaciones se dirige hacia la enumeración de los elementos constituyentes de la forma, a fin de descubrir luego las relaciones que los unen con el todo de la composición. Esta clase de análisis deberá detenerse especialmente sobre la geometría y las dimensiones de la forma y sus elementos, y las relaciones de orden (simetría, proporción, posición, ritmo y armonía) que se ven siempre influidas por aspectos perceptivos de la forma (color, claroscuro, textura)
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fenomenológicos: centrarán su atención en la forma como fenómeno. Esto implica indagar en los modos de la percepción y la comprensión de las formas, y cómo se configuran los diversos elementos en la conciencia del espectador.
Si se entiende el concepto de forma como la resultante de un proceso de configuración formal, entonces corresponde decantarse por el análisis procesativo: sobre la base de un análisis descriptivo, se acentúa la interpretación de las intenciones formantes que presidieron la creación de las estructuras de las obras estéticas consideradas. Montes Serrano distingue dos clases de análisis procesativos: los que intentan descubrir la dinámica del proceso de formalización, y los que se concentran en la consideración genética de la forma. Además, si lo relevante en un análisis es reconocer los grupos formales a los cuales responde una obra, se verá en la necesidad de abordar los análisis estilísticos o tipológicos, en los cuales los factores históricos y culturales adquieren el mayor protagonismo.
Ciertamente, al elegir un modo de análisis se procede a observar el objeto (en este caso, la obra artística) desde una perspectiva determinada; es por ello que siempre es menester combinar las diferentes visiones que brindan los diferentes modos de acercarse a la obra para obtener así una visión más rica y completa.
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Esta clasificación general, propuesta por Montes Serrano, es útil para ser introducidos a la manera específica de tratar con las obras que ha legado la cultura de El Tajín. Se ha visto la importancia de trazar un recorrido metodológico que se ciña a los requerimientos individuales de cada obra, pero teniendo en mente siempre los aspectos analíticos que guían esta investigación. Por ello se hace necesario esbozar un modelo de análisis para el lenguaje visual de la cultura de El Tajín.
Existe con un precedente muy valioso que se encuadra además con las propuestas epistemológicas que se han trazado en las páginas precedentes: el trabajo de José Francisco Villaseñor Bello acerca del lenguaje visual de las pinturas murales de Bonampak44. Este autor señala como distintivo de la civilización mesoamericana el sitio predominante que ocuparon las imágenes en las distintas sociedades que poblaron la región a lo largo del tiempo, y cómo, a partir del estudio de sus respectivos lenguajes visuales, se ha logrado penetrar en muchas de las claves de su complejo pensamiento.
Villaseñor Bello se ve en la necesidad de establecer un modelo de análisis novedoso, ya que la estética mesoamericana no puede comprenderse plenamente a partir de los cánones occidentales contemporáneos; es por ello que en su trabajo de investigación, su principal objetivo ha sido rescatar, en la
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Villaseñor Bello, José F., Concepto, ojo y trazo: una aproximación al lenguaje
visual de Bonampak En: La pintura mural prehispánica en México Área Maya Bonampak Tomo II, UNAM Instituto de Investigaciones Estéticas, México, 1998, pp.
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medida de lo posible, el punto de vista prehispánico en la manera de configurar los elementos visuales, para así lograr un mejor acercamiento a la lectura de sus discursos plásticos. Tomando como punto de partida el modelo de análisis de la Escuela de Viena –escuela que busca relacionar la historia cultural y la historia de las formas–, y deteniéndose particularmente en las propuestas de Hans Sedlmayr y sus discípulos del Instituto Warburg –basadas sobre los aportes del formalismo, la Gestalt y la historia de la cultura–, Villaseñor Bello traza dos supuestos fundacionales para su propio trabajo:
la obra de arte no se encuentra nunca aislada;
el valor de una obra se ha de comprender teniendo en cuenta su significación religiosa, su fundamento intelectual y las condiciones culturales de la sociedad en que vio la luz.
Así, los inevitables análisis descriptivos abren la puerta, en una segunda instancia de estudio, a la interpretación hermenéutica de la obra, interpretación que estará dirigida hacia el sentido que esa forma tenía en su contexto original de producción. Los aportes que hacia la mitad del siglo XX realiza el Estructuralismo, sobre la base del modelo de la Lingüística y la Semántica, ayudan a encontrar el necesario lazo entre la forma (el significante) y su sentido (el significado).
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Por otra parte, las teorías de la Gestalt acerca de la percepción sirven como apoyo evidente al modelo de análisis estructural. Esta conjunción de ideas lleva a concluir a este investigador que “lo importante en la interpretación es la comprensión visual de las formas representativas, es decir: captar y analizar las cualidades visuales, las formas y las figuras.”45
El modelo de análisis que se perfila a partir de dichos postulados (los estructurales-lingüísticos y los gestalticos) presenta diferentes momentos y niveles de aproximación a la obra:
Un primer momento en que se capta la cualidad visual que se halla en cada detalle y en el conjunto total;
Un segundo momento en el que se propone identificar la figuración y el orden que cada una de las partes tiene en el conjunto46.
La ordenación de los elementos se configura tanto en el plano como en el espacio, y es en ese orden que se desarrollan los temas figurativos (formas y figuras que se aprecian de modo directo).
Con la aplicación de este modelo de análisis lo que se busca es reconocer la existencia de un “pensamiento visual”, establecido y aceptado tanto por los productores de mensajes (los artistas)
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Villaseñor Bello, J. F., op. cit., p. 83. 46
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como por los receptores (espectadores de las obras) a nivel de norma convencional.
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5. ELEMENTOS FORMALES DE LA ARQUITECTURA-