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10. Taxation of Online Publishers by the Jurisdictions of the Users

5.2. The Tax Should Follow the Economics

5.2.3. Can We Close the Gap?

5.2.3.1. Get More Blocks = Add More Rules

(2008)

Valor del comercio (mill U$D)

Participación de la UE

Exportaciones Importaciones Saldo Exportaciones Importaciones

Latinoamérica 128.687 133.568 -4.881 14,6% 14,5% Com. Andina 12.638 10.870 1.768 15,6% 12,6% Centroamérica 2.884 3.485 -601 16,1% 7,5% Chile 16.871 7.162 9.710 22,4% 12,6% Mercosur 60.911 47.951 12.960 22,2% 20,2% México 17.167 39.244 -22.067 6,8% 12% Caribe 7.886 8.724 -838 20,9% 12,6%

De producirse un acuerdo, la asociación económica UE-Mercosur conformaría el mayor bloque comercial del planeta, con una población de casi 600 millones y un PBI estimado de 10 billones de dólares, aunque con profundas asimetrías en el desarrollo socio-económico de sus participantes (A. Donizeti, 2010).

«Cabe esperar un fortalecimiento de las relaciones económicas entre la UE y el MERCOSUR

durante el próximo decenio, notablemente en aquellos sectores que registran ya intensos flujos de comercio e inversión», decía optimista en 1999 un documento del Instituto de Relaciones Europeo-Latinoamericanas (IRELA), con base en Madrid. Este mismo organismo proyectaba entonces que la eventual expansión del comercio interregional a partir del acuerdo de libre comercio se concentraría en los sectores de: industria automotriz, bienes de capital, tecnologías de la información, infraestructura, telecomunicaciones, comercio electrónico y otros sectores como petróleo, gas natural, agroindustria, lácteos, plantas hidroeléctricas, aeronáutica y turismo.

Las barreras no arancelarias surgieron en aquellos primeros debates como uno de los obstáculos más difíciles a superar. La diferencia de marcos jurídicos y fiscales, así como de criterios sobre embalaje, seguridad y salud, son algunas de las barreras cuya supresión resultaría necesaria para promover un proceso de libre comercio. Según cálculos del Grupo de Río, 144 más del 20% de las exportaciones latinoamericanas a la UE se enfrentan a condicionamientos de este tipo, tales como certificados de importación, contingentes, precios de entrada, derechos antidumping (medidas compensatorias) o normas sanitarias. «Entre los obstáculos políticos, cabría citar la escasa coordinación política entre los Estados del MERCOSUR, la cual puede generar tensiones entre las dos grandes economías

del bloque. Numerosos analistas consideran que los actuales mecanismos de solución de litigios del MERCOSUR son inadecuados, y que las acciones comerciales unilaterales podrían

afectar a los vínculos subregionales», advirtió el IRELA (1999:6).

Tanto la Unión Europea como el Mercosur pertenecen al grupo de países que son importantes protagonistas en el comercio mundial de productos agrícolas. La UE es el primer exportador e importador mundial, con una participación del 10,1% en el total de exportaciones y el 12,4% de las importaciones. Brasil, con el 4,2% de participación ocupa el cuarto lugar entre los exportadores y Argentina, con el 2,3%, el octavo (G. Molle, 2008:99). Es aquí donde radica la principal traba del acuerdo que está en danza desde 1999. El predominio de productos agrícolas del Mercosur es un tema altamente sensible para los intereses de libre comercio. Europa dice que al avanzar en un acuerdo varias de sus industrias se verán afectadas por algunas exportaciones latinoamericanas, principalmente las de productos primarios como carne, cereales, miel natural, café, té, cacao, azúcar, extracto de fruta, cuero, calzado, papel, lácteos, tabaco, bebidas, aceites, hierro y compuestos químicos.

Es así que algunos países de la UE, adelantaron sus críticas al eventual proceso de intercambio intrarregional. Según estos detractores, un ALC con el Mercosur encarnaría una amenaza para la Política Agrícola Común (PAC), toda vez que las exportaciones agrícolas y pesqueras del territorio americano son sumamente competitivas y tienen un coste de producción mucho menos que el de los productos europeos equivalentes.

En la actualidad, los productos agrícolas y pesqueros representan el 40% de las exportaciones totales del Mercosur a la UE. En estos dos rubros, la Unión registra un importante déficit comercial con el bloque sudamericano, que se contrasta con un generoso superávit en otros sectores económicos, como la industria. En esferas de lobby agrícola europeo, se calcula que un ALC con el Mercosur generaría costes adicionales de

144 El Mecanismo Permanente de Consulta y Concertación Política, mayormente conocido como el Grupo de Río, es un organismo internacional que efectúa reuniones anuales entre los jefes de Estado y de Gobierno de países firmantes de América Latina y el Caribe. Lo integran: México, Colombia, Panamá, Venezuela, Argentina, Brasil, Perú, Uruguay, Bolivia, Chile, Ecuador, Paraguay, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, República Dominicana, Guyana, Haití, Belice y Cuba.

entre 5.700 y 14.300 millones de euros al año, en concepto de compensaciones ofrecidas a los agricultores europeos por las pérdidas derivadas de la competencia con el Cono Sur. Otros cálculos señalan que sólo el 14% de las exportaciones totales del Mercosur corresponde a mercaderías realmente sensibles y que apenas algo más del 2% tendría un impacto negativo en la UE en término de pérdida de mercados (IRELA, 1999:7).

Para el Centro de Economía Internacional (CEI) del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Argentina (2003:8), ante la posible resistencia de parte de la UE a dar preferencias en alimentos, las cuotas arancelarias constituyen una manera de mejorar su acceso, ya sea ampliando el tamaño de las cuotas asignadas a cada país o recibiendo nuevas cuotas preferenciales bilaterales. «Si bien por un lado la alternativa de la cuota acota el volumen de exportaciones que pueden ingresar sin pagar arancel o pagando aranceles más bajos, por el otro asegura a la UE un límite al incremento de importaciones en un sector muy sensible, que recibe el mayor grado de protección promedio y que se beneficia de diversos mecanismos de subsidio. En otras palabras, aunque no sea lo ideal, parece la mejor solución políticamente posible», concluye el organismo.

«Los temores europeos en materia de agricultura podrían verse mitigados por el hecho de que un eventual ALC con el MERCOSUR incluirá muy probablemente dilatados períodos de

transición para algunos productos, con una liberalización gradual y selectiva. Ello brindaría a la UE suficiente tiempo para reformar la PAC con vistas a preparar el mercado agrícola europeo a una competencia forzada de los productores del MERCOSUR (…) Las

perspectivas de superar los obstáculos a las negociaciones agrícolas dependerán en cierto grado de la actitud que adopten los beneficiarios potenciales de un acuerdo UE-MERCOSUR.

De ahí la importancia crítica del sector privado como locomotora de una asociación entre los dos bloques. La activa implicación de intereses empresariales en los capítulos industrial y de servicios podría ayudar a decidir el curso de las negociaciones, haciendo contrapeso a la oposición de los intereses agrícolas», concluye el IRELA (1999:7).

Pero la cuestión agrícola no constituye la única preocupación; también desde Sudamérica se escuchan algunas objeciones en torno a que el eventual acuerdo comercial podría debilitar y desintegrar la estructura productiva del Mercosur. «Los estudios realizados sobre el posible impacto de una zona de libre comercio, muestran que el MERCOSUR solamente podría aumentar sus exportaciones a la UE con la eliminación de todas las trabas al comercio de bienes agropecuarios, pero que, inevitablemente, su industria, tal como existe actualmente, sufrirá fuertemente la competencia de la industria comunitaria. Si el MERCOSUR accediera a los pedidos de la UE, que no tienen una contrapartida en mejor acceso para sus exportaciones más competitivas, estaría aceptando un acuerdo con un fuerte impacto negativo para el comercio recíproco, incluido su estructura industrial. A ello debe adicionarse el hecho de que la UE condiciona las limitadas concesiones en productos agrícolas y agrícolas procesados a la satisfacción de sus pedidos en otros temas: servicios, compras públicas, inversiones, denominaciones de origen, etc. Un acuerdo comercial que debilite y desintegre la estructura productiva del MERCOSUR, no es proclive de beneficiar a las partes», considera Graciela Molle (2008:118).

Las negociaciones en torno al ALC entre América Latina y Europa siguieron avanzando, aunque sin llegar a un pleno acuerdo que permita poner en marcha dicho espacio común, al menos en los tiempos iniciales marcados por el grupo de trabajo (2005, según el IRELA). Desde Río de Janeiro en 1999, las cumbres de presidentes de ambos bloques se han venido produciendo cada dos años: Madrid, en mayo de 2002, Guadalajara, en mayo de 2004, Viena, en mayo de 2006, Lima en mayo de 2008, y nuevamente Madrid, en mayo de 2010. La séptima cumbre está programada para mayo de 2012, en Chile.

En la quinta cumbre realizada en Perú, la posición comunitaria consistió en una nueva descalificación de la oferta del Mercosur y en el reclamo de una definición sobre sus pedidos, dirigidos a una desgravación anticipada con armonización previa de los niveles arancelarios para los productos industriales y la aceleración de todos los cronogramas de

desgravación, incluyendo la creación de nuevas categorías a plazos menores. A este difícil encuentro, le siguió la reunión Ministerial de Bruselas de noviembre de 2003, que dio por cumplido el programa de trabajo establecido en Río a pesar de que los resultados mostraban que este cumplimiento era meramente formal y que no se había logrado destrabar las negociaciones. Ignorando esa realidad, se formuló un nuevo programa de trabajo, con un calendario de reuniones dirigidas a intensificar la negociación con la meta de concluirlas en octubre de 2004, fecha de renovación de la Comisión Europea (G. Molle, 2008).

Seis años después de este plazo, en la última cumbre de 2010, UE y Mercosur han decidido relanzar las negociaciones. Los acuerdos firmados en la reciente cumbre de Madrid inauguran un nuevo paradigma de acuerdos por parte de la UE. Según Antonio Donizeti (2010) del IICA son parte de una nueva modalidad europea de inserción internacional caracterizada por un progresivo abandono del trato especial que ofrecía unilateralmente a sus ex colonias. Este trato unilateral siempre ha sido bastante criticado por la demás países de América Latina que se han sentido discriminados por las preferencias unilaterales otorgadas por la UE a los países del Caribe, junto con otras economías de África y el Pacífico. La UE viene gradualmente abandonando este esquema de preferencias unilaterales y lo está reemplazando por sistemas de concesiones recíprocas en nuevos Acuerdos de Asociación Económica (EPA, por su siglas en inglés).

En medio del agravamiento de la crisis económica en la zona del euro y en un entorno internacional poco propicio para movimientos de liberalización, el anuncio del relanzamiento de las negociaciones no dejó de ser sorprendente, en especial después que un grupo de diez países europeos, liderados por Francia, habían divulgado un manifiesto contrario al reinicio de las negociaciones. El argumento esgrimido por estos países es que ese movimiento enviaría una señal muy negativa para la agricultura europea, que ya viene enfrentando grandes desafíos (A. Donizeti, 2010).

A pesar de no llegar aún al libre comercio, en todo este tiempo ambos bloques han venido fortaleciendo sus relaciones, a partir de la firma de convenios y acuerdos comerciales, liberación de aranceles para algunos productos, la puesta en marcha de fundaciones y líneas de financiamiento, como así también el fortalecimiento del diálogo intrarregional. Es así que para dar seguimiento a los compromisos acordados, funciona un Grupo Birregional de Altos Funcionarios, el cual se reúne con regularidad, con objeto de evaluar e impulsar la aplicación de los compromisos con miras al fortalecimiento de la asociación estratégica entre ambos bloques, quienes, hasta el momento, se han reunido en unas treinta ocasiones. Asimismo, previo a la celebración de las reuniones de Jefes de Estado y de Gobierno se lleva a cabo una reunión de los cancilleres de ambas regiones con la participación de la Comisión Europea y la Secretaría General del Consejo Europeo, a fin de revisar los documentos que serán aprobados por los Mandatarios. 145

«En estos últimos seis años en que las negociaciones estuvieron estancadas el mundo cambió mucho. Un acuerdo comercial ambicioso, con una agenda actualizada, que contribuya para la liberalización del comercio y la creación de un entorno con previsibilidad de reglas para el desarrollo de los dos bloques con la dimensión económica y grado de complementariedad del MS (Mercosur) y UE sería sin duda una buena noticia. Pero la coyuntura económica y la falta de flexibilidad de ambos bloques pueden impedir que se logre un acuerdo ambicioso. Solamente una fuerte voluntad política podría superar esas dificultades», concluye el especialista regional en políticas y comercio, Antonio Donizeti (2010).

145 Con información de la Presidencia española de la Comisión Europea (2010):