2.3 Some Useful Components
2.3.3 Blundo et al.’s Distributed Oblivious Transfer Protocol (Full Protocol)
Arenas y Fernández (2009, p. 10) manifiestan que la formación docente es aquella que posibilita el desarrollo de competencias propias del ejercicio profesional en los diferentes niveles y modalidades del sistema educativo, se entiende, el conjunto de cursos o eventos académicos con validez oficial, que tienen por objeto habilitar la práctica y/o actualizar a quienes realizan funciones de docencia, en las teorías, procedimientos y técnicas para impartir la enseñanza.
Berbaum (1982) concibe la acción de formación como aquella en la que el cambio se consigue a través de una intervención a la que se consagra un tiempo determinado, por lo cual hay participación consciente del formado, en la que existe voluntad explícita a la vez del formado y formador de conseguir un objetivo explícito. Por su parte, Ferry (1997) entiende la formación como un proceso de desarrollo individual tendiente a adquirir o perfeccionar capacidades. Este autor diferencia la formación del profesorado de otras actividades formativas. En primer lugar, señala que se trata de una formación doble, en la que se ha de combinar la formación académica con la formación pedagógica. En segundo lugar, la formación del profesorado es un tipo de perfeccionamiento profesional, es decir, forma profesionales. En tercer lugar, la formación del profesorado es una formación de formadores, lo que influye en el necesario isomorfismo que debe existir entre la formación de profesores y su práctica profesional.
Gonzales (1995), nos dice que se puede hablar de formación del profesorado como una acción o conjunto de actividades que se desarrollan en contextos organizados e institucionales a través de las cuales las personas adultas interaccionan e interiorizan conceptos, procedimientos y actitudes que les capacitan para intervenir en la enseñanza.
El cambio educativo necesita en todo tiempo de la calidad, esta palabra se escucha por todo el planeta Tierra, pero calidad no es únicamente conocimientos científicos, calidad es hacer de un humano, un ser más humano, más sensible, más preocupado por los demás.
Ecuador dio un gran paso al permitir la participación de sus docentes en la actualización y reforzamiento del currículo educativo para la Educación General Básica, con ello se confirma que ningún cambio puede hacerse sin la participación de los docentes (Fabara, 2000).
Estas manifestaciones de inclusión docente en las reformas educativas van bajando de tono a las observaciones que anteriormente se han hecho, cuando se decía que la formación docente no ha logrado dar el salto requerido. Los profesores paso a paso, ya se van encaminando hacia la formación que necesita la Patria. Los profesores ecuatorianos están saliendo de aquellas corrientes educativas de fines del siglo XX, reconociendo por cierto las fortalezas del papel del profesor moralizador y socializador, que se identificaba como un normalizador del comportamiento de los niños. Los educadores están conscientes de que este modelo de profesor carece de una amplia formación teórica, que su accionar fue la rutina, que no contó con un saber básico ni técnico para desarrollar el trabajo en el aula.
Davini (1995) manifiesta que no es posible en tiempos actuales, mantener vigentes aquellos rasgos propicios de una tradición moralizadora-disciplinadora, académica, y eficiente en consecuencia el maestro de hoy no puede ser formado para alcanzar resultados desde un campo jerárquico, que beneficie al interés del poder económico.
La formación docente necesita la participación de importantes corrientes que se exprese a través de proyectos ideológico-pedagógicos, a este respecto se identifican, la tendencia pedagógica crítico social y la pedagogía hermenéutica participativa. La primera se centra en recuperar los contenidos significativos dentro de la enseñanza que permita reflexionar acerca de la transformación social.
En la segunda corriente el profesor se forma como mediador entre el material formativo y los alumnos, lo cual conlleva a cristalizar críticamente los contenidos, las prácticas sociales y la enseñanza. Esta corriente motiva al docente a que revise críticamente las relaciones sociales en la práctica escolar, lo interesante de esta corriente es que los maestros aprendan y enseñen a pensar a sus estudiantes, es decir, que se enfatice la comprensión por encima de la simple explicación de los fenómenos sociales.
Las instituciones formadoras y maestros tienen la responsabilidad de formar profesores, con una nueva forma de comunicación pedagógica, una nueva relación con el conocimiento, un desplazamiento del control sobre los procesos del aprendizaje como lo define Brunner (2000), por lo que urge un cambio de enfoque, una mirada desde otro lado, un cambio de paradigma, que se debe analizar. Para Braslavsky (1999) es importante reprofesionalizar a
la profesión misma, y no a cada maestro en particular, esto significa que los profesores sean más competentes, con identidad múltiple y consistente.
Al mismo tiempo, el profesorado necesita ser formado en el dominio de destrezas y habilidades didácticas que le permitan programar y desarrollar sus tareas, resolver conflictos, analizar y reflexionar sobre cuestiones reales del entorno, llevar a cabo métodos de trabajo que potencien su proceso de enseñanza y mejoren el aprendizaje de sus alumnos y evaluar todo el proceso educativo. Por último, el docente debe ser formado en actitudes de respeto y tolerancia, y al mismo tiempo, en la aceptación del importante y relevante papel que realizan como educadores y formadores de los más jóvenes dentro de la sociedad, de los futuros adultos.
La formación profesional docente implica no solo los diferentes tipos de capacitación en cursos, carreras de pregrado y posgrado que reflejan la capacidad académica de los docentes, implica que esa asimilación de conocimientos sea transmitida a sus estudiantes con el compromiso de ir mejorando la calidad educativa en base a la ética y la moral, generando en sus alumnos una actitud positiva de responsabilidad, análisis y pensamiento crítico. Aquí también cumple un rol trascendental las instituciones responsables de la regulación y control, para que el seguimiento a procesos y proyectos se los realice en base a un trabajo responsable y sostenible en el tiempo.