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La tensión entre la ciencia y la religión es antigua y está bien documentada. Quizás el ejemplo mejor conocido es el conflicto de Galileo con la Iglesia Católica. En 1633 la Inquisición obligó a Galileo a abjurar públicamente de sus ideas copernicanas, y lo condenó a permanecer los últimos años de su vida bajo arresto domiciliario en Florencia. La Iglesia objetaba la teoría copernicana porque, de hecho, contravenía las Sagradas Escrituras. En tiempos más recientes, el choque más prominente ciencia/religión ha sido la amarga disputa entre los darwinistas y los creacionistas en los Estados Unidos, de la cual nos ocuparemos aquí. Las oposiciones teológicas a la teoría de Darwin no son novedosas. Cuando El Origen de las Especies fue publicado en 1859, atrajo inmediatamente la critica de los sacerdotes en Inglaterra. La razón es obvia: La teoría de Darwin sostiene que todas las especies actuales, han descendido de ancestros comunes al cabo de un largo periodo de tiempo. Esta teoría contradice claramente el Libro del Génesis, el cual dice que Dios
creó a todas las criaturas vivientes en un periodo de seis días. Así, la elección parece radical: O usted cree en Darwin o usted cree en la Biblia, pero no en ambas. Sin embargo, varios darwinianos creyentes han encontrado formas de reconciliar su fe cristiana con la creencia en la evolución – incluyendo varios biólogos eminentes. Una forma es simplemente no pensar para nada en el conflicto. Otra forma, intelectualmente mas honesta, es sostener que el Libro del Génesis no debería ser interpretado literalmente – se reconocería a este como alegórico o simbólico. Porque después de todo, la teoría de Darwin es bastante compatible con la existencia de Dios, y con otros puntos del Cristianismo. Es solo la verdad literal de la historia bíblica de la creación lo que el darwinismo rechaza. Por lo tanto, una versión convenientemente atenuada del cristianismo puede llegar a ser compatible con el darwinismo.
Comoquiera, en los Estados Unidos, particularmente en los estados sureños, muchos protestantes evangélicos se han opuesto a flexibilizar sus creencias religiosas para que encajen con los hallazgos científicos. Ellos insisten en que el relato bíblico de la creación es literalmente verdadero, y que la teoría de la evolución de Darwin esta completamente equivocada. Esta opinión es conocida como ‘creacionismo’, y es aceptada por cerca de 40% de la población adulta en los EE.UU., una proporción mucho mayor que en Gran Bretaña y Europa. El creacionismo es una poderosa fuerza política, y ha tenido considerable influencia sobre la enseñanza de la biología en las escuelas norteamericanas, para consternación de los científicos. En el famoso ‘ensayo del mono’ de la década de 1920, un profesor de una escuela de Tennessee fue convicto de enseñar la evolución a sus alumnos, en violación a la ley del estado. (La ley fue finalmente revocada por la Corte Suprema en 1967.) En parte por causa del ensayo del mono, el tema de la evolución fue omitido completamente del currículo de las escuelas secundarias de EE.UU. por varias décadas. Generaciones de adultos norteamericanos crecieron sin saber nada de Darwin.
La situación empezó a cambiar en la década de 1960, encendiendose una nueva ronda de batallas entre creacionistas y darwinistas, y dando comienzo al movimiento llamado ‘ciencia de la creación’. Los creacionistas desean que los estudiantes de las escuelas secundarias aprendan la historia bíblica de la creación, exactamente como esta aparece en el Libro del Génesis. Pero la constitución norteamericana prohibe la enseñanza de la religión en las escuelas publicas. El concepto de ciencia de la creación fue diseñado para evitar esto. Sus inventores sostuvieron que el relato bíblico de la creación proporciona una mejor explicación científica de la vida sobre la tierra que la teoría de la evolución de Darwin. Así, la enseñanza bíblica de la creación no viola la interdicción constitucional, porque se presenta como ciencia, ¡no como religión! A través del Profundo Sur, se hicieron demandas para que la ciencia de la creación sea enseñada en las clases de biología, y estas fueron atendidas a menudo, En 1981 el estado de Arkansas dio una ley para que los profesores de biología dieran ‘igual tiempo’ para la evolución y para la ciencia de la creación, y otros estados siguieron el ejemplo. Aunque la ley de Arkansas fue calificada de inconstitucional por un juez federal en 1982, el llamamiento para ‘igual tiempo’ continua escuchándose en la actualidad. A menudo es presentado como un compromiso justo – habiendo un conflicto de dos conjuntos de creencias, ¿Qué podría ser mas justo que darle igual tiempo a cada una? Las encuestas de opiniones muestran que una abrumadora mayoría de norteamericanos adultos están de acuerdo: ellos desean que la ciencia de la creación sea enseñada junto con la evolución en las escuelas publicas.
No obstante, virtualmente todos los biólogos profesionales ven a la ciencia de la creación como una impostura – un intento deshonesto y equivocado de promover creencias religiosas bajo el disfraz de ciencia, con consecuencias educacionales extremadamente dañinas. Para contrarrestar esta oposición, los científicos creacionistas han puesto gran esfuerzo en tratar de minar el darwinismo. Ellos sostienen que la evidencia a favor del darwinismo es poco concluyente, por lo tanto el darwinismo no es un hecho establecido sino solamente una teoría . Además, ellos han enfocado varias disputas internas entre los darwinianos, y han escogido unos cuantos comentarios imprudentes hechos por algunos biólogos, en un intento de mostrar que el desacuerdo con la teoría de la evolución es científicamente respetable. Ellos concluyen que, como el darwinismo es ‘solamente una teoría’ , los estudiantes deberían ser expuesto también a teorías alternativas – tales como una creacionista en que Dios hizo el mundo en seis días.
En cierta forma, los creacionistas están perfectamente acertados en que el darwinismo es ‘solamente una teoría’ y no un hecho probado. Como vimos en el Capitulo 2, nunca es posible probar que una teoría
científica es verdadera, en el sentido estricto de prueba, porque la inferencia desde los datos a la teoría es invariablemente no-deductiva. Pero este es un punto general – que nada tiene que hacer con la teoría de la evolución per se. Por el mismo estilo, nosotros podríamos sostener de que ‘solamente es una teoría’ el que la tierra gire alrededor del sol, o que el agua este hecha de H2O, o que los objetos libres tiendan a caer, y
debería presentarse a los estudiantes alternativas en cada uno de estos casos. Pero los científicos creacionistas no sostiene esto. Ellos no son escépticos respecto a toda la ciencia, sino a la teoría de la evolución en particular. Así, si su posición es defendible, no puede serlo simplemente sobre la base de que nuestros datos no garantizan la verdad de la teoría de Darwin. Porque lo mismo es cierto para toda teoría científica, y realmente también para la mayoría de las creencias del sentido común.
Para ser justo con los científicos creacionistas, ellos ofrecen argumentos específicos de la teoría de la evolución. Uno de sus argumentos favoritos es que el registro fósil es extremadamente desigual, particularmente en lo que concierne a los supuestos ancestros del Homo sapiens. Hay algo de verdad en este cargo. Los evolucionistas tienen un gran enigma acerca de las brechas en el registro fósil. Un enigma persistente es que haya tan pocos ‘fósiles de transición’ – fósiles de criaturas intermedias entre dos especies. Si las especies actuales evolucionaron de otras más tempranas, seguramente esperaríamos que los fósiles de transición fueran muy abundantes. Los creacionistas señalan enigmas de este tipo para demostrar que la teoría de Darwin esta equivocada. Pero el argumento creacionista no es concluyente, a pesar de las dificultades reales para comprender el registro fósil. Los fósiles no son la única, ni incluso la principal, fuente de evidencia para la teoría de la evolución, como lo sabrían los creacionistas si hubieran leído El
Origen de las Especies. La anatomía comparada es otra importante fuente de evidencia, así como también la
embriología, la biogeografía y la genética. Considere, por ejemplo, el hecho de que los humanos y los chimpancés comparten el 98% de su ADN. Este y miles de hechos similares le dan sentido a la posible verdad de la teoría de la evolución, y constituyen por lo tanto, excelente evidencia a favor de la teoría. De hecho, los científicos creacionistas pueden explicar también tales hechos. Ellos pueden afirmar que Dios decidió hacer a los humanos y a los chimpancés genéticamente similares, por razones propias. Pero la posibilidad de dar ‘explicaciones’ de este tipo tiene que ver con el hecho de que la teoría de Darwin no es implicada lógicamente por los datos. Como hemos visto, lo mismo es cierto para toda teoría científica. Los creacionista han meramente resaltado el punto metodológico general de que los datos siempre pueden ser explicados en una multitud de formas. Este punto es verdadero, pero no muestra alguna cosa especial acerca del darwinismo.
Aunque los argumentos de los científicos creacionistas son invariablemente falsos, la controversia creacionismo/darwinismo conlleva cuestiones importantes concernientes a la educacion. ¿Cómo debería ser tratado el conflicto entre la ciencia y la fe en un sistema de educacion secular? ¿Quién debería determinar el contenido de las clases de ciencias en la escuela secundaria? ¿Deberían tener los contribuyentes injerencia en los planes de estudio de las escuelas a las que contribuyen? ¿Deberían ser invalidados por el estado los padres que no desean que sus hijos aprendan la evolución o algunos otros temas científicos? Asuntos de política publica como estos normalmente son poco discutidos, pero el conflicto entre darwinistas y creacionistas lo ha traído a nuestra atención.