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Aunque muchas veces nos movemos en el terreno de meras hipótesis, es interesante reconstruir a grandes líneas cómo fue avanzando la legislación de Israel. Quien no disponga de mucho tiempo puede limitarse al apartado sobre Moisés y al Código deuteronómico.

a) Época patriarcal

Si aceptamos que los patriarcas eran pastores seminómadas, esto significa que no poseían un código escrito ni se planteaban los complejos problemas jurídicos que afectan a una sociedad más estructurada. Ellos se rigen por el llamado Acódigo del desierto”, que abarca dos normas fundamentales: hospitalidad y venganza.

La ley de hospitalidad es una necesidad de la vida del desierto, que se convierte en virtud. El hombre que recorre estepas interminables sin una gota de agua ni poblados donde comprar

provisiones está expuesto a la muerte por sed o inanición. Cuando llega a un campamento de pastores no es un intruso ni un enemigo. Es un huésped digno de atención y respeto, que puede gozar de la hospitalidad durante tres días; cuando se marcha, todavía se le debe protección durante otros tres días (unos 150 kilómetros). Esta ley de hospitalidad la encontramos en el Antiguo Testamento: Abrahán acoge a los tres hombres que pasan junto a su tienda en Mambré (Gn 18,1-8); Labán recibe con honores al servidor de Abrahán (Gn 24,28-32); Lot introduce en su casa a los ángeles (Gn 19,1-8). La norma sigue en vigor en tiempos posteriores, como demuestra el relato de Jue 19,16-24. Era tan importante, que Lot y el anciano de Guibeá están dispuestos a sacrificar por los huéspedes la honra de sus hijas.

La ley de la venganza se basa en el principio de la solidaridad tribal. El honor o deshonra de cada miembro repercute en todo el grupo (Gn 34,27-31). Por eso se protege especialmente a los miembros más débiles (huérfanos, viudas). Y si asesinan a un miembro de la familia, se toma venganza, matando al asesino o a sus parientes. (Las luchas entre familias gitanas, que provocan a veces numerosas muertes, reflejan muy bien la pervivencia de esta ley en ciertas culturas). Esta norma, que el canto de Lamec (Gn 4,23-24) remonta a los orígenes de la humanidad, la encontramos en vigor siglos más tarde: Joab mata a Abner para vengar la muerte de su hermano Asael (2 Sam 2,22-23; 3,22-27). Absalón mata a Amnón para vengar la deshonra de su hermana Tamar (2 Sam 13). Pero la venganza de sangre no se practicaba dentro del grupo; el asesino era expulsado de la comunidad, como ocurre en el caso de Caín.

Junto a estas dos leyes fundamentales, algunos autores ponen una tercera: la pureza de la raza. Los matrimonios deben celebrarse dentro de la familia. Así lo demuestra el relato de Gn 24, donde Abrahán dice a su criado más viejo:”Júrame por el Señor que cuando le busques mujer a mi hijo no la escogerás entre los cananeos, en cuya tierra habito, sino que irás a mi tierra nativa y allí buscarás mujer a mi hijo Isaac” (v.3-4). Pero no parece que esta ley tuviese demasiada importancia en tiempos antiguos. Moisés se casa con una madianita; los clanes de Judá emparientan con cananeas; Salomón tiene una esposa egipcia, otra amonita, etc. La pureza racial sólo adquiere gran importancia en Israel hacia fines del siglo V, con la reforma de Nehemías.

b) Moisés

Según la tradición bíblica, el gran legislador de Israel fue Moisés. Nosotros pensamos inmediatamente en el Decálogo. Pero todos los códigos del Pentateuco se le atribuyen, lo cual plantea un serio problema histórico. Basta recordar lo dicho en apartados anteriores para advertir que muchas normas del Pentateuco carecen de sentido en el desierto, cuando Moisés guía al pueblo hacia la tierra prometida. Pertenecen a una cultura sedentaria, agrícola. Naturalmente, Moisés podría haber previsto las necesidades futuras del pueblo. Pero esta explicación resulta ingenua. Las leyes son posteriores. ¿Por qué se ponen entonces en boca de Moisés? Para darles mayor autoridad.

Indudablemente, Moisés tendría que resolver muchos problemas durante la etapa del desierto. Pero lo que lo ha hecho famoso ha sido el Decálogo. Sin embargo, surge de entrada una dificultad. El decálogo se conserva en dos versiones (Ex 20,1-17; Dt 5,6-21). Aunque coinciden casi al pie de la letra, entre ellas hay algunas diferencias notables.

Si le gusta hacer crucigramas y dameros, entreténgase con este sencillo ejercicio: lea las dos redacciones del Decálogo (en Ex 20 y Dt 5) y busque al menos dos diferencias. Hágalo antes de seguir leyendo este libro. Sacará más provecho trabajando por su cuenta.

histórica: en Ex 20 se invoca la creación, aduciendo que Dios descansó el séptimo día; en Dt 5, para justificar el descanso se apela a la salida de Egipto, dando un claro matiz social al precepto.

Más interesante todavía es comparar las distintas versiones del último mandamiento. En Ex 20,17 se dice:”No codiciarás los bienes de tu prójimo. No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni todo lo que sea de él”. La mujer aparece como uno más de los bienes del hombre, junto al buey y el asno. Aunque no estamos seguros de que existiese en el antiguo Israel un Movimiento Feminista de Liberación, la formulación del precepto no parecía muy afortunada. Por eso, Dt 5,21 lo propone de manera distinta: ANo pretenderás la mujer de tu prójimo. No codiciarás su casa, ni sus tierras, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de él”. La mujer adquiere ya un puesto de honor, por delante y al margen de los bienes materiales. (Por otra parte, adviértase que Dt 5,21 habla de Ala casa y las tierras”, no contempladas en Ex 20,17).

El problema consiste en que ambas versiones se atribuyen a Moisés. Pero, ¿cuál es la auténtica? Podríamos decir: las dos. El mismo Moisés retocó la primera. Entonces, lo lógico es que, una vez retocada, la hubiese roto. Las cosas no son tan simples.

Por otra parte, además de estas diferencias de contenido, dentro de cada versión del decálogo encontramos diferencias en la manera de formular los preceptos. Diez mandamientos no son muchos. Lo lógico habría sido formularlos del mismo modo. Pero no ocurre así. Mientras algunos se enuncian con toda brevedad, sin justificación algunas (Ano matarás”, Ano robarás”, etc.), otros contienen un comentario explicativo (20,4.17), una motivación (v.7), o una promesa (v.12); sobresalen por su extensión los referentes a las imágenes y al sábado. En unos casos, Dios habla en primera persona (Ex 20,2.5-6), en otros se habla de El en tercera persona (20,7.11.12), en otros no aparece para nada. El precepto sobre la observancia del sábado es el único formulado de manera positiva: Aobserva”, Arecuerda”, frente a las formulaciones negativas de los otros.

Estas irregularidades significan que el Decálogo ha sufrido retoques, añadidos y comentarios a través de los siglos, por motivos pastorales y catequéticos. Por consiguiente, la forma actual del texto no podemos atribuirla a Moisés. Esto no significa que no tenga nada que ver con él. Hoy día, bastantes autores defienden cierta relación del Decálogo y de otras normas con la figura de Moisésix.

Más importante es fijarse en el contenido y el espíritu de estas leyes. El decálogo abarca dos aspectos fundamentales, que hizo a los judíos posteriores dividirlos en dos tablas: los preceptos que se refieren a Dios, y los que se refieren al prójimo.

Estos últimos pueden parecer una consagración del derecho de propiedad, especialmente de la clase acomodada que dispone incluso de esclavos y esclavas. En realidad, lo que pretende inculcar el decálogo es el respeto absoluto al prójimo: a su vida, a su intimidad matrimonial, a su libertad (Ano robarás”, que probablemente significaba Ano secuestrarás”), a sus derechos en la comunidad jurídica, a sus posesionesx. Para comprender el decálogo hay que situarse en el contexto de una sociedad que lucha por establecer estos valores como norma esencial de convivencia. Es la Carta Magna de la libertad y la justicia, del respeto a la persona, enmarcada por el supremo acto de justicia y de liberación realizado por Dios en Egipto. Es la forma concreta de que el pueblo no vuelva a caer en una esclavitud mayor y peor que la anterior.

Pero antes que los derechos del prójimo están los de Dios, defendidos en los primeros mandamientos. Son de tremenda originalidad. Sobre todo, las ideas de dar culto a un solo dios y de

no utilizar imágenes en el culto contrastan con lo que sabemos de todas las religiones antiguas. El primer mandamiento no podemos interpretarlo en sentido monoteísta, como si los israelitas estuviesen convencidos desde el principio de que sólo existía un dios. Admitían muchos dioses, como lo demuestran Jue 11,24 y 1 Sam 26,19. Lo que manda el primer mandamiento es que sólo Yahvé signifique algo para su pueblo, sólo en El busquen ayuda y protección. Poco a poco, los israelitas irán avanzando hasta reconocer un solo Dios.

El segundo mandamiento también es de las aportaciones más genuinas de Israel: prohibe construir imágenes. Primitivamente debió referirse a imágenes de Yahvé; más tarde se aplicó a dioses extranjeros o a cualquier ser celeste o terrestre que el hombre pudiese venerar. ¿Por qué este precepto que ha provocado ríos de sangre, incluso dentro de la Iglesia?

Con respecto al segundo mandamiento se discute su antigüedad y su sentido. Si lo remontamos a la época de Moisés, deberíamos reconocer que dejó de observarse muy pronto. El uso de imágenes está claramente atestiguado en el culto público y privado de Israel: la serpiente de bronce (Num 21,8s; 2 Re 18,4), el ídolo de Micá, entronizado más tarde en el santuario de Dan (Jue 17), los becerros de oro de Jeroboán I (1 Re 12,28s). Tenemos la impresión de que estas imágenes no eran mal vistas al principio. En el caso de los becerros de oro, el profeta Elías, ferviente yahvista, no dice nada contra ellos un siglo después de haber sido instalados. Sólo en el siglo VIII encontramos una dura crítica en el profeta Oseas. Por otra parte, el hecho de que nunca se hable de imágenes de Yahvé en tiempos antiguos hace pensar que el precepto no surgió en épocas posteriores, sino que fue más tarde cuando se lo llevó a sus últimas consecuencias.

En cuanto al sentido y justificación del precepto, la teoría más en boga afirma que pretende evitar la manipulación de Dios a través de una imagen a la que se puede premiar o castigar. Si el dios se porta bien, concede lo que le pedimos, podemos recompensarlo ungiendo su imagen, ofreciéndole perfumes y comida. En caso contrario, lo privamos de todo. Otros autores lo justifican como un intento de salvaguardar la trascendencia de Yahvé. La reciente obra de Bohlenxi defiende que las raíces objetivas de la prohibición de imágenes hay que buscarlas en la forma de religión anicónica de los grupos (semi)nómadas que constituyeron el posterior pueblo de Israel. Pero la lucha contra las imágenes no forma parte de los elementos primitivos; es consecuencia del primer mandamiento. La lucha contra los dioses y cultos paganos era imposible si no se prohibían también sus símbolos e imágenes.

Pero no olvidemos lo más importante. Todas están normas referentes a Dios y al prójimo comienzan con esta frase capital: AYo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de Egipto, de la esclavitud” (Ex 20,2; Dt 5,6). El Dios que legisla es el Dios libertador, el mismo que escuchó el clamor de su pueblo oprimido. Sus normas no pretenden una nueva esclavitud, no proceden de un espíritu sádico que intenta amargar la conciencia y la vida del pueblo. Nacen del amor a Israel, buscan su bien. Al mismo tiempo, los israelitas deben cumplir esos preceptos como respuesta al Dios que los amó primero y ha establecido con ellos una alianza.

c) El Decálogo cultual (Ex 34)

En Ex 34, después de que Moisés ha roto las tablas de la ley, indignado por la idolatría del becerro de oro, Yahvé le dice: AHaz otras dos tablas de piedra, como las primeras, sube a mi encuentro a la montaña y yo escribiré las mismas palabras que estaban en las tablas que rompiste” (34,1). Al final del capítulo se indica que Aen las tablas escribió las cláusulas de la alianza, los diez mandamientos” (v.28). Pero lo que encontramos en medio no es el conocido decálogo ético, sino

otro de carácter cultual, que se atribuye al autor Yahvista. Aunque se presenta como Adiez mandamientos”, este decálogo de Ex 34 contiene más de diez preceptos.

1) No te postres ante dioses extraños, porque el Señor se llama dios celoso, y lo es. 2) No hagas alianza con los habitantes del país, porque se prostituyen con sus dioses... 3) No hagas estatuas de dioses.

4) Guarda la fiesta de los ázimos...

5) Todas las primeras crías machos de tu ganado me pertenecen... 6) No te presentarás a mí con las manos vacías.

7) Seis días trabajarás y al séptimo descansarás. 8) Celebra la fiesta de las Semanas...

9) Tres veces al año se presentarán todos los varones al Señor... 10) No ofrezcas nada fermentado con la sangre de mis víctimas. 11) Ofrece en el templo del Señor, tu Dios, las primicias de tus tierras. 12) No cocerás el cabrito en la leche de su madre.

Incluso interpretando el n. 2 como explicitación de los mandado en 1, es difícil llegar al número de diez; algunos autores descubren 14. Este Adecálogo” es muy antiguo, pero resulta difícil atribuirlo a la época del desierto, como pretenden algunos autores. Entre otras cosas, porque presenta la forma de vida de un pueblo agrícola.

Su mayor interés radica en la importancia que concede al culto y a la observancia de ciertas normas sacrificiales para la recta relación con Dios.

d) El Dodecálogo siquemita (Dt 27,15-26)

Se conoce con este nombre un conjunto de doce preceptos que deben ser recitados por los levitas delante de todo el pueblo, en Siquem, entre los montes Ebal y Garizim. De acuerdo con el v.10, estos preceptos proceden también de Dios a través de Moisés.

Sin duda, nos encontramos ante una ficción literaria. Las tribus nunca estuvieron unidas en tiempos de Moisés, ni los levitas tenían la importancia que el texto les atribuye. Pero este Dodecálogo representa una tradición antiquísima. Según Von Rad, es la serie más antigua de prohibiciones de todo el AT y refleja el espíritu primitivo de la fe y la ética yahvistas.

En general, se detecta siempre el mismo estilo, con idéntica construcción de la frase. Sólo en los versos 15 y 20 tenemos breves motivaciones. Más que de preceptos se trata de Amaldiciones”. La idea de fondo consiste en que, quien contravenga esa norma, será maldecido por Dios. El pueblo responde Aamén”, manifestando su acuerdo con la voluntad de Dios y dispuesto a cumplir la maldición como instrumento divino.

Comparando esta serie con el Decálogo, vemos que contiene los preceptos sobre las imágenes y el respeto a los padres y, en su espíritu, los de no robar ni matar. Pero las diferencias son notables.

A Faltan primero, tercero y cuarto.

A El Ano apoderarse de lo ajeno” se concreta exclusivamente en no mover las lindes del vecino. Estamos en una cultura agraria, se poseen campos.

A El ámbito sexual tiene mucha importancia (cuatro maldiciones), pero no se trata el caso del adulterio, sino diversas posibilidades de incesto y bestialidad.

A El Ano matar” se concreta en matar a escondidas y en dejarse sobornar para matar a un inocente.

A Hay dos maldiciones referentes a personas débiles física o socialmente: ciegos, emigrantes, huérfanos, viudas. La del ciego la comprendemos mejor leyendo Lv 19,14: ANo maldecirás al sordo ni pondrás tropiezos al ciego. Respeta a tu Dios”. Se trata de respetar al prójimo enfermo, hijo de Dios. Ofender al débil es ofender a Dios.

A Por último, es interesante notar que este Dodecálogo se dirige contra prácticas ocultas (v.15.24). Incluso cuando el hombre se considera solo, la voluntad de Dios y la comunidad están presentes, condenando ese hecho.

e) El Código de la Alianza (Ex 20,22-23,19)

El Decálogo ético y el Dodecálogo siquemita no bastaban para regular toda la vida de Israel. Indican una serie de actitudes fundamentales, pero no tienen en cuenta la complejidad de la vida diaria. Ya vimos que esto provocó la aparición de nuevas normas. Una amplia recopilación de esas primeras leyes la tenemos actualmente en el libro del Éxodo, en un puesto de honor, después del Decálogo. Aunque se discute mucho la antigüedad de estas leyesxii es probable que se remonten al tiempo de los Jueces (siglo XII), aunque la recopilación quizá se llevase a cabo más tarde, hacia el siglo IX.

Siguiendo los epígrafes de la Nueva Biblia Española podemos esbozar el contenido de la siguiente forma:

A Introducción (20,22-23). A Ley sobre el altar (20,24-26).

A Leyes acerca de la esclavitud (21,1-11). A Legislación criminal (21,12-17).

A Casuística criminal (21,18-36).

A Leyes acerca de la propiedad (21,37-22,16). A Legislación apodíctica (22,17-30).

A Legislación judicial (23,1-9). A Sábado y año sabático (23,10-13). A Prescripciones cúlticas (23,14-19).

Pero lo más importante es el espíritu del código, muy bien descrito por Georges Auzou: ASorprendidos, pero también embelesados por el sabor de arcaísmo, de folklore y de sencillez rural (...) apenas habrá lectores que no se hayan sentido impresionados por la delicadeza de espíritu que anima a la mayoría de esos enunciados cuasi-jurídicos y por el respeto hacia la persona humana que se observa en ellos (...) Tal sentido del hombre, y del hombre en presencia de Dios, es absolutamente excepcional.

El ambiente humano del Código es un mundo de personas modestas. Desde luego, encontramos en él señores y siervos, propietarios y deudores. Pero las diferencias entre unos y otros no son grandes, ya que todos comparten el mismo género de vida sencillo y pobre.

El Código de la alianza es un conjunto de prescripciones, soluciones, disposciones justas, sanas y sólidas que solucionan las dificultades, explican algunos principios y ordenan la conducta de los hombres en las situaciones comunes y variables de la condición humana. Pero este conjunto no es sólo un formulario de moral social y religiosa de muy buena ley. Sino que la tradición de Israel lo ha situado en la Alianza como en su gran y necesario contexto. Y lo considera a la luz de la Alianza y según sus perspectivas. El Código muestra, con ejemplos, cómo puede realizarse la comunión con

Dios en la existencia de los humildes y de cualquiera”xiii.

En cuanto al contenido, enormemente interesante -incluso divertido- indico que este Código ha llamado siempre la atención por su profundo sentido social: preocupación por los más débiles, por la recta administración de la justicia y por el problema del préstamoxiv.

f) El Código Deuteronómico (Dt 12-26)

Pasaron los años, y esta legislación del Código de la Alianza quedó anticuada en ciertos puntos. Fue preciso actuarlizarla y completarla. Así surgió el conjunto de leyes que forman hoy día el núcleo básico del Deuteronomio (c.12-26). El proceso de formación es muy complejo y no podemos detenernos en él. Dicho brevemente, parece que la primera redacción del nuevo código tuvo lugar en el Reino Norte (Israel). Cuando éste desapareció, el año 720, un grupo de fugitivos lo trajo al Reino

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