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Chapter 2: An effective and efficient methods of removing and sampling ants over

2.3. Materials and Methods

2.3.3. Bridge construction

ejemplo, es una proyección de los deseos de omnipotencia del hombre, pero por identificación parcial ("Mi" Dios) la agresión entra en juego sólo contra

Los sentimientos de culpa son desagradables de soportar; por ello los niños y los adultos con un sentido de responsabili- dad insuficientemente desarrollado se inclinan a proyectar toda culpa anticipada sobre alguna otra cosa. Un niño que se ha golpeado en una silla, culpa a la "perversa" silla. La persona que arruina sus negocios puede atribuir la responsabilidad a "la mala época" o "al destino" —siempre habrá a mano un chivo expiatorio.

Estas proyecciones de culpa tienen la ventaja de proporcio- nar un alivio temporal, pero privan a la personalidad de las funciones del Ego de contacto, identificación y responsabi- lidad.

Al analizar pacientes que con anterioridad habían estado en tratamiento con otros analistas me di cuenta de que algunos de ellos manifestaban un número extraordinario de proyecciones. Se habían hecho conscientes partes reprimidas de sus perso- nalidades, pero los pacientes no habían aceptado los hechos y

funciones que habían brotado a la superficie. Eran malos "mas- cadores" y nunca se las habían arreglado para asimilar el ma- terial liberado. Este material había sido arrojado desde el In- consciente directamente al mundo, sin pasar las fronteras del Ego. Un caso, al proyectar sus impulsos sexuales sobre sus amigos, había desarrollado casi una manía de persecución. Oto manifestaba un acrecentamiento notable del miedo des- arrollado a través de la proyección de su agresión sobre el mundo. Al liberar el material reprimido, sin asimilarlo, ambos casos habían ido de mal en peor.

Una madre me dijo que su hijo había experimentado una pesadilla. Se despertó llorando porque un peno quería mor- derlo. Descubrí que en su intento de jugar al "perrito" con su madre y comerla se había encontrado con un rechazo severo y se le había dicho que no fuera malo. No intenté explicar al un dios extraño o en situaciones en las que no se acepta la "voluntad de Dios", como después de decepciones.

Se dice que la gente sólo recuerda a Dios cuando lo necesita. Esto no es un recuerdo, sino que se trata cada vez de una nueva proyección. Cuando en una situación difícil se sienten impotentes y desean poder y recursos mágicos, proyectan esos deseos de omnipotencia y se recrea al Dios todopoderoso.

niño el significado del perro como animal tótem y su papel dentro del complejo de Edipo; simplemente di por entendido que el niño había proyectado su agresión frustrada sobre el perro del sueño. Por este medio su papel de mordedor activo se había cambiado en miedo de ser mordido. Aconsejé a la madre que alentara lo mismo el juego del perro que la agresión del niño. La pesadilla no volvió a repetirse.

La persona que está inclinada a proyectar, se parece al que está sentado en una casa con espejos en todas las paredes. Dondequiera que mira piensa que ve el mundo a través del cristal, mientras que en realidad sólo ve reflejos de las partes no aceptadas de su propia personalidad.

Excepto en el caso de los sueños y de una psicosis en com- pleto desarrollo, uno encuentra siempre la tendencia a emplear un objeto adecuado como pantalla o receptor para la proyec- ción. El niño con la pesadilla habría desarrollado una fobia hacia los perros en caso de no haber reconquistado su agresi- vidad. El horror de las naciones agresoras se acrecienta con la misma cantidad de agresión que la víctima proyecta sobre ellas y disminuye a su nivel real cuando la víctima se niega a ser intimidada y hace uso de su propia agresividad.

Sin embargo, no es siempre el mundo exterior el que sirve como pantalla para las proyecciones; pueden también darse dentro de la personalidad. La conciencia severa de algunas per- sonas no puede explicarse simplemente por medio de la in- troyección. Los padres que, según la teoría de la introyección, reaparecen dentro de la personalidad como conciencia, en rea- lidad pueden ser cualquier cosa menos severos. En unos de mis casos los padres habían sido extraordinariamente simpáticos, pero habían matado la agresión del hijo por medio de la bondad. Este paciente sufría serios sentimientos de culpa y reproches intensos de su conciencia. Había proyectado su agre- sión —su tendencia a reprochar- en su conciencia, a la que en consecuencia experimentaba como su atacante. En cuanto logró ser abiertamente agresivo su conciencia perdió sus fuerzas

sobre él y desaparecieron sus sentimientos de culpa. Una conciencia muy rígida puede curarse tan sólo cuando el auto- reproche se transforma en acercamiento al objeto.

Los "santos" rusos de la literatura presoviética, al someter su agresividad y renunciar al pecado, acrecentaban sus senti- mientos de culpa. Por otro lado, un niño puede tener padres muy intolerantes, pero si mantiene su espíritu de lucha y no proyecta su propia agresión sobre los padres o su conciencia, permanecerá sano.

Las proyecciones pueden unirse a los objetos y situaciones más inesperados. Uno de mis pacientes gastaba la mayoría de su tiempo preocupándose por sus genitales y cómo experimen- tar sensaciones en ellos. Con frecuencia imaginaba que su pene había desaparecido dentro de su estómago, que no era sufi- cientemente viril o que era débil. Cualquiera que fuera el tema que se tratara siempre volvía al tema de su pene. El análisis de sus dificultades genitales y orales aportaron una mejora pero no la solución. Me sorprendió entonces que sus funciones del Ego se limitaran a quejarse y a raros periodos de llanto y dis- gusto. ¿Dónde estaban los demás rasgos de su personalidad? Estaban proyectados sobre su pene. No sentía que estaba hu- yendo de ciertas situaciones, pero en esos casos tenía el sen- timiento de que su pene había desaparecido dentro de su es- tómago. Él no se sentía débil, sus genitales eran débiles. En vez de tratar de superar lo aburrido de su vida, trataba siempre de suscitar más sensaciones en su pene.

Ciertamente es este un caso excepcional. Lo que con más frecuencia vemos es la proyección hacia el pasado. En vez de expresar una emoción dentro de la situación actual, el paciente produce un recuerdo. En vez de decir al analista "usted dice tonterías", parece ser indiferente, pero de repente recuerda una situación en que atacó a un amigo por decir "tonterías". Ese pasar por alto la proyección hacia el pasado ayuda al psicoaná- lisis, por un lado, a sostener el dogma del pasado omni-impor- tante, y por otro, interfiere con la clarificación de los conflictos actuales.

De ordinario se proyecta hacia el mundo exterior la mayor parte del material no deseado. En realidad a veces es muy di- fícil descubrir las proyecciones, por ejemplo, en el caso de la necesidad neurótica de afecto, un fenómeno que siempre ha constituido un tropiezo en la teoría y práctica analíticas. Ka-

208 METABOLISMO MENTAL LA PROYECCIÓN 209 ren Horney se ha dado cuenta del papel importante que este

rasgo de carácter representa en el neurótico de nuestra época y ya he explicado que esta necesidad no puede verse satisfecha porque el amor, en caso de ofrecerse, no es aceptado ni asimi- lado en realidad.

El psicoanálisis y la psicología individual (Adler) proclaman el dogma de que el neurótico ha permanecido más o menos infantil. Ciertamente la necesidad de afecto está presente en cada niño y la incapacidad de amar es con frecuencia una característica del neurótico; pero la capacidad de amar no está restringida en absoluto a los adultos. El niño odia y ama con una intensidad que los adultos sólo pueden envidiar. La tragedia del neurótico no es que nunca ha desarrollado amor, ni que ha sufrido una regresión al estado de niño -está en su inhibición de amar, y más aún, en su incapacidad para expresar su amor. Cuando al amor no aceptado le sigue una desilusión, la dolorosa experiencia le hace huir de la entrega a sus emociones. Es como si decidiera "que los demás amen; no volveré a correr ese riesgo". Pero cada vez que suscita amor la situación vuelve a hacerse precaria; se siente tentado a res- ponder al amor con amor, pero siente vergüenza de ser ridículo y romántico. Tiene miedo de que se aprovechen de él o de tener que sufrir repulsas. Cuando, además de esto, tiene un carácter oral, la necesidad de afecto coincide con su voracidad general.

El neurótico proyecta el amor (inhibido) y consecuentemente (en sus expectativas y fantasías) suscita visiones en que recibe precisamente los afectos que ha suprimido en sí mismo. Dicho de otra forma, no padece una incapacidad para amar, sino una inhibición —el miedo a amar demasiado.

Del mismo modo que "la necesidad de afecto" del neurótico se ancla en la proyección, así otro síntoma al que el psicoaná- lisis clásico considera el síntoma neurótico número uno. Me refiero al complejo de castración que se basa en el miedo de que los genitales puedan ser completa o parcialmente destruidos.

Para demostrar la existencia de este complejo, los freu-dianos interpretan cada parte del cuerpo como pene. Hasta la exigencia por parte de la madre de que el niño evacúe se ex- plica como una castración. Sin embargo, el psicoanálisis pasa por alto el hecho decisivo de que en todos los llamados subs- titutos de pene sólo un factor permanece constante —en con- creto, el de daño: toda educación disciplinaria amenaza y a veces inflige daño, ya sea al pene, a los ojos, a las nalgas, al cerebro o al honor. El temor recurrente del neurótico a sufrir daño no puede curarse metiendo todo posible símbolo de pene dentro del complejo de castración, sino más bien anulando las proyecciones de la agresión del neurótico —de su deseo inex- presado de amenazar e infligir daño.

Un joven con una fijación materna fuerte, aunque infeliz, admitió que huía de las relaciones sexuales por miedo a que pudiera suceder algo a su pene dentro de la vagina. Sus sue- ños revelaron que tenía miedo de una vagina dentada. El genital femenino era para él una especie de tiburón que mor- dería su pene. En apariencia era este un complejo de castración no ambiguo. Era artista y manifestaba un horror no usual a cualquier revisión de sus obras debido a la crítica agudamente mordaz que podría expresar. Evitaba las amenazas lo mismo a su pene que a su narcisismo.

Otros síntomas trajeron la solución de su neurosis: rara vez empleaba sus dientes anteriores y temía herir hasta a una mos- ca -dos fenómenos que casi siempre se encuentran juntos. El morder y el herir eran proyectados, pero no sólo en la vagina, de tal forma que su miedo a ser herido no se limitaba al pene. Considerar al pene como el único objeto o hasta como el objeto primario es, en mi opinión, una decisión arbitraria y confunde un síntoma con una causa. Aunque se convenza a un neurótico de este tipo de que no hay peligro en la vagina, no terminarían sus problemas, ya que su complejo de castración no es el centro de su neurosis. Es sólo un resultado de su agresividad proyectada. Puede llegar a ser sexualmente potente, pero el

miedo al daño (por ejemplo, a su prestigio) puede, sin embargo, permanecer y simplemente buscar otra pantalla para sus proyecciones. La actitud desconfiada de nuestro paciente cambió una vez que aprendió a emplear su agresión, a clavar sus dientes en las cosas y a tomar su parte de la vida. Durante el tratamiento le oí expresar críticas muy dinas.

Las proyecciones, en el sentido más estricto, son alucina- ciones. La pesadilla del niño pequeño es una alucinación pro- yectiva de ese tipo, que constituye un síntoma central en la paranoia genuina. Cuando sigue existiendo suficiente sentido de la realidad, se racionalizan las alucinaciones; podemos en- tonces hablar de un carácter paranoide. Es típico de él buscar "puntos", realidades que puedan servir como pruebas al para- noide de que no sufre alucinación. El marido morbosamente ce- loso, por ejemplo, estará a la espera y tratará de poner trampas a su esposa para descubrir si sonríe a alguna otra persona; y si esto sucede, interpreta su sonrisa de acuerdo con sus ideas preconcebidas de celos.2

Una persona era perseguida por el miedo de que algún día la mataría una teja que cayera de un tejado. Evitaba ir cerca de las casas y al caminar por la calle corría el peligro mayor de ser atropellado. No se le pudo convencer, naturalmente, de que la probabilidad de que lo matara una teja era de una entre un millón. Un día me trajo un recorte de periódico y me lo mostró triunfante: a una persona la había matado una teja. 'Como ve, tenía razón; esas cosas sí suceden." Buscaba puntos y al fin había encontrado uno. Se eliminó su miedo anulando la proyección de su impulso particular a sacar el cuerpo por las ventanas y arrojar piedras a las personas que lo habían tratado "injustamente".

Casos más ligeros de caracteres paranoides manifiestan cierta selectividad que recalca algunas características en una persona y escotomiza otras. Los rasgos atacados corresponden a las proyecciones, a las partes alienadas de la personalidad pa- ranoide. De esta forma, las proyecciones son medios muy apro- piados para evitar la solución de la actitud ambivalente. Al proyectar la actitud hostil propia es fácil ser tolerante. ¿No

merece uno una felicitación por ser tan bueno en medio de un mundo tan malo?

Como una concepción orgánica no puede estar satisfecha con la investigación de sólo los aspectos psicológicos, intenta- remos descubrir qué es lo que corresponde, por el lado somá- tico, al proceso de proyección.

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