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Con frecuencia, la pareja pasa por alto la trascendencia de su relación como cón- yuges, que afecta decisivamente el presente y futuro de sus hijos. Mucho se ha dicho que la imagen de padre o madre que se transmite a los hijos depende, en gran medida, de la imagen que cada uno tiene del otro. Cuando los hijos ven que sus papás se aman y admiran, ellos intentarán imitarlos, para también aprender a amar y ser amados, pues reconocerán que amar es bello y placentero. Esos aspectos contribuirán fuertemente a la formación de la personalidad de los hijos.1

1. La influencia de un hogar bien constituido

Los dirigentes civiles, los sociólogos, los psicólogos, los maestros, los políticos y los dirigentes religiosos concuerdan en que, la fortaleza de una nación, reside en la solidez de sus hogares. Covey (1998), analizando este aspecto, declara: “La historia claramente afirma que la familia es el fundamento de la sociedad. Es la Piedra angu- lar de toda nación. Es el núcleo de la civilización. Es el pegamento que todo lo une.2

San Agustín tenía razón cuando dijo: “La familia es el vivero de la sociedad”. Un serio análisis de estas declaraciones debe reafirmar el compromiso de cada padre de hacer lo mejor por brindar un buen hogar a sus hijos.

El impacto que produce el hogar en la vida de los hijos, es de vital importancia. Una encuesta realizada entre padres e hijos para conocer qué pensaban sobre este as- pecto, mostró lo siguiente: Un 97% de los padres y un 94% de los hijos consultados (casi la totalidad) piensan que “mantener buenas relaciones familiares” constituye un valor “bastante o muy importante”, por encima del resto de valores considerados como deseables.3

2. Tener un dulce hogar no es fácil

La mayoría de las personas tienen buenas intenciones. Los padres no son la ex- cepción, desean y esperan, no solo tener buenos hijos, sino hijos sobresalientes; el problema es que, como lo declara Covey (1998), “Las fuerzas que arrastran a las familias son demasiado fuertes en el mundo moderno: Debemos decidir si girar o ir donde nos lleve la corriente. La clave para girar con éxito, es ser intencional respecto a los rituales de la familia”.4

3. Los padres crean la atmósfera del hogar

El ambiente que reina en un hogar es de capital importancia para el buen desarro- llo de los hijos, y éste, dice White (1978), es mayormente creado por los padres: “Los padres crean en extenso grado la atmósfera que reina en el círculo del hogar, y donde hay desacuerdo entre el padre y la madre, los niños participan del mismo espíritu”.5 Esta relación se notará hasta en los rincones más ocultos del hogar, y

tendrá repercusiones en el desarrollo de la familia.

Se ha observado que en los hogares donde reina un clima de concordia, paz y afecto, los miembros de la familia, los padres y los hijos, pasan más tiempo dentro del hogar. Además, se ha encontrado que los hijos que crecen en un ambiente tal, permanecen más años en el hogar y se casan a edades mayores que aquellos que viven en hogares donde las relaciones intrafamiliares son tensas.

4. El hogar y los padres constituyen verdaderos modelos

La vida de la familia diseña y establece la primera escuela de aprendizaje emocional del niño, en el hogar se aprende lo que se siente respecto de uno mismo y de los demás. Esta escuela no solo opera a través de las cosas que los padres dicen o hacen directamente a los niños, sino también mediante la manifestación de sus pro- pios sentimientos y de cómo se tratan como marido y mujer. Goleman (2010) señala: “Algunos padres son dotados maestros emocionales, otros son desastrosos”.6

5. El nacimiento de los hijos trae cambios en la relación de pareja

Se espera que el nacimiento de cada hijo sea motivo de felicidad y, en la mayoría de los casos, así es, pero al mismo tiempo cada nuevo integrante que llega a la familia trae cambios diversos en la vida de la pareja. Estas variaciones, si no son correcta- mente manejadas pueden provocar una crisis en la satisfacción mutua de la pareja. Así lo confirma una investigación hecha por la Universidad de San Diego con 31 mil personas casadas. Este estudio concluyó que la satisfacción matrimonial, tras el nacimiento del primer bebé, baja en un 42%. También el llamado Proyecto Nacio- nal de Matrimonio (National Marriage Project) de la Universidad Rutgers, en Nueva Jersey, Estados Unidos, fue categórico al afirmar en uno de sus informes: “Los hijos parecen ser creciente impedimento para la felicidad de los matrimonios”.7

La felicidad conyugal de los padres llega a su punto más bajo durante los años en que sus hijos son adolescentes. Para lidiar con estos cambios, una de las mejores

cosas que pueden hacer es tomar medidas para mantener sólido su matrimonio. Gary y Greg (1999) declaran: “Los padres en conflicto tienden a expresar menos preocupación y cariño hacia su hijo adolescente, y hacen uso de una disciplina más estricta de la usual, creando mayores dificultades emocionales para el hijo”.8

6. El hogar es la base de la estabilidad emocional de los hijos

La relación de los padres, el ambiente del hogar y la relación de los padres y los hijos habrán de proveer los elementos para el crecimiento emocional. Barna (2006) lo resume en la siguiente declaración: “La mayor parte de la estabilidad emocional y de la madurez de los niños brota de su relación con la familia”.9

Gottman (2008) compara la relación de la pareja con la cuna del niño. Si la cuna es cómoda, segura y llena de afecto, el corazón del niño descansará y crecerá se- guro. Es tarea de los padres trabajar porque el hogar represente una cuna fuerte y tranquila. Los padres que logran este objetivo, están asegurando, en gran parte, el bienestar presente y futuro de sus hijos.10

El mismo autor (2008) sigue diciendo que, los padres que cuidan y dedican tiempo a su matrimonio, y satisfacen mutuamente sus necesidades como pareja, proveen a sus hijos un modelo futuro de lo que es y será un buen matrimonio, y de cómo mantener relaciones sanas con los demás. Los hijos que tienen la oportunidad de crecer en hogares donde el ambiente es relajado y feliz, generalmente se desarrollan mejor física, emocional e intelectualmente.11

Contrariamente, afirma también Gottman (2008), en las familias donde la pare- ja enfrenta constantes conflictos o están separados, los hijos crecen inseguros, inestables afectiva y socialmente; además, muchas veces, los acompañan fuertes traumas.12 Dependiendo del tipo de relación que tengan los padres, el desarrollo

espiritual de los hijos será afectado por esas repercusiones.