En esa época César López iniciaría su practica laboral y acepta la oferta que le hace Patricia Quesada, Directora del Sector Cultural de la Pontificia Universidad Javeriana Cali para que se desempeñe como Asistente Administrativo de Andrés Oggioni, quién iba a ser el nuevo director. Ellos necesitaban a una persona que estuviera sensibilizada frente al tema de la participación estudiantil, que supiera de eventos, que conociera los talleres que ofrecían y oferta cultural, pero que tuviera bases de tipo administrativo y organizacional. Esa persona fue
López que prácticamente conocía a todas las personas que trabajaban en esa oficina y con algunos tenía una gran amistad como Ricardo Caicedo que era profesor de fotografía y a la vez asesor de El Clavo. Entonces para la publicación fue como tener una segunda oficina, y los integrantes de El Clavo entraban y salían del Sector Cultural, prácticamente iban más personas de El Clavo que estudiantes regulares. Esto al principio no fue un problema para Oggioni, todo lo contrario, porque ellos estaban buscando tener más contacto con estudiantes. “Era una
constante búsqueda de identidad, yo creo que la palabra identidad, también entra a jugar un rol importante en todo esto, porque muchos de los jóvenes que colaboraban en El Clavo, también estaban en una búsqueda de identidad, y El Clavo de alguna forma era como ese lugar donde ellos podían plasmar esas diferentes facetas y colores de su búsqueda de identidad, a través de las historias, de los artículos, eso fue lo que yo percibía”, comenta Michael Cadena, entonces diseñador de El Clavo.
Con el tiempo se usaría el espacio del Sector Cultural para hacer reuniones de El Clavo, para trasnochar escribiendo artículos, usaban el teléfono y la impresora de cultural, en parte con la aprobación y conocimiento de Andrés Oggioni. Lo que sucedía era que López terminaba rápido con su trabajo para camellarle a El Clavo, y en el Sector Cultural había cierta flexibilidad con los horarios y las funciones, entonces esto era aprovechado para que El Clavo tuviera un empujón.
Un aspecto que se presenta por esta época fue la discusión con Diego Porras para que le diera autonomía al grupo de Cali sobre el sitio web que hasta entonces él alimentaba. Previendo esto, se compraría el dominio www.periodicoelclavo.com y se dejaría de usar www.elclavo.com previendo que Porras no cediera en entregar las claves del servidor y el dominio al grupo en Cali, ya que él se encontraba viviendo en Canadá.
En mayo de 2004 se publica la edición 15, época en que la organización del grupo hizo posible que se creara un proyecto audiovisual que se llamó El Clavo Producciones, liderado por Juan Carlos Lorza y donde aparecerían dos nuevos integrantes para El Clavo, Daniel Mauricio Guzmán y Cristhian Carvajal, ambos estudiantes de Ingeniería Electrónica de la Universidad Javeriana. El Clavo Producciones buscaba inicialmente promover el tema audiovisual entre los
lectores de la publicación, esta iniciativa pudo llegar a ser un colectivo audiovisual dentro de El Clavo.
Entonces empezarían a experimentar con cámaras aprovechando que por esa época la carrera de Comunicación compró una serie de equipos nuevos y estaba por estrenarse el estudio de televisión. Entonces con los carnés de los estudiantes de comunicación, incluyendo a Juan Carlos Lorza, empiezan a experimentar con las cámaras, leen, hablan de cine y empiezan a darle cuerda al proyecto. Prácticamente los integrantes de El Clavo tocaban más los equipos que los mismos estudiantes de comunicación, quiénes se limitaban a lo netamente académico, de resto eran recursos que estaban libres. Más adelante se empieza a evidenciar que los de El Clavo estaban haciendo uso de los recursos que eran para los estudiantes de comunicación, como la sala de edición, y los empiezan a sacar y restringirle su uso. Afortunadamente en los laboratorios de Electrónica, donde ellos podían entrar, habían unos computadores Mac que nadie usaba y que por un poco viejos, ya nadie los volvía a mirar. Entonces los de El Clavo, Daniel Guzmán y Cristhian Carvajal pidieron permiso y empezaron a hacer uso de ésos computadores para editar. “Entonces apareció Cristian Carvajal, apareció Daniel que
también tenía intención de trabajar en audiovisual, entonces era como el parche. Al final El Clavo Producciones no funcionó porque no hubo quien lo hiciera, quien se lo echara al hombro. Cristian lo intentó, pero no funcionó. Una vez recuerdo que grabamos a un man que se tiró al lago en calzoncillos por $100.000, ese video fue un éxito. La grabada de ese video, fue un chiripazo, no tenía nada que ver con El Clavo. Luego el director empezó a ofrecer videos a otras áreas de la universidad y terminamos haciendo buenos videos institucionales, me acuerdo del proyecto de liderazgo, fueron mis primeros pasos, mis compañeros no tenían
esa posibilidad, en la carrera no se podían hacer esas cosas”, recuerda Juan Carlos Lorza Guzmán.
En ésos equipos se terminaría el primer video realizado por El Clavo Producciones para el ENELU 2004, Encuentro Nacional de Experiencias de Liderazgo Universitario organizado por la Universidad Autónoma de Occidente. La charla de El Clavo tenía como nombre “Periódico Estudiantil El Clavo: Medio Alternativo de Comunicación de Jóvenes Universitarios”. La idea era presentar una ponencia, la cual fue preparada por César López en representación de El Clavo y como apoyo a esa ponencia, Daniel Guzmán y Cristhian Carvajal, también con el
apoyo de López, se metieron en el cuento de hacer un video. Fueron varios días de trasnocho y se pensó que había valido la pena, por que el día de la presentación el auditorio estaba lleno y hubo aplausos. Pero la sorpresa llegó cuando en el período de preguntas, la mayoría de las personas que estaban en el auditorio eran profesores de la Autónoma que habían asistido a la ponencia porque estaban indignados por la caricatura que salió en la edición 14, la de “Evolución de la universitaria caleña”. Entonces protestaron e hicieron cualquier cantidad de reclamos. Pero eso no fue todo, a la salida del auditorio, un grupo de profesores de comunicación, le rompieron varios ejemplares de El Clavo delante de los integrantes de la publicación diciendo: “nosotros no somos unos borrachos”. Claro, en la caricatura a las estudiantes de la Autónoma se les llamaba“Traviesus Autonomus” y como dibujo no había un personaje sino un letrero que decía “Nota: Ausente, búsqueme en un billar o un bar”. Cuando se le preguntó a Jorge Valderrama por las razones de esta parte de la caricatura, él argumentó que era la fama de los estudiantes de la Autónoma, además afuera de su sede de Champagnat había muchos bares y billares.
Esa caricatura se volvería famosa porque circuló ‘viralmente’ a través de Internet, pero además fue publicada por el Diario Occidente sin darle el crédito a Jorge Valderrama ni a El Clavo, en una acción de “copiar y pegar”. César López se reunió con el Editor de Diario Occidente, Mauricio Ríos, quien reconoció el error y pidió hablar con Valderrama, ya que era el dueño de los derechos de su caricatura. Finalmente llegaron a un acuerdo conciliatorio y se llegó a que el Diario Occidente publicaría un artículo con Valderrama, haciendo alusión que era el autor de la famosa caricatura. Entonces el 22 de junio de 2004, Diario Occidente en su última página publicó: “El ‘Clavicaturista’ pone la cara. El crítico más agudo de la cultural ‘light’ de los jóvenes revela su identidad. Es el caricaturista del periódico universitario El Clavo”.
Por otro lado, el grupo de El Clavo siguió creciendo, las reuniones eran cada vez con más personas y toca que hacerlas en auditorios de la Javeriana porque ya no cabían en la oficina del grupo estudiantil. La organización de El Clavo se burocratiza al haber tantas personas en áreas de trabajo, pero el Consejo Editorial se convierte en la máxima instancia del grupo en general y se reduce en cantidad de integrantes. Asume como editora una estudiante de
Comunicación llamada Carolina Lee Chan, se crea el cargo de Jefe de Redacción que lo asume Darío Recalde, se crea el Comité de Redacción integrado por Andrés Meza, Carolina Lee, Daniel Guzmán, Diana Carolina Durán y Maria del Mar Castrillón, que es grupo que se encarga de corregir los textos y trabajar en un manual de estilo. También se crea un área comercial que agrupa ventas y distribución. Se crea un área de nuevos proyectos donde estaría la Coordinadora de El Clavo en Bogotá que sería Juliana Otálvaro, un comité web dirigido por Andrés Meza e integrado por Carolina Lee, Daniel Guzmán y Darío Recalde. También el área Audiovisual toma forma y la conforman Daniel Guzmán, Cristhian Carvajal y Ricardo Caicedo. Finalmente Eduardo Materón y Jorge Valederrama crean el área de Gestión Humana.
Para entonces, la mayoría de los que hacían parte de El Clavo tenían un rol dentro de la publicación, ya sea escribiendo, tomando fotos, haciendo ilustraciones, corrigiendo, vendiendo, distribuyendo o ayudando a que todo saliera bien. El grupo de El Clavo seguía unido y se afianzaba más, se fortalecía y se iba comportando cada vez más como un grupo de amigos.
“El papel como grupo estudiantil, era la fuente de alimentación del capital humano que tenía El Clavo en ese momento, porque cada semestre se vinculaba gente nueva, con la misma tasa con la que salía gente. Entonces como grupo estudiantil, El Clavo brindó la oportunidad de conocer a un grupo de personas que soñaban, llegaban, conocían cuál era el medio por el cual soñaban, y luego por alguna diferencia o algo pues salían, pero en ese momentico todos estuvieron invitados a soñar. El valor de El Clavo como grupo estudiantil, fue haberles dado la oportunidad a muchísimas personas, de pasar por sus páginas, de pasar por su oficina, por la revista y pasar por un buen momento, y soñar, crear y querer contar las historias y cuentos y hacer sus pinitos en la literatura. Ese creo que es el principal aporte, que a todos se les dio la oportunidad de participar, que no todos la aprovecharon, pero que ahí estaba para todos,
nunca estuvo cerrado, nunca se excluyó a nadie”,menciona Darío Recalde Morillo.
Debido a que por esa época César López estaba trabajando en la Decanatura del Medio Universitario de la Facultad de Ingeniería como Asistente de Claudia Mora, la Decana, los integrantes de El Clavo, sobre todo los de Ingeniería pasaban mucho por su oficina a hablar
temas de la publicación. De hecho, en la oficina de la Decana se llevaría a cabo una entrega de material para diseño y en la oficina de César de consejo editorial y elaboración de carteles para el lanzamiento de la publicación. Es más, en las ediciones de El Clavo aparecería la extensión 430, que era la de la oficina de López. En parte Claudia Mora, que siempre había apoyado a El Clavo entendía que para donde iba César iba la gente de la publicación y que a él lo conocían más como de El Clavo que de la Facultad de Ingeniería, y más después del despliegue mediático cuando ganaron el Premio Nacional de Periodismo.
El Clavo siguió siendo un espacio atractivo, donde cada vez más ingresaban más jóvenes que fortalecían al grupo estudiantil y las reuniones se pasan para los días sábado, ya que se vuelve difícil que todos coincidan en un horario entre semana, que antes era los jueves al medio día. Al hacerse en un lugar fuera de la Javeriana, ya que los integrantes de El Clavo estaban cansados de ir de lunes a viernes a la universidad y seguir yendo los sábados, se empiezan a buscar lugares como la tertulia, la casa de algunos, hasta en estancos. Esto genera otras dinámicas para el grupo, ya que después de cada reunión se hacían planes en grupo con los integrantes que tuvieran disponibilidad o que estuvieran ‘desparchados’. Entonces se empiezan a conformar grupos que generan otras dinámicas dentro de El Clavo, porque los integrantes del grupo se empiezan a conocer en otros escenarios y contextos. También se genera un espacio adicional y de cada 15 días que se le llamó las tertulias, esto provocado por las largas reuniones discutiendo temas editoriales.
Entonces estas dinámicas fortalecían al grupo, porque de alguna u otra forma, se seguían hablando temas de El Clavo pero fuera del contexto de la reunión y empiezan a entrar personas que no hacen parte de la Javeriana, lo cual enriquece el discurso del equipo de trabajo y la visión editorial del impreso. Y las tertulian empiezan a verse como un espacio interesante para pensar la ciudad y el país. Para las tertulias se invitan expertos en el tema y de esas conversaciones salen artículos, editoriales y participaciones de El Clavo en otros movimientos y causas como marchas y manifestaciones.
Por esa época, finalmente se llegó a un acuerdo con Diego Porras para que entregara las claves del dominio ElClavo.com y se re-direccionó al sitio www.periodicoelclavo.com, de tal forma
que las personas podían acceder desde ambas direcciones. Lo único malo de este nuevo cambio, fueron las camisetas, tarjetas y demás material publicitario que decían www.periodicoelclavo.com, pero fue el costo que se asumió en ese momento.
Un sábado, luego de la reunión semanal de El Clavo, Darío y César fueron a una cita con Andrés Quintero y Carolina Llano, esposos y dueños de dci arte. Su local quedaba en el Centro Comercial Holguines Trade Center, al sur de Cali. La cita fue en un café de Holguines. Al principio Andrés y Carolina se la pasaron preguntando muchas cosas sobre El Clavo, más que las típicas preguntas comerciales de un anunciante común. Luego ellos contaron la historia de su empresa, la cual se llamaba así por un tema de requisitos para conseguir un crédito y dci era la empresa del padre de Carolina. Luego de conversar se evidenció la gran afinidad que había entre ambas partes, entonces Andrés y Carolina invitaron a César y a Darío a conocer su local y luego a su casa que quedaba detrás del Centro Comercial. Ahí les mostraron el taller, la bodega, que era el mismo lugar donde vivían. Almorzaron y de ahí en adelante inició una relación comercial de varios años y también una amistad entre César López y Andrés Quintero, quién más adelante ayudaría a César en temas empresariales.