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7.1. Building a Basic Mode HVTIP Server
En el segundo nivel de interpretación, que es el discutido, trata sobre el peso concreto que tiene cada uno de esos elementos en la obra final, discusión que se asienta tanto en la complejidad del problema como en una cierta ambigüedad de Karol Wojtyla que tiende a alabar ambas perspectivas haciendo difícil dar más peso a una que otra.
La posición filosófica de este pensador está centrada particularmente en la ética y la antropología, porque es una reflexión clara que pretende desvelar el misterio del hombre como persona, en su ser y en sus acciones. Su mayor interés es esa realidad irreductible, única e irrepetible que es cada persona en su interioridad, en su subjetividad. Quiere captar lo más profundo del espíritu humano y describir “cómo „se hace‟ la persona, como se autorrealiza, en su „deber ser‟, desde su ser”.96
En sus escritos muestra a la persona como un sujeto; es decir, no es un objeto. Este sujeto goza de interioridad; es decir, tiene intimidad, que es capaz de conocer y buscar la verdad y sobre todo de desear el bien. Un ser capaz de autodeterminarse. El hombre es un ser libre, cuya acción parte de sí mismo, pero, sobre todo, un ser que se modela a sí mismo mediante su actuar: se hace mejor o peor persona, se autorrealiza libremente a través de sus acciones libres y responsables.
2 La persona, esencia del personalismo.
2.1. Hacia una noción de persona.
Como pensador cristiano, Karol Wojtyla concibe la noción de persona a partir de su fundamento teológico, es decir, desde la capacidad del hombre de encontrarse con Dios
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y relacionarse personalmente con Él. “Para Wojtyla, Dios es Creador de la persona en un sentido particular, porque en ella se refleja en cierta medida Él mismo”.97 Ese reflejo es lo que, se denomina imagen de Dios en el hombre, noción de importancia decisiva en la reflexión antropológica cristiana de todos los tiempos. En el pensamiento de Wojtyla, dicha noción está al mismo tiempo caracterizada por una intensa impronta trinitaria, en el sentido de que lo específico de la persona (y de su semejanza con Dios) radica no sólo en la naturaleza espiritual sino también en la capacidad de entrar en comunión con otras personas.
La persona no es un algo, algo creado cualitativamente descriptible, una naturaleza orgánica, etc., sino que la persona es alguien. Efectivamente, aquel alguien que me contempla desde un rostro humano y sobre quien no puedo disponer nunca como de una cosa. La persona comprende una realidad tal que es casi imposible de definir.98
De este modo, una sola expresión de persona no puede encerrar tanta riqueza, sería limitar un universo insondable y circundado por un profundo misterio. Sin embargo, el término persona tiene un origen sobre el que sí se pueden señalar algunos rasgos a través de la historia, sin que por ello se intente encasillar a la persona en el término que la enuncia.
Karol Wojtyla, muestra también a la experiencia como base y fundamento de todo conocimiento sobre los objetos y sobre nuestro propio yo, y es en ella donde “el hombre se descubre como yo y otro fuera de mí, es decir, como sujeto y objeto”.99 Pues en toda experiencia se da un grado de comprensión de lo que se experimenta, pero esta comprensión se da en una unidad que la otorga la acción misma del hombre. Por medio
97REALE. G., Saggio introduttivo, Metafísica de la persona, Ed. Plaza y Janés, Barcelona 1996, p. 86. 98 Ídem., p. 131.
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de esta unidad en la acción es que descubrimos a la persona. “La experiencia nos dice que el hombre actúa y que en esa misma acción el hombre se revela como persona”.100
Es, por tanto, la experiencia del actuar del hombre la que nos permite entrar en su esencia y nos permite un conocimiento más profundo de él, es decir, “por medio de la experiencia podemos alcanzar el conocimiento de la persona como un todo dinámico y no estático”.101
Según Karol Wojtyla, Santo Tomás afirma que persona es: “lo más perfecto de toda la naturaleza, a saber, el ser subsistente en una naturaleza racional”102
. Santo Tomás también asevera la superioridad ontológica de la persona sobre la realidad, así como su esencial unidad sustancial. Para E. Mounier: “Una persona es un ser espiritual constituido como tal por una forma de subsistencia y de independencia en su ser”.103 Mantiene esta subsistencia con su adhesión a una jerarquía de valores libremente adoptados, asimilados y vividos en un compromiso responsable y en una constante conversión; unifica así toda su actividad en la libertad y desarrolla por añadidura, a impulsos de actos creadores, la singularidad de su vocación.
A partir de estas consideraciones, el concepto de persona fue progresivamente aplicado también a la reflexión antropológica estrictamente filosófica. La noción de persona, difícilmente definible, puede describirse en sus predicados básicos. En este sentido, el esfuerzo de pensar la persona desde una vertiente filosófica, requiere un estudio riguroso de las condiciones básicas que configuran el ser personal y le permiten que sea reconocido y valorado como fin en sí mismo. El estudio de las propiedades de la persona permite que el quehacer filosófico pueda contribuir a la configuración de su realidad,
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WOJTYLA. K., Persona y Acción, Ed. BAC, Madrid 1982 p. 12.
101Ídem., p. 13.
102SANTO TOMÁS., El concepto de persona, Ed. Tecnos, Madrid 2003, p. 150.
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resaltando los aspectos fundamentales sobre los que se debe discurrir con rigor para acentuar la dignidad personal como valor fundamental y constitutivo.