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BUILDING CORE PROGRAMS AND ACTIVITIES

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Antecedentes

Es bien conocido que para el marxismo, la historia es la sustan- cia de la sociedad. Agnes Héller (1977,1982 y 1985) complementa dicha aseveración argumentando que la sociedad no posee ninguna sustancia a no ser los seres humanos en relaciones: son ellos los realizadores que se objetivan en instituciones y estructuras socia- les.

Los seres humanos hacen su propia historia, pero la hacen en condiciones previamente dadas, es decir, por un contexto socio-his- tórico que modifica su devenir vital de forma estructural. En sín- tesis, la esencia humana es histórica y la sustancia humana es su propia historia.

La sustanciación discursiva de la historia, la propiedad sim- bólica y ontológica de su devenir, las formas en que se ha escrito, comunicado y reflexionado a lo largo de la existencia humana, ha estado signada por diversos cruces ideológicos, políticos, cultura- les, económicos y sociales. Cada bloque, periodo o temporalidad histórico-social forja a sus propios sujetos: el acontecer de la vida pública, de la intimidad de lo privado, de los usos y formas de la

cotidianeidad singular y colectiva son percibidas, reconstruidas e interpretadas desde heterogéneas posturas historiográficas, donde la historia oficial, positivista, en una palabra, hegemónica, se ha es- tablecido como la portadora de la verdad absoluta e incuestionable, sustentando su postura en la autenticidad del documento escrito.

No obstante, en la postrimería del siglo XVIII en países como Gran Bretaña y Francia, se gestaron los movimientos más represen- tativos e influyentes, en forma y fondo, en la aproximación al cono- cimiento de la historia: la escuela de la historia social y la escuela de los Annales, orientadas a desarrollar estudios historiográficos que buscaban comprender las representaciones sociales en torno a la dinámica histórica, desde el punto de vista de sus actores sociales.

Sin duda, se suscitaba la fundación de un nuevo marco meto- dológico donde la oralidad, el discurso del otro, el testimonio vivo del hombre de carne y hueso, del sujeto cotidiano, recuperaba en muchos sentidos, espacios y tiempos perdidos.

En cuanto a la historia oral contemporánea, sus orígenes pue- den situarse en los Estados Unidos de América, alrededor de 1934 y 1935. En esa época, se efectuaron entrevistas a población de raza negra superviviente de la era esclavista en Indiana, Kentucky y algunos estados colindantes, con la finalidad de recuperar sus testimonios. Este tipo de acciones formaban parte de proyectos em- prendidos por la política del New Deal, para establecer fuentes de empleo. Más tarde, entre 1948 y 1949, Allan Nevins realizó entre- vistas a diversos personajes de la sociedad estadounidense, logran- do que la Universidad de Columbia auspiciara sus investigaciones y en consecuencia, se instaurara el primer instituto de investigación de historia oral.

Nevins fue el primero en utilizar la cinta magnetofónica para grabar sus entrevistas, las cuales conformaron el primer archivo de la palabra, concentrado en el mencionado instituto, donde se efec- tuaban las tareas de transcripción y corrección de las fuentes. Es a partir de este modelo, que se crean las pautas metodológicas subs- tanciales de la historia oral contemporánea.

En cuanto a la institucionalización y divulgación de la meto- dología referida, ésta se lleva a cabo con la constitución de la Aso- ciación de Historia Oral en el año de 1967. Derivado de este hecho,

emerge una corriente representativa: la elitelore o entrevistas de historia oral a las elites (De Garay, 1994).

Es importante dejar en claro que la corriente de la elitelore no es predominante en el contexto de la historia oral estadouniden- se. El caso de la escuela de Chicago, representa un parte aguas en el desarrollo de una metodología más interesada en recabar y re- construir los testimonios de los sujetos “ordinarios” colectivos en su cotidianeidad. En cuanto a los trabajos desarrollados en Italia, en los países escandinavos así como en la citada Gran Bretaña, las re- ferencias acerca de entrevistas desde el enfoque de la historia oral, se ubican varios años antes de la fundación del archivo oral de la universidad de Columbia. Las investigaciones tenían como objeti- vo comprender las representaciones de las diversas tradiciones, el folklore, las creencias, los mitos y las formas de vida de la clase obrera.

Respecto al caso particular de México, el desarrollo de la histo- ria oral se remonta a los trabajos realizados por Fray Bernardino de Sahagún en el año de 1547, quien aplicó una serie de cuestionarios a los indígenas mexicanos sobrevivientes a la conquista, para inda- gar sobre los principales ritos y la vida cotidiana del México prehis- pánico. Así mismo, en épocas posteriores, se reconoce que:

Los más importantes historiadores de la mitad del siglo XIX, Lucas Alamán y Carlos María Bustamante, incluyeron sus propios testimonios y los de otros al escribir sus historias. Parecería que la fuente oral nunca fue totalmente desechada en la construcción histórica como lo demuestran las entrevistas sobre la Decena Trá- gica hechas por Agustín de Aragón en la Revista Positiva de 1914, los testimonios incluidos de Leander de Bekker en “De cómo vino Huerta y como se fue”…o, por señalar un trabajo más reciente, “Ayer en México” de John Dulles, que es una historia del país en la etapa posrevolucionaria, fundamentalmente hecha a partir de entrevistas (Collado, 1994: 26).

Caso especial es del Antropólogo Oscar Lewis (1982), quien en la década de los sesenta realizó uno de los estudios más importan- tes, desde la denominada cultura de la pobreza: Los hijos de Sán- chez, basada en entrevistas realizadas a una familia de inmigrantes campesinos asentada en la ciudad de México.

También, es importante hacer mención de los trabajos reali- zados por Wigberto Jiménez, pionero en la organización del Archi- vo Sonoro (posteriormente Archivo de la Palabra) de la Revolución Mexicana, situado en el Museo Nacional de Antropología e Historia. Otras aportaciones al campo de la historia oral son los de Eugenia Meyer, con entrevistas realizadas a combatientes y campesinos so- brevivientes de la Revolución Mexicana, así como estudios sobre el sindicalismo y cine mexicano de principios del siglo XX.

Otros trabajos relevantes, que usaron a la historia oral como eje metodológico para estudiar diversos acontecimientos del Méxi- co del siglo XX, son los realizados por Luis González (1984) en su obra Pueblo en vilo, del cual también de realizó un documental. Jean Meyer (1994) en su obra La cristiada, reconstruye la historia de los campesinos católicos que lucharon contra el ejército constitucio- nalista. Un trabajo titánico, ya que realizó alrededor de quinientas entrevistas, con su respectivo proceso de transcripción y análisis. El uso de la historia oral en el campo antropológico tiene sus referen- tes históricos en la figura de Manuel Gamio (1966) y sus diversos estudios sobre migración indígena a los Estados Unidos y en la obra de Ricardo Pozas (1952), Juan Pérez Jolote: biografía de un tzotzil.

Para cerrar éste pequeño recorrido, es pertinente señalar que diversas instituciones académicas mexicanas llevan a cabo un sin fin de investigaciones desde la historia oral. Entre las más impor- tantes se encuentran el Instituto Mora, La Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el Centro de Estudios de la Revolución Mexicana Lázaro Cárdenas, la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa (UAM-I), así como diversos centros universitarios e institutos de cultura del país.