• No results found

Chapter 8 Multi-objective optimisation using Kriging

8.6.2 Building model results

Entre los elementos del antiguo modelo administrativo que había sido puesto en funcionamiento para asegurar la gestión de las haciendas privadas de la elite hidalga, y que experimentan un notable perfecciona-

miento a lo largo de la primera mitad del sigloXIX, debemos destacar, en

primer lugar, el interés que muestran estos rentistas hacia sus archivos familiares privados. En la medida en que en ellos se hallan depositados los títulos acreditativos de la propiedad de las tierras y rentas incorporadas a

los vínculos y mayorazgos de sus casas,63su conservación y catalogación

van a convertirse en dos objetivos esenciales a la hora de garantizar la per- vivencia de sus patrimonios y, por ende, en uno de los pilares de su admi- nistración privada.

Como era de esperar, ya nos encontramos a algunos de estos pode- rosos rentistas seculares preocupándose por la catalogación y conserva-

ción de sus archivos privados principalmente a finales del sigloXVIII.64

A fin de cuentas, tal como hemos señalado, es a mediados de esta cen- turia cuando comienzan a sucederse las crisis de subsistencia que obli- garán a los colonos enfiteutas a abonar las rentas en función de sus propias posibilidades. Entre ellos, el conde de Ximonde, don Juan Antonio Cisneros y Castro, gastó 15 000 reales en ordenar y recatalo- gar al completo el archivo condal que había heredado de su tío. Sus propias palabras, procedentes del testamento que otorgó en 1798, son por sí solas lo suficientemente ilustrativas de la idea que pretendemos transmitir:

63 Vaamonde Gamo (1995), p. 77; Vázquez Bertomeu (2004), pp. 896-902. 64 E incluso se puede percibir un interés evidente por parte de ciertos miembros de la elite hidalga hacia sus archivos privados ya a comienzos de dicha centuria. De hecho, la casa de Noceda ya disponía de un importante archivo en el primer cuarto del sigloXVIII. Tal como se desprende del inventario post mórtem de don Pedro de Ulloa Ribadeneira, realizado en 1724, había en dicho inmueble un «quartto donde se halla el Archibo de los papeles y escriptorio de que tiene las llaves [el juez del propio coto de Noceda], y con una de ellas habrió dicho Archivo, y en el halló diez cajones de papeles y otros cinco güecos de otros cinco caxones sin ellos». AHPO, CP, Casa de Castro, Noceda, Documentos genera- les, caja 7, n.º 19.

Luego de la muerte de dicho señor mi tío, viendo que los papeles de mi archivo estaban muy traspapelados, sin horden ni consierto, me puse a su reco- nosimiento con sus pautas, maseándolos, valiéndome de personas ábiles que me leiesen // la letra antigua, y oficiales para el copio de las pautas, pues de no aber echo esto mal podía io trabajar como lo he echo en el reconosimiento de mis bie- nes, y perderse muchos de ellos por no saberse las pertenençias, poniéndose en los dichos masos con arreglo a los papeles, trasladando la sustancia en las pautas para más brebe en barios casos que urjen saberse lo conbeniente para las accio- nes o siguimientos de pleitos, cuia orden boi siguiendo y poniendo en el maso que sigue, esperando de mi susesor no ponga esto en olvido, como también cus- todiar la llabe del archibo, que en ella consiste el seguro de nuestras aciendas.65

La catalogación del archivo de la casa de Bergondo, incorporada al marquesado de Mos, también se acomete por entonces, exactamente en 1787, bajo la supervisión de la marquesa doña Joaquina Josefa de Oca, y de ella se desprenden 28 cajones de documentación para los cuales fue pre-

ciso elaborar otros tantos inventarios.66

Sin embargo, es durante la primera mitad del siglo XIX cuando nos

encontramos con más evidencias de este interés que muestra la elite hidalga hacia sus archivos privados. En 1848, el archivo de la casa de Láncara ya estaba compuesto por 17 cajones ordenados por partidos cobratorios, y cada uno de ellos contiene los «documentos de pertenencia […] en legajos sepa- rados, con la inscripción del nombre de la parroquia, cajón, legajo y núme-

ro de su referencia al libro tumbo a donde están anotados».67 No menos

voluminoso resultaba el archivo de la casa de Rubiáns en 1850: constaba de 14 cajones, 30 legajos y 2 mazos y, según el recuento acometido por el peri- to, dichos documentos «legitiman la pertenencia y propiedad de los bienes

raízes de la Casa y señorío de Rubianes y demás anecsas a la misma».68

No en vano, el erudito brigantino Froilán Troche y Zúñiga ya se había anticipado a reconocer en 1828, en una obra que trata precisamente sobre el método más acertado que se debía seguir a la hora de recatalogar dichos fondos hidalgos, que

65 AHUS, PN, Santiago, leg. 6259, f. 273r-273v.

66 El cuadernillo n.º 1, donde se halla la «Noticia para el manejo de los Papeles», es la pieza clave del catálogo. AHPO, CP, Casa de Castro, Noceda, cajas 1 (inventarios núms. 1-22), 3 (núms. 1-7 y 13) y 4 (núms. 14-25 y 28).

67 AHUS, PN, Santiago, leg. 8548, f. 148v. 68 AHUS, PN, Santiago, leg. 8550, f. 191r.

Al tiempo de arreglarse un archivo, se puede ir preparando un trabajo muy interesante para describir las rentas, bienes y derechos que la casa tiene perdidos: esto es mas facil cuando el que lo arregla es el dueño de ella, ú otro que tenga conocimiento de lo que posee la casa.69

Algunas de estas poderosas casas hidalgas incluso seguirán manifes- tando un interés evidente por el estado de conservación de sus fondos

documentales y su catalogación a lo largo de la segunda mitad del sigloXIX

y comienzos delXX. Sin ir más lejos, y siguiendo con el ejemplo de la casa

de Noceda reiteradamente citado en nuestra reflexión, sus dueños encar- garon una nueva recatalogación completa y minuciosa de su archivo fami-

liar privado, que se efectuó entre 1895 y 1908.70

En estos archivos privados, que ahora suscitan un mayor interés entre sus dueños, va a destacar muy especialmente la documentación adminis- trativa, esto es, aquella cuya finalidad consiste en dejar constancia de las diversas tareas encomendadas al personal encargado de gestionar los ingre- sos de la casa, lo cual nos sitúa sobre todo ante el cobro de rentas territo- riales, que, como ya se ha dicho, debía ser supervisado por el mayordomo general. La proliferación de esta tipología documental en los archivos de la hidalguía gallega, y no exclusivamente entre los de la elite, nos está reve- lando que, a partir de un momento dado, este sector nobiliario en su con-

69 F. Troche y Zúñiga (1835), El archivo cronológico topográfico. Arte de archiveros. Metodo fácil, sencillo y poco costoso para el arreglo de los Archivos particulares, útil a los Hacen- dados y poseedores de bienes que tienen documentos para conservar sus intereses. Arreglo interior y economico de las casas, dirección y manejo de los intereses de ellas, La Coruña (ed. literal de 1830 [ed. orig., 1828]), p. 145. Cf. además Migués Rodríguez (2002b), pp. 26-38.

70 Inicialmente se realiza un «proyecto de inventario» que se finaliza en 1895, del que va a resultar el «Ymbentario de los papeles pertenecientes a los mayorazgos de las casas de Noceda, Villamar, Regueras, Lagunas de la Somoza, Pontevedra y sus unidas y agregadas para separarlos según sus respectivas fundaciones». Se trata de 37 cuadernillos referidos a 16 mazos, de los cuales del 1 al 12 ya se habían inventariado previamente en el sigloXVIII. En el año 1900, los archiveros encargados de catalogar esta sección del archivo ya deposi- tado en la Casa do Castro, en El Barco de Valdeorras, revisan los protocolos de los escri- banos por cuyas escribanías habían pasado los señores de Noceda a poner por escrito sus asuntos durante el Antiguo Régimen, para comprobar cuáles están depositados en dicho archivo privado. Entre otros, fueron consultados los fondos pertenecientes a los escribanos Domingo de Bernedo y Domingo de Bernedo y Quiroga. Y finalmente, entre 1903 y 1908 se procede al reordenamiento definitivo de los fondos documentales según los criterios ini- cialmente establecidos. AHPO, CP, Casa de Castro, Noceda, cajas 46, 124 (cuadernos núms. 29 y 31-34) y 125 (cuadernos núms. 37-56).

junto sintió la necesidad de disponer de guías administrativas —eso sí, de mayor o menor complejidad, dependiendo del alcance del patrimonio en que nos fijemos— que les permitiesen controlar con más rigor el cobro de

sus heterogéneos ingresos agrícolas.71

En todos estos cuadernillos y libros administrativos que se redactan ahora, los hidalgos manifiestan claramente su intención de poner por escrito aquellos elementos más singulares de la organización hacendística de sus patrimonios; de ahí que echen mano de la documentación alberga- da en el propio archivo familiar, o que incluso soliciten copias de docu- mentación depositada en determinadas instituciones.

Los métodos contables de que dispone el personal que desempeña las tareas de gestión y administración al servicio de estas casas también expe- rimentan ahora cierta especialización, si los comparamos con la docu- mentación administrativa procedente de etapas históricas anteriores. La estructura de estos libros cobratorios elaborados durante la primera mitad

del sigloXIXacostumbra a incorporar tres apartados básicos: 1.º) un índi-

ce, o índices, por productos que debe percibir la casa, junto con los case- ros o colonos que deben efectuar los pagos, alfabéticamente ordenados; 2.º) una relación detallada de los precios de los distintos productos cobra- bles, que facilite el abono de los impagos de renta, bien en valores o bien en especie; y 3.º) un listado pormenorizado de los pagos e impagos proce- dentes de cada colono, año a año.

La pieza clave que va a permitir que este engranaje administrativo perfeccionado resulte operativo es el antiguo mayordomo o administrador general, que ya nos podemos encontrar difundido a comienzos del siglo

XVIII. Eso sí, su figura se ve enormemente revalorizada ahora, en un nuevo

contexto en el cual los grandes rentistas, a estas alturas absentistas en su

mayoría,72pretenden ejercer un control más firme de la estructura cobra-

toria de sus patrimonios con el objeto de evitar que se oscurezcan algunas de sus rentas tras la reiterada, y coyuntural, acumulación de impagos por parte de algunos de sus colonos. En la medida en que éste supervisa que

71 Presedo Garazo (2001), pp. 50-52.

72 Cf., en relación con los patrimonios de la élite hidalga compostelana a mediados del sigloXIX, nuestra reciente aportación en Presedo Garazo (2004b), pp. 671-679.

los operarios al servicio de la casa encargados de contabilizar y gestionar las rentas que se ingresan cada año en los diversos partidos cobratorios cumplan debidamente con su cometido, en la práctica actúa como si se tratase de una verdadera prolongación del propio «amo», máxime si tene- mos en cuenta que aquél acostumbra a residir en un núcleo urbano situa- do a veces a bastante distancia del centro administrativo de su extenso patrimonio, que, recordemos, acostumbra a localizarse en el pazo rural principal de la casa con el que ésta se ha identificado simbólicamente.

Si el patrimonio de estas poderosas casas rentistas seguía resultando rentable era debido, en buena medida, a los esfuerzos de sus apoderados generales, cuyos «amos» habían delegado en ellos su salvaguarda. De hecho, Froilán Troche y Zúñiga ya había destacado en 1828 el sumo cuidado que debía poner esta elite a la hora de contratar a los operarios que habrían de

desempeñar la mayordomía de la casa.73Ellos eran, en definitiva, los prin-

cipales responsables de que todos y cada uno de los colonos abonasen la renta que les correspondía, bien según el plazo estipulado en los contratos de cesión dominial o bien con algo de demora si es que ésta se traducía en impagos. Así que estos mayordomos o administradores generales fueron adquiriendo más poder a medida que se consolidaba y divulgaba este par- ticular modelo administrativo conforme fue avanzando la centuria.

Este perfeccionamiento del modelo administrativo que regía sus haciendas, por el cual apostó decididamente la elite hidalga gallega duran-

te el sigloXIX antes de que comenzasen a producirse las primeras reden-

ciones de foros a partir de 1873, no hubiese sido posible sin una mejora en el principal medio de comunicación que permitía la circulación regu- lar de información entre el «amo» y su mayordomo general. Esto es, la correspondencia privada. Todavía no estamos en condiciones de dar res- puestas definitivas en este sentido, habida cuenta de la falta de estudios especializados sobre esta cuestión, pero tanto la correspondencia privada procedente de la casa de Goián como la que se conserva en la casa de Taboi para el tramo central de la centuria nos indican que la comunicación epis- tolar fluida y regular entre el hidalgo acomodado y el personal adminis- trativo al servicio de su casa era ya un hecho consumado.

UNA OPORTUNIDAD PARA RACIONALIZAR

Related documents