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Building Mortars Their Classification and Properties

Chapter 3. MINERAL BUILDING MATERIALS

3.6. Artificial Stone Products from Mineral Binding Materials

3.6.2. Building Mortars Their Classification and Properties

ACERCA DE LA POTENCIA 1. Cómo obtenemos esta idea

Cómo la mente es informada todos los días por los dos sobre la alteración de aquellas ideas simples que observa en las cosas exteriores, y cómo observa de qué manera una cosa termina y cesa de ser, y otra, que no era antes, empieza a existir; reflexionando también sobre lo que ocurre dentro de sí misma, y no tanto un cambio constante en sus ideas, unas veces causado por la impresión de los objetos exteriores en los sentidos, y otras por la determinación de su propia elección; y concluyendo a partir de lo que observa constantemente, que en el futuro ocurrirán cambios iguales en las mismas cosas, mediante iguales agentes y por iguales vías, considera en una cosa la posibilidad de que sus ideas simples hayan cambiado, y en otra cosa la posibilidad de realizar ese cambio; y, de esta manera, es como llega a la idea que denominamos potencia. Así, decimos que el fuego tiene la potencia de derretir el oro, es decir de destrozar la consistencia de sus partes insensibles, y en consecuencia su dureza, para hacerlo fluido; y que el sol tiene la potencia de blanquear la cera, y que la cera tiene la potencia de ser blanqueada por el sol, por lo que su amarillez queda destruida, apareciendo en su lugar la blancura. En éstos y en otros casos similares, la potencia que advertimos se refiere al cambio de las ideas que se pueden percibir; porque no podemos observar ninguna alteración u operación en ninguna cosa, si no es por el cambio observable de sus ideas sensibles; ni podemos concebir que se ha realizado ninguna alteración, si no es concibiendo un cambio de alguna de sus ideas.

2. Potencia activa y pasiva

De esta manera considerada la potencia, es de dos clases, es decir: o capaz de efectuar un cambio, o capaz de recibirlo. La primera, puede ser llamada potencia activa, y la otra potencia pasiva. Podría ser digno de consideración el saber si la materia está o no totalmente desprovista de potencia activa, al igual que Dios, que es su autor, está totalmente por encima de toda potencia pasiva, y también resultaría interesante saber si el estado intermedio de los espíritus son o no los únicos capaces de potencia activa y pasiva. No trato ahora de entrar en este asunto, pues mi propósito actual no es buscar el origen de la potencia, sino cómo llegamos a la idea de ella. Pero puesto que las potencias activas son una parte tan grande de nuestras ideas complejas de las sustancias naturales (como más adelante veremos) y las menciono como tales para acomodarme a las nociones comunes, aunque no sean, tal vez, tan activas en la realidad estas potencias como nuestros pensamientos se imaginan, con todo creo que no resultará inútil, por este motivo, dirigir nuestras mentes a la consideración de Dios y de los espíritus, para alcanzar una idea más clara de la potencia activa.

3. La potencia incluye alguna relación

Confieso que la potencia incluye en sí misma alguna clase de relación (una relación respecto a la acción o al cambio), como realmente todas nuestras ideas, sean de la clase que sean, lo incluyen también, cuando las consideramos atentamente. Pues ¿no contienen acaso nuestras ideas de la extensión, la duración y el número en sí mismas una secreta relación de las partes? Lo mismo se evidencia, incluso de una forma mayor, en lo que se refiere a la forma y al movimiento. Y las cualidades sensibles, como los colores, los olores, etcétera, ¿qué son sino potencias de diferentes cuerpos, en relación a nuestra percepción, etc.? Y si las consideramos en las cosas mismas, ¿no dependen acaso del volumen, de la forma, de la textura y del movimiento de sus partes? Todo lo cual incluye alguna clase de relación entre ellas. Por tanto, pienso que nuestra idea de potencia puede muy bien ocupar un lugar entre las otras ideas simples, y ser considerada como una de ellas, ya que es una de aquellas que forman un ingrediente muy importante en nuestras ideas complejas de la sustancia, como más adelante tendremos ocasión de observar.

4. La idea más clara de la potencia activa nos viene del espíritu

Nosotros estamos abundantemente provistos de la idea de potencia activa por la mayor parte de las clases de las cosas sensibles. En la mayoría de ellas no po- podemos evitar el observar que sus cualidades sensibles, es decir, que sus sustancias mismas, están en un flujo continuo, Por eso, con razón, las vemos como sujetas al cambio. No tenemos menos instancias de la potencia activa (que es la significación más propia de la palabra potencia), puesto que de cualquier cambio que se pueda observar, la mente debe deducir que hay una potencia capaz de realizar ese cambio, así como que existe una posibilidad de recibirlo en la cosa misma. Pero si lo consideramos atentamente, los cuerpos, por nuestros sentidos, no nos ofrecen una idea tan clara y dlistinta de la potencia activa como la que tenemos a partir de la reflexión sobre las operaciones de nuestras mentes. Porque, como toda potencia tiene relación con la acción, y como no hay sino dos clases de acciones de las que tengamos una idea, es decir, el pensamiento y el movimiento, consideremos entonces de cuál tenemos una idea más clara sobre las potencias que producen estas acciones. 1) Del pensamiento, el cuerpo no nos ofrece ninguna idea, sino que sólo la obtenemos a partir de la reflexión. 2) Ni tenemos a partir del cuerpo ninguna idea del comienzo del movimiento. Un cuerpo en reposo no nos ofrece idea alguna de ninguna potencia activa en relación con el movimiento; y cuando está en movimiento, ese movimiento es más bien una pasión que una acción. Pues cuando las bolas de billar obedecen al impulso del palo, no se trata de una acción de las bolas, sino de una mera pasión. Y cuando, por su impulso, ponen en movimiento a otra bola que se encuentra en su camino, no hacen sino comunicar el movimiento que han recibido de otro, y lo pierde en sí misma desde el momento en que la otra bola lo recibe; todo lo cual no nos proporciona sino una idea muy oscura de la potencia activa de mover que hay en el cuerpo, pues observamos que transmite el movimiento, pero no que lo produce. Porque no es sino una idea muy oscura de la potencia la que alcanza no a la producción de la acción, sino a la continuación de la pasión. Pues tal es el movimiento en

un cuerpo empujado por otro; ya que la continuación de la alteración que se produce del estado de reposo al de movimiento no es una acción más de lo que lo es la continuación de la alteración de su forma que el mismo golpe provoca. La idea de comienzo del movimiento no la obtenemos sólo de la reflexión de lo que acontece en nosotros mismos, donde, por experiencia, encontramos que por una simple volición, por un meto pensamiento de la mente, podemos mover las partes de nuestro cuerpo que antes estaban en reposo. Así, me parece que la observación por nuestros sentidos sobre las operaciones de los cuerpos no llegamos sino a una idea muy oscura e imperfecta de la potencia activa, ya que en sí misma estas operaciones no nos ofrecen ninguna idea de la potencia para empezar una acción, sea el movimiento o el pensamiento. Pero si, a partir de la observación del impulso que un cuerpo ejerce sobre otro, alguien piensa que tiene una idea clara de la potencia, ello sería igualmente útil para mi propósito, pues la sensación es una de las vías por las que la mente obtiene sus ideas. Únicamente pensé que se debía considerar aquí, de pasada, si la mente no recibe su idea de potencia activa más claramente a partir de la reflexión sobre sus propias operaciones, que a partir de cualquier sensación externa.

5. La voluntad y el entendimiento son dos potencias de la mente o el espíritu

Esto, al menos, me parece evidente; que nosotros mismos encontramos una potencia para comenzar o para sufrir, para confirmar o para acabar diversas acciones en nuestra mente, y distintos movimientos de nuestros cuerpos, únicamente por un pensamiento o por una preferencia de la mente que ordena, o, por así decir, manda que no se realice determinada acción particular. Esta potencia que tiene la mente para mandar que una idea sea sometida a consideración, o para impedir que se la considere, o bien, para preferir en cualquier momento particular el movimiento de una parte del cuerpo al de su reposo, y viceversa, es lo que llamamos la voluntad. El ejercicio actual de esa potencia, produciendo cualquier acción particular, o impidiendo que se realice, es lo que llamamos volición o consentimiento. El no realizar esa acción, como consecuencia de una orden o mandato determinado de la mente es lo que llamamos actos voluntarios, y de cualquier acción que se realiza sin que intervenga un pensamiento semejante de la mente se afirma que es involuntario. La percepción que constituye el acto del entendimiento es de tres clases: uno, la percepción de ideas en nuestra mente. Dos, la percepción del significado de los signos. Tres, la percepción de la conexión o del rechazo, del acuerdo o del desacuerdo, que hay entre cualquiera de nuestras ideas. Todas éstas se atribuyen al entendimiento, o potencia perceptiva, aunque solamente a las dos últimas solemos aplicar el término entender. 6. Las facultades no son seres reales

Estas potencias de la mente, es decir, la percepción y la capacidad de elección se conocen usualmente por otro nombre. Y en la forma normal de hablar se dice que el entendimiento y la voluntad son dos facultades de la mente; término realmente adecuado si se utiliza, como debe hacerse con las palabras, de manera que no siembre ninguna confusión en los pensamientos de los hombres, como yo sospecho que ha ocurrido al aplicar los términos anteriores para significar unos seres reales en el alma que realizan estas acciones del entendimiento y volición. Porque cuando nosotros decimos que la voluntad es la facultad que manda y la facultad superior del alma; que es o no es libre; que es la que determina a las facultades inferiores; que sigue los dictados del entendimiento, etc., aunque éstas y otras expresiones similares pueden ser entendidas por aquéllas que examinan cuidadosamente sus propias ideas, y que dirigen sus pensamientos más por la evidencia de las cosas que por el sonido de las palabras, sin embargo sospecho que esta forma de hablar de facultades ha sumido a muchos en unas nociones confusas sobre distintos agentes que existirían dentro de nosotros, cada uno con su esfera y autoridad, y que mandarían, obedecerían y realizarían distintas acciones, como si se tratara de seres distintos; todo lo cual ha sido origen de no pocas disputas, oscuridad e incertidumbre en las cuestiones que se refieren a dichas facultades.

7. De donde proceden las ideas de libertad y necesidad

Pienso que cada uno encuentra en sí mismo la potencia de iniciar o de impedir, de continuar o de poner fin a sus distintas acciones. A partir de la consideración sobre la extensión de esta potencia de la mente sobre las acciones del hombre, que cada uno encuentra en sí mismo, surgen las ideas de libertad y necesidad.

8. Qué es la libertad

Todas las acciones de las que tenemos alguna idea, según ya hemos dicho, son de dos clases: pensamiento y movimiento; y en la medida que un hombre tenga la potencia de pensar o de no pensar, de moverse o de no moverse, según las preferencias o directrices de su propia mente, será un hombre libre. Por el contrario, si no son iguales la potencia de realizar una acción y de abstenerse de ella en un hombre; si el hacer algo o el no hacerlo no responde igualmente a la preferencia de su mente, no será un hombre libre, aunque, quizá, la acción sea voluntaria. De manera que la idea de libertad consiste en la idea de la potencia que tiene cualquier agente para hacer o dejar de hacer una acción particular, según la determinación o pensamiento de su mente que elige lo uno a lo otro; pero si no está dentro de la potencia del agente el actuar eligiendo una de estas cosas, no existe libertad, y ese agente está bajo una necesidad. De manera que la libertad no puede existir si no existe pensamiento, ni volición, ni voluntad; pero puede existir pensamiento, voluntad o volición, sin que exista libertad. Una pequeña consideración sobre uno o dos ejemplos nos pueden aclarar bastante esto.

9. Supone el entendimiento y la voluntad

Una pelota de tenis, bien se encuentre en movimiento por el golpe de la raqueta, bien esté en reposo, no será tomada por nadie como un agente libre. Si investigamos sobre la razón de ello, encontraremos que es porque no concebimos que una pelota de tenis piense, y que en consecuencia pueda tener ninguna volición, o preferencia del movimiento sobre el reposo, o viceversa; por tanto, no tiene libertad, no es un agente libre; sino que el movimiento y el reposo caen bajo nuestra idea de lo necesario, por lo que así se les denomina. De igual manera, un hombre que cae al agua (al derrumbarse el puente sobre el que se

encuentra) no tiene ninguna libertad, no es un agente libre. Porque aunque tiene volición, aunque prefiera no caer al agua, sin embargo como no entra en su poder el impedir este movimiento, la detención o cese de ese movimiento no se sigue de su volición, y, por tanto, no es libre en ese momento. De la misma manera un hombre que se golpea a sí mismo, o golpea a un amigo mediante un movimiento convulsivo de su brazo, que no está en su poder impedir por la volición de su mente, nadie pensará que ha actuado con libertad, sino que todos lo compadecerán por haber actuado impelido por la necesidad y el reflejo.

10. No pertenece a la volición

Supongamos que un hombre es llevado mientras duerme a la habitación en la que se encuentra una persona que desea ver y con la que quiere hablar; y que este hombre sea encerrado, de manera que no pueda salir. Cuando despierte, estará feliz de encontrarse con la compañía deseada con la que decidirá quedarse, es decir, que preferirá permanecer allí en lugar de salir fuera. Y yo pregunto: ¿no es esta estancia voluntaria? Pienso que nadie dudará que lo es y, sin embargo, como ha sido encerrado, resulta evidente que no está en libertad de permanecer o de salir. De manera que la libertad no es una idea que pertenezca a la volición o a la preferencia, sino que es propia de la persona que tiene el poder de actuar o dejar de actuar, según los designios o dictados de su mente. Nuestra idea de libertad llega hasta donde alcanza esa potencia, y no más allá. Porque siempre que alguna restricción impide la actuación de esa potencia, o que alguna confusión elimina esa indiferencia de la habilidad de obrar o de dejar de hacerlo, ya no hay libertad, ni existe en ese momento la noción que de ella tenemos.

11. No es necesario oponer lo voluntario a lo involuntario

Tenemos suficientes ejemplos, y a menudo más que suficientes en nuestros propios cuerpos sobre ello. El corazón de un hombre se mueve, y la sangre circula sin que esté en su poder detenerlo por medio del pensamiento o la volición; y, por tanto, en lo que se refiere a estos movimientos, cuyo término no depende del juicio ni de la determinación de la mente, aunque ésta lo quisiera así, no nos encontramos ante un agente libre. Movimientos convulsivos agitan las piernas del hombre, de manera que aunque lo deseara fervientemente no podría detenerlos por ninguna potencia de su mente (como en esa extraña enfermedad llamada chorea sancti víti), sino que se encuentra perpetuamente bailando; no está en libertad de actuar, sino bajo la necesidad que le impone el movimiento, al igual que una piedra que cae, o una pelota de tenis golpeada con una raqueta. Desde otro punto de vista, una parálisis o el potro de castigo impiden que las piernas de un hombre obedezcan la determinación de su mente, cuando quiere hacer que su cuerpo se traslade a otro lugar, En todas estas ocasiones hay una ausencia de libertad, aunque, incluso para el paralítico, sea voluntario el permanecer sentado, en cuanto a que lo prefiera a moverse. Entonces, lo voluntario no se opone a lo necesario, sino a lo involuntario. Porque un hombre puede preferir lo que puede hacer o lo que no puede hacer; puede elegir el estado en que se encuentra, otro contrario o un cambio en el mismo, aunque la necesidad haya hecho inalterable este estado. 12. Qué es la libertad

De la misma manera que ocurre con los movimientos del cuerpo, acontece con los pensamientos de nuestras mentes: cuando cualquier pensamiento es de tal clase que tenemos la potencia de conservarlo o desecharlo, según lo que la mente elija, existe libertad. Un hombre despierto, que se encuentra en la necesidad de tener algunas ideas constantemente en su mente, no se halla en la libertad de pensar o de no pensar más de lo que lo está de impedir que su cuerpo toque o deje de tocar a otro cuerpo; pero el que cambie su contemplación de una idea a otra es algo que muchas veces depende de su elección, y entonces, en ese sentido, tendrá la misma libertad de que dispone sobre otros cuerpos en los que descansa, en los que puede transportarse de uno a otro, a su gusto. Hay, sin embargo, algunas ideas para la mente que, como algunos movimientos para el cuerpo, no pueden evitarse en determinadas

circunstancias, ni rechazarse por muchos esfuerzos que se empleen en ello. Un hombre no está en la libertad de desechar la idea del dolor ni de divertirse con otras contemplaciones. Y algunas veces una pasión vehemente ocupa nuestros pensamientos, como un huracán impulsa nuestros cuerpos, sin dejarnos en libertad de pensar en otras cosas, que quizá nos gustarían más. Pero desde el momento en que la mente tiene el poder de parar o continuar, de comenzar o impedir cualquiera de estos movimientos externos del cuerpo, o de los pensamientos internos, según crea que prefiere lo uno a lo otro, nos encontramos de nuevo ante la consideración de que el hombre es un agente libre.

13. Qué es la necesidad

Siempre que falte totalmente el pensamiento, o la potencia de obrar o de dejar de hacerlo según los dictados del pensamiento, nos encontramos ante la necesidad. Esta, cuando se encuentra en un agente capaz de volición y cuando la iniciación o la continuación de alguna acción es contraria a esa preferencia de su mente, es llamada compulsión; cuando el impedimento o cese de alguna acción es contrario a su volición, se denomina represión. Los agentes que no tienen pensamiento alguno, ni volición, son agentes necesarios en todos los sentidos.