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Methodology for Assessment of Collapse Indicators

6.1 Preliminary List of Potential Collapse Indicators

6.2.2 Building Prototype Models

Em pezam os este capítulo tratando de decidir si el peronism o era o no el hecho m aldito del país burgués m encionado por Cooke, y eventualm ente, de cuál m anera. Propongo m irarlo desde esta perspectiva: el populism o y su form a argentina, el peronism o, son el hecho m aldito del país burgués porque son la reencarnación de la m onarquía absolutista en la Modernidad. Nada dem asiado original. En todo el m undo, no hay nada m ás parecido a los viej os soberanos que los m odernos déspotas del populism o triunfante, com o bien han com prendido quienes le pusieron “Rey Castro” a uno de los restaurantes cubanos de la Capital Federal.

Lej os de ser vanguardia de la Historia, el populism o im pregna la escena política con los arom as putrefactos de la era m onárquicofeudal. En el lugar donde las revoluciones liberales y dem ocráticas erigieron la república el populism o re- entroniza a la nación soberana; donde construy eron la independencia de poderes restaura al m onarca y al caudillo que todo lo com andan desde el Ej ecutivo; donde había federalism o im pone el estado unitario y su caj a dom esticadora; donde existía lim itación de poderes reconstruy e el viej o y querido poder absoluto; donde crecía la interdependencia de los pueblos del m undo sacraliza la soberanía nacional, expresión resucitada del poder soberano sobre el territorio y sus súbditos; donde había estado de

derecho hace crecer el despotism o y la arbitrariedad; y donde se había levantado una m uralla que separaba la propiedad pública de la privada el populism o santifica la apropiación m onárquica del patrim onio estatal.

El proy ecto populista no es contingente ni espontáneo. Por el contrario, tiene un obj etivo preciso: la reducción del ciudadano autónom o de la Modernidad a la condición de cliente, esa versión postm oderna del siervo de la gleba. Desde luego, en plena era global de la inform ación y el conocim iento la epopey a populista está destinada al fracaso; lo que no quiere decir que no logre arrastrar a una entera sociedad al abism o. En este sentido, el desem peño del peronism o es brillante.

De m anera que el gordo Cooke tenía razón. El peronism o es el hecho m aldito del país burgués. No en el sentido de que hay a abolido la esclavitud asalariada e instaurado el reino de los trabaj adores en la Tierra, sino en el sentido de que horadó, erosionó y destruy ó todas y cada una de las potencialidades liberadores de la revolución burguesa a cuy os abrum adores éxitos un tal Marx dedicó la prim era parte del Manifiesto Com unista. Por eso odian la globalización. Son los que el Marx del Manifiesto denuncia com o “bárbaros fanáticam ente hostiles al extranj ero”.

De primera división al interregional

Para com prender lo que ha significado el gran Partido Populista en el desarrollo argentino, nuestro científico social recom endaría recurrir a las tablas de países según su PBI per cápita en lapsos cercanos a m edio siglo: 1910, 1950 y 2013. Aquí las tienen.

1910 País 1950 País 1950 País

1 1

1 Australia 1 Estados

Unidos 11 Noruega

2 Nueva Zelanda 2 Suiza 12 Bélgica

3 Estados Unidos 3 Nueva

Zelanda 13 Argentina

5 Argentina 5 Canadá 15 Finalandia

6 Suiza 6 Venezuela 16 Alem ania

7 Canadá 7 Dinam arca 17 Chile

8 Bélgica 8 Reino Unido 18 Australia

9 Holanda 9 Suecia 19 Italia

10 Dinam arca 10 Holanda 20 Checoslovaquia

2013 País 2013 País 2013 País

1 Catar 18 Kuwait 34 Malta

2 Luxem burgo 19 Dinam arca 36 República Checa

3 Singapur 20 Bélgica 35 Chipre

4 Noruega 21 Japón 35 Sey chelles

5 Hong Kong 22 Reino Unido 35 Barbados

6 Estados Unidos 23 Finlandia 35 Guinea

Ecuatorial

7 Esm iratos

Árabes 24 Francia 35 Eslovaquia

8 Suiza 25 Korea del Sur 35 Grecia

9 Australia 26 Israel 35 Portugal

10 Canadá 27 Aravia

11 Austria 28 Baham as 35 Estonia

12 Irlanda 29 Nueva

Zelanda 35 Polonia

13 Holanda 30 España 35 Trinidad y

Tobago

14 Suecia 31 Italia 35 Hungría

15 Islandia 32 Om án 35 Chile

16 Taiwán 33 Bahréin 35 Letonia

17 Alem ania 34 Eslovenia 35 Argentina

Quintos entre el Reino Unido y Suiza, en 1910. Decim oterceros aún, entre Bélgica y Francia, en 1950. Cincuenta y unésim os entre Letonia y Antigua-Barbuda, en 2013, después de seis décadas en las que el peronism o fue la fuerza política que m ás gobernó y estuvo a cargo del poder, com o ninguna otra, durante tres décadas com pletas. A la Argentina, sólo el peronism o puede hacerla fracasar.

Ciertam ente, el PBI per cápita no es la única m edida del desarrollo de un país y el bienestar de sus habitantes, pero basta m irar las tablas y pensar cóm o se vive en cada uno de los países m encionados para com prender que funciona bastante bien. Puede haber alguna discrepancia entre datos, y a que las dos prim eras tablas provienen de una fuente y la últim a, de otra. Pero el resultado es tan contundente que un puesto m ás o m enos no cuenta. La sustancia es sim ple: la Argentina del Centenario j ugaba por el cam peonato de Prim era División, la de m ediados de siglo peleaba en m itad de la tabla de prim era y la actual j uega en alguna liga interregional ignota. Curioso resultado, el del nacionalism o autoritario elitista y populista, cuy o declam ado obj etivo com ún es la grandeza nacional.

Desde luego: la Argentina del Centenario no era dem ocrática ni socialm ente j usta. Incluso no había cines, ni com putadoras, ni restaurantes chic-populistas en Palerm o Holly wood. Un horror, era. Pero todos los países del m undo eran un horror en 1910 si se los m ira con los parám etros actuales, y no había dem ocracia ni j usticia social com o las entendem os hoy en ninguno de ellos. A pesar de eso, la Argentina

estaba entre los prim eros del m undo en condiciones de vida del pueblo y los trabaj adores, y la m ej or prueba es que m illones de europeos em igraban a estas costas para disfrutar de ellas, incluidos los abuelos de Perón, de los Kirchner y de los m iem bros del Instituto Nacional de Revisionism o Histórico Manuel Dorrego. Para cualquiera que m ire la tabla de 1910 resultará notable, adem ás, el com portam iento gentilísim o de la pérfida Albión, Inglaterra, que perm itía que una de sus ex colonias (los Estados Unidos) y dos de sus colonias (Australia y Nueva Zelandia) la precedieran en riqueza, y que otras dos “sem icolonias” (Argentina y Canadá) la acom pañaran el ranking de las top-seven. ¡Menos m al que los antecesores revisionistas del Instituto Dorrego vinieron a sacarnos de tan desagradable situación!

Desde luego, no estoy diciendo que la situación de dependencia con Gran Bretaña fuese ideal ni indefinidam ente prolongable en el tiem po. Estoy diciendo que entre los diez prim eros países de la tabla de 1910 -entre los que Canadá, Australia y Nueva Zelandia tienen aún com o Jefa de Estado a la Reina de Inglaterrala Argentina, en la que el nacionalism o se desarrolló hasta ocupar todo el espectro político y m onopolizar el poder, es al que peor le ha ido. La razón es sencilla. Así com o el com unism o no es la defensa de los intereses com unes sino el uso del discurso de los intereses com unes en desm edro de los intereses com unes, el nacionalism o no consiste en la defensa de los intereses nacionales sino el uso del discurso de los intereses nacionales en desm edro de los intereses nacionales. Y otro tanto se podría decir de los dem ás Jinetes del Apocalipsis nacionalista; el industrialism o, el populism o y el estatism o, que no defienden a la industria, al pueblo y al Estado sino que los hunden.

Estoy diciendo, tam bién, que en el necesario pasaj e a la era industrial y hacia una m ay or autonom ía política, la Argentina del “cam po versus industria” y la sustitución de im portaciones se fue al descenso varias veces, y que es absurdo que quienes fueron responsables de aquellos descensos pretendan dar lecciones a quienes iban quintos en el cam peonato en vez de revisar los supuestos (estatism o, nacionalism o, industrialism o y populism o) que defienden, y que han causado un desastre de sem ej ante m agnitud.

Pasa tam bién con los ferrocarriles. Persiste hasta hoy el lam ento contra la red- em budo con epicentro en Buenos Aires que los ingleses construy eron en la Argentina agropecuaria. En tanto, de la red de ferrocarriles transversales que debían haber conectado la Argentina de este a oeste y de norte a sur m ás tarde, durante la época industrial, no hay noticias. Los dem ás países, en cam bio, aprovecharon las redes iniciales y construy eron j unto a ellas, e im bricadas con ellas, redes a la m edida del siglo XX y del siglo XXI. En cam bio, el peronism o adoptó com o propio el lam ento de Scalabrini Ortiz, nacionalizó los ferrocarriles en una operación excelente para los

ingleses y ruinosa para el país, los liquidó durante los Noventa y así los dej ó durante la Década Saqueada, cuy a m asacre social m ás em blem ática ha ocurrido en la estación de Once.

El peor problem a que causó la red-em budo ferroviaria: la concentración de recursos y población en Buenos Aires y su conurbano, no fue solucionado ni siquiera enfrentado por el peronism o. Por el contrario, se agudizó enorm em ente con las m igraciones que sus políticas antiagropecuarias iniciales produj eron, creando un interior vaciado y unas periferias capitalinas plagadas de villas m iserias. Allí están los argentinos m ás pobres todavía: en la fábrica de pobres de cuy a proliferación el peronism o sigue viviendo.

Com o con los ferrocarriles, el problem a de la Argentina industrial no fueron los lím ites a que había llegado la Argentina agropecuaria, y que eran m ás o m enos los m ism os que los de Canadá, Australia y Nueva Zelandia. El problem a de la Argentina industrial prohij ada por el peronism o es que fue y sigue siendo una adolescente tardía y viciada, incapaz de superar lo hecho por su m adre, la Argentina de la generación del ‘80 y el Centenario; todavía dependiente de ella a través de la soj a, siem pre en actitud de quej a y rebeldía y sin iniciativa visible de construcción autónom a.

Com o verem os m ás adelante, el m undo ofreció a la Argentina cuatro enorm es oportunidades de desarrollo, cuy os picos en térm inos de intercam bio coinciden con los cuatro grandes relatos políticos argentinos: 1909 (la Argentina del Centenario), 1948 (el prim er peronism o), 1973 (segundo peronism o y la Argentina del fifty -fifty ) y 2011 (cuarto ciclo peronista, el de la pseudorevolución nac& pop). Basta reexam inar las tablas del PBI per cápita para com prender que sólo hem os aprovechado la prim era de estas oportunidades y tirado a la basura las otras tres.

Después del Centenario, el Partido Militar hizo su irrupción en la Casa Rosada, en 1930; el Partido Populista en form ación lo acom pañó en 1943 y lo derrotó en la Plaza en 1945, superando en las urnas a la Unión Dem ocrática en 1946 y abriendo su prim er ciclo. Luego, la batalla entre am bos por el control y el botín tuvo sus propios golpes en 1955 y 1976. La sociedad argentina j am ás se recuperó. Caím os indefinidam ente hasta llegar al régim en peronista de partido único-que-puede- gobernar en 1989 y 2001. Y aquí estam os, todavía, escuchando a la Presidenta quej arse de que le quieren hacer un “golpe blando” y burlarse del helicóptero de De la Rúa. Aquí estam os, todavía, los argentinos; víctim as y cóm plices de los aj ustes populistas, del saqueo peronista y de la lum penización general de la Argentina.

Pies de pagina

AJUSTE POPULISTA, SAQUEO

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