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Social and environmental responsibility

SOCIAL AND ENVIRONMENTAL

3.4 Business continuity management and planning

EL ARTISTA Y LA AYUDA TERAPÉUTICA

El Pianista chileno Claudio Arrau (1903-1991), el más notable del s. XX, escribió un artículo publicado en 1967 intitulado El intérprete recurre al psicoanálisis, en el cual, desde su experiencia, sugiere que “el artista debe tener ayuda terapéutica” (Horowitz, 1984:271) por lo que decía que en su escuela ideal de música todos los alumnos deberían tener como materia obligatoria el psicoanálisis y el arte de la danza, porque señala que; es necesario enseñar a los jóvenes estudiantes de música las necesidades e impulsos de su psiquis, para apoyarlos a conocerse en su etapa temprana y así puedan iniciar el proceso de autosatisfacción, así como también desarrollarse como personas y como artistas. Pues es necesario lograr la madurez como adulto y como artista.

Lo esencial de incluir la danza es; “Para aprovechar el empleo del cuerpo y liberar las inhibiciones, tensiones y proyectar los sentimientos” (Horowitz, 1984:276). Indica también que, a lo largo de la historia de los grandes intérpretes hubo muchos casos de músicos que sufrieron colapsos nerviosos así como severos problemas de alcoholismo o terribles daños musculares, etc. Luego entonces hay que recurrir al tratamiento psicológico si no es que psiquiátrico, pero a veces ya es tarde.

Por la gran experiencia y trabajo que logró realizar a través del Arte, Arrau dijo que la forma más adecuada para la vida del artista consiste; en “el regreso a la sabiduría y conocimiento antiguos” (278). También hace hincapié en el hecho de que el artista es el portador de la cultura en la sociedad, pues es de suponerse que un artista lleva a cabo modelos de maduración y desarrollo individual, y muchas veces, de plena realización, cosa que se puede notar más que en cualquier otra gente, porque la vida del artista queda registrada.

En seguida, se refiere a los bloqueos de emoción e incomprensión de los propios sentimientos, que son los que obstaculizan la comunicación y la expresión. Estos bloqueos casi siempre son resultado de problemas no resueltos que sé

ANEXO 4

la comunicación representa también el fracaso de la madurez y el desarrollo psíquico y por eso se cae fácilmente en una tremenda vanidad por lo que el artista se convierte en víctima de su propio éxito. Así pues, es importante encontrar el camino adecuado. De ahí que sea necesario utilizar todo el cuerpo porque de esa manera se tiene un tipo de libertad de movimiento que trabaja sobre la psique, que despierta y libera la imaginación creadora latente para el desarrollo y florecimiento.

En el artículo se señala que la primera parte de la vida está dominada por Eros; el instinto impulsor para el trabajo y conseguir bienes. La segunda mitad debe ser un periodo de introspección de regreso hacia la esencia de su ser, eliminación de lo superfluo y satisfacción de los aspectos más significativos y profundos de la personalidad y el talento, tiempo en el cual puede surgir el terror hacia la muerte.

En cambio, cuando el proceso de individuación se ha tenido o se está llevando a cabo -proceso por el cual el hombre, a través del conocimiento conciente, del trabajo y de la sabiduría, logra alcanzar su individualidad en armonía con el universo- entonces se podrá explotar el talento y producir lo más significativo. Cita como los mejores ejemplos del poder de la individuación a Picasso, Stravinsky, Chagal, Casals, Klemperer, Rubinstein, Ansermet y Mailer. De este último, señala que tenía problemas personales y consultó a Freud consiguiendo abrir una ventana hacia la auto-comprensión, pudiendo así al final de su vida, superar su angustia y su temor a la muerte, adoptando la creencia de la indestructibilidad del alma humana y la divina posibilidad de la satisfacción del hombre en la tierra.

"Cuando se nace donde yo nací,

es imposible no creer en Dios". (Claudio Arrau 1903-1991)

Entrevista de Waldemar Verdugo Fuentes. Realizada en Guanajuato, México. (1984). Publicada en Papel en VOGUE.

Claudio Arrau, el maestro melancólico del teclado, nació en 1903, y a sus ochenta años aún presenta 70 u 80 conciertos al año en los más importantes centros musicales de la actualidad, a menudo en los cinco continentes como en sus giras

mundiales en que actúa en Estados Unidos, Europa, Sudamérica, Unión Soviética, Japón, Australia y Medio Oriente. Durante este 1984, además de presentaciones en varias ciudades de Estados Unidos, Canadá y ocho países de Europa, viajó a Brasil donde se realizó en el Teatro de la Opera de Río de Janeiro el "Festival Arrau" en su honor, estuvo en Japón, para aparecer en sus escenarios por quinta vez en su carrera, y actuó en el Festival Internacional Cervantino de México, donde conversamos con él.

-Mi trabajo musical -dice Arrau- no es más que la forma mía de vivir, de expresarme en esta época exacta que me ha tocado vivir. Una equivocada interpretación del hecho artístico se encuentra impregnada en muchas experiencias actuales, error que nos ha hecho olvidar esa segunda vida del arte, ese camino que recorre la conciencia y la memoria dé lo s hombres y del cual el arte mismo se ha alimentado primariamente. Una figura musical que no sea una idea que pueda volver a nosotros no pertenece verdaderamente al mundo del arte. Y es este segundo momento el que inspira cada una de mis presentaciones. Creo que la música es comprendida cuando es escuchada, pero no seguirá viva si no tiene el poder de continuar, de seguir manteniendo vivo su espíritu en aquél a quien va destinada, aquél que la busca. Gozar una obra de Brahms, por ejemplo, o un momento de la misma, es un instante preciso en que se hace perfecto el círculo artístico: es la vigencia del arte a través de la memoria que le proporciona esta segunda vida, aquella que en música se intenta revivir de varias formas, yo por medio de mi piano, como otro lo hace interpretando una ópera o dirigiendo una sinfonía".

-¿Influye su estado de ánimo cuando ofrece un recital? - “Mi estado psíquico al iniciar la interpretación no siempre es grato. Cada vez, y durante estos ya tantos años ante el teclado, me debo enfrentar a un fenómeno de disposición, al eterno problema de decidir mi estado de ánimo para cumplir el propósito de servir como vehículo a una intención más alta que mi ánimo mismo” .