CHAPTER 3: LITERATURE REVIEW
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II. 1. EL CAMPO DE LA AVARITIA
II. 1. 1. ANÁLISIS DE CADA ADJETIVO
II. 1. 1. 1. El adjetivo avarus
Los orígenes etimológicos del adjetivo avarus no son muy claros1. Se suele admitir que este adjetivo es el equivalente semántico de la forma griega filárgyros de donde, en una primera acepción, avarus (y su correspondiente forma griega pleonéctis) significó simplemente “deseoso”, “que desea algo con mucha intensidad”2; después, en una segunda acepción, la lengua especializó el adjetivo en el sentido de “el que ama en exceso el dinero”, “avariento”. Parece que los adjetivos avarus y avidus comparten su origen etimológico, ya que ambos se formaron sobre el verbo aveo que significa “tener un deseo violento”, “estar ávido de algo” en el buen sentido y en sentido negativo. Otros prosistas contemporáneos de Cicerón apenas utilizan el adjetivo (aunque sí el sustantivo avaritia) y en la obra de César, Salustio o Nepote nunca aparece avarus; Varrón lo emplea en dos ocasiones3. Cicerón hace un uso frecuente en su oratoria, pues hay un total de dieciocho ejemplos de los que doce4 son de su uso como adjetivo solo, cuatro5 de su uso en pareja y dos6 en serie.
En su uso como adjetivo solo, avarus tiene siempre como referentes formas pronominales o sustantivos animados como homo (en cuatro ejemplos), mulier, coniux. La posición del adjetivo respecto a su referente es la esperada excepto en dos ejemplos en los que la alteración del orden se debe a un deseo de denigrar el referente intensificando su fuerza negativa. El valor semántico en todos los ejemplos de su uso como adjetivo solo es el mismo: “avaro”, “avaricioso”, “deseoso de dinero en exceso”; siempre aparece en contextos “monetarios” y siempre con claros valores connotativos negativos; en el ejemplo del discurso en defensa de Quinto Roscio, se opone a los adjetivos liberalis y munificus y en el discurso en defensa de Celio, se opone a effusus, con lo que es evidente su valor restrictivo y peyorativo de “avaro”. Aparece con el refuerzo del superlativo en varios ejemplos en donde, como suele suceder, se produce una acumulación de refuerzos semánticos y, a la forma del superlativo, se suma la alteración del orden o la intensidad semántica del contexto inmediato. Hay una obra en la que Cicerón utiliza con más frecuencia este adjetivo: se trata de las Verrinas (un 39% de los ejemplos) en donde insiste en calificar así a Verres y a sus secuaces.
1
A. ERNOUT- A. MEILLET: Dictionnaire Étimologique de la Langue Latine, París, 1967, p.55.
2
Este valor más genérico y no siempre teñido de connotaciones negativas lo asumió en latín el adjetivo
avidus que en Cicerón aparece en los siguientes textos: Q. Rosc. 21.4; Manil. 7.2; Marcell. 25.15; Phil. 3.3.1; 5.22.11; 14.26.5. De todos estos ejemplos sólo en Phil. 5.22.11 avidus tiene unos valores
semánticos similares a avarus, pero, para asegurarlos, Cicerón especifica el complemento pecunia: avidus
in pecuniis.
3
Men. 37.1; 127h.35.1 .
4Q. Rosc. 22.8;Verr. 1.1.41.11; 2.3.190.2; 2.3.190.8; 2.4.12.5; 2.5.87.14; Flacc. 7.5; Rab. Post. 21.3;
31.5; Cael. 13.5; Phil. 2.113.4; 6.4.13.
5
Verr. 1.1.13.4; 2.1.94.4; Cluent. 44.7; Phil. 13.18.10.
6
Parejas
El adjetivo avarus, en la formación de asociaciones adjetivas, siempre ocupa el primer lugar, como el elemento menos marcado de la asociación; se une con adjetivos del campo de la crudelitas, la superbia, e incluso, del campo de la religión y los placeres. -. Avarus + libidinosus7
-. Avarus + spurcus
La asociación avarus + spurcus se articula con una relación de consecuencia: un hombre muy codicioso y, en consecuencia, terriblemente vil, innoble. Parece que puede considerarse una pareja ambivalente, pues la amplitud semántica del primer adjetivo no es muy superior a la del segundo, aunque la intensidad semántica del segundo sea superior.
El tema que Cicerón trata en este texto8 es interesante por las sutiles conexiones que tiene con el delicado ámbito de la administración de la justicia en la Roma del momento, en manos del ordo senatorial tras las reformas silanas; parece que Verres, mientras desempeñó el cargo de procuestor en Cilicia, se apoderó de la herencia de un tutelado suyo, hijo de Gayo Maléolo, cuestor de Dolabela; era uno de esos casos en los que un buen orador, capaz de presentar de manera adecuada los hechos ante el jurado, podía obtener un fácil éxito. Cicerón, en este proceso, lógicamente, no buscaba sólo esto, pues el caso es sólo uno más dentro de la larga serie de abusos que Verres cometió y que (quizás eso sea lo más importante) salpicó a los miembros de la clase senatorial que tenían en sus manos, como Verres, el poder absoluto en el ámbito judicial. Es como si Cicerón quisiera advertir a los jueces: tened cuidado porque este sinvergüenza (que no merece pertenecer a vuestro estamento) está manchando vuestro buen nombre al cometer abusos en el ejercicio de un cargo que sólo los senadores pueden ocupar.
La importancia de la exposición de este caso concreto es evidente y Cicerón recurre a todo su arsenal de recursos para hacerlo con eficacia probatoria y, sobre todo, para dejar claro un aspecto de la acusación contra Verres: que se trataba de un miembro del ordo senatorial, del que no sólo era un indigno representante, sino, ni tan siquiera un apoyo de sus principios y leyes, pues este robo lo realizó, mientras ejercía un cargo público y contra el hijo de otro miembro del ordo senatorial romano como era Maléolo. Cicerón quiso evitar que los jueces se identificaran con la figura de Verres y continuamente buscaba apartarlo de esta imagen para evitar el “corporativismo” que hubiera impedido su condena. El orador recurre al patetismo y hace hablar al muerto, a la viuda, a la madre del muerto e, incluso, al propio hijo que se ha quedado sin su fortuna por la rapiña del tutor que su padre le dejó; utiliza interrogaciones retóricas, organiza estructuralmente un complejo texto lleno de dobletes y series en el que aparece la asociación avarus + spurcus que ahora se estudia y en la que ambos adjetivos reciben un refuerzo semántico y una fuerza expresiva de gran importancia en su contexto.
7
Cf. en el análisis del adjetivo libidinosus el estudio de la pareja avarus + libidinosus.
8
Verr. 2.1.94 Quid exspectas? an dum ab inferis ipse Malleolus exsistat, atque abs te officia tutelae
sodalitatis familiaritatisque flagitet? Ipsum putato adesse. Homo avarissime et spurcissime, redde bona sodalis filio, si non quae abstulisti, at quae confessus es! Cur cogis sodalis filium hanc primam in foro vocem cum dolore et querimonia emittere? cur sodalis uxorem, sodalis socrum, domum denique totam sodalis mortui contra te testimonium dicere?
El adjetivo avarus es utilizado como primer miembro de la asociación porque Cicerón quiere recoger información previa que sobre este caso ya ha aportado en capítulos anteriores en donde ha especificado cómo se apoderó del dinero y de los bienes muebles del difunto Maléolo; la acusación de avaritia a un miembro del ordo senatorial era muy delicada, pero el orador se atreve con Verres porque su rapiña y su voracidad superaban las habituales apropiaciones que los dirigentes políticos realizaban en las provincias. Le interesa destacar de manera especial el segundo adjetivo –spurcus-, un adjetivo que sólo9 utiliza en cuatro ejemplos en su oratoria y en los cuatro con un valor muy intenso. En los dos ejemplos del discurso sobre su casa este adjetivo se aplica a un personaje secundario, a Sexto Clodio, un satélite de Clodio responsable de la redacción de dos leyes que provocan esta calificación del orador: la ley del reparto de trigo y la del destierro de Cicerón10 ; en el otro ejemplo11 califica a M. Antonio y a Dolabela por haber asesinado a Trebonio; en todos estos casos spurcus tiene connotaciones claras de “agresión contra los estamentos del estado que supone una contaminación moral con tintes religiosos” (por la redacción de leyes en contra del estado o por el asesinato de un funcionario romano) y esta connotación es la que, posiblemente, se percibe en este ejemplo que ahora se analiza y que concreta en un sustantivo como sodalis12 aplicado a Maléolo, un camarada de Verres que le confió a su propio hijo antes de su muerte y al que Verres traicionó llevado por su avaricia; Verres es calificado como un hombre terriblemente avaro y, además, innoble, lleno de impura vileza por haber osado traicionar la confianza en él depositada de un miembro de su mismo grupo social y político.
Nada de esto se dice de manera explícita, pero un miembro del jurado de esos momentos, con la insistente repetición del sustantivo sodalis, la mención de la avaritia, y la utilización de un adjetivo utilizado muy poco en la lengua en prosa contemporánea -como era spurcus-, lo entendía y lo sentía, muy seguramente, de esta manera.
La asociación forma una pareja límite entre la ambivalencia y la pareja típica, pues la fuerza semántica se carga sobre el segundo elemento y la “avaricia” es sólo el sema acompañante de la acusación: lo que en verdad destaca Cicerón a los miembros del jurado es la falta de corporativismo de Verres, su desprecio por los valores de
9
El adjetivo spurcus es un antiguo término del vocabulario religioso (posiblemente relacionado con
spargo) con el significado primero y puramente físico de “manchado”, “mezclado”, “impuro”; como
consecuencia de esa “mancha” tiene un valor secundario aplicado a la moral: “inmundo”, “bajo”, “vil”, “innoble” (Cf. A. ERNOUT- A. MEILLET: Dictionnaire Étimologique de la Langue Latine, París, 1967, p.645.) Se trata de un adjetivo no utilizado por otros prosistas contemporáneos de Cicerón –excepto dos ejemplos de su uso en Varrón en antiq. hum. 20.13.1 y en Men. 127h.62.2- y que Cicerón tampoco utiliza con frecuencia -sólo en los ejemplos Verr. 2.1.94.4; dom. 25.8; 47.13; Phil. 11.1.7) y siempre en grado comparativo o superlativo.
10
En dom. 25.8 y dom. 47.13 respectivamente.
11
Phil 11.1.7.
12
El sustantivo sodalis no se utiliza con excesiva frecuencia en la oratoria de Cicerón (Verr. 2.1.91.5;
2.1.93.6; 2.1.93.10; 2.1.94.2; 2.1.94.4; 2.1.94.5; 2.1.94.7; 2.1.94.7; 2.1.94.8; 2.1.158.8; 2.2.49.5; 2.3.85.11;Catil. 1.19.10; 2.9.5; Mur. 56.9; Sull. 7.1; har. resp. 45.6; Cael. 16.2; 26.7; 26.8; 26.11; 26.11; Planc. 29.5; 36.2; 37.7; 46.9; 47.10; Phil. 13.3.3 ) pues del conjunto de ejemplos en los que aparece se
trata de repeticiones cercanas tratando el mismo asunto: en Verrinas el ejemplo que ahora se comenta, en el discurso en defensa de Celio alusiones repetidas al colegio de los Lupercos y en los demás ejemplos se trata de calificaciones –positivas o negativas- aplicadas a individuos muy cercanos en el ámbito ideológico o político.
camaradería esperados en un miembro del ordo senatorial. La pareja está reforzada con el grado superlativo y es un vocativo: Cicerón insulta a Verres de manera directa y en este insulto supone una acusación de avaricia ya demostrada previamente y una acusación de “impureza” casi religiosa que se desarrolla a continuación.
-. Avarus + audax 13
El texto14 en el que aparece esta asociación pertenece a la primera parte de la narratio del discurso en defensa de Cluencio; Cicerón expone el asunto de los “marciales”, o servidores de Marte, en el que Habito intervino a petición de los habitantes de Larino y llevó la causa a Roma; la pareja avarus + audax califica el carácter de Opiánico y se trata de una pareja inversa en la que en la que Cicerón busca resaltar el sema del primer adjetivo, aunque, es posible que se produzca una acumulación de semas, pues, en la inversión, la “osadía” también se marca con fuerza por ir pospuesta: era especialmente avaro y, además, descarado.
El texto que rodea a la pareja objeto de análisis presenta numerosos dobletes, en especial dos parejas más de adjetivos que califican negativamente a sus referentes. Se trata de un texto organizado en dos partes referidas, cada una de ellas, a dos personajes cuyas calificaciones actúan como espejo: Opiánico y Habito. Al primero lo presenta calificándolo a través de parejas adjetivas, mientras que la presentación de Habito no es directa, sino que se da de él una ligera nota de su carácter, pero a través de sus acciones y de la interpretación que Cicerón hace de su comportamiento.
Opiánico aparece calificado en dos momentos sucesivos y por dos parejas de adjetivos, de las cuales, sólo la última –avarus + audax- tiene a este personaje como referente directo a través de una aposición. La primera pareja -immani acerbaque natura- califica indirectamente a Opiánico como alguien “cruel y despiadado” por naturaleza. Pero además, y actuando como una calificación indirecta, se suma el efecto que sobre esta cruel y despiadada naturaleza causaba la madre de Habito, una madre llena de violencia y hostilidad contra su propio hijo- infesta atque inimica filio-: Opiánico era cruel y despiadado y, además, su odio desenfrenado, su demencia, se veían acentuados por la violencia y la hostilidad que le provocaba la madre de Habito. Pero había algo más, un elemento más que movía la hostilidad de Opiánico contra su hijastro: la codicia, la avaricia, el deseo de apoderarse de su fortuna -hominis avarissimi atque audacissimi- que se desarrolla en la segunda parte del texto; esta segunda parte, aunque tiene como protagonista a Habito, en realidad está ratificando y explicando la calificación por medio de avarus que ha aplicado a Opiánico en su grado sumo: se trataba de la herencia que Habito no se había decidido a establecer legalmente (porque era un buen hijo y porque, al mismo tiempo, era sensato): Nam Habitus usque ad illius iudici tempus
nullum testamentum umquam fecerat; neque enim legare quicquam eius modi matri poterat in animum inducere neque testamento nomen omnino praetermittere parentis.
Los dos rasgos que definen, indirectamente, a Habito son su “buena naturaleza filial” y su “sensatez”.
13
Cf. en el análisis del adjetivo audax el estudio de la pareja avarus + audax.
14
Cluent. 45.1 Erat ipse immani acerbaque natura Oppianicus; incendebat eius amentiam infesta atque
inimica filio mater Habiti. Magni autem illi sua interesse arbitrabantur hunc a causa Martialium demoveri. Suberat etiam alia causa maior quae Oppianici, hominis avarissimi atque audacissimi, mentem maxime commovebat. Nam Habitus usque ad illius iudici tempus nullum testamentum umquam fecerat; neque enim legare quicquam eius modi matri poterat in animum inducere neque testamento nomen omnino praetermittere parentis.
El retrato psicológico de Opiánico se articula en estas tres parejas: immani acerbaque
natura + hominis eius amentiam infesta atque inimica mater filio + avarissimi atque audacissimi; Opiánico es un hombre cruel y despiadado, violento y hostil, osado y
capaz de todo ante su inmensa codicia. El retrato presenta una estructura anular perfecta en la que los dos elemntos laterales califican más directamente a Opiánico, mientras que el elemento central lo hace a través de la figura de la madre; el tercer elemento de este retrato, la pareja avarus+ audax, es el más intenso en fuerza significativa, el más definitorio en los semas que intervienen y el que más directamente se aplica a Opiánico. Cicerón ha utilizado tres parejas, pero, para evitar la monotonía calificadora, ha jugado con ellas y las ha variado aprovechando la variatio para cargarlas de nuevos significados y enriquecer así el retrato en su conjunto.
Las dos calificaciones en pareja, los laterales del triángulo semántico de esta calificación, según lo esperado, sufren un proceso de concreción e intensidad semántica que, por un lado, parte de la “monstruosidad” – immanis- y se concreta en una “avaricia desmedida” –avarus-; por otro, parte de la “cruel y violenta dureza” –acerbus- que se concreta en la “soberbia y el descaro más absolutos” –audax-. La relación entre las dos parejas, para facilitar la comprensión del receptor, es la de continuidad, la de una gradación evidente y paralela, de manera que Opiánico queda definido como un avaro monstruoso (immanis- avarus) que, en su violenta y cruel naturaleza, es capaz del descaro más absoluto (acerbus – audax) apoyado, en su locura, por la madre de Habito, una mujer enemiga de su hijo hasta el punto de asociarse a este monstruoso personaje. Y frente a este retrato, la naturaleza filial y la sensatez de Habito15
-. Avarus + crudelis
La asociación avarus + crudelis se encuentra en la decimotercera Filípica en donde Cicerón recuerda, una vez más, las atrocidades cometidas por M. Antonio en Suesa y Brindis. El referente de la pareja es, indirectamente, Antonio a través de la calificación de su esposa16. Es una de las pocas parejas en las que aparecen estos adjetivos en grado superlativo. El referente animado – uxor- está pospuesto a la pareja, tal vez en un deseo de Cicerón de marcar negativamente el sustantivo y cosificarlo; se trata de un referente al que los adjetivos no le convienen en absoluto, pues no se espera esta calificación de una buena y correcta esposa romana, un término casi sagrado, en la mente de un romano. El referente uxor designa en el texto a Fulvia que era, en esos momentos, esposa de M. Antonio, después de haber enviudado de P. Clodio y de C. Curión. Las referencias a Fulvia son frecuentes en las Filípicas17 y la imagen que Cicerón presenta de ella es siempre la misma: que goza con la sangre y que es avariciosa, deseosa de dinero y bienes, sea cual sea su procedencia.
El contexto de la pareja es muy significativo, pues la calificación se introduce con una especie de “juego”. La primera nota semántica que aparece es in sinu, un sustantivo que evoca semas de “calidez” y “amor materno” y que no es utilizado con mucha frecuencia por Cicerón, pero, cuando lo hace, lo emplea en contextos similares al del texto que
15
Cf. en el análisis del adjetivo immanis el estudio de la pareja immanis + acerbus en donde se analiza el contexto inmediato de la pareja.
16
Phil. 13.18.10 oppidum nunc municipum honestissimorum, quondam colonorum, Suessam
fortissimorum militum sanguine implevit; Brundisi in sinu non modo avarissimae, sed etiam crudelissimae uxoris delectos Martiae legionis centuriones trucidavit.
ahora se analiza: “juega” con el receptor y un sintagma con esperadas connotaciones positivas se convierte, de forma inesperada e intensa, en un “refugio” de elementos malignos18.
Inmediatamente después se introduce la pareja de adjetivos, bien relacionados con un nexo -non modo...sed etiam - que ayuda a la pareja a acumular los semas de ambos adjetivos con la misma intensidad y nos sitúa, sin duda, en una relación de ambivalencia entre los dos adjetivos. El sustantivo sinus había sugerido al receptor la calidez, el arrullo de un seno maternal y femenino, pero los adjetivos avarus + crudelis, tan contrarios a lo esperado de un seno femenino, “descolocan” esta imagen y la enriquecen al obligar al receptor a reubicar los contenidos hasta ahora presentados; estos dos adjetivos, a pesar de estar aplicados a un referente femenino, son elementos propios de la invectiva contra el tirano: la crueldad y la avaricia forman parte del retrato más común de la tiranía, pero en este ejemplo se aplican a la mujer de Antonio, no a Antonio.
Cicerón, en sus ataques contra las figuras más odiadas, aplica los recursos estudiados sobre cómo ejercer la invectiva contra los tiranos, pero no lo hace de manera mecánica, sino que selecciona los elementos que le interesan en cada caso para hacer más eficaz ese ataque y así, en Verres ataca, sobre todo, su crueldad, su soberbia y sus excesos en los placeres carnales; en Antonio ataca, en especial, su soberbia y sus excesos carnales; la crueldad y la avaricia las suele atacar a través de la figura de su mujer: su mujer es la que recibe esas calificaciones, aunque el responsable directo de los actos que justifican esas valoraciones es Antonio. Cicerón recurre a esta peculiar “desviación” por dos motivos: en primer lugar para dejar clara la “debilidad mental”, la “falta de voluntad” de