3 THE RIGHT TO WORK
3.3 Business and the right to work
Baubo, mayo 2011 Zulma Moreyra
Baubo versión de Clarissa Pinkolas Estés
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Laura Juarros, Psicóloga – Terapeuta, párrafo extraído de un artículo tomado de la revista digital FRIDA -
Deméter, la madre tierra, tenía una hermosa hija llamada Perséfone que un día estaba jugando en un prado. De pronto, Perséfone tropezó con una preciosa flor y alargó las puntas de los dedos para acariciar su bella corola. Súbitamente el suelo empezó a estremecerse y un gigantesco zigzag rasgó la tierra. De las profundidades de la tierra surgió Hades, el dios de Ultratumba. Era alto y poderoso y permanecía de pie en un carro negro tirado por cuatro caballos de color espectral.
Hades agarró a Perséfone y la atrajo a su carro en medio de un revuelo de velos y sandalias. Después los caballos se precipitaron de nuevo al interior de la tierra. Los gritos de Perséfone son cada vez más débiles a medida que se iba cerrando la brecha de la tierra como si nada hubiera ocurrido.
Los gritos y el llanto de la doncella resonaron por todas las piedras de las montañas y subieron borbotando en un acuático lamento desde el fondo del mar. Deméter oyó gritar a las piedras. Oyó los gritos del agua. Después un pavoroso silencio cubrió toda la tierra mientras se aspiraba en el aire el perfume de las flores aplastadas.
Arrancándose la diadema que adornaba su inmortal cabello y desplegando los oscuros velos que le cubrían los hombros, Deméter voló sobre la tierra como un ave gigantesca, buscando y llamando a su hija.
Aquella noche una vieja bruja les comentó a sus hermanas junto a la entrada de su cueva que aquel día había oído tres gritos: uno era el de una voz juvenil lanzando alaridos de terror; otro, una quejumbrosa llamada; y el tercero, el llanto de una madre.
No hubo manera de encontrar a Perséfone y así inició Deméter la búsqueda de su amada hija a lo largo de vanos meses. Deméter estaba furiosa, lloraba, gritaba, preguntaba, buscaba en todos los parajes de la tierra por arriba, por abajo y por dentro, suplicaba compasión y pedía la muerte, pero, por mucho que se esforzara, no conseguía encontrar a su hija del alma.
Así pues, ella, la que lo hacía crecer todo eternamente, maldijo todas las tierras fértiles del mundo, gritando en su dolor: “¡Morid! ¡Morid! ¡Morid!” A causa de la maldición de Deméter ningún niño pudo nacer, no creció trigo para amasar el pan, no hubo flores para las fiestas ni ramas para los muertos. Todo estaba marchito y consumido en la tierra reseca y los secos pechos.
La propia Deméter ya no se bañaba. Sus túnicas estaban empapadas de barro y el cabello le colgaba en enmarañados mechones. A pesar del terrible dolor de su corazón, no se daba por vencida. Después de muchas preguntas, súplicas e incidentes que no habían dado el menor resultado, la diosa se desplomó junto a un pozo de una aldea donde nadie la conocía. Mientras permanecía apoyada contra la fría piedra del pozo, apareció una mujer, más bien una especie de mujer, que se acercó a ella bailando, agitando las caderas como si estuviera en pleno acto sexual mientras sus pechos brincaban al compás de la danza. Al verla, Deméter no pudo por menos de esbozar una leve sonrisa.
La bailarina era francamente prodigiosa, pues no tenía cabeza, sus pezones eran sus ojos y su vulva era su boca. Con aquella deliciosa boca empezó a contarle a Deméter unas historias muy graciosas. Deméter sonrió, después se rió por lo bajo y, finalmente, estalló en una sonora carcajada. Ambas mujeres, Baubo, la pequeña diosa del vientre, y la poderosa diosa de la Madre Tierra Deméter se rieron juntas como locas.
Y aquella risa sacó a Deméter de su depresión y le infundió la energía necesaria para reanudar la búsqueda de su hija y, con la ayuda de Baubo, de la vieja bruja Hécate y del sol Helios, consiguió finalmente su objetivo. Perséfone fue devuelta a su madre. El mundo, la tierra y los vientres de las mujeres volvieron a crecer.
Simbología
Risa: La risa que viene desde el vientre es una de las mejores medicinas que pueda tener una mujer.
Nuestros instintos de sexualidad y de sensualidad, nos pueden sacar de estados de terrible oscuridad y autodestrucción. Pueden liberar estancamientos emocionales, que muchas veces producen enfermedades.
Muchos cuentos de este estilo, subidos de tono pueden encender el fuego en la vida de una mujer.
Pezones:
Ver a través de los pezones, es un atributo sensorial. Los pezones reaccionan a la temperatura, al temor, al enojo.
Vulva:
Hablar desde la vulva, es hablar desde lo màs sincero, lo mas intimo, desde lo visceral. ¿Hace cuanto que no percibes tu cuerpo? ¿Qué sientes cuando lo sientes? ¿Conoces las reacciones de tu cuerpo? ¿te pide algo? ¿se lo das?¿conoces tu vagina? ¿le has puesto nombre?¿reconoces tu clítoris? ¿cómo te gusta? ¿Dónde te gusta? ¿Te permites disfrutar de algo extremadamente placentero? ¿disfrutas del sexo o es un
trámite?¿cuando fue la última vez que te reíste a carcajadas?¿Cuidas y respeta tu cuerpo?
Cuando entras en contacto con tu cuerpo, tu sensualidad puedes entrar en planos más plenos de conciencia. Al sentir placer tu cuerpo libera endorfinas sustancia que eleva tu sistema inmunológico. Una mujer desconectada de su cuerpo, sin placer, sin orgasmo, sin sexo, ni sensualidad es una mujer con bajas defensas, una mujer que se enferma más fácilmente. Un cuerpo no estimulado se oxida, se enferma, se envejece, se marchita. . Cuando estás en estado depresivo necesitas placer para liberar endorfinas. A veces el placer no llega de forma directa tendremos que dejar de pensar y buscar el placer.
¿Cómo? Mimándote, atendiéndote, reconectándote con tu propio cuerpo… Para reconectarnos con el placer debemos dejar de pensar y comenzar a sentir y experimentar.
Nuestro cuerpo reacciona a estímulos sensoriales que puede dar como resultado el placer. Desde el tacto, el olfato, la vista, el gusto y la vista.
Sentir placer es natural, no es un acto pecaminoso ni egoísta, es saludable. Lo no natural son las culpas, el pudor porque son aprehendidos desde lo cultural y social.
Habita tu cuerpo, hazte el amor, descúbrete, si quieres puedes compartir amorosamente tu sexualidad con quien desees, si no puedes explorarla en soledad. Esto depende de tus circunstancias de vida, pero no es excusa para no atender tu cuerpo, dar placer a tu cuerpo es una responsabilidad tuya, sentirte satisfecha con tu sensualidad, es trabajo tuyo, tu eres dueña de tu cuerpo y de tu placer, el orgasmo no nos lo hace sentir el otro, sino el conocimiento de nuestro cuerpo, aunque estés en pareja. Tú debes descubrir que es lo que pide tu cuerpo, que es lo que lo hace vibrar y dárselo, para comenzar a sentir y no desequilibrarte.
Allá donde fuese, el Daghda siempre llevaba su polla en una carretilla. La empujaba por la llana planicie. No había ríos. Ni colinas. Ni valles. Ni montañas. Ni mujeres. Un día, el Daghda, padre-jefe del pueblo de la Diosa, los tuathade-dannan, tuvo un sueño. Soñó con coños. Su miembro se desplegó. Coños aquí. El miembro se hinchó. Coños allá. El miembro se dilató. Coños por todas partes. La polla se le fue poniendo cada vez más gruesa y se le alargó de tal manera que el Daghda ya no podía llegar a la carretilla con las manos. La carretilla se detuvo. El Daghda le dio una patada, y acto seguido se cayó encima. La carretilla se negaba a moverse.
El Daghda desmontó a su polla para poder empujar la carretilla. El ojo de su polla se incrustó en el suelo y levantó al Daghda. El Daghda quedó colgado en el aire, suspendido por encima de su órgano. Sacudió las piernas y manoteó, y finalmente consiguió volver a poner los pies en el suelo. Dio un vigoroso empujón a la carretilla. El vehículo volcó sobre un lado. La rueda, al girar, había cavado accidentalmente la hendedura de los sueños del Daghda.
Barro caliente y pegajoso, arcilla esponjosa y carnosa. El Daghda se sumergió en ella. Pasó el día entero gozando. Bebió licor de su odre de cuero, embistió. Cantó. Bombeó, bebió un poco más. Cantó un poco más. Siguió bombeando el suelo, una vez y otra y otra mas.
El Daghda se desplomó. Suspiró. Besó el cielo. Se incorporó. Enderezó su carretilla. Dio unas palmaditas a su polla. El Daghda siguió su plácido camino
La luna era gorda y diáfana. La Tierra tembló y se estremeció. La Tierra expulsó una hembra gigante. Cabeza calva. Montículo calvo, tetas pendulonas. Ancas cual colinas. El culo como una montaña. La hembra salió disparada del útero en el erial y se elevó hacia el cielo. Dentro de su coño. La Cailleach llevaba piedras, rocas, peñascos, guijarros de todos los colores, formas y tamaños. Se elevó muy por encima de la Tierra y reposó en un premontorio de nubes.
El Daghda se durmió. La polla enroscada a su alrededor para hacerle de manta. Las pelotas una mullida almohada. Salió el sol. La Cailleach contempló cómo el Daghda subía su polla a la carretilla. Lo vio silbar a travès de la lisa planicie.
El Daghda divisó una pequeña fisura húmeda, una fuente en un campo- se acordó de su placer anterior. Su miembro empezó a hincharse. Se ensanchó y floreció. El Daghda lo desplegó en el manantial. Frescor, humedad y flujo. El Daghda embistió, empujó, subió y bajó.
La Cailleach lo observaba. Sus partes pudendas latían rítmicamente. Aulló de deseo. Gemidos y murmullos de excitación. Se llevó la mano al clítoris. Se acarició la vulva. Se desplegó los labios internos. Guijarros, piedras, rocas y peñascos cayeron rodando de su coño. Obsidiana y toba volcánica. Caliza y arenisca. Pizarra y cuarzo. Esquisto, basalto. Gneis. Se esparcieron por el firmamento y por el canal. Allí donde caían se formaban montañas, mesetas, promontorios, islas y lechos de grandes lagos. La Cailleach sonrió con un leve sonrisa. Modorra satisfecha.
El Daghda penetró al manantial. ¡un borboteante grito de protesta! Un espíritu femenino surgió del coño en el pastizal. Boane agarro la polla del Daghda y la echó a un lado con indignación. La fuerza de su aterrizaje hizo que la grieta de la pradera se abriese con un estremecimiento. Un torrente surgió de la vaporosa vagina y se derramó por la llanura. Llenó los secos lechos de los lagos. Irrigó el polvo. El verdor brotó de la tierra una vez y otra y otra mas. Desde la corteza hasta el subsuelo. Moho y humus. Mantillo y barro h´´umedo. Hierbas, juncias y juncos. Matorrales. Arboles. Aulaga y brezo. Helecho y musgo. Criaturas espermáticas que reptaban como gusano.
Boane golpeó la polla del Daghda con una roca. Retirada. Demasiado tarde. A los nueve meses. El arroyo dio a luz a Oenghus, que sólo podía pensar en el amor. Que lucía las blancas alas del cisne.
Boane, enfurecida, se dilató en un torrente. Se extendió y adquirió más caudal hasta convertirse en un río que corría hacia el mar. Los estuarios brotaban de la confluencia de su coño. La tierra se erosionaba y se volvía légamo. Peces y algas. Grandes mareas y resacas. Boane creó golfos. Cortó arroyos y riachuelos. Sus fluidos tallaron arrecifes, las aguas del espíritu granularon el sedimento. Recortó riscos y cañadas. Penínsulas.
El Daghda siguió adelante, empujando su carretilla en busca de los coños de su sueño. Coños de todos los colores, formas y tamaños. En hondonadas. En cavernas. En pozos y túneles, conductos y chimeneas. Coños tectónicos. Hoyuelos en el verdor. El Daghda proseguía su cachondo camino, la polla en la carretilla, y esparcía su semilla por donde quiera que fuese. Hombres y mujeres brotaron de las rocas y de la tierra, de las lagunas y de los manantiales.
La Cailleach se desplaza por el cielo dando una vuelta tras otra. Detiene el crecimiento cuando el sol se empequeñece en otoño. Se convierte en piedra. Erecta. Sola. Hasta el fin del invierno. En mayo, cuando el sol se ha vuelto grande, la Cailleach toma esposos maduros. Ha tenido siete mil esposos, uno por cada año. Los esposos envejecen y mueren. La Cailleach se hace vieja, y de nuevo vuelve a hacerse verde. Siete mil veces. El Daghda asciende por las colinas laboriosamente y baja poco a poco de los picachos desnudos. Tierras altas, planicies. Bosques y laguna. Páramo y ciénaga. Cuando atraviesa el río Boyne, Boane se enfurece y escupe. Tira ferozmente de la entrepierna del Daghda e intenta ahogarlo.
El Daghda sigue soñando. Bebe un trago de licor de su odre de cuero y canta. Buscando coños .coños aquí. Coños allá. Coños por doquier. Empujando su carretilla, acariciando la preciada carga que sobresale de ella.7
Lunarte:
Te invito simplemente a que en este tiempo te comiences a descubrir….
no tienes ganas, ¿no encuentras el tiempo? Simplemente en algún momento registra tu cuerpo, tus sensaciones, ¿de qué tienes ganas hoy?
Todo es sin costo, todo es fluido, sin exigencias,
¿qué deseo hacer hoy? ¿Comer? ¿Caminar? ¿Dibujar? ¿Deseo un día de ocio? ¿Deseo un día de amigas?, ¿deseo masajes?
Escucha tu cuerpo, activa tu sensibilidad, con movimientos suaves, música tenue, ricos aromas, embellécete sólo para ti.
Luego, más tarde, cuando estés sola en la intimidad, abre tu flor, sólo desde el
movimiento muscular. Ondula tu pelvis, siente el calor en tu vulva. Deja que el fuego se active. Siente, no hagas nada más que sentir. Percibe tu cuerpo vibrar, sin tocar, sólo desde los movimientos corporales. El fuego ira subiendo por tu cuerpo, tu flor se humedecerá y el fuego activará tu pasión. Y cuando te sientas plena de placer. Si deseas compártelo con quien desees. Hacer el amor es una forma de crear. Haz arte con tu cuerpo, haz arte con tu sexo. En el momento de expansión, de éxtasis piensa en la manifestación de algo que desees, y suelta la energía al universo junto con tu deseo. Luego descansa placenteramente segura de que tu deseo ya se concretó.
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