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3.3 Data transformations

3.3.3 Calculating volatility

mexicano nunca expresó la menor voluntad política por detener esta barbarie y, por el contrario, la auspició.

El educador de cualquier lugar del mundo, les hizo y les sigue haciendo un enorme servicio a los estados y a los gobiernos coludidos en estas maniobras, al no fomentar en sus educandos, indignación ante estas políticas ecocidas. Si Oliver Whaley inculcara en sus niños de las “brigadas ecológicas” de Ica, la indignación contra aquellas fuerzas del mal que permiten que los carboneros talen los huarangos, estaría atacando la raíz misma del problema, pero es eso lo que las fuerzas del mal no quisieran. Repito: es esta actitud bonachona e inocua, lo que necesitan las fuerzas del mal para fortalecerse. El criminal, el ecocida, el perverso, jamás interpretó la mansedumbre y civilidad del bueno y honesto como una aspiración altruista y humanista: la tomó siempre como una muestra de debilidad, aceptación y resignación, y la aprovechó para expandir el imperio de su iniquidad.

11.11 El maestro: lacayo e instrumento del impostor:

El maestro ambientalista les atribuye una inmerecida honestidad y pureza de intenciones, a esas declaraciones, compromisos y cartas emitidas por los asistentes a las cumbres internacionales, a efectos de proteger el medio ambiente.

Los autores de tales declaraciones internacionales, son los delegados de las partes contratantes, y éstas son en realidad las cúpulas gobernantes de sus respectivos países. Dichos gobernantes no representan realmente a sus poblaciones: son más bien, cómplices de los grandes grupos de poder económico: inversionistas que necesitan saquear e invertir para lograr ventajas competitivas en el mercado. Ambos, gobernantes e inversionistas, están coludidos e inmersos en el mismo modelo

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de desarrollo cual es el saqueo brutal de los recursos del planeta. Por eso, los gobernantes firmantes de estas declaraciones mantienen un cuidadoso silencio ante sus cómplices, pues de ellos dependen sus favores, granjerías, fraudulentos negociados y licitaciones. En consecuencia, sus delegaciones acuden a las cumbres ambientalistas a mentir y suscribir compromisos que de antemano saben que sus representados no tienen la voluntad política de cumplir.

El maestro ambientalista, al aplicar como pautas y postulados de su quehacer “formativo”, semejantes declaraciones fraudulentas de las cúpulas de poder, no solamente cae en su sucio juego implementando su perverso fariseísmo: el maestro ambientalista de esta forma, estafa a su educando:

1. Tal maestro traiciona a su apostolado pedagógico, dado que contribuye a mentirle a su educando. Se educa solamente con la verdad. Contribuye a mentirle, en la medida en que premeditadamente le oculta la senda para identificar a las causas de la catástrofe ecológica del presente; contribuye a mentirle, en la medida en que le ofrece así una imagen distorsionada de la realidad ecológica: a) es unilateral; b) es superficial. Contribuye a mentirle, porque le hace alimentar falsas esperanzas: las expectativas de que, educando a la especie humana a vivir en armonía con su medio, la situación de la catástrofe ecológica va a solucionarse. Esta es una falsa espectativa, porque aun suponiendo que se conjurara hoy mismo el deterioro ambiental antrópico, dicho deterioro ambiental efectuado hasta hoy, es irreversible, insubsanable: áreas naturales de antaño, pobladas de rica biodiversidad, hoy son áreas ganadas por la intrusiva presencia antrópica. Dicho deterioro es una multiplicidad de heridas sangrantes infligidas a la biosfera y a la integridad humana, una falencia que jamás podrá repararse; es una falencia

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que mella la integridad del hombre, y que compromete su plenitud y su humanización futura:

Si valemos por lo bueno que luego de esta efímera vida legamos a la posteridad, me pregunto si habrá alcanzado su plenitud aquél quien en vida fue cómplice de la devastación del medio. Si el humano alcanza su plenitud solamente en la medida en que no construye su felicidad quitándole a otro su derecho a ser feliz, ¿habrá alcanzado su plenitud un individuo que guarda un silencio cómplice con respecto al disfrute egoísta de la naturaleza, que priva a otros de su propio disfrute? Pues bien: ese silencio cómplice del educando, es lo que compromete su plenitud, y por lo tanto, impide su plena humanización. 2. El maestro ambientalista estafa a su educando, también, porque impide que en éste se forme una conciencia crítica y de condena con respecto a los agentes responsables de causar el inminente e irreversible colapso del planeta. De qué le pueden servir a ese educando sus “comportamientos ecológicos positivos”, si no es capaz de detener la mano que destruye el planeta. Por cada diez árboles que este educando pueda sembrar en el futuro, aquella mano negra ya hoy taló mil; por cada tacho de basura que el aprovechado educando recicle, aquella mano negra arroja toneladas de gases de efecto invernadero a la atmósfera, y de aguas servidas al océano; por cada bebé- orangután que salve de la extinción, los inversionistas de la palma aceitera, apoyados por las autoridades políticas, destruyen para siempre, cien hectáreas de bosques húmedos de su hábitat (Indonesia). En el Perú, por ejemplo, sólo en los últimos treinta años, la vorágine humana ha destruido cincuenta mil hectáreas de bosques de huarangos en Ica; (prosopis

pallida); hoy sólo quedan mil hectáreas de esta especie, y los

carboneros continúan con la tala, día tras día; pero esta atrocidad, no les quita el sueño a los gobernantes peruanos. Las

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instituciones del estado peruano han permitido que suceda esto durante treinta años. El Gobierno Regional de Ica declara cínicamente “estamos avanzando”, pero en los hechos ni detiene esta vorágine, ni menos, recupera las áreas deforestadas. El educador, al no condenar esta atrocidad, al no fomentar el asco e indignación ante esta barbarie, se hace cómplice de ella.

3. El maestro ambientalista estafa al educando también, porque fomenta la orfandad de sus principios ante la arremetida arrolladora de las fuerzas del mal; la defensa ante éstas, requiere de reservas ideológicas: principios y convicciones que tengan un sustento realista, sobre la base de la real conflictividad inserta en la bestia pensante en sociedad. El mal maestro, con no identificar al enemigo de la moral pública y de la paz mundial, al no fomentar su repudio y encubrirlo, lo deja a su educando, ideológica y axiológicamente, inerme ante sus ataques, ante su ideología perversa y ante su moral ad hoc. El educador que no educa con la verdad, realmente no educa, pues las exhortaciones sesgadas, engañosas, que le proporciona a su educando, en tanto que guías para su visión de la realidad y para su práctico accionar en ella, van a determinar que su conducta sea desacertada, y por ende, va a sufrir traspiés y fracasos. Le impone una escala axiológica sobre cuya base el educando modela su personalidad, con la consecuencia de lograr una personalidad deforme. Toda mentira malintencionada es moralmente negativa, toda vez que conduce a desubicarla a la víctima, de su realidad. El paradigma que cuestiono, es agente pasivo de dicha mentira malintencionada.

No es que el maestro mienta intencionalmente: el maestro lo engaña a su educando: él mismo es conscientemente engañado, y su engaño lo retransmite inconscientemente: las cúpulas políticas dominantes y los grandes grupos de poder económico,

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no pueden no valerse de la mentira para hacer aceptables sus perversas decisiones. Las declaraciones que son expresión de sus cónclaves o “cumbres” internacionales, expresan premeditadamente sus intereses anti-ecológicos. Si dicen la verdad, esto es, si expresan sus verdaderos planes, pierden credibilidad. Tienen que desviar la atención de lo más álgido del problema ecológico, así como de las vías para encararlo; de esa manera, logran quedar en las sombras de la impunidad. Los maestros son utilizados. Es lo que en el Perú se denomina “una mesida”.

El maestro es víctima de esta mentira, porque la formación que recibió, se la dieron a su vez, maestros engañados. Toda mentira es intencional. En consecuencia, el maestro ambientalista no le miente a su alumno: al retransmitirle una visión sesgada, cumple el papel de ser un medio o agente de la mentira, que es autoría de las cúpulas de poder.

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12. La problemática ambiental es la problemática del

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