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En el capítulo anterior tratamos de exponer cómo tiene lugar el cambio de la concepción estratégica de Lenin, en sus “Tesis de Abril”, y cómo se perfilan, hasta octubre, sus flexibles y audaces orientaciones tácticas. En el curso de esta exposición, muchos elementos de la crisis estructural de la sociedad rusa han quedado patentes. No es pues necesario detallarlos de nuevo, sino a modo de síntesis.

La revolución de febrero fue la respuesta espontánea de las clases dominadas o la crisis multidimensional de la sociedad rusa que estaba latente pero que se agudizó y reveló a raíz de los reveses de la guerra.

19 “VI11 Conferencia de Toda Rusia del PC(b)R. Informe Político del Comité Central”, ibid., t. XXXII,p. 160. 20 LOC. cit. * Este tema volverá a ser tratado en un capítulo posterior. Por ende, no sc harán aquí mayores referencias al mismo

20 LOC. cit.

* Este tema volverá a ser tratado en un capítulo posterior. Por ende, no sc harán aquí mayores referencias al mismo

Depuesto el zar, los sectores más lúcidos de la nobleza y de la burguesía organizan el gobierno provisional, con el apoyo de la izquierda reformista. Inmediatamente, la iniciativa creadora de la clase obrera, revive los soviets. Pero lo que en 1905 era embrión, en 1917 se manifestó ya como un hecho: los soviets eran, en la práctica, un poder alternativo. Lenin pronto captó lo esencial de la situación: en un Estado no pueden coexistir, por tiempo indefinido, dos poderes alternativos. La dualidad de poderes era el síntoma más patente de la crisis del Estado ruso. Esta crisis revelaba la lucha irreconciliable entre los intereses de las clases. O prevalecía el poder monárquico-burgués y tendría que ser liquidado el poder obrero-campesino o sucedía lo contrario.

El poder monárquico-burgués, con apoyo y participación de los reformistas, se demostró prácticamente incapaz de resolver los problemas más elementales del pueblo, que se resumían en “paz, pan y tierra”. El gobierno provisional era incapaz de manejar las riendas del Estado ruso, así como de conducirlo hacia la superación de la catástrofe que Lenin había analizado varias veces en este periodo. Esta incapacidad para encontrar soluciones a las reivindicaciones básicas del pueblo no era obviamente un mero resultado de la incompetencia del gobierno provisional o del gobierno de Kerenski. Más que esto, tal ineptitud demostraba los obstáculos que hacían imposible, dada la vigencia de la estructura económico-social rusa, solucionar los viejos problemas agravados por la guerra y los nuevos que ella generaba. Por sus aspiraciones y necesidades imperialistas. Rusia no podía, en el marco burgués, salir de la guerra, y satisfacer así la exigencia de paz. Por la confluencia de intereses entre la aristocracia terrateniente y la burguesía, no se podía promover una significativa reforma agraria que satisficiera a los campesinos en su demanda de tierra y reactivar y reorganizar a la producción agrícola para alimentar a la población urbana. Por todos estos impedimentos estructurales, que paralizaban el cumplimiento de las reivindicaciones populares, las clases dominantes rusas tenían que liquidar las libertades políticas vigentes a partir de febrero. Les era sobre todo indispensable crear rápidamente las condiciones para la liquidación de los soviets. Pero sus intentos en esta dirección se frustraron, puesto que en el contexto de esta crisis quedó patente la imposibilidad por parte de la contrarrevolución de gobernar el país. Esta imposibilidad de gobierno, producto de la crisis estructural vivida por la sociedad rusa, es la que hace estallar la situación revolucionaria. Caracterizada de esta manera por Lenin:

1) La imposibilidad para las clases dominantes de mantener inmutable su dominación; tal o cual crisis de las “alturas”, una crisis en la política de la clase dominante, que origina una grieta por la que irrumpen el descontento y la indignación de las clases oprimidas. Para que estalle la revolución no suele bastar con que “los de abajo no quieran”, sino que hace falta además que “los de arriba no puedan seguir viviendo como hasta entonces”.

2) Una agravación, superior a la habitual, de la miseria y de los sufrimientos de las clases oprimidas.

3) Una intensificación considerable, por estas causas, de la actividad de las masas, que en tiempos de “paz” se dejan explotar tranquilamente, pero que en épocas turbulentas son empujadas, tanto por toda la situación de crisis, como por los mismos “de arriba”, a una acción histórica independiente. Sin estos cambios objetivos, no sólo independientes de la voluntad de los distintos grupos y partidos, sino también de la voluntad de las diferentes clases, la revolución es, por regla general, imposible.

Y agrega Lenin:

[…] no toda situación revolucionaria origina una revolución, sino tan solo la situación en que a los cambios revolucionarios arriba enumerados se agrega un cambio subjetivo: a saber: la capacidad de la clase revolucionaria de llevar a cabo acciones revolucionarias de masas, suficientemente fuertes para romper (o quebrantar) el viejo gobierno, que nunca: ni siquiera en las épocas de crisis, “caerá” si no se le “hace caer”. ”Tal situación se configuró, de manera típica, en Rusia y su aprovechamiento fue el factor esencial de la victoria de octubre. Pero es importante insistir en que la revolución de octubre es resultado de la crisis de la sociedad y del Estado y, al mismo tiempo, producto de la afirmación de una política obrera correcta, que se demuestra como una alternativa viable y necesaria en los momentos más agudos de la crisis del sistema de dominación. A este respecto, vale mencionar la siguiente reflexión de Lenin: Destrozamos el gobierno Kerensky, obligamos al gobierno provisional a cambiar su gabinete, a saltar de la derecha a la izquierda y de arriba abajo, demostrando con ello a las masas, en forma categórica, hasta qué punto era incapaz de gobernar el país la pandilla de conciliadores burgueses que en aquel entonces reclamaba el derecho al poder, y sólo después de esto tornamos el poder en nuestras manos.22

Veremos a continuación las reflexiones de Lenin respecto de la coyuntura revolucionaria, es decir, la forma en que se combinan una serie de factores que harán posible el golpe de octubre.

21 “La bancarrota de la II Internacional”, Obras completar, t. XXI. 22 “Sección del Soviet de Petrogrado”, ibid., t. XXX, p. 358

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