CHAPTER 3: AN ANALYTICAL FRAMEWORK
3.3 CAPABILITY APPROACH
“No se trata de una degradación ambiental que afecte a la percepción estética humana de la naturaleza, sino que el deterioro afecta a los propios cimientos de nuestra supervivencia como especie. Si conseguimos que nuestro sistema social no desorganice traumáticamente la naturaleza, la primera benefciada no será ésta, sino nosotros mismos. No se trata de ‘salvar a la naturaleza’ (...) sino de salvar a la propia especie humana.”
Rafael Hernández del Águila, 1988. 114 “Las raíces de los problemas creados por la tecnología moderna habrán de buscarse tanto en el diseño de la tecnología en sí, como en los usos a los que se aplica. Renunciando a todo intento de parchear los problemas con medidas sociales circunstanciales, [el movimiento en pro de tecnologías alternativas] sugiere que las soluciones solamente podrán encontrarse a través de una revisión radical de los cimientos industriales y tecnológicos de la sociedad.”
David Dickson, 1973. 115 “Todas las hormigas del planeta, en conjunto, suman una biomasa mayor que la de los humanos. Las hormigas han sido increíblemente industriosas durante millones de años. Y, sin embargo, su productividad es benefciosa para las plantas, los animales, y el suelo. La industria humana ha funcionado a pleno rendimiento apenas algo 114 Rafael Hernández del Águila, La crisis ecológica, Laia, Barcelona 1989, p. 228. 115 David Dickson, Tecnología alternativa, Blume, Madrid 1980, p. 23.
más de un siglo, pero ha provocado el declive de prácticamente todos los ecosistemas del planeta en mayor o menor grado. La naturaleza no tiene un problema de diseño. Lo tenemos nosotros.”
Michael Braungart y William McDonough, 2003. 116
Guerra entre la tecnosfera y la ecosfera
Un importante libro del biólogo estadounidense Barry Commoner117, En paz con el planeta, arranca señalando que los seres humanos
vivimos en dos mundos: en primer lugar un mundo natural llamado
biosfera o ecosfera, creado durante los cinco mil millones de años
de historia de la Tierra por los procesos geológicos, químicos y biológicos. Pero –en segundo lugar-- también vivimos dentro de una
tecnosfera creada por nosotros, un sistema de estructuras y útiles
inserto en la ecosfera, y del que forman parte los asentamientos rurales y urbanos, las fábricas, las redes de transporte y comunicación, las fuentes de energía, los cultivos, etc 118.
116 Michael Braungart y William McDonough: Cradle to cradle (de la cuna a la cuna), McGraw Hill, Madrid 2005, p. 13.
117 Barry Commoner, En paz con el planeta, Crítica, Barcelona 1992. No puedo encarecer sufcientemente la lectura de este ensayo de Commoner, uno de los ecólogos y ecologistas más importantes del mundo, y autor de clásicos en la materia ya desde los años sesenta: sigue valiendo la pena asomarse a Ciencia y supervivencia o El círculo
que se cierra, publicados en nuestro país por Plaza y Janés en los setenta.
118 Este análisis tendría que complicarse un poco introduciendo también la noción de sociosfera: la red de relaciones sociales, así como las entidades e instituciones (políticas, económicas y culturales), creadas por el ser humano pero que no son “infraestructura”, que no tienen la consistencia material de la tecnosfera. Forman parte de la sociosfera elementos como las religiones, la legislación, la herencia cultural o los sistemas políticos. Para la determinación de estos conceptos pueden leerse dos artículos: el de M. Kassas “Los tres sistemas ecológicos” en Papeles para
la paz 37 (Madrid 1990; se trata de un número monográfco sobre Ecología y paz: la seguridad medioambiental); y el de W.C. Clark “Ecología humana y cambios en
el medio ambiente planetario” en Revista Internacional de Ciencias Sociales 121 (UNESCO, septiembre de 1989; se trata también de un número monográfco titulado
Pues bien: la crisis ecológica –algunos de cuyos rasgos acabamos de revisar en el anejo al capítulo anterior-- resulta de la
interacción entre estos dos sistemas, la biosfera y la tecnosfera.
Como Commoner dice muy gráfcamente, estos dos mundos, regidos por leyes distintas, están en guerra.
“Lo que llamamos ‘crisis ambiental’, la serie de problemas críticos no resueltos que van desde los vertidos tóxicos locales a la alteración del clima global, es producto del drástico desajuste entre los procesos cíclicos, conservadores y autocoherentes de la ecosfera y los procesos lineales e innovadores, pero ecológicamente inarmónicos, de la tecnosfera.”119
Los procesos lineales que rigen en la tecnosfera industrial chocan violentamente contra los procesos cíclicos que prevalecen en la biosfera: cada vez más ciclos naturales son rotos por la actividad humana, mientras que los “extremos” de nuestro sistema productivo absorben materias primas y energía y excretan residuos y desechos a un ritmo insostenible120.
Este predominio de los procesos lineales es característico de la tecnosfera de las sociedades industriales: en las sociedades agrarias que las precedieron, la tecnosfera se basaba más bien en procesos cíclicos (lo cual, de todas maneras, no implica que no conociesen problemas ecológicos). A grandes rasgos, la Revolución Industrial puede pensarse como la transición desde una economía de fujos en las sociedades agrícolas tradicionales a una economía de acervos
o stocks en las sociedades industriales, o de una economía de base
orgánica a otra de base mineral121. Mientras que la economía agrícola 119 Commoner, En paz con el planeta, op. cit., p. 22.
120 En defnitiva: procesan materia-energía desde un estado de baja entropía a uno de alta entropía.
121 Véanse al respecto los ensayos de E. A. Wrigley “Dos tipos de capitalismo, dos tipos de crecimiento” (Estudis d’Història Econòmica 1989/1, Palma de Mallorca) y
Cambio, continuidad y azar. Carácter de la Revolución Industrial inglesa (Crítica,
es esencialmente una economía de la superfcie terrestre impulsada por la energía solar (que hace crecer los cultivos y los bosques, mueve los molinos de viento y de agua, etc), en las sociedades industriales hasta hoy conocidas encontramos una economía del subsuelo movida por combustibles fósiles. De forma metafórica, podemos describir la Revolución Industrial como un proceso mediante el cual las sociedades se alejan del sol para hundirse en el subsuelo: un titánico fototropismo negativo. Dicho sea de paso, esta metáfora nos pone sobre la pista del tipo de reconstrucción de las sociedades industriales que sería necesaria para hacer frente a la crisis ecológica. Si invertimos la imagen, la recomendación sería: salir del subsuelo
para volver a habitar la superfcie terrestre, bañados por la luz solar
(volveremos sobre esta cuestión en el capítulo 10 de este libro). Vale la pena señalar en este punto que la idea del conficto bélico entre tecnosfera y biosfera, que con tino ha desarrollado Commoner, no se halla nada lejos del concepto marxiano de fractura
metabólica (en la relación humana con la naturaleza), tan importante
en las recientes propuestas “materialistas ecológicas” de un John Bellamy Foster.122
Ir a las causas
La cuestión de fondo –que plantearon Barry Commoner y otros hace ya muchos años— es cómo pasar desde las estrategias de control
a las estrategias de prevención, o, si se quiere: cómo dejar de
extenuarnos tratando de enmendar o reparar lo mal hecho, y en lugar de ello hacer las cosas bien desde el principio. La cuestión –como en nuestro país repiten desde hace muchos años José Manuel Naredo y otros autores— es ir a las causas (la ocupación del territorio, el uso de energía y materiales, la economía capitalista) en lugar de
122 John Bellamy Foster: La ecología de Marx. Materialismo y naturaleza, Libros del Viejo Topo, Barcelona 2004, p. 15.
quedarnos en los efectos (las diversas formas de contaminación, el
cambio climático, etc.).
Jonathon Porritt evoca a Edward Goldsmith, en la primera reunión del Ecology Party británico –a comienzos de los años setenta--, bramando contra “el reduccionismo con anteojeras del
establishment científco de Gran Bretaña”, y analizando con sensatez:
“Los científcos están tan obsesionados por todos los pequeños detalles que se pierden corriente abajo [downstream] olvidando los sistemas de los que se derivan, que se hallan corriente arriba [upstream]”123.
Esto quiere decir: mucha más termodinámica y ecología, y en cambio –a cambio— mucha menos gestión de la contaminación o tratamiento de residuos. No habrá políticas ambientales efectivas sin este cambio radical de enfoque.
Necesidad de “rediseñar la tecnosfera”
Ya en el capítulo anterior, al explicar brevemente en qué consiste la “química verde”, sugerí la necesidad de “rediseñar” una tecnosfera a la que tenemos buenas razones para juzgar mal diseñada; también podríamos hablar de reconstruir ecológicamente la sociedad
industrial. Se trata de diseñar productos –bienes y servicios— y sistemas socioeconómicos introduciendo como primer objetivo la salud humana y la salud de los ecosistemas124. A grandes rasgos,
123 Jonathon Porritt, Actuar con prudencia: ciencia y medio ambiente, Blume, Barcelona 2003, p. 100.
124 Cabe señalar que también la refexión socialista/ comunista más renovadora de los últimos años presta especial atención a los problemas de diseño (de instituciones socioeconómicas): “El problema principal con que se enfrenta el ideal socialista es que no sabemos cómo diseñar la maquinaria que lo haría funcionar. Nuestro problema no es, primordialmente, el egoísmo humano, sino nuestra carencia de una tecnología organizativa apropiada: nuestro problema es un problema de diseño” (Gerald A. Cohen, “¿Por qué no el socialismo?”, en Roberto Gargarella y Félix Ovejero (comps.):
Razones para el socialismo, Paidos, Barcelona 2001, p. 78). Precisamente esta
hay que adaptar los procesos productivos en la tecnosfera a las condiciones de nuestra vulnerable biosfera, de tal modo que estos procesos lleguen también a ser cíclicos o cuasi-cíclicos; y de poner en marcha la transición hacia un sistema energético basado en la explotación directa o indirecta de la luz solar, fuente en última instancia de toda la energía disponible en la Tierra125. El objetivo de esa transición sería la sociedad ecológicamente sustentable, que se regiría por criterios como los expuestos en el recuadro siguiente.
CRITERIOS OPERATIVOS DE SUSTENTABILIDAD