Bajo esta denominación se hace referencia a los períodos denominados de industrialización por sustitución de importaciones8 (1930-1952) y desarrollo de las industrias semi-pesada y pesada (1952-1970).
En este período, la provincia de Catamarca tuvo una activa emigración hacia los grandes centros urbanos atraídos por la industrialización del país.
A nivel nacional, hacia mediados del siglo XX se expandieron las industrias textil, alimenticia, de maquinaria, de artefactos eléctricos, del caucho y petróleo. Las tres últimas concentraron las inversiones extranjeras. El resto de los establecimientos industriales tuvieron escasas inversiones. Las fuentes de trabajo estuvieron protegidas por el crédito industrial.
En este período el estado creó empleos en sectores no productivos de bienes para disminuir la desocupación. Así la rápida expansión de la construcción y de empleos en el sector terciario compensó la pérdida de empleos creados por el sector industrial.
El desarrollo manufacturero se localizó en el cinturón suburbano del Gran Buenos Aires ya que allí se daba una conjunción de factores. Por un lado, existía una base industrial instalada con pequeños talleres que producían con un nivel tecnológico bajo y una abundante oferta de mano de obra como consecuencia de las migraciones internas; por otro lado, existía la demanda de productos y cercanía al puerto relacionado con la dependencia de insumos externos (maquinarias, productos semi-terminados, combustibles). Conjuntamente, el crédito público en sectores manufactureros y vivienda se orientó con preferencia hacia el Gran Buenos Aires y centros urbanos-industriales del litoral, receptores de los flujos migratorios del interior, siendo las provincias más afectadas por la emigración Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja, Corrientes y Entre Ríos.
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Como dato para señalar aparece el bajo dinamismo económico de la provincia de Catamarca en 1953, participando sólo con el 0,3% del PBI en el total nacional, valor que va a ascender en la década del noventa con la mega-minería.
Rofman y Romero (1998) entienden que la fuerte emigración responde a la debilidad estructural para afrontar el subdesarrollo interno, teniendo como única alternativa la creación de empleo público. Los destinos más frecuentes fueron las grandes ciudades del país. En ellas, el desarrollo de la industria y la construcción atrajo gran cantidad de inmigrantes de otras provincias.
En este período la pérdida de población siguió la tendencia de América Latina en las décadas del 60’ y 70’, caracterizada por una fuerte emigración rural. Según Algerich (1977) entre 1960 y 1970 el traslado de población por la actividad cañera tuvo características masivas. En ese período, 2.458 personas migraron del departamento de Santa María y el 10% no regresó (Algerich, 1977).
Tabla Nº 13: Emigración e inmigración de Catamarca, Capital Federal y Buenos Aires en los períodos inter-censales 1914-1947 y 1947 -1960 (en valores absolutos)
Emigración (en miles) Inmigración (en miles) Período inter-censal 1914-1947 1947-1960 1914-1947 1947-1960
Catamarca 211 324 63 82
Capital Federal y
Buenos Aires 1234 310 5700 7790
Fuente: A. Lattes y Z. De Lattes: Inmigración en la Argentina. Buenos Aires 1969:131-133 y 237, En Rofman y Romero 1998:197-8.
Hacia mediados del siglo XX, Catamarca se consolida como lugar de periferia desde el locus colonizador, locus que privilegió los ingresos por provincia. Se colocaron así en un extremo, Buenos Aires, Santa Fé y Entre Ríos; mientras que en el otro extremo, Catamarca, La Rioja, Santiago del Estero y San Luis. (Rofman y Romero 1998:189). Recordando aquel período, recuerda un entrevistado, cómo el desarrollo de la agricultura permitía contratar empleados por seis meses y mantener familias.
“Antes la actividad agropecuaria se movía muchísimo, movilizaba por lo menos 6 meses durante el año una gran cantidad de sueldos, de jornales, gran cantidad. Ahora es como que eso se va perdiendo porque la misma gente no quiere, lo ve pesado. Muchas familias vivían de eso. Te comento un productor que tenía 3 o 4 ha. de pimiento, vino, y mantenía por 6 meses como mínimo, así en forma constante a 3, 4
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personas permanente, en ese tiempo, no. Había necesidad y eso generaba, comercializaba y todo se movilizaba en base a eso” (Juan en entrevista, Santa María, diciembre de 2009).
Este desarrollo guarda relación con la mayor vinculación que comienza a tener Santa María con la capital tucumana debido a la construcción del camino hacia esta ciudad (en 1943), hecho que tuvo repercusión en la vida económica del valle.
La apertura del camino significó estrechar la relación con Tucumán, y la agricultura dejó de estar limitada al abastecimiento local. A raíz de ello, los cultivos tradicionales fueron reemplazados por otros de gran rendimiento (pimentón, tomates, frutales) de fácil colocación en Tucumán y Santiago del Estero (en Villafuerte y Machado 1968).
Otros importantescultivos según valor comercial y población afectada según el estudio de Villafuerte y Machado (1968) fueron la alfalfa, vid, maíz grano, cebada forrajera, avena, maíz forrajero y trigo. Entre los frutales, el nogal, duraznero y naranjo en tercer lugar. En cuanto a las hortalizas, el tomate, choclo, papa, cebolla, y en menor cantidad, pimiento, poroto, chaucha, zapallo, acelga y ajo.
En suma, este modelo capitalista dependiente en su versión tecnológico-industrial repercutió en grandes espacios y áreas metropolitanas. La fuerte emigración y debilidad estructural de las provincias más afectadas por la emigración, como Catamarca, encuentra como polos de atracción las provincias de Neuquén, Río Negro, Santa Cruz, Chubut, Tierra del Fuego, además las tres provincias pampeanas, históricas receptoras de población. Las provincias del sur aparecen como los destinos, que desde hace tiempo, captan población de Catamarca y Santa María.
“La gente de Santa María se ha caracterizado por ser responsable, por tener su reconocimiento por parte de las empresas, empresarios, le digo porque nos han llegado cartas de otros departamentos, de otras provincias, que destacan el compromiso, la responsabilidad del santamariano. Tenemos la posibilidad de conocer casos de Caleta Olivia, Santa Cruz, de profesores santamarianos que están desempeñando su función y tenemos cartas de directivos, de dueños de empresas, de petroleras como YPF felicitando al santamariano por su predisposición al trabajo, el empeño, así que realmente es un orgullo” (Dady en entrevista, Santa María, diciembre de 2009).
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“El Instituto tiene muchísimos egresados en el sur, y si hay cadenas que se van llevando. Y van a Caleta Olivia, a distintos lugares. En Caleta Olivia por ejemplo hay una comunidad de santamarianos, pero sí hay otros lugares más donde se van” (Mela en entrevista, Santa María, diciembre de 2009).
Por lo expuesto se podría concluir que en este período el locus de enunciación colonialista operó atrayendo inmigrantes del interior del país a las grandes ciudades desplazados de los ámbitos rurales y atraídos por el desarrollo industrial urbano, o como en el caso de estudio, despojados del ámbito rural de pertenencia.