Chapter 3 Carbon isotopic fractionation of CH 4 and CO 2 during canister
3.4. Discussion
3.4.1. Carbon isotopic changes and representative sampling of coal gas
Después de la acusación intentada en 1832 en la Cámara de Diputados, Gamarra, que antes había llamado a veces a su lado algunos liberales, acentuó su acercamiento al grupo ideológico autoritario. Llevó nuevamente al Ministerio de Gobierno a José María de Pando y designó para el de Hacienda al gran orador y jurista Andrés Martínez que se había opuesto a la acusación. Hasta entonces Martínez había sido tenido como liberal.
Gamarra convocó a los colegios electorales con el objetivo de ir a la elección de Presidente de la República; y tomó las providencias necesarias para la reunión de un Congreso extraordinario que debía proclamar al candidato electo. El nuevo período de gobierno tenía como fecha inaugural el 20 de diciembre de 1833.
La política de 1828 había dispuesto que en 1 833 se reuniera una Convención Nacional para tratar de su reforma. Así pues, sin haberlo previsto los legisladores, la reunión de dicha asamblea vino a ser simultánea con la elección presidencial.
El candidato gobiernista resultó ser, paradojalmente, el general Pedro Bermúdez, compañero de destierro de, La Mar en Costa Rica. Bermúdez llegó a ser ascendido a general gracias a una maniobra de la oposición en la legislatura de 1832; pero, por medio del senador José Braulio del Camporredondo que era deudo de su esposa, se produjo su acercamiento al gobierno que lo había deportado por segunda vez y llegó al Ministerio de Guerra. Así desdeñó ser caudillo de la oposición que lo hubiera encumbrado en 1833. Hubo voceros de ella que lo acusaron entonces de haber mandado matar a La Mar. Los candidatos liberales fueron el general Domingo Nieto, fuerte en la costa del Sur y el general Luis José de Orbegoso con muchos partidarios en el Norte. Otro candidato de oposición apareció: el gran mariscal José de la Riva Agüero. Bermúdez tenía más fuerza en Junín de donde era oriundo y en la sierra del Sur.
Las elecciones presidenciales y parlamentarias llegaron a ser efectuadas en unas provincias y en otras no; allí donde tuvieron lugar se dividieron entre los diversos candidatos y aún en los colegios electorales mismos de las provincias que eligieron, la votación se dispersó. En Lima ganó Riva Agüero y ocupó el segundo lugar Orbegoso. No hubo, pues, posibilidad de hacer efectiva la reunión del Congreso extraordinario de 1833 ni efectuáronse las elecciones presidenciales por todos los colegios electorales ese año, a pesar de los esfuerzos de Gamarra. Riva Agüero se atribuyó el triunfo en una dimensión nacional.
El ambiente era de gran tensión. La prensa oposicionista atacaba con encono feroz al gobierno, tanto en el nivel doctrinario como en el personalista. Abundaban los pasquines que manchaban la honra de los personajes dominantes, incluyendo a la esposa del Presidente. Montoneras eran armadas o estimuladas. Circulaban innumerables chismes y rumores.
Se habían llevado a cabo, en contraste con el fracaso de la elección presidencial y de la del Congreso extraordinario, las elecciones para los miembros de la Convención Nacional prescrita por la Carta de 1828. Sus juntas preparatorias empezaron el 2 de julio de 1833. Al ser elegido Vigil primer presidente de ellas, resultó evidente que dominaban los liberales en la nueva asamblea. En ese mes de julio se produjo el horrible motín de Ayacucho ya mencionado en el capítulo anterior, y quedó a cargo del Poder Ejecutivo, por viaje del Presidente Gamarra, el vicepresidente del Senado, José Braulio del Camporredondo.
LA CONVENCIÓN NACIONAL Y LA ELECCIÓN PRESIDENCIAL.
La Verdad, periódico doctrinario gobiernista, sostuvo la tesis de que la
Convención no podía hacer otra cosa sino ocuparse de la reforma constitucional. Cuando la junta preparatoria pasó al Gobierno una nota para anunciar la elección de su mesa directiva, sin tener todavía quórum, el Ejecutivo, le negó la facultad de constituirse y la de adoptar procedimientos oficiales. La junta no contestó; pero se abstuvo de proceder hasta que se reunió el número de diputados convencionales en proporción mayoritaria.
Al calificar algunas elecciones la junta preparatoria pidió a que se enjuiciara un subprefecto delincuente; el gobierno contestó negándole autoridad. La instalación oficial de la Convención Nacional se efectuó el 12 de setiembre de 1833. El primer Presidente de ella fue Francisco de Paula González Vigil.
Mientras los días transcurrían y se acercaba el 19 de diciembre, último de la administración de Gamarra, la convención aceptó la tesis gobiernista de que no tenía otra tarea sino la de reformar la Carta; y, aparte de reunirse para el despacho, la aprobación del presupuesto y la renovación mensual de la mesa, nombró una comisión con un individuo por cada departamento para preparar el respectivo proyecto. No se ocupó de otros asuntos. La comisión tuvo resultados infecundos.
Las cosas cambiaron en octubre con la llegada de Luna Pizarro. Este, con un grupo de amigos, preparó un proyecto de Carta política que llegó a presentarse a la Convención y comenzó a ser discutido a partir del 9 de diciembre.
Luna Pizarro ya hablase persuadido en aquella época de la necesidad de que el Perú y Bolivia formasen una confederación de tres con Tacna como la capital y bajo la presidencia de Santa Cruz. El departamento de La Paz debía unirse al Estado del Centro. Al revisarse en el debate el artículo segundo del proyecto vióse que no figuraba allí el inciso existente en la Carta de 1828, que prohibía el pacto de unión o federación contrario a la independencia de la nación. Cuando algunos diputados objetaron la enmienda, Luna que era entonces presidente de la asamblea, dejó su sitial para defender desde la tribuna "el derecho de la nación, para constituirse de la manera que quisiera y sin más condición que la de consultar, por medios genuinos, su verdadera libertad".
Luna reunió a un grupo de amigos para exponerles el plan que este principio de Derecho político ocultaba; pero no halló ambiente favorable.
El gobierno ignoró estos hechos que hubiera podido denunciar en nombre del patriotismo y que fueron narrados más tarde por el diputado Santiago Távara en su
Historia de los partidos; y fracasó en diversos planes para desorganizar o desprestigiar a
la Convención.
Ella no adoptó el acuerdo de elegir Presidente de la República, lo cual hubiera sido denunciado por el gobierno. Esperó que Gamarra procediese. Si Gamarra nada hacía y llegado el último día de su mandato legal lo prorrogaba, se salía de la constitucionalidad y era como si izara una bandera que convocaba a una sublevación nacional contra él. Sus suplentes eran dos. De ellos uno, el Vicepresidente La Fuente, continuaba proscrito. El otro, el Presidente del Senado, Manuel Tellería, había vuelto del destierro gracias a una representación de la Convención permaneciendo en su barco en el Callao durante doce días bajo el pretexto del cólera morbus que rasaba en las Antillas; ya en Lima, se dedicó a hacer visitas a los diputados para suplicarles no lo incluyeran dentro de los candidatos. En el caso de que Gamarra entregara el poder al Vicepresidente de la República (a pesar de que su mandato terminaba al mismo tiempo) o al Presidente del Senado daba una victoria a sus enemigos. Suponiendo que, por el contrario, llegaba a autorizar a la Convención para elegir un Presidente provisional, hacía el juego a Luna Pizarro y, al mismo tiempo, quedaba de modo público, espontáneo y solemne mandatario para oponerse a los resultados de esa elección.
Un día antes de cesar en el mando supremo, Gamarra envió a la Convención un oficio donde expuso que no continuaría en él una vez terminado su período constitucional. Luna Pizarro y otros diputados contuvieron a Vigil y a los demás que pretendían redactar una respuesta terminante a favor del Presidente del Senado. Así lograron que, lejos de emitir cualquier expresión que fuese vejatoria o imprudente, la nota se limitará a decir que la Convención quedaba enterada y no se hallaba razón para justificar la continuación del Presidente de la República en el mando. Tellería, de acuerdo con sus gestiones extraoficiales, declaró en la tribuna parlamentaria que, habiéndose suscitado dudas sobre su llamamiento a la jefatura del Estado, en ningún evento la admitiría. Gamarra, el mismo día de su cese; contestó a la Convención que lo expuesto por esta asamblea en su nota era lo mismo que él había indicado. Agregó que la Convención debía elegir de inmediato a quien debía sucederle provisoriamente y adujo que si no hubiese considerado que tuviera facultades para elegir sucesor, no se habría dirigido a ella. La Convención aprobó una ley, que Gamarra promulgó, disponiendo que ella elegiría un Presidente provisorio de la República "para desempeñar
el Poder Ejecutivo hasta la elección del propietario con arreglo a la reforma constitucional". Las distintas facciones opositoras habíanse ya unidos; y los partidarios de Riva-Agüero y Nieto, estaban dispuestos a votar por el general Orbegoso, que era miembro de la Convención. Muchos diputados habían engañado a Gamarra.
LA OPINIÓN DE BENITO LASO SOBRE LA FACULTAD DE LA CONVENCIÓN PARA ELEGIR PRESIDENTE PROVISORIO.
En la sesión de la Convención Nacional efectuada el 28 de Junio de 1834, el Diputado por Huancané Benito Laso dijo entre otras cosas: "La Convención es la Representación Nacional, ella misma se ha dado tal carácter y la nación entera lo ha reconocido y respetado sus resoluciones todas. Esta Representación Nacional ha ejercido durante sus sesiones dos clases de facultades, unas ordinarias y otras extraordinarias. Las primeras, reformando la Constitución de 1828 y dando las leyes necesarias para poner en marcha la nueva Constitución. Las segundas nombrando Presidente Provisorio de la República y dándole después las facultades extraordinarias con el fin de que salvara al país de los horrores de la guerra civil. Nadie, en efecto, desconocerá ni la diversa naturaleza de estas dos clases de facultades, ni el distinto origen que ha autorizado su ejercicio. Para las unas fue autorizada por la Constitución misma del año 28 y la ley del Congreso de 1832; y el ejercicio de ellas era el uso ordinario conocido e indisputable ante el concepto y respeto de toda la nación. Para las otras no había ley, ni constitucional ni secundaria que le confiriese semejante autoridad, corno que no se señalara artículo alguno en nuestra Carta ni en la Ley de su convocación que le diese tal poder. La necesidad, el imperio de las circunstancias, la salud del pueblo, he aquí las únicas fuentes de donde sacó por una justa epiqueya ese poder supremo. El Congreso constitucional, único al que era dado conceder facultades extraordinarias, se hallaba en receso y era imposible que se reuniese con la brevedad y oportunidad que exigían los peligro del Estado; y como la Convención era la única Representación Nacional legislativa, existente, el único cuerpo deliberante, a nombre de la nación entera se arrogó y debió arrogarse esas facultades que no le estaban detalladas. Así es que, en virtud de la misión Constitucional de los representantes en la Convención, nunca han podido ejercer otros actos que los que la Carta les señaló; y si los han ejercido, ha sido sólo en la observancia de la imperiosísima ley de la necesidad sola, pues, una ley más imperiosa que la Carta misma, fue la que autorizó a la Convención para nombrar Presidente provisorio y darles facultades extraordinarias".
LA ELECCIÓN DE ORBEGOSO Y SU SIGNIFICADO.
El candidato gubernamental general Bermúdez, tenía en contra el recuerdo de su destierro con La Mar y de su flamante e injustificable amistad con Gamarra. Le faltaban, además, empresarios hábiles en la Convención. Con ella, cómo ministro, había entrado en un enojoso cambio de notas con motivos de unas denuncias contra unos montoneros acusados de conspirar junto con algunos diputados. Además había desairado a un grupo de miembros de la asamblea que le solicitaron indulto para los motinistas de Ayacucho. Por otra parte, el régimen de Gamarra y con él todos sus hombres estaban ya muy gastados. La larga campaña en su contra en el periodismo y en el Parlamento daba abundantes frutos. El calificativo de "gamarrano" voceábase en esos días con odio y desdén. Lo único que la oposición necesitaba para triunfar era
unificarse. Orbegoso consiguió para la Presidencia provisoria 47 votos, Bermúdez 36 y Nieto 1 (20 de diciembre de 1833). Al elegir a Orbegoso (en una Convención Nacional llamada por la Carta política de 1828 y por el respectivo decreto de convocatoria sólo a "examinar y reformar, en todo o en parte, la Constitución") Luna Pizarro y su círculo, representantes durante toda esta época del espíritu civil frente al militarismo, no hacían sino continuar los planes que ya habían seguido al conferir la Presidencia de La Mar en 1822 y en 1827. Reconocían estos doctrinarios que el militarismo era demasiado fuerte y que ya no podía impedirse que a la Presidencia de la República llegaran los hombres de uniforme. Con su táctica de escoger para este cargo a los mariscales o generales menos peligrosos y de parapetarse en los Congresos, Luna Pizarro y sus amigos pretendieron resolver el problema. Se equivocaron. Los caudillos militares auténticos no quedaron coactados y apelaron al pronunciamiento. La Presidencia de La Mar había dado lugar al motín de Gamarra; ahora la Presidencia de Orbegoso iba a dar lugar primero al Golpe de Estado de Bermúdez y después a la dictadura de Salaverry.
PRESIDENCIA DE ORBEGOSO.
Tenía don Luis José de Orbegoso, Presidente del Perú desde el 21 de diciembre de 1833, elevada estatura y porte arrogante. Sus padres fueron el maestre de campo Justo de Orbegoso y doña Francisca de Moncada Galindo y Morales, condesa de Olmos. Había nacido el 25 de agosto de 1795, y fue bautizado en la iglesia viceparroquial de Chuquisongo. Al producirse la independencia era sargento mayor de la caballería cívica de Trujillo. La ayuda material y moral que, con otros personajes de Trujillo, prestó a San Martín fue invalorable. Tagle lo hizo coronel en 1822, grado que ratificó Riva- Agüero a cuyo lado estuvo en 1823. Proporcionó recursos y subsistencias al ejército patriota a comienzos de 1824 y fue nombrado intendente de Lambayeque y prefecto de Trujillo. Bolívar lo ascendió a general de brigada en abril de 1826. Poco después volvió a la prefectura de Trujillo en la que continuó a pesar del cambio de régimen en 1827. Elegido diputado al Congreso Constituyente de aquel año, estuvo en la comisión nombrada para felicitar a La Mar por su elección como Presidente de la República y acompañarle en el viaje. Pronto dejó su curul como representante para volver a la prefectura de La Libertad. Participó en la campaña de Colombia y se distinguió en la batalla de Tarqui en compañía de Necochea en el mando de la caballería. Junto con Gamarra, firmó el convenio de Girón. Se retiró del ejército en octubre de 1829. El Congreso le dio el grado de general de división en 1832 aludiendo a su honroso comportamiento en el Portete. Elegido diputado a la Convención Nacional, al obtener la mayoría de los votos para la Presidencia provisional de la República pareció simbolizar la vuelta a la limpieza cívica de La Mar sin su beligerancia ante la frontera norte del país; y presentó, al mismo tiempo, algunas notas distintivas del caso de Riva-Agüero, aristócrata, acaudalado y revestido del poder con el apoyo de la opinión pública. Su popularidad fue glamorosa en esos días y por largo tiempo más. Satisfacía a unos por haber hecho caer a Gamarra y a su bando. Otros creían hallar en él la posibilidad de un gobernante legal y moderado. A las clases altas, era grato por que lo consideraban uno de los suyos. La plebe lo veía con la triple aureola de la oposición, de la promesa y del atractivo personal. Hasta las mujeres se interesaban por él entrando, así, en activa lucha contra la odiada doña Pancha.
Pero no sólo de popularidad viven los gobernantes. Durante sus primeros días, en el palacio que fuera de los virreyes, Orbegoso se vio acompañado sólo por unos cuantos
amigos, notándose la ausencia de militares. "Parecía casa de donde estaba ausente el dueño", dice Távara. En la tesorería no había un peso y se debía a los empleados. La aduana hallábase empeñada y las contribuciones cobradas y gastadas. Faltaban fondos hasta para abonar el alumbrado de palacio. "Los guardias, los edecanes, la escolta y hasta los centinelas de las puertas interiores y de la pieza en que yo dormía –cuenta Orbegoso en sus Memorias–, eran puestos por órdenes de Gamarra y de las personas de su total confianza". Cuando al ministro don José Villa le preguntaban cómo andaba el gobierno, respondía "Cada día que duramos es una victoria".
El círculo de Orbegoso, quiso que Gamarra marchara al Sur a hacerse cargo de las tropas de la frontera boliviana ante la noticia de que los agentes de Santa Cruz intensificaban sus trabajos. Chismes, intrigas y recelos frustraron este designio, basado en la idea de que si Gamarra tenía planes ocultos era más peligroso en la capital, mientras que si se sublevaba en el Sur producía la guerra civil, quedando Orbegoso en libertad para actuar.
Gamarra, retenido en Lima, creyó que se trataba de asesinarle y lo mismo dijo Orbegoso. El plan orbegosino consistió finalmente en que el mismo Orbegoso se posesionase de la vecina fortaleza del Callao y allí dictara sus órdenes, a salvo de cualquier atentado. Si le obedecían las tropas de Lima, quedaba despejada la incógnita; y si le desobedecían empezaba la guerra civil bajo favorables condiciones. Luna Pizarro buscaba aún el avenimiento y no aprobó estas medidas y hasta insinuó la conveniencia de una entrevista amistosa con Gamarra, pero se creyó que la edad y los destierros habían quebrantado sus energías. El plan se llevó a cabo.
Orbegoso llamó, pues, al gobernador del Callao al Palacio de Gobierno y luego le invitó a pasear en su coche. Una vez allí, le obligó a acompañarle al Callao. Formaron las tropas, fue reconocido Orbegoso como presidente sin dificultad e hizo luego los cambios de jefes que creyó prudentes.