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Chapter 3 Historical Background, Methodology and Methods

3. Case and Field-Site Selection

La violencia conyugal que sufren las mujeres en el seno familiar, tiene efectos directos en sus vidas, pero también en la de sus hijos, en el ámbito laboral, en la comunidad y en la sociedad en su conjunto. Estudios a nivel mundial, muestran que la violencia es un factor desencadenante de problemas de salud, en contra del bienestar y del ejercicio de los derechos humanos. Particularmente en relación con la salud, la violencia física, sexual y/o psicológica en cualquier etapa de la vida de las mujeres, trae como consecuencia un incremento de problemas de salud subsiguientes. Las consecuencias físicas y mentales de la violencia conyugal son numerosas y pueden incluir desde baja autoestima, depresión, chantaje, secuestro e intentos de suicidio y homicidio (OPS/OMS, 2003).

El tema generador de debate, expresiones de violencia conyugal, a través del proceso crítico reflexivo (Freire, 2000) y creativo sensible (Cabral, 1997), fue desdoblado en tres subtemas: 1) Baja autoestima; 2) Depresión; 3) Odio; 4) Miedo.

3.1. Baja Autoestima

Una persona que vive con alguien que abusa de ella, física o emocionalmente, suele desarrollar una respuesta de estrés cuando es atacada. Si se repiten los ataques o amenazas, desarrolla una serie de síntomas crónicos, e, incluso, puede llegar a pensar que merece sus castigos y que es incapaz de cuidar de ella y de sus hijos/as, desarrollando una gran inseguridad en sí misma, propia de un baja autoestima (Matud, 2004).

Participante 04 contesta: _ La violencia son actitudes que acaban con la forma de pensar de uno, le impiden a tomar decisiones… No sé, a veces me sentía

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desesperada y quería decir basta ya, pero no podía, yo sentía que no podía y a veces lo dejaba y al poco tiempo regresaba.

Participante 05 añade: _La violencia es maltrato psicológico, verbal, golpes, discriminación, es la forma de actuar, es como me hace sentir, como una basura (…). Participante 09 agrega: _La violencia es sentirse como basura, peor que un perro(…).

3.2 . Depresión

Las mujeres maltratadas son muy susceptibles a la depresión, ya que el maltrato les hace experimentar traumas físicos que les lleva a vivir todos los días con miedo, enfado y falta de esperanza, cuando sufren una depresión se aumenta en gran medida, su situación de desamparo y se incapacitan para enfrentarse con las situaciones peligrosas en las que están inmersas. Si no se detectan y tratan estas depresiones, se aumenta la situación de prisión en la que en muchos casos se sienten condenadas para siempre (Gascón, 2008).

Participante 05 responde: _Muchas veces huimos y no hallamos hacia dónde, caemos en pedir, en andar en la calle, y nos sentimos como basura, o a veces caemos en la depresión, (….).

Participante 04 agrega: _Antes era todo gris, veía todo mal, siempre era estar llorando, estar sufriendo por una cosa o por otra, ya no me veía, no tenía aspiraciones ni nada.

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3.3. Odio.

Según Hirigoyen (2000), La fase de odio aparece abiertamente cuando la víctima reacciona, intenta colocarse como sujeto y recuperar un poco de su libertad. El odio ya existe desde la parte inicial, de enredamiento y control, mas estaba desviado, enmascarado por el agresor, de modo de mantener la relación estática. Todo aquello que ya existía de manera oculta aparece ahora claramente, la tarea de demolición se torna sistemática. No se trata en el caso de un amor que se transforma en odio, como se cree, más de envidia que se transforma en odio. No es aquella alternancia de amor- odio, pues por parte del agresor jamás existió amor, en el sentido real del término. Cuando el odio se expresa abiertamente es como un deseo de destrucción, de aniquilación del otro.

Participante 02 agrega: Para mí la violencia es ese odio, ese fuego que quema los huesos, la impotencia, la impotencia hacia ese odio, y que a veces no ve uno más alternativa que hacer justicia por su propia mano, porque no se puede olvidar (….)

3.4. Miedo

Según Hirigoyen (2000), consiguiendo o no alcanzar sus fines, el agresor buscan despertar en el otro una cierta violencia que a ellos les gustaría poder ignorar. En este sentido todas las victimas describen un sentimiento de miedo, se sienten constantemente en alerta, a la expectativa de ver al otro, de una mayor rudeza en los gestos, de un tono glacial, todo pudiendo enmascarar una agresividad no expresada. Temen a la reacción del otro, a su presión y frialdad, a los comentario hirientes, al sarcasmo, al desprecio, a la burla, si no se muestra de acuerdo como y que espera el agresor.

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Participante 10 levanta la mano y agrega: _Violencia para mí es miedo, ver a la persona y sentir miedo, ver que cae la tarde y te da miedo porque sé que va a llegar, más por las tardes siento aquí en el pecho miedo (…)

Participante 08 agrega: es violencia por gritar, llorar porque le mataron a su familia, estar triste por miedo, usar armas también es violencia, pegar a puñetazos y esta es violencia porque está gritando.

Participante 11 responde: _Al principio yo creo que porque era muy joven y porque también le tenía miedo y hasta ahora le sigo teniendo miedo (…)

Participante 09 dice: _Nada, yo no hacía nada, porque vivía con mi suegra, (…) y por miedo a quedarme sola (…).

Las imágenes y respuestas organizadas en los almanaques y en los discursos de las participantes, demuestran que las expresiones de violencia conyugal en la mujer que la sufre son actitudes que acaban con la forma de pensar de la mujer, que impiden tomar decisiones, que hay desesperación por la forma de actuar del agresor, sentirse como una basura, caer en la depresión, ver todo gris, odiar, sufrir y llorar por miedo. Coincidente con lo que afirma Matud (2004), acerca de que una mujer cuando vive amenazas y ataques por parte de su pareja, desarrolla una serie de síntomas crónicos y puede llegar a pensar que se merece sus castigos, desarrollando una gran inseguridad en sí misma, propia de una baja autoestima; y también con Gascón (2008), quien afirma que las mujeres maltratadas son muy susceptibles a la depresión, ya que, el maltrato les hace experimentar traumas físicos que las llevará a vivir con miedo, enfado y falta de esperanza; por su parte Hirigoyen (2000), coincide también en que las víctimas de la violencia describen un sentimiento de miedo y temen a la reacción del otro, a

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su presión y frialdad, a los comentarios hirientes, al sarcasmo, al desprecio, a la burla, cuando logran reaccionar aparece abiertamente la fase de odio e intentan recuperar un poco de su libertad.

Es decir que las expresiones de violencia conyugal son: baja autoestima, depresión, odio y miedo, favoreciendo en la mujer sentimientos de culpa, vergüenza, sensación de no valer nada, confusión y temor. Desconfianza de sí misma y de los demás, presentando una sensación de desamparo e impotencia. Aunque en muchas ocasiones la mujer adopta una actitud de aparente pasividad, lo cierto es que la mujer en situación de maltrato desarrolla diferentes estrategias para intentar controlar la violencia y aumentar su seguridad y la de sus hijos e hijas, llegan a presentar con frecuencia una transformación persistente de la personalidad con cambios en la forma de relacionarse, concebir el mundo y a ellas mismas.

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