Como hemos visto, la exteriorización o expresión de la mente bajo las condiciones de la cultura del manuscrito estaba muy constreñida. El poeta o el escritor se hallaban muy lejos de poder emplear la lengua vulgar] como sistema de comunicación pública. Con la imprenta, el descubrimiento de la lengua vulgar como sistema de comunicación pública fue inmediato. La figura de Pietro Aretino (1492-1556) servirá para aclarar este cambio súbito. Ilustra también el cambio súbito que sustituye la confesión o auto-acusación privada por la denuncia de los otros. El Aretino fue conocido en su tiempo por "el flagelo de los príncipes":
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1Fue un monstruo, verdaderamente: negar esto es menospreciarlo; pero, sobre todo, fue un hombre de su tiempo, expresión la más libre, quizá, de la edad en que vivió, el siglo XVI.Esto, y su enorme habilidad, junto al hecho de que fundó la prensa moderna y utilizó el arma hasta entonces desconocida de la publicidad con una apreciación incomparable de su poder, son sus principales méritos para que nos ocupemos de él 1.
Nacido dos años después que Rabelais, llegó, como él, a tiempo justo de empuñar el instrumento nuevo, la imprenta. Iba a convertirse en un Northcliffe, un hombre-orquesta del periodismo.
En cierto sentido, por su proclividad hacia el "sensacionalismo", es un precursor de Hearst, lord Northcliffe y otros, al mismo tiempo que el padre de la temible tribu de los modernos agentes de prensa que, cuando quieren darse aires de importancia, se hacen "publicistas". Está su jactancia de que en el mundo "la Fama la vendo yo". Necesitaba publicidad; era su vida; y sabía ciertamente cómo conseguirla... Tenemos, pues, un hombre que puede ser llamado, con un criterio cronológico, el primer realista de la literatura, el primer periodista, el primer publicista, el primer crítico de arte 2.
Como su contemporáneo Rabelais, sintió el gigantismo latente en la uniformidad y repetibilidad de la palabra impresa. De origen modesto y sin educación, el Aretino utilizó la Prensa del mismo modo que ha venido siendo utilizada desde entonces. Escribe Putman (pág. 37): [230]
Si en aquella época fue el Aretino el hombre probablemente más poderoso de Italia, quizá del mundo, la razón ha de buscarse en la nueva fuerza que había descubierto, esa fuerza que hoy llamamos "el poder de la Prensa". El Aretino la consideraba como el poder de su pluma. El mismo no se daba cuenta del verdadero fuego de Prometeo con que estaba jugando. Todo lo que sabía es que tenía un instrumento tremendo en sus manos, y lo empleaba con tanta falta de escrúpulos como ha venido siendo empleado reiteradamente desde su época. Era capaz de ser—véanse sus cartas—tan hipócrita como la Prensa moderna.
Putman continúa (pág. 41) diciendo que el Aretino fue "quizá el mayor chantajista de la historia, el primer exponente verdaderamente moderno de la 'pluma envenenada' ". Es decir, que el Aretino consideraba realmente la imprenta como un confesonario público con él como Padre Confesor, pluma o micrófono en mano. Hutton cita al Aretino en la página XIV de su estudio: "Cuiden otros del estilo y dejen de ser ellos mismos. Sin maestro, sin modelo, sin guía, sin artificio trabajo yo y me gano la vida, el bienestar y la fama. ¿Qué más necesito? Con una pluma de ganso y unas hojas de papel, me río del universo."
Ya volveremos a este "sin modelo, sin guía", porque fue literalmente cierto. La imprenta fue un instrumento sin precedentes. No tenía escritores ni público lector propios, y por largo tiempo tuvo que conformarse con la clase de escritor y de público creada por las condiciones del manuscrito. Como Febvre y Martin explican en L'Apparition du Livre, la imprenta hubo de contar durante los doscientos primeros años casi enteramente con los manuscritos medievales. En cuanto al papel del autor, no existía, y el escritor, durante cerca de dos siglos, hubo de usar distintas máscaras, de bufón o de predicador, descubriendo, solo en el siglo XVIII,el papel de "hombre de letras":
Jaques.—He de tener libertad, además; patente tan amplia como el viento, para soplar donde me plazca, que así la tienen los locos. Y más han de reír aquellos más lastimados por mi locura. Y ¿por qué han de hacerlo, señor? El por qué es llano como el camino de la iglesia parroquial: aquel a quien ataca ingeniosamente un bufón obrará torpemente, aunque le escueza, al no mostrarse indiferente al golpe. De lo contrario, incluso las miradas casuales del bufón pondrán al desnudo la locura del sabio. Vestidme un hábito abigarrado. Dadme permiso para decir lo que pienso, y limpiaré de arriba abajo el cuerpo loco del infecto mundo, si quieren tomar pacientemente mi medicina 3. [231]
Aunque comprometido en esta catártica empresa, Shakespeare sintió con amargura la ausencia de oficio. Leemos en su Soneto CX:
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1Edward Hutton, Pietro Aretino: The Scourge of Prince, página XI. [230]
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2The Works of Aretino, traducidas al inglés del original italiano, con un ensayo crítico y biográfico, por Samuel Putman, Página 13.[230]
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3¡Ay! Es verdad, de aquí para allá anduve, hice de mí un bufón ante las gentes, herí mis sentimientos y he vendido barato lo más caro...
La moda de la imprenta lo atrajo poco, y no hizo esfuerzos por publicar, ya que la circulación de su obra en forma impresa no le hubiese conferido dignidad. Fue completamente al contrario para el teólogo. Cuando Ben Jonson publicó sus comedias en 1616 con el título
Obras de Ben Jonson, se produjeron muchos comentarios irónicos.
Es interesante el hecho de que Shakespeare comentara acerca del oficio de escritor, en su aspecto de confesor, "he vendido barato lo más caro", porque actor o autor, su andar "de aquí para allá" le hubiera parecido lo mismo. Y es este derramamiento en confesión de asunto privados y opiniones personales lo que pareció al Aretino y sus contemporáneos que justificaba la asociación de la imprenta con la pornografía y la obscenidad. Este es el parecer que domina en Dunciad, de Pope, a principios del siglo XVIII. Pero en el Aretino, este cambio de la confesión privada por la acusación pública es la respuesta perfectamente natural a la tecnología de la imprenta.
En realidad, afirma Raimondi, el Aretino "es una prostituta". Tiene el instinto de la rebelión social de la prostituta. Arroja fango no solo a la cara de sus contemporáneos, sino también a la de todo un pasado. Parecería como si levantase el mundo y lo colocara a contraluz del sol... Todo es obsceno y libidinoso, todo está en venta, todo es falso, nada es sagrado. El mismo hace mercancía de las cosas sagradas para ganar dinero, y escribe vidas románticas de santos. ¿Y luego? Como la Nanna y Pippa, estima conveniente mantenerse sobre los hombres y sujetarlos con las riendas de sus propios vicios... Las enseñanzas que la Nanna imparte a Pippa son las mismas que guiaron la vida del Aretino 1.