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La Iglesia católica basa la fundación del papado y de ella misma en el pasaje de Mateo: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra “petrus” edificaré mi Iglesia [...]” (Mt. 16:18).

En enormes letras de mosaico dorado aparecen estas palabras, las más discutidas de la Biblia, en la cúpula de San Pedro construida por Miguel Ángel. Pero faltan en tres de los cuatro Evangelios, sobre todo en Marcos, el más antiguo de los evangelistas. De hecho. Jesús no las pronunció nunca, eso es hoy “resultado cierto de la exégesis bíblica” (Brox). Existen al respecto toda una serie de motivos convincentes que ya he recopilado en otro lugar.407

A pesar de ello, la Iglesia católica sigue manteniendo su “fundación divina”. Tiene que hacerlo; lo ha afirmado durante dos mil años. Sin embargo, no pocos de sus teólogos capitulan ahora. Muchos de ellos ― siguiendo con retraso a protestantes bastante conservadores ― desarrollan un lenguaje que “científicamente” les hace conservar a medias la cara y les permite no perderlo todo ante sus superiores. Parafrasean la falta de autenticidad de las “palabras de fundación de la Iglesia” de la siguiente manera: Mateo

404 Kasper, Dienst 126.

405 Kallis 43.

406 Ibíd. Cf. también el papa Juan Pablo II (1979) en OstKSt 29,1980, 183.

407 Mt. 16,17 s. Deschner, Hahn 213 s. Allí hay más bibliografía. Schnitzer 37 s. Grill 21 s. Buitmann, Die Frage 165. Schmidt, Kirche der Urchristentums 258 s. Bemhart 15 afirma que las razones contra la autenticidad de esta palabra “sucumbirían ante una ciencia escueta”, pero no se trata de eso. Cf. también 7 s. Un apologista se sucede a otro; toda la “refutación”. Haller, Papsttum I 15. Obrist pasim. Hahn, Petrusverheissung 8 s. Pesch, Simon-Petrus 166. Seppelt/Schwaiger 13. Fries, Das Petrusamt 19. Ullmann, Gelasius 127, que recuerda acertadamente a Tert. de pud. 8,31. Brox, Kirchengeschichte 105 s.

no se refiere a ello históricamente sino que lo compone teológicamente. O bien dicen que la “piedra” es un encargo hecho después de la “resurrección”. Los que menos rodeos dan explican la “promesa de Pedro” como una intercalación posterior, simplemente como un invento de los evangelistas.408

Sin embargo, quizás Pedro tuviese una especie de primacía, una cierta función directora. Pero tal vez sólo de manera temporal y en determinados campos, no, desde luego, después del “concilio de los apóstoles”. Pablo, que se opone a Pedro “en su cara” en Antioquía, le insulta llamándole hipócrita y, de manera abierta, en diversas circunstancias pone en tela de juicio las exigencias directoras de Pedro. En otras partes de las “Santas Escrituras” aparecen asimismo tendencias “antipetrianas”. Y que Pedro conservara su primacía, si es que la tuvo, aunque sólo fuera un invento del “partido petrista”, no aparece en ningún lugar del Nuevo Testamento. No se dice nada.409

Sin embargo, incluso en el caso ― que debe excluirse por muchas razones ― de que las “palabras de primacía” procedieran de Jesús, la Iglesia no podría explicar cómo se transmiten de Pedro a los “papas”, pues no sólo rigen para el apóstol sino también para sus “sucesores en el cargo”. Ni la Biblia ni ninguna otra fuente histórica indican que Pedro nombrara a su sucesor.

Más de un católico encuentra la “discusión exegética” “notablemente diferenciada,” y a la vista de los hallazgos “se ve en apuros cuando intenta explicar desde un punto de vista histórico y crítico la fuerza de los fundamentos bíblicos para el papado” (Stockmeier). Los teólogos más animosos admiten que “no hay nada” de una sucesión de Pedro (De Vries), que “en el Nuevo Testamento no se la puede constatar en ningún sitio” (Schnackenburg). En efecto, Josef Blank cree que la función de cimiento-roca de Pedro no sólo es única, intransferible, no intercambiable e irrepetible, sino que en la idea de unos cimientos en constante crecimiento ve, siquiera sea en sentido figurado, una imposibilidad interna. Por lo tanto, tampoco puede considerarse al papado como la roca de Pedro. Lo que este católico asegura con franqueza es: “Mirando hacia la historia de la Iglesia, podría más bien decirse: tampoco el papado [...ha podido destruir a la Iglesia”. Y finalmente, el teólogo se pregunta cómo entendía esta sentencia la cristiandad primitiva. ¿Se refería a Roma o a la primacía del obispo romano como sucesor del apóstol Pedro? “La respuesta es, simple y llanamente: ¡No!”410

La apologética se basa en más palabras e indicaciones de Jesús a Pedro: que pesque a

408 Fries, Das Petrusamt 19. Pesch, Neutestamentliche Grundiagen 31. El mismo, Simon-Petrus 166. Blank, Petrus 19 s.

409 De Vries, Petrusamt 42. Ritter, Wer ist die Kirche? 42 s. Christ, Petrusamt 36 s, especialmente 40 s, con numerosas reseñas bibliográficas.

410 Stockmeier, Romische Kirche 363. Sobre los subterfugios, a menudo de charlatanes, de los apologistas católicos, sobre todo de la época antigua, cf. por ejemplo Brunsmann 2 s, 17 s especialmente 42 s, 82 s. Pesch, Neutestamentliche Grundiagen 37. De Vries, Petrusamt 45. Schnackenburg, Die Stellung 33. De manera similar 24. Blank, Petrus 19, 21, 25. Cf. también la recopilación de la pág. 27 así como las conclusiones 34 s.

los hombres, que tome las llaves del reino de los cielos; que todo lo que él una o desuna en la tierra, será unido o desunido en el cielo; finalmente: “Fortalece a tus hermanos”, “Apacienta mi rebaño”. Sin embargo, otros muchos paralelismos evangélicos o del Nuevo Testamento demuestran que las cinco disposiciones de Jesús no iban ligadas en principio a Pedro. Y sobre todo, de un sucesor, incluso de un superior de la comunidad romana como director de una Iglesia global, no se habla en absoluto en ningún texto paleocristiano.411

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