● Conviene reconocer que la pandemia de COVID-19 y el cierre de escuelas amenazan con tener repercusiones de por vida para los niños más vulnerables, ya que podrían afectar a su aprendizaje, su salud y su nutrición, lo que obstaculiza el capital humano y el desarrollo en todo el mundo. Por ello, deberían adoptarse medidas para reabrir las escuelas en condiciones de seguridad y crear sistemas escolares mejores y más resistentes y, al mismo tiempo, disponer de sistemas para mitigar los riesgos del cierre de escuelas con mayor rapidez. La orientación y el apoyo a los países en relación con las medidas de mitigación, la respuesta normativa y los incentivos para la vuelta a la escuela, incluido el acceso a la financiación, seguirán siendo la prioridad del WFP y los organismos de desarrollo, en particular para hacer frente a la crisis y garantizar que los niños sigan recibiendo apoyo en caso de que las escuelas continúen cerradas. El WFP y UNICEF también implementarán una campaña de vuelta a la escuela para asegurar que los niños regresen a la escuela.
● Las intervenciones de alimentación escolar y de salud y nutrición en las escuelas se utilizarán para incentivar a los hogares a enviar a los niños de vuelta a la escuela y mantenerlos sanos y bien alimentados. Esta crisis podría servir de oportunidad para crear sistemas educativos más inclusivos, eficientes y resilientes, además de para ampliar adecuadamente los servicios de salud y nutrición en las escuelas gracias a las asociaciones intersectoriales. Las directrices, las notas de política y el apoyo técnico proporcionarán orientación a los países y los asociados para planificar adecuadamente y aplicar soluciones que garanticen que los escolares sigan recibiendo apoyo a través de los servicios de salud y nutrición, tanto durante la pandemia como a medida que los sistemas educativos del mundo se adapten a los nuevos enfoques, incluida la enseñanza a distancia.
● Acontecimientos futuros que cambiarán las reglas del juego: Tres avances recientes pueden afectar las políticas de cierre de escuelas significativamente para cuando se publique este informe. Primero, el lanzamiento masivo de vacunas autorizadas, aunque ninguna esté disponible todavía para los niños, éstas pudiesen disminuir o detener la pandemia. Segundo, el surgimiento de cepas de virus variantes, algunas de las cuales pudiesen ser más contagiosas entre los niños, cambiaría la dirección de políticas hacia el cierre de escuelas para reducir contagios en la comunidad. Tercero, el aumento de pruebas socioeconómicas de que el costo a largo plazo de la falta de educación supera los beneficios para la salud del cierre de escuelas, alentará las políticas en dirección a la reapertura de escuelas. La importancia relativa de estos tres factores probablemente determinarán el impacto a futuro de la COVID-19 en los programas de alimentación escolar.
Capítulo 2
Perspectivas y
prioridades de
las políticas
K e k s i/ E lina M a n nin e n /F in lan di aLos datos más recientes muestran que los gobiernos de todo el mundo están invirtiendo cada vez más en programas escolares que respaldan la salud y la nutrición de niños y adolescentes. Estos programas llegan ahora a aproximadamente la mitad de todos los jóvenes escolarizados y, en gran medida, se financian con fondos nacionales. Este capítulo explora los cambios de políticas que han llevado a este notable crecimiento de la inversión pública en países de todos los niveles de riqueza.
Al examinar las políticas que han impulsado la expansión de estos programas, se identificaron los siguientes impulsores principales del cambio:
Una mayor concienciación sobre la necesidad de apoyar a los niños durante su desarrollo hasta la edad adulta. Se ha producido un cambio de paradigma respecto a la inversión en la infancia, al reconocer que existe un proceso de desarrollo de aproximadamente 8000 días que abarca desde la concepción hasta la edad adulta. Los primeros 1000 días de la vida de un niño son cruciales, y centrarse en este período forma parte de una política bien definida en muchos países. Sin embargo, ahora está claro que es importante respaldar la salud y la nutrición durante los próximos 7000 días, desde aproximadamente los 2 años de edad hasta los 21 años, a fin de: mantener los primeros logros; ofrecer oportunidades para ponerse al día en los casos en que la intervención temprana haya sido inadecuada; y abordar las fases de vulnerabilidad durante esta fase del desarrollo, especialmente la pubertad, el crecimiento acelerado y el desarrollo del cerebro en la adolescencia.
El reconocimiento del valor central de las personas, del capital humano, en el desarrollo de las naciones. Una población bien alimentada, sana y educada es la base del crecimiento y el desarrollo económico. Por lo tanto, la inversión en capital humano (la suma de la salud, las aptitudes, los conocimientos y la experiencia de una población) fortalece la competitividad de un país en un mundo en rápida evolución (Gatti et al., 2018). En los países ricos, aproximadamente el 70 % de la riqueza nacional se debe a la producción de su población, pero en muchos países de bajos ingresos esta proporción es inferior al 40 % (Banco Mundial, 2019a). Esta desigualdad tiene consecuencias trágicas para las sociedades pobres, que crecen y rinden muy por debajo de su capacidad, así como para los individuos de esas sociedades, que no llegan a alcanzar su potencial en la vida. Invertir en la salud y la nutrición del alumno es un factor clave para la creación de capital humano.
El énfasis internacional en la necesidad de sistemas alimentarios públicos mejor diseñados que tengan en cuenta el género, el clima y la sostenibilidad. La alimentación escolar eficaz es una de las políticas recomendadas por el Panel Global de Sistemas Agrícolas y Alimentarios para mejorar la Nutrición (2014). Los programas de alimentación escolar de producción propia, en particular, desempeñan un papel importante en la respuesta al cambio climático, especialmente frente a la constante disminución de la producción agrícola mundial, al acortar las cadenas alimentarias y reducir al mínimo el desperdicio de alimentos, que es la mayor causa evitable de emisiones de carbono (FAO, 2013b). Los programas que tienen en cuenta las cuestiones de género bien diseñados aumentan la matriculación de las niñas en la educación, ayudan a mantener escolarizadas a las niñas en edades vulnerables y mejoran la dieta de las adolescentes. Respuesta ante las crecientes demandas de apoyo a los niños en crisis y emergencias. Los programas escolares de salud y nutrición se utilizan cada vez más en los países afectados por crisis y conflictos para atender las necesidades de los niños más vulnerables. Hay pruebas recientes que demuestran que los programas de alimentación escolar en concreto pueden
desempeñar un papel fundamental en el restablecimiento de la normalidad y la estabilización de las comunidades locales como, por ejemplo, durante la crisis de Malí (véase el estudio de caso 3.1). El cierre de escuelas durante la pandemia de COVID-19, y el alto costo y la falta de alternativas eficientes para llegar a los niños, ha puesto de relieve el valor de los programas escolares (véase el informe especial sobre COVID-19).
En el capítulo 3, que se centra en las cuestiones económicas y financieras, se examina la función de protección social generalizada de estos programas, al ser la red de seguridad social más amplia del mundo, y la función cada vez más importante de la alimentación escolar en la provisión de un mercado sostenible para la producción agrícola local.
2.1 Un cambio de paradigma: los próximos 7000 días
La tercera edición de la publicación del Banco Mundial titulada Prioridades para el Control de Enfermedades (DCP3; Jamison et al., 2015-2018), apoyada por la Fundación Bill y Melinda Gates, confirma la importancia de invertir en los primeros 1000 días de la vida de un niño, ya que constituye la ventana crítica desde la concepción hasta los 2 años de edad. También evidencia las consecuencias del descuido de la inversión durante los próximos 7000 días, o hasta los 21 años. Las conclusiones del Volumen 8 de DCP3, titulado Salud y desarrollo del niño y el adolescente (Bundy et al., 2017a), enfatizaron la necesidad de avanzar hacia un nuevo paradigma de 8000 días. Estos análisis han destacado que existen necesidades específicas no solo durante los primeros 1000 días de la vida de un niño, sino también durante la mediana infancia y la adolescencia. Una cita de la reseña de la revista Lancet del volumen 8 ayuda a ilustrar la idea: “Del mismo modo que los bebés no son simplemente personas pequeñas y necesitan cuidados especiales y diferentes del resto de nosotros, los niños y adolescentes en crecimiento no son simplemente adultos de corta estatura; también tienen fases críticas de desarrollo que necesitan intervenciones específicas”. (Bundy et al., 2017a). Se requiere atención en tres fases: la fase de crecimiento y consolidación de la mediana infancia (5 a 9 años), en la que la infección y la malnutrición limitan el crecimiento y la mortalidad es mayor de lo que se había reconocido anteriormente; la fase de crecimiento de la adolescencia (10 a 14 años), en la que los cambios físicos y emocionales sustanciales requieren una buena dieta y salud; y la fase de crecimiento y consolidación de la adolescencia (15 a 20 años), en la que se necesitan nuevas respuestas para apoyar la maduración del cerebro, un intenso compromiso social y control emocional.
La publicación DCP3 pide que la investigación y la acción sobre la salud y el desarrollo infantil pasen de un énfasis limitado en los primeros 1000 días a una preocupación integral durante los primeros 8000 días, al pasar de un enfoque aislado por edades a un enfoque que abarque las necesidades de los niños a lo largo del ciclo de vida.
Un informe de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) titulado “Maximising Human Capital by Aligning Investments in Health and Education” (“Maximizar el capital humano alineando las inversiones en salud y educación”) (Schultz et al., 2018) se sumó a los crecientes llamamientos en favor de una mejor alineación de las inversiones en salud y educación, especialmente la inversión en programas de salud y alimentación escolar durante la edad escolar y la adolescencia.
75
El Comité Permanente de Nutrición del Sistema de las Naciones Unidas (UNSCN) destacó el papel de las escuelas en la inversión en nutrición infantil en 2017 en una declaración titulada “Las escuelas como sistema para mejorar la nutrición” (UNSCN, 2017). Una publicación preparada por el Banco Mundial y la Alianza Mundial para la Educación titulada “Optimización de los resultados educativos: inversiones de alto rendimiento en la salud escolar para una mayor participación y aprendizaje” (Bundy et al., 2018a) fue un paso más allá. El informe enfatiza la necesidad de corregir el desajuste casi total entre las inversiones en la salud de los niños, actualmente casi todas centradas en los niños menores de 5 años, y la inversión en educación, principalmente entre los 5 y los 21 años. Los 70 años de experiencia de Finlandia en materia de alimentación escolar trazan la evolución de las prioridades nutricionales, desde la desnutrición hasta la malnutrición (véase el Estudio de caso 2.1).
Muchos de los problemas de salud más frecuentes entre los niños y adolescentes en edad escolar de las comunidades pobres pueden prevenirse o tratarse mediante intervenciones realizadas en las escuelas. Las intervenciones apropiadas en la edad escolar ofrecen tres ventajas: pueden mantener los logros alcanzados durante los primeros 1000 días, ofrecen la oportunidad de ponerse al día con respecto a déficits anteriores y abordan las fases de desarrollo de particular vulnerabilidad durante los siguientes 7000 días, como la pubertad, el crecimiento acelerado de los adolescentes y la fase crucial de desarrollo del cerebro durante la adolescencia tardía (véase la Figura 2.1). Es importante destacar que, al tiempo que mejoran la salud, estas intervenciones tienen consecuencias importantes para la educación: aumentan la asistencia y reducen el absentismo, evitan la repetición y la deserción escolar y respaldan los logros de los estudiantes. En el Recuadro 2.1, el profesor Alan Jackson, nutricionista pediátrico, describe la importancia de los próximos 7000 días para el desarrollo infantil y el papel de la alimentación escolar.
Los análisis económicos que figuran en la tercera edición de las Prioridades para el Control de Enfermedades del Banco Mundial muestran que el sistema escolar representa una plataforma excepcionalmente eficaz en función de los costos para la prestación de un conjunto integrado esencial de servicios de salud y nutrición a los escolares (Fernandes y Aurino, 2017; Shackleton et al., 2016). La rentabilidad de la prestación de servicios en las escuelas también ha sido bien documentada en países de ingresos altos (Shackleton et al., 2016). En los países de bajos ingresos, el sistema educativo se encuentra en una situación especialmente favorable para promover la salud de los niños y adolescentes como parte de las actividades de divulgación comunitaria del sistema sanitario. Por lo general, hay más escuelas que establecimientos de salud en todos los entornos de ingresos, y las áreas rurales pobres en concreto tienen muchas más probabilidades de tener escuelas que centros sanitarios. Los nuevos análisis económicos sugieren que los programas de salud y nutrición escolar impartidos a través de las escuelas deberían ser una parte esencial de los esfuerzos de atención primaria de salud universal (Watkins et al., 2020).