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El estado de congruencia, es lo que se pretende que logre la persona que se encuentra en ansiedad.

La congruencia es un constructo que se elaboró en la práctica terapéutica de Rogers; es central en el enfoque, basado en las tres actitudes que es conveniente que la persona tenga, para tener un funcionamiento óptimo. De acuerdo con Lietaer (1997) el constructo de congruencia nace en el enfoque centrado en las personas, cuando Rogers observa las actitudes específicas que propician un cambio terapéutico y que, además, era indispensable la existencia de una relación real entre terapeuta y cliente; la congruencia en el terapeuta servía de modelo al cliente para tomar riesgos y llegar a ser él mismo.

La congruencia de acuerdo con Rogers (1985) se da en la persona cuando esta puede simbolizar adecuadamente su experiencia, lo cual quiere decir, por ejemplo, que acepte los sentimientos que han sido negados para poder aceptar e integrarlos en su yo-mismo, lo que significa hacerlos conscientes.

Segrera (1989) precisa que se trata más de un proceso que un estado, ya que la conciencia trata de una manera dinámica con las experiencias y las actitudes que son sentidas por el yo-mismo.

Rogers (1958, en Segrera, 1989, p. 14) de una manera personal expone:

El término congruente es el que he usado para describir cómo me gustaría ser. Con esto quiero decir que cualquier sentimiento o actitud que esté experimentando estaría en armonía con mi conciencia de dicha actitud. Cuando esto es cierto, soy una persona unificada o

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integrada en ese momento, y por lo tanto, puedo ser lo que profundamente soy.

Dentro de los términos que el enfoque centrado en las personas menciona sobre las condiciones para que se dé un cambio en la persona, señala a la autenticidad que se relaciona de manera directa con la congruencia. Rogers (1978d) expone que el terapeuta debe ser una persona congruente, genuina e integrada, lo cual significa que es libre y él mismo, con su experiencia real y simbolizada en la conciencia tal cual. De acuerdo con esto el terapeuta, el orientador o la persona es congruente cuando no niega sus sentimientos sino que experiencia sus sentimientos con libertad, entonces podría decirse que es auténtico.

A lo anterior se agrega que ser congruente significa estar sin máscaras, significa ser honesto. Significa que los sentimientos son accesibles a la conciencia y que le posibilita vivirlos y ser capaz de comunicarlos, se traduce a ser uno mismo y no negarse (Rogers, 1978e). En este mismo texto menciona transparencia como una palabra que se relaciona directamente con la congruencia, pues si uno deja ver lo que realmente es, entonces existirá una relación profunda con la otra persona.

Rogers (1986c, p. 89) hace reiteradamente mención sobre la relación de la palabra transparencia con congruencia:

Si el orientador es congruente o transparente, es decir, si sus palabras corresponden a sus sentimientos; si aprecia incondicionalmente al cliente, y si entiende los sentimientos esenciales de este, entonces existe la probabilidad de que se desarrolle una efectiva relación de ayuda.

Es entonces que, si podemos aceptar conscientemente los propios sentimientos, podremos establecer una relación con nosotros mismos y así establecer una relación de ayuda con los demás (Rogers,1986c).

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Lietaer (1997, p. 26), respecto, de la transparencia aclara los siguientes puntos: Esta definición implica claramente que la genuinidad tiene dos caras: una interna y otra externa. La cara interna hace referencia al grado en el que el terapeuta tiene acceso consciente, o se muestra receptivo, a todos los aspectos de su propio flujo de experiencia. Este lado del proceso se llamará “congruencia”, la consistencia a la que se refiere es la unidad de la experiencia total y darse cuenta. La cara externa, por otro lado, hace referencia a la comunicación explicita del terapeuta de sus percepciones conscientes, sus actitudes y sentimientos. Este aspecto de “transparencia”: volverse transparente al cliente a través de la comunicación de las impresiones y las experiencias personales.

McConnaughy (1987, según Lietaer, 1997), expone que la congruencia tiene que ver con que la persona sea un individuo integrado psicológicamente y desarrollado, debe estar suficientemente “completo” o “curado” y en contacto consigo mismo; significa entonces, reconocer sus errores y debilidades, aceptándose tal cual es, las cosas positivas y negativas de él mismo; sólo así será capaz de abrirse a los demás sin mostrar estar a la defensiva, así podrá tener relaciones interpersonales funcionales. El autoconocimiento y la fuerza del yo-mismo son las características necesarias para este funcionamiento, como se mencionó anteriormente.

De acuerdo con esto, Barret-Lennard (1962, según Lietaer 1997), plantea que la congruencia está en estrecha relación con la aceptación. Si no nos aceptamos a nosotros mismos y nuestra propia experiencia no podremos aceptar la de los demás y entonces tampoco podríamos ser congruentes en la relación con el otro.

Por otro lado, Mancillas (1999), hace referencia a la congruencia en la mujer en uno de sus artículos, pero parece igual de pertinente enfocar esa congruencia hacia la persona y/o mujer con ansiedad, ya que en los estudios mencionados con anterioridad hay que recordar que el TAG tiene una mayor incidencia en el sexo femenino. La congruencia significa romper con las premisas culturales

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internalizadas y hacer contacto con quien se es realmente, dejar de querer encajar en los estereotipos que limitan el desarrollo propio y hacer caso y escuchar su propia voz, partiendo del conocimiento propio, la comprensión y la confianza en uno mismo.

Es importante mencionar que llegar a ser congruente puede ser difícil y es necesario ser tomado como un proceso. La congruencia conlleva aceptación de los sentimientos y la experiencia para poder simbolizarla correctamente y no distorsionarla.

Finalmente, Lafarga (1992) hace referencia a la congruencia, tomando como sinónimo autenticidad y expresa:

En la práctica psicoterapéutica generalmente se acepta que la mayor autenticidad o correspondencia entre lo que una persona percibe y lo que dice de sí misma es índice de buen funcionamiento psíquico. En realidad, el que llegue a existir un alto grado de esta correspondencia en la comunicación de las personas es uno de los objetivos importantes del proceso psicoterapéutico que está enfocado a que la persona que recibe ayuda, en la misma relación con el psicoterapeuta, se vaya liberando del conflicto y la inconsistencia entre lo que experimenta y lo que expresa de sí misma. (p. 34).

La existencia de la congruencia en las personas con TAG, es relevante ya que si cuentan con ella ayudará no solo a mejorar su yo-mismo sino también mejorar sus relaciones interpersonales. El conocimiento de su experiencia y su adecuada simbolización, tiene una relación directa con su ansiedad, ya que, por un lado, son conscientes de sus sensaciones y sentimientos durante un episodio, pero al mismo tiempo, estas reacciones resultan exageradas ante una situación que debería pasar como “normal” o libre de conflictos.

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