5.3 Numerical results
5.3.3 Case study: 93-bus network
Traducimos dos páginas más de la misma gran obra de Muḥ. Karīm Jān Kīrmānī, en primer lugar porque han dado lugar a un bello comentario del šayj Abū-l-Qāsim Jān Ibrahīmī (Sarkār Āgā), que podremos leer más adelante, coronando esta selección de textos. En segundo lugar porque estas dos páginas recuerdan, resumiéndolos, algunos temas esenciales.
Antes de todo, la idea de un mundo cuya "historia" se articula siguiendo una línea vertical, no de acuerdo con la perspectiva horizontal de una evolución indefinida. La historia de este mundo, "en estilo gótico" también, no es la de una evolución irreversible, sino la de una reversión progresiva. Nuestra idea de "causalidad histórica" no tiene cabida. Esta orientación vertical sobre el polo celeste que representa Hūrqalyā queda establecida por la idea de un descenso al que sucede un
ascenso: el primero es una caída de la Inteligencia (Ennoia) hasta el mundo terrenal y es el ciclo de
la cosmogénesis. El segundo es el ascenso de nuestro mundo, que comenzó con el ciclo de la profecía iniciado por Adán. El tema gnóstico tradicional impone por otra parte la idea (original de Franz von Baader) de que la historia bíblica de Adán no comienza hasta después de una catástrofe cuya amplitud somos incapaces de concebir siquiera.
La conciencia chiíta antepone la perspectiva de una imamología por encima de la profetología: la parusía del Imam oculto como teofanía definitiva, advenimiento de la pura religión espiritual. Para el fiel chiíta, alcanzar la consciencia personal de esta parusía significa penetrar en Hūrqalyā, y eso quiere decir: en el mundo en el que el Imam se hace visible a la percepción interna, en el que la escatología hace su aparición en el presente. De ahí el tema de las últimas páginas traducidas más adelante: "La Tierra celeste de Hūrqalyā y la fe chiíta".
Debes saber que el primer Día, cuando Dios creó la Inteligencia (Ennoia), le dijo: "Ahora, desciende". Y ésta descendió hasta que alcanzó nuestro mundo. El momento final de su descenso coincidió con la época de Adán. Entonces, a través del órgano de Ḥaḍrat Adán y del órgano de todos los que convocan a Dios, resonó en el mundo esta llamada: "Ahora, da la vuelta y asciende de nuevo". En el momento del Descenso, los garantes de Dios eran las locuciones cósmicas del lenguaje de la cosmogénesis. En el momento de la Ascensión, son las locuciones inspiradas por el lenguaje de la profecía. El mundo inicia su ascenso, su vuelta progresiva, gracias al lenguaje profético de los Enviados. Si llegáis a descubrir el tiempo pasado, los veréis a vuestros pies, verticalmente, no a los lados, en horizontal.
La ventura de nuestro mundo es la aventura de alguien que trata de subir desde el fondo de un pozo y poco a poco llega hasta la parte superior23. En cada nuevo paso tiene a sus pies el nivel superado. Cualquiera que sepa mirar con el órgano de la visión interior verá pues a sus pies el pasado, cada vez más opaco, denso y tenebroso, mientras que, día a día, sigue ascendiendo a través del tiempo, acercándose a la Voluntad primordial y haciéndose más luminoso, más sutil.
Imaginémonos a un ser que descendiera del Cielo y penetrara en la Esfera del aire elemental; al seguir descendiendo penetraría en la Esfera del vapor atmosférico; si siguiera descendiendo penetraría en la Esfera de las nubes, luego en el agua del Océano y más tarde en las entrañas de la Tierra. Entonces se le diría: "Ahora, asciende de nuevo".
Lo veríamos elevarse, salir de la oscuridad de la Tierra, penetrar en la Esfer del agua, atravesar la densidad y franquear las Esferas de las nubes y del vapor. Al salir de esta última, penetraría en el aire en estado puro, se liberaría de las estrecheces que lo asfixiaban, se abandonaría a la relajación de una inmensa quietud y por fin respiraría aliviado.
Pues bien, ésta es precisamente la historia espiritual de nuestro mundo, pues este mundo descendió hasta el seno de la Tierra cuando se le dijo en la época de Adán: "Ahora, asciende de nuevo". Este ascenso se está efectuando todavía, pues no se ha liberado del peso y de las asperezas, de las tinieblas y las brumas. Todavía no ha salido al aire puro, pues estos lugares en los que nos encontramos son la morada de las tinieblas, y en estas tinieblas hay que buscar una religión, tener un determinado comportamiento y ciertas creencias. Una vez salidos de estas brumas, después de penetrar en el aire puro, los hombres contemplan el sol del Rostro del Amigo, el Imam; contemplan sus luces directamente y sin velo, sin tener que ocultarse, pues las leyes ya no son leyes, la religión ya no es religión y las instituciones tampoco son instituciones24. Pero entonces, es necesario que nosotros mismos alcancemos el nivel espiritual en el que Amigo, el Imam, se haga visible. El Imam no puede precedernos, pues si llegara antes de que nosotros fuéramos capaces de reconocerlo no nos beneficiaría en absoluto. Como dicen estos versos: "El Amigo está más cerca de mí que yo mismo, pero, y esto es extraño, yo estoy lejos de él". Así, si el Imam acudiera antes de que llegáramos nosotros, es decir, antes de que hubiera cambiado algo en nuestra forma de ser, ni siquiera lo veríamos; no nos ayudaría, estaría incluso en contracción con la sabiduría. Por el contrario, cuando nuestra capacidad espiritual ha cambiado y nos hemos transformado, eso quiere decir que hemos ganado altura. Como ya hemos dicho, tenemos que salir del pozo; debemos ganar altura para alcanzar ese lugar en el que el Imam se hace visible. El nombre de ese lugar, en la lengua de los teósofos (ahl-i ḥikmat), es Hūrqalyā.
Cuando nuestro mundo, este en el que nos encontramos, gana altura hasta alcanzar el nivel de Hūrqalyā, ve allí mismo el esplendor de su Imam. La Verdad se desvela. La Tiniebla se disipa. Cambian las condiciones. No pienses que esta realidad espiritual esté lejana. Se acerca, pues ya han aparecido los signos de la realización y de la crisis. Sopla la brisa del mundo de Hūrqalyā, y el perfume de este mundo ha llegado hasta los sentidos que posee el alma de los Verdaderos Fieles. Tú mismo, si eres capaz de sentir, en las páginas de este libro y en las palabras que contiene, percibirás el perfume que emana de las flores del mundo de Hūrqalyā. Pero ten cuidado, hay muchas personas de naturaleza débil y contrahecha que quema estos perfumes, y entonces sienten vértigo. Sin embargo, muchos de los que por naturaleza merecen plenamente el nombre de "hombre" se deleitan con estos olores embriagadores que se convierten en el alimento de su alma. Entonces la evidencia está ahí, ¡así lo quiera Dios!, Hūrqalyā está cerca.
XI