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The Case Study as a Method for Exploring Expert Music Teaching

Durante mucho tiempo en la llamada “escuela tradicional” la frase “La letra con sangre entra” ha servido como pretexto para realizar las prácticas y utilizar los métodos más

bárbaros y menos apropiados para iniciar a los niños en el mundo de la palabra escrita; en este sentido, el hecho de leer es concebido como un simple acto mecánico de decodificación sin importar la búsqueda de significado y el sentido comunicativo que ésto ofrece. Leer, entonces, se convierte en un acto ajeno a los interese y deseos del niño, sobre todo porque no parte de una propuesta significativa, sino más bien, se imparte desde la obligatoriedad y desde la autoridad; con materiales de apoyo nada cautivadores y sí lo bastante vacíos y carentes de significado como para que nunca más se desee leer durante toda su vida.

Al respecto Marc Soriano afirma: “La escuela tradicional, después de enseñarle al niño los mecanismo de lectura se revela incapaz de darle el gusto de leer y no logra despertarle el interés por este apasionante hábito”. Y ésto es cierto. El tratamiento que le ha dado la escuela a la lectura ha sido altamente didáctico, en ningún momento de placer y libertad; la ha reducido a un instrumento para medir la capacidad de comprensión lectora de los estudiantes y no para despertar un verdadera interés por ella; se lee para el maestro, para satisfacer sus exigencias, nunca para sí mismo, se lee para repetir, para reproducir un modelo prefijado; se olvida el carácter creador de este proceso y toda la atención se centra en la memoria, en la reproducción. La capacidad de asombro, de cruzar fronteras, de producir placer, de conocer y crear otros mundo es suplantada por la imposición, la amenaza y el castigo.

Desde esta perspectiva, leer es sinónimo de trabajo tedioso, asfixiante y aburrido. Y si bien es cierto que la modernidad ha abolido los golpes para que entre la letra, hay otras prácticas

no menos violentas que hacen sangrar el alma. Así las cosas, el verla únicamente como la de decodificación de un código lingüístico hace que los estudiantes se desmotiven y desvinculen hacia la misma, adoptando una actitud pasiva encajada en lo riguroso, patrones formales “pavimentados” en un lenguaje estrictamente normativo que poco a poco va creando una frontera entre la palabra permitida y aquella espontánea que sólo sirve para jugar. El excesivo uso de patrones y secuencias establecidas, las estructuras complejas y los significados estrictos, no sólo han hecho perder la fascinación por esta aventura estimulante, sino que ha formado la sensación de que lo propio, dinámico y creativo no encaja en el acto comunicativo.

Después de esta concepción, se quiso poner a la lectura al alcance de los niños, y nada mejor para ellos que vinculándola con el juego; se empezó entonces a hablar de “promoción y animación de la lectura”, pasando entonces al otro polo. Se dejó la academia con su marcado acento de castigo y se reunieron todos los recursos para empezar la función, muchos fueron sus impulsadores y protagonista, quienes asumieron el hecho de fomentar la misma como una actividad que debía ser similar, por no decir igual, a cualquier espectáculo recreativo.

Este carácter de juego que se le dio a la lectura y que aún en muchas instituciones se viene presentando, constituye un arma de doble filo, ya que se tornó como un pretexto para jugar, pintar y tener a los niños entretenidos por un periodo determinado de tiempo, desvirtuando su verdadero efecto, pues sucede que muchas personas y planteles educativos han interpretado mal el propósito de su promoción y animación y lo han confundido con esa

clase de lúdica y recreación con que suele “animarse una fiesta infantil”. Entonces es válido cualquier cosa: desde de convertirse en un payaso, hasta pasar horas actuando, cantando y dibujando.

De esta forma, la lectura pasó de ser el “instrumento” con que se castigaba a los niños en la escuela, a ser un recurso didáctico para divertir a los estudiantes, facilitar el trabajo de los educadores y hacer cualquier otra rimbombante actividad, con tal de no tener que leer más; pero aún queda una oportunidad, la posibilidad de concebir la lectura para la vida misma; esto implica en primer lugar una reflexión sobre la relación pedagógica que se teje entre maestros y estudiantes; dicho vínculo no debe estar limitado por un “reglamento” o unas “normas” rígidas, ya que éstas empobrecen cualquier relación que se presente. Toda estructura prefijada a espaldas de los educandos, sin tener en cuenta sus gustos, intereses y niveles de experiencia, fracasaría aunque esté llena de buenas intenciones, es decir, que lo verdaderamente imprescindible no es la norma, sino las personas a quienes va dirigido.

Se trata más bien de establecer criterios que promuevan un acercamiento placentero con el proceso lector, formas de interactuar, en las cuales prime la comunicación y la libertad de elegir cuándo, dónde, cómo, cuánto y qué leer; formas propicias para establecer situaciones abiertas en las cuales se pueda intercambiar experiencias y hacer recomendaciones. En fin, lograr que la escuela sea menos castradora del deseo de niños y jóvenes, y que permita un acercamiento más enriquecedor, placentero, autónomo y significativo; tal vez la única vía posible para alcanzar las metas propuestas, sea que la lectura trascienda las paredes del aula

y envenene de gusto a los estudiantes para siempre, es brindándoles la oportunidad de llegar a la misma por la vía del placer.

Con relación a lo anteriormente expuesto, se puede afirmar que leer no es sólo identificar el repertorio de signos que conforman un alfabeto y poder agruparlos en sílabas, palabras y frases; leer no es únicamente “vocalizar” esas letras, es mucho más, es comprender, interpretar, descubrir, interiorizar o reflexionar sobre un sentido. Es apropiarse del significado y la intención de un mensaje, relacionándolo con los sentimientos, creencias y emociones de quien se atreve a disfrutar de esta aventura y reto estimulante, donde se conjugan un sinnúmeros de perspectivas, propósitos y expectativas; en otras palabras, leer es una vivencia personal y única, un ejercicio creativo, un detonante de posibilidades y un acto de comunicación.

A través de la lectura, el hombre puede apropiarse de todo el conocimiento acumulado por las generaciones que le han precedido, ese cofre donde la humanidad ha depositado el resultado de su indagaciones, reflexiones y fantasías; así ésta es la llave mágica que permite abrir ese preciado cofre y nutrirse con los tesoros que contiene en su interior, es una herramienta, un instrumento indispensable para tener acceso a las diversas ramas del saber. Igualmente, por medio de la misma los lectores pueden hallar respuestas para las múltiples preguntas que se formulan, encontrar soluciones a los conflictos existenciales, apropiarse de modelos que contribuyen al perfeccionamiento de la conducta, al enriquecimiento ético y espiritual. Esta habilidad puede ser un magnífico catalizador para angustias y temores,

puede modificar actitudes, estimular el deseo de ser mejores, de superarse y ampliar la visión de mundo.

Con la lectura, el individuo puede ampliar su vocabulario, apropiarse de nuevos conceptos e ideas, acceder al maravillosos universo del arte y la literatura, con ella el hombre se conoce mejor a sí mismo y se reconoce como parte de una comunidad o de determinado grupo social; es una excelente vía para enraizarse en las tradiciones, aprender y valorar otras culturas y entender a los demás. Pero este proceso, no sólo es importante por desempeñar esas y otras funciones que van de lo cognoscitivo a lo afectivo y lo social, también lo es porque constituye un importante medio de recreación, entretenimiento y diversión. Leer puede ser también un juego ameno, enriquecedor y apasionante, un acto placentero, un espacio para ejercer la capacidad de fantasear, para dar rienda suelta a la imaginación, para soñar y fabular libremente.

Gracias a estos elementos el hombre aprehende su realidad por medio de tres facultades innatas: pensar, sentir y actuar. La primera se manifiesta mediante la comprensión, la reflexión y el discernimiento; la segunda se expresa con la emoción o la sensibilidad y la tercera en el ejercicio de la praxis. La realidad se hace más evidente y consciente para el ser humano a través de la lectura, cuando ésta se adopta de modo sistemático, lo que permite ser un instrumento facilitador de construcción de vida.

La lectura tiene sentido cuando posibilita el desarrollo integral del individuo y en una dimensión más amplia, de la sociedad, además afianza y transforma la condición de vida

del hombre y su entorno. Es así, como su promoción debe partir de propósitos y acciones programadas, y trascender más allá de la acción individual; así mismo, debe entenderse como “la ejecución de un conjunto de acciones sucesivas y sistemáticas, de diversa naturaleza, encaminadas a despertar o fortalecer el interés por los materiales de lectura y su utilización cotidiana, no sólo como instrumentos informativos o educacionales, sino como fuentes de entretenimiento y placer”

Promover la lectura, es entonces, despertar necesidades, generar actitudes, forjar hábitos y formar un hombre integral, que se valga de la misma como un elementos imprescindible para su proyección social e individual, que pueda disfrutar y enriquecerse con el tesoro de palabras que le legaron sus antecesores; dicho de otra manera, se trata de crear un sólido vínculo y lograr que el individuo recurra regularmente, y por su propia voluntad, a los materiales de lectura como medio eficaz para satisfacer sus demandas cognoscitivas y de esparcimiento y resultado de una necesidad vital.

Por tal razón, todas aquellas personas o instituciones que de manera consciente y organizada desarrollen con sistematicidad, acciones encaminadas a estrechar los vínculos entre la población y la lectura, serán promotores de la misma, verdaderos lectores con la convicción de que ésta es un ejercicio útil, que perfecciona el pensamiento, ennoblece el espíritu, hace avanzar al ser humano y a la sociedad en su conjunto, por el camino de su mejoramiento, con el objetivo de despertar y desarrollar entre sus semejantes el placer que se experimenta con la lectura.

NIDOS PARA LA LECTURA: EL PAPEL DE LOS PADRES Y EDUCADORES EN