CHAPTER 4 Identifying good practice
4.2 Case study overview
Si volvemos sobre las figuras 1-3, veremos que se han diseñado, en apariencia, para que casen con los hechos, esto es: he sincronizado deliberadamente un máximo de dos ritmos/palabras neuronales con el primer ciclo apha, y al sumarse un elemento en el segundo ciclo, he forzado la transferencia. Ahora bien, se tiene constancia de que, en el caso del hipocampo, por ejemplo, el ritmo theta puede modular múltiples ritmos gamma. Por lo tanto, tengo que dar una razón por la que los sistemas externos no pueden lidiar con más de un ritmo gamma ni más de uno beta, si pretendo explicar a partir de la dinámica cerebral la constricción de la antiidentidad y el resto de propiedades que se siguen de ella.
Al reflexionar sobre el asunto en cuestión, me percaté de que la pregunta esencial podía ser qué tipo de sistema es incapaz de sostener múltiples ritmos en la misma banda. La primera respuesta fue: una sola neurona, capaz de resonar a múltiples frecuencias, pero no de sostener simultáneamente varios ritmos en una misma banda. Es evidente que los sistemas externos no están constituidos por una sola célula, pero sí que el núcleo de la idea es correcto: la localidad. Pensemos ahora en un pequeño grupo de neuronas interconectadas: a la que oscilen, será inevitable que se sincronicen. Por consiguiente, si dos células -simplifico por razones expositivas- empiezan a oscilar en gamma, el ritmo reclutará y sincronizará enseguida la población al completo, y la oscilación acabará siendo una sola. Si paralelamente, en virtud de las múltiples propiedades resonadoras de las neuronas (Buzsáki, 2006), parte de la población genera un ritmo beta, se dará igualmente la sincronía.
Lo que ocurre en nuestra pequeña región, por lo tanto, es que no hay lugar, por ser demasiado local, a más de un ritmo en la misma banda; en términos lingüísticos o un tanto abstractos, no se toleran ambigüedades en las oscilaciones, porque toda oscilación acaba sincronizando la población. Así las cosas, la región local es incapaz de sostener al mismo tiempo más de una oscilación gamma y más de una oscilación beta. ¿Son los sistemas externos así de simples? Por supuesto que no, pero
a pesar de la complejidad estructural y de un número de neuronas que puede alcanzar los millones, puede que sigan siendo demasiado locales, demasiado pequeños, para evitar la sincronización de las oscilaciones en determinada banda.
Si esta intuición es correcta, y si, como defendía en 6.1.4, el cerebro distingue las categorías en función de los ritmos a los que oscila el ensamble neuronal -beta para núcleos de fase, gamma para los no-núcleos de fase-, lo que parecía arbitrario en las figuras 1-3 -esto es, el máximo de un ciclo beta y un ciclo gamma en el complemento de fase- está del todo fundamentado. Dicho de otro modo, podemos explicar la antiidentidad en términos de oscilaciones cerebrales: regiones locales de los sistemas externos, como subregiones del área de Broca, pongamos por caso, se sincronizan inevitablemente para ritmos en la misma banda. Al no poder sostener más de uno beta y otro gamma, no pueden operar al mismo tiempo con más de un elemento de la misma categoría. Si esta explicación de la antiidentidad está bien encaminada, y no he estipulado el mecanismo de labeling propuesto en el punto 6.2, cabe pensar que es posible explicar, una vez desarrollado este tentativo modelo, la teoría de Merge-α y, en consecuencia, explicar lo más elemental de la facultad del lenguaje18 desde una perspectiva mecanicista y que descanse sólidamente sobre la estructura y la
dinámica cerebrales -por ambicioso y prematuro que sea por ahora el proyecto-.
Antes de entrar en cómo explicar algunas propiedades lingüísticas según esta teoría -capítulo 7-, cabe plantearse si realmente estamos moviéndonos de lo global a lo local tras la transferencia/desincronización de los ítems léxicos del ritmo derivacional. En efecto, esto tiene sentido, y puede reflejar otras distinciones teóricas. Si, de acuerdo con lo explicado en el capítulo 2, el componente sintáctico del lenguaje recluta la red fronto-parietal-talámica, y la externalización, por el contrario, las redes del modelo Broca-Wernicke, la transferencia supone de hecho que pasamos de usar el cerebro a escala global en el componente sintáctico a operar con áreas más específicas y de menor extensión postsintácticamente.
Llegados a este punto, las fronteras entre lo sintáctico y lo postsintáctico se diluyen: estamos recurriendo a los mismos mecanismos, a la misma sintaxis neuronal, para transferir los elementos, desincronizándolos del ritmo alpha derivacional, sincronizándolos al theta del hipocampo y los sistemas externos, sobre los que operan las mismas constricciones anatómicas, y que en efecto
18 Podemos resumir lo elemental del lenguje en que el potencial combinatorio virtualmente ilimitado está constreñido por las asimetrías requeridas por los sistemas externos, que necesitan de una distinción mínima y máxima de dos tipos de elementos. El mecanismo para identificarlos y evitar así pares idénticos en determinados dominios -como refleja la antiidentidad- se basa en una asimetría temporal en la transferencia, que obliga a la derivación i) a proceder de forma binaria, ii) a hacerlo cíclicamente conforme a un ritmo de fase-nofase, y iii) a generar asimismo una jerarquía estructural que asociamos a la proyección -y en el capítulo siguiente explicaré mediante la sincronización de ritmos para la relación núcleo especificador-. A tales condiciones, que acaban dotando el sistema de un carácter fuertemente local, están sujetos postsintácticamente el movimiento, la valuación de rasgos, la semántica, la prosodia, la realización morfológica, etc.
explican el porqué del máximo de una oscilación beta/núcleo de fase y una oscilación gamma/no- núcleo de fase. En síntesis: hay sintaxis postsintácticamente, sólo que más local. La sintaxis postransferencia es la misma, pero incapaz de explotar todo el potencial que ofrecen las oscilaciones cuando se reclutan áreas más amplias y cuando juega un papel central el tálamo.
Lo más productivo conceptualmente de esta idea es la observación que me hizo Boeckx (p.c) al respecto: una es la sintaxis de la lengua interna, la otra es la sintaxis de la lengua externa. Por lo tanto, lo que reflejan los círculos rojos de la figura 2 es la distinción teórica entre el lengua-I y lengua-E de Chomsky (1986), el salto de la sintaxis a la morfología, de la sintaxis/semántica a la externalización, del pensamiento intermodular a lo lingüísticamente específico. Estas distinciones han estado fundamentadas teóricamente desde hace decenios, pero si el modelo es correcto, hace evidente algo que cabe esperar desde la perspectiva del cerebro: la sintaxis neuronal, los mecanismos que subyacen a la sintaxis/semántica en oposición a la externalización, son los mismos. Es sólo que, debido a un cambio de regiones globales a otras locales y a una implicación menor del tálamo, podemos sacar menos partido del sistema.