No le sorprenderá, por lo tanto, el hecho de que la falta de sueño afec ta el aprendizaje. Es más, un estudiante muy exitoso puede sufrir
un bajonazo académico con el simple hecho de ajustar la cantidad de horas que duerme. Tomemos a un estudiante estrella, acostum brado a estar entre el diez por ciento de los mejores en prácticamen te cualquier cosa que haga. Un estudio demostró que si duerme un poco menos de siete horas en los días de semana, y unos cuarenta minutos más durante el fin de semana, empezará a contarse entre el nueve por ciento de los individuos con puntajes más bajos pero que no están privados de sueño. Las pérdidas acumuladas durante la semana ascienden a deudas acumuladas en el fin de semana; y si no se salda, esa deuda de sueño se traslada a la semana siguiente.
Otro estudio siguió a unos soldados responsables de manejar maquinaria militar compleja y una noche de privación de sueño se tradujo en una pérdida de un treinta por ciento en la aptitud cog- nitiva en general, con un descenso subsiguiente en el rendimiento. Al aumentarlo a dos noches de privación de sueño, la cifra asciende al sesenta por ciento. Otros estudios ampliaron estas conclusiones. Cuando el sueño se restringía a seis horas o menos durante cinco noches seguidas, por ejemplo, el desempeño cognitivo equivalía al de una persona que llevaba 48 horas sin dormir.
Investigaciones más recientes han empezado a arrojar luz so bre otras funciones que, a primera vista, no parecen estar asociadas con el sueño. Cuando la gente duerme poco, por ejemplo, la capa cidad de utilizar la comida que consume se reduce casi a un tercio. La capacidad de producir insulina y extraer energía del postre fa vorito del cerebro, la glucosa, empieza a fallar estrepitosamente. Al mismo tiempo, la persona siente una marcada necesidad de más y más, pues los niveles de la hormona del estrés empiezan a aumen tar de forma cada vez más irregular. Si se mantiene esta conducta, el cuerpo parece acelerar partes del proceso de envejecimiento. Por ejemplo, si una persona saludable de treinta años duerme poco du rante seis días (en un promedio, en dicho estudio, de cuatro horas cada noche), partes de su química corporal empiezan a comportarse
como las de una persona de sesenta años. Y si se le permite recupe rarse, esa persona necesitará casi una semana para regresar a sus sistemas de treinta años.
En resumidas cuentas, la pérdida de sueño equivale a pérdida de mente. La privación de sueño inutiliza el pensamiento, en más o menos casi todas las formas como podemos medirlo. La falta de sueño afecta la atención, la función ejecutiva, la memoria inmedia ta, la memoria operativa, el ánimo, las aptitudes cuantitativas, el razonamiento proposicional y el conocimiento matemático en ge neral. Con el tiempo, la falta de sueño afecta la destreza manual, incluyendo el control de la motricidad fina (excepto, quizá, para ju gar pinball) e incluso movimientos de la motricidad gruesa como la capacidad para caminar en una máquina caminadora.
Al examinar todos los datos en conjunto, surge una constan te: el sueño está íntimamente relacionado con el aprendizaje. Esto se hace perceptible con grandes cantidades de sueño y con pocas cantidades sueño. Claro está que explicar cómo el sueño mejora el desempeño no ha sido tan fácil como demostrar que sí mejora el desempeño. Dada la importancia de esto para nuestra regla del ce rebro, hagamos un intento.
Piense en la siguiente historia, de la vida real, de un contador felizmente casado y muy dado a los detalles. Incluso profundamente dormido, le da informes económicos a su esposa todas las noches. Muchos de estos informes vienen de las actividades diarias. (A pro pósito, si la esposa lo despierta — lo que sucede a menudo, porque el hombre da sus anuncios financieros en voz alta— , el contador se pone cariñoso y le dan ganas de hacer el amor.) ¿Acaso todos organizamos nuestras experiencias anteriores mientras dormimos? ¿Esto no explicaría todos los demás datos de los que hemos habla do, además de darnos una razón por la cual dormimos?
Para responder a estas preguntas, hemos de regresar a nues tra historia de la desventurada rata que, hace diez años, se quedó
dormida con un montón de cables en el cerebro. Los “cables” son electrodos ubicados cerca de ciertas neuronas individuales. Si co nectamos esos electrodos a un dispositivo de grabación, podemos escuchar a hurtadillas el cerebro mientras este habla consigo mis mo; algo así como un micrófono de escucha de la CIA para captar el parloteo individual de las neuronas a medida que procesan la infor mación. Incluso en el cerebro diminuto de una rata, no es inusual escuchar hasta quinientas neuronas al mismo tiempo. ¿Y qué dicen? Si escuchamos mientras la rata está recibiendo nueva información, como aprendiendo a sortear un laberinto, pronto detectamos algo extraordinario. Oímos cómo empieza a aparecer un patrón de esti mulación eléctrica bien diferenciado y “específico para el laberinto". Con un funcionamiento parecido al viejo código Morse, una serie de neuronas empieza a crepitar en una secuencia con un ritmo espe cífico durante el aprendizaje. Después, la rata volverá a activar ese patrón cada vez que recorra el laberinto. Parece ser una represen tación eléctrica de los nuevos patrones de pensamiento de la rata para sortear el laberinto (al menos, lo que pueden detectar esos casi quinientos electrodos).
Cuando la rata se queda dormida, advertimos que empieza a repetir el patrón de la secuencia laberíntica. Mientras duerme, el cerebro del animal repite lo que aprendió, a la manera de nuestro contador. Ejecutando el mismo patrón en una etapa específica del sueño, la rata lo repite una y otra vez; y más rápido que durante el día. El ritmo es tan frenético que la secuencia se repite miles de ve ces. Si un malvado estudiante de posgrado decidiera despertar a la rata durante esta etapa, llamada “sueño lento", observaríamos algo igualmente extraordinario: al día siguiente, la rata tiene dificulta des para recordar el laberinto, pues parece consolidar el aprendizaje del día durante la noche posterior a ese aprendizaje, y una interrup ción de ese sueño perturba su ciclo de aprendizaje.
Como es lógico, esto llevó a los investigadores a preguntarse si sucedía lo mismo con los seres humanos. ¿La respuesta? No sólo experimentamos dicho procesamiento, sino que lo hacemos de una manera mucho más compleja. Al igual que la rata, los humanos pa recemos repetir por la noche ciertas experiencias diarias de apren dizaje, durante la fase del sueño lento. Pero a diferencia de la rata, los recuerdos con más carga emocional parecen repetirse en una etapa distinta del ciclo del sueño.
Estas conclusiones representan una idea explosiva: durante la noche se produce una especie de procesamiento Hen estado desco nectado". ¿Es posible que la razón por la cual necesitamos dormir sea sencillamente para desconectamos del mundo exterior durante un rato y permitimos canalizar más fuentes de atención hacia nues tro interior cognitivo? ¿Es posible que la razón por la cual necesita mos dormir sea para que podamos aprender?
Suena atractivo, pero, por supuesto, el mundo cotidiano de la investigación es mucho más desordenado. Y muchas conclusiones parecen complicar, si no contradecir, la idea del procesamiento "en estado desconectado”. Por ejemplo, hay individuos con lesión ce rebral que carecen de la capacidad de dormir en la fase del sueño lento, pero que tienen una memoria normal, incluso mejor a la del promedio. Así como hay individuos cuyo sueño REM se ve suprimi do por remedios antidepresivos. Cómo conciliar estos datos con las conclusiones anteriores es asunto de un debate científico intenso. Y lo que necesitamos siempre es más investigación, pero no solo en el laboratorio.
Ideas
¿Y si las empresas y escuelas se tomaran en serio las necesidades de sueño de sus empleados y estudiantes? ¿Cómo sería una oficina de
este estilo? ¿Y una escuela? No son preguntas vanas. Se calcula que el efecto de la privación de sueño les cuesta a las empresas estadouni denses más de den mil millones de dólares al año. Y yo tengo unas cuantas ideas para la investigadón en el mundo cotidiano.