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Define Sanchis Sinisterra el concepto de personaje como “ una serie de enunciados del discurso, precedidos por una misma acotación escénica nominal […]” (2002: 207). En mi obra, en este sentido, aparecen seis personajes: dos femeninos, la Chica y la Autora, y cuatro masculinos que son los Chicos 1, 2, 3 y 4. Ninguno tiene un nombre que lo individualice, sino que representan dos rasgos: sexo y edad. En el caso de cinco de los seis, se distinguen solo por su sexo y edad y, cuando hay más de uno -como es en el caso de los chicos-, se ordenan numéricamente según su aparición en escena.

La Autora, por otro lado, se presenta como una de las dos representaciones del yo de la escritora, siendo este el rasgo autoficcional más visible desde el comienzo. Como ya he comentado, la Chica muestra también esta característica, ya que afirma en algunos momentos que está escribiendo -y en otros que ha escrito- una obra sobre el amor romántico. Este desdoblamiento de la misma realidad responde a la intención de situar a los personajes en planos distintos que al final se nos muestran que no son tales: por un lado, la Autora cree que ya lo ha aprendido y lo sabe todo y se sitúa desde el inicio en el rol de superioridad y control de la situación, juzgando y opinando libremente sobre las situaciones que viven el resto de los personajes; la Chica, por otro, se encuentra aparente e inicialmente en una situación de inferioridad, ha ido aprendiendo a lo largo de la historia y tiene que escuchar los juicios de la Autora. Contra ella arremete al final para hacer visible que son dos caras autoficcionales de una misma realidad: ninguna de las dos existe fuera de la obra y por lo tanto esa superioridad solo es válida dentro de la obra.

Además, he decidido que la mayoría de los personajes fueran jóvenes, ya que van a ser representados por estudiantes adolescentes. Por eso, para remarcar su juventud, son chicos y chica y no hombres y mujer. No indico más rasgos físicos de los personajes que no sean la edad o el sexo, ya que no importa cómo son físicamente. Son personajes tipos: la intención es que el centro de atención se sitúe en el diálogo sin la necesidad de que el espectador se reconozca en ninguno de ellos. Me interesa, en este sentido, que el público se identifique con los hechos

y no con los personajes, que recuerde alguna situación similar que haya vivido directa o indirectamente. Así, se abriría con más facilidad el tema al debate y el comentario de las ideas expuestas en la obra.

En este sentido, si fuera necesario, existiría la posibilidad de cambiarle el sexo a los personajes en las diferentes escenas, de tal manera que -con apenas unos ligeros cambios en los diálogos- el chico podría ser una chica o podrían ser dos chicos o dos chicas: las relaciones homosexuales no han sido tratadas en la obra, pero bien podrían aparecer. Los mitos no son creencias que se limiten a un colectivo u otro, ni tienen en cuenta edad, tendencia sexual o sexo. Como justifiqué en el primer punto de esta memoria, son socialmente compartidos por el grueso de la población. Cambiarle el sexo a los personajes supondría, desde mi punto de vista, dar un mayor peso a la intención didáctica -por una posible mayor identificación de los espectadores; sin embargo, como ya he comentado, el cambio podría hacerse con facilidad, si el alumnado lo demandase.

Por su participación en la obra e importancia, los personajes protagonistas son la Chica y la Autora. Mientras que la primera evoluciona emocionalmente desde el comienzo de la obra hasta el final -al ir deshaciéndose progresivamente de sus comportamientos dependientes-, la segunda se sitúa en su nivel de aparente superioridad moral frente al resto de personajes y no cambia en ningún aspecto. Solo al final la Chica le indicará que la inferioridad de los demás es solo el resultado de la construcción teatral, ya que la Autora es tan personaje como el resto y su supuesta preponderancia responde a las necesidades de la obra y a nada más.

La obra comienza, en la primera y segunda escena -tras el prólogo de la Autora-, con la representación de una Chica que al principio ha aceptado todos los mitos del amor romántico. Más adelante, irá viviéndolos y sufriéndolos e irá cambiándolos, aunque -por coherencia con el carácter fragmentario de la obra- no se muestre ni cuándo ni cómo ni qué circunstancias provocaron esa modificación en sus hábitos amorosos.

Los personajes masculinos, por otro lado, son los portadores de una tesis determinada, de un mito del amor romántico: el Chico 1 representa la idea de que el amor todo lo puede, por lo que la manipulación y el control que ejerce son una forma de afecto; el Chico 2, el romántico declarado, se olvida de cuidar y respetar a “la mujer de su vida”; el Chico 3 defiende los celos como una demostración de amor; el Chico 4 es el más maduro y muestra cómo ha crecido y superado esos mitos.