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Centrally and Sequentially Ordered Phase-Encode Gradi-

5.4 Gradient Echo Imaging

5.4.2 K Space Weighting for Gradient Echo Imaging

5.4.3.1 Centrally and Sequentially Ordered Phase-Encode Gradi-

Será Pablo VI quién conduzca a la Iglesia en sus primeros pasos tras la gran novedad impuesta por el Concilio Vaticano II. Si bien no contamos con referencias directas y específicas en el magisterio de Pablo VI sobre la relación entre la institución y los carismas señalaremos algunos aportes realizados por este Papa que pueden aplicarse a nuestra temática.

Ya en los años inmediatamente posteriores a la asamblea conciliar, el Papa Montini se refirió en numerosas audiencias a la necesidad del cuidado de la unidad de la Iglesia. Esta unidad está expresada en la comunión orgánica que constituye la Iglesia; así como son diversos los órganos del único cuerpo místico, así son diversas las funciones dentro de la Iglesia, donde se distingue la función jerárquica como dirección pastoral.209 Esta función presenta una organización propia con fines de orden y obediencia, gobernada por ministros que reciben una potestad derivada de Cristo y no de la base; se trata de un aspecto esencial de la Iglesia aunque controvertido.210 El mismo Dios le ha dado al mundo la Iglesia como una sociedad orgánica, una comunidad articulada que cuenta con el trabajo de algunos por la salvación de todos, el sacerdocio y la jerarquía.211 Es importante no

―disociar al Espíritu, de la jerarquía, de la trabazón institucional de la Iglesia, como si fueran dos

208M.DELGADO GALINDO,La primavera de la Iglesia, 14.

209 Cf. PABLO VI, ―Audiencia General del 6 de octubre de 1971, en: PABLO VI, Enseñanzas al Pueblo de Dios, Ciudad

del Vaticano, Libreria Editrice Vaticana, T III, 1971, 156-159.

210Cf. PABLO VI, ―Audiencia General del 4 de agosto de 1976‖, en: PABLO VI, Enseñanzas al Pueblo de Dios, T VIII,

1976, 87.

211PABLO VI, ―Homilía del Papa a los seminaristas el 4 de noviembre de 1963‖, en: PABLO VI, Insegnamenti di Paolo

expresiones antagónicas del cristianismo‖, ni pensar que pueda conseguirse el Espíritu sin el

servicio brindado por la Iglesia, ya que el encuentro con el Espíritu Santo está normal y autorizadamente condicionado a la Iglesia jerárquica y al ministerio eclesiástico.213

Esta comunión orgánica se encuentra en peligro por las divisiones en el seno de la Iglesia, especialmente por aquellas que se oponen a la sagrada jerarquía por considerarla guardiana de un sistema o aparato eclesiástico contrario a la institución de Cristo (Cf. PB 3).

En este sentido, observa Pablo VI, se ha producido una disgregación de las hermosas y florecientes asociaciones que agrupaban orgánicamente las filas del Pueblo de Dios y una disminución de los vínculos tradicionales en las parroquias por motivos sociológicos, que han atomizado la cordial unidad. Dos son los motivos de esta disgregación: la crítica a la consistencia orgánica y jerárquica de la Iglesia católica y una excesiva e inexacta concepción del pluralismo.214

A esta dificultad producida por la multiplicación de las posturas críticas a la estructura institucional parece dirigirse la indicación realizada en Ecclesiam suam con respecto al sentido en que debe comprenderse la reforma de la Iglesia donde señala que la renovación de la estructura eclesial no se realiza por vía carismática.

―No nos engañe el criterio de reducir el edificio de la Iglesia, que se ha hecho amplio y majestuoso para la gloria de Dios, como magnífico templo suyo, a sus proporciones iniciales mínimas, como si aquellas fuesen las únicas verdaderas, las únicas buenas; ni nos fascine el deseo de renovar la estructura de la Iglesia por vía carismática, como si fuese nueva y verdadera aquella expresión eclesial que naciese de ideas particulares, - fervorosas sin duda y tal vez persuadidas de que gozan de la divina inspiración-, introduciendo así sueños arbitrarios de renovaciones artificiosas en el diseño constitutivo de la Iglesia‖. (ES 49)

Frente a estos peligros propone ―dar a las relaciones interiores de la Iglesia el tono de espíritu propio de un diálogo entre miembros de una comunidad, cuyo principio constitutivo es la caridad‖

(ES 118), este tono supone asumir la necesidad de la constitución jerárquica de la Iglesia y de la sumisión a ella.

Esta propuesta queda reflejada al presentar la realidad de las comunidades eclesiales de base en la Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi. Estas «pequeñas comunidades» o «comunidades de base» pueden desarrollarse en el interior de la Iglesia, ―permaneciendo solidarias con su vida,

212PABLO VI, ―Audiencia General del 26 de mayo de 1971, en: PABLO VI, Enseñanzas al Pueblo de Dios, T III,

1971,76.

213PABLO VI, ―Audiencia General del 20 de mayo de 1964‖, en: PABLO VI,Insegnamenti di Paolo VI, T II, 1964, 887-

888.

214PABLO VI, ―Audiencia General del 31 de marzo de 1976‖, en: PABLO VI,Insegnamenti di Paolo VI, T XIV, 1976,

alimentadas con sus enseñanzas y unidas a sus Pastores‖ o pueden reunirse ―con un espíritu de

crítica amarga hacia la Iglesia, que estigmatizan como «institucional» y a la que se oponen como comunidades carismáticas, libres de estructuras, inspiradas únicamente en el Evangelio‖ (EN 58). Es entonces donde se presenta como criterio de discernimiento de pertenencia eclesial para estas pequeñas comunidades que busquen alimentarse en la palabra de Dios sin polarizaciones políticas o ideologizaciones, que eviten posturas contestatarias e hipercríticas y que permanezcan firmemente unidas a sus iglesias locales y a la Iglesia universal guardando una sincera comunión con los Pastores (Cf. EN 58).

Si vemos en estas comunidades de base un ejemplo de desarrollo de la dimensión carismática de la Iglesia, podemos extrapolar entonces desde el pensamiento de Pablo VI que para una adecuada integración en la organicidad de la Iglesia de realidades carismáticas estas no deben nunca considerarse las únicas depositarias del Evangelio, sino que deben ser conscientes de la universalidad de la Iglesia que se encarna en formas que no son las de ellas; deben desarrollarse y crecer con responsabilidad, celo, compromiso e irradiación misioneros; y lo deben hacer siempre en unidad con la dimensión jerárquica de la Iglesia, expresada en el cuidado pastoral de los obispos. Al dirigirse a los religiosos y religiosas, claramente miembros de la dimensión carismática de la Iglesia en el desarrollo conciliar, los exhorta a participar de la misión de la Iglesia colaborando en todas sus iniciativas en los múltiples campos de trabajo, respetando siempre el carácter propio de cada Instituto, pero recordando que la exención no dispensa a la vida religiosa de someterse al cuidado pastoral de los obispos responsables de esas tareas (ET 50). En el discurso a los superiores religiosos señala que el Concilio Vaticano II dejó claro el carácter carismático de la vida religiosa y es el Espíritu Santo el que hace que la inspiración carismática y la trabazón jurídica de la Iglesia se compaginen de forma adecuada gracias al servicio de discernimiento de los pastores.215