• No results found

(1) (2) (3) (4) (5) (6) (7) (8) (9) (10) (11) (12) Change in early stage

Que el oficio de Maestro de Novicios en las Religiones trae consigo gran dificultad y trabajo.

Para entender mejor la dificultad y trabajo que trae consigo el magisterio de la educación de los mozos en las Religiones, me parece medio proporcionado considerar el fin para que fue instituido, que no fue otro —a mi parecer— sino para enseñar nuevas costumbres a los que huyendo del incendio de la infernal Sodoma8,

como lo hizo Loth9, vienen a ellas para ponerse en salvo en el monte alto de la

perfección evangélica. Y porque no es posible al que nuevamente sale huyendo del mundo habituarse en las costumbres de la vida monástica, sin dejar primero las de la vida seglar, que son contrarias a ellas, de aquí es que el magisterio de instruir gente moza trae consigo dos trabajos de gran dificultad, que son desarraigar de la naturaleza mal inclinada los hábitos viciosos que echaron raíces en ella,

8 In marg. Gen. 19. Esto es, Gen 19, 23-24: “El sol asomaba sobre el horizonte cuando Lot entraba en Soar. Entonces Yahveh hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego de parte de Yahveh. Y arrasó aquellas ciudades, y toda la redonda con todos los habitantes de las ciudades y la vegetación del suelo”.

9 In marg.: Gen. 13. Esto es, 13, 5-14: “También Lot, que iba con Abram, tenía ovejas, vacadas y tiendas. Ya la tierra no les permitía vivir juntos, porque su hacienda se había multiplicado, de modo que no podían vivir juntos. Hubo riña entre los pastores del ganado de Abram y los del ganado de Lot. Además los cananeos y los perizitas habitaban por entonces en el país. Dijo, pues, Abram a Lot: "Ea, no haya disputas entre nosotros ni entre mis pastores y tus pastores, pues somos hermanos. ¿No tienes todo el país por delante? Pues bien, apártate de mi lado. Si tomas por la izquierda, yo iré por la derecha; y si tú por la derecha, yo por la izquierda. "Lot levantó los ojos y vio toda la vega del Jordán, toda ella de regadío - eran antes de destruir Yahveh a Sodoma y Gomorra - como el jardín de Yahveh, como Egipto, hasta llegar a Soar. Eligió, pues, Lot para sí toda la vega del Jordán, y se trasladó al oriente; así se apartaron el uno del otro. Abram se estableció en Canaán y Lot en las ciudades de la vega, donde plantó sus tiendas hasta Sodoma. Los habitantes de Sodoma eran muy malos y pecadores contra Yahveh. Dijo Yahveh a Abram, después que Lot se separó de él: "Alza tus ojos y mira desde el lugar en donde estás hacia el norte, el mediodía, el oriente y el poniente”.

renunciando —como dijo San Pablo10— la impiedad y los deseos seglares, y plantar

en su lugar hábitos de virtudes contrarias a la inclinación depravada. Y verdaderamente, cuando en este magisterio no se ofreciera otro trabajo sino tener que enseñar costumbres del Cielo a gente terrestre, solo el hacer esto fuera negocio de suma dificultad y cuidado. ¿Pues qué será juntándose con esto el haber de desarraigar costumbres viciosas de naturaleza tan inclinada a los vicios? Sin duda alguna debe ser cosa más grave y pesada de lo que se puede ponderar con palabras. Y aun si parara aquí la dificultad de este magisterio, fuera tolerable el trabajo, y la carga (aunque pesada) se pudiera llevar. Pero trae consigo otra dificultad de tan grande cuidado, que sola ella podría engendrar temor en cualquier pecho que no fuese temerario, y es que para enseñar esta doctrina del ejercicio de las virtudes, aunque las virtudes son unas mismas en respecto de todos; pero los modos del enseñar son tan diversos, cuanto son diferentes las condiciones de aquellos a quien se han de enseñar. Ponderó admirablemente esta dificultad el glorioso Padre y Doctor antiquísimo Gregorio Nacianceno11 en su primera oración apologética.

Considera —dice este Santo Doctor— que un hombre tiene a su cargo un animal monstruoso de muchas cabezas, las cuales, por ser de naturalezas diversas, tienen necesidad para sustentarse de distintos mantenimientos, de tal manera que lo que sustenta y da vida a la una, consume y mata a la otra. Y considera, allende de esto, que el dar de comer a todas ellas según la naturaleza de cada una y el conservarlas con vida es negocio de tan grande importancia, que va la del que la tiene a su cargo en que ninguna de ellas la pierda. Pues siendo las cabezas muchas y las naturalezas de ellas tan varias, y habiendo de ser tan diversos los mantenimientos, y yendo la vida en que se conserven todas ellas con ella, ¿qué dificultad habría en el gobierno y conservación de este animal? ¿Qué trabajo sería necesario para sustentarle? ¿Y qué

10 In marg.: Ad Titum cap. 2. Esto es, Tit 2, 12: “Que nos enseña a que, renunciando a la impiedad y a las pasiones mundanas, vivamos con sensatez, justicia y piedad en el siglo presente”.

11 In marg.: Nacianc. oración I Apolog. San Gregorio Nacianceno (330-390 d. C.), uno de los grandes Doctores de la Iglesia, cuando en 361 fue ordenado sacerdote, forzado por su padre, considerándose indigno para ejercer tan sublime ministerio, huyó a la soledad de Iris, en el Ponto, justificándose con un escrito, la célebre Apología de la fuga (Apologia de fuga sua), sobre la grandeza y sublimidad del sacerdocio cristiano y sus responsabilidades.

cuidado para que no se trocasen los mantenimientos? Sin duda alguna que sería negocio de gran dificultad, de sumo trabajo y de cuidado inmenso. Pues tal es el de todos aquellos a cuyo cargo está el gobierno de algunos súbditos y la enseñanza de algunos discípulos. Porque cualquier congregación —especialmente de gente moza, donde los pareceres y voluntades aún no están rendidas a la del superior— no es otra cosa sino un cuerpo místico con tantas cabezas, cuantos son los súbditos que son en ellas. Y porque las condiciones y calidades son diferentes, han menester distinto modo de gobierno y diversos mantenimientos de doctrina. Notó esto prudentísimamente el gran Pontífice y Doctor de la Iglesia San Gregorio12, en el

Prólogo de la tercera parte de su Pastoral, diciendo: la experiencia nos enseña que entre los animales la hierba que hace provecho al uno suele matar al otro; y el silbo que amansa al caballo suele irritar al perro; y entre las medicinas la que quita una enfermedad, suele acrecentar otra diferente; y entre los manjares el que da fuerza a los varones crecidos, hace daño a los niños tiernos; de suerte que en todas estas cosas, para que no hagan algún efecto dañoso y sean útiles al que las recibe, es necesario considerar los sujetos a quien se aplican. Así pues, los que a su cargo tienen el gobierno y enseñanza de algunos súbditos y discípulos, es necesario que, según la diversidad de los sujetos, apliquen la doctrina que enseñan, que es el mantenimiento con que se sustenta y recibe aumentos de virtudes el alma. De tal manera, que aunque las virtudes que enseñan, en la sustancia se hayan de enseñar unas mismas a todos, sea diverso el modo de enseñarlas, habiéndose en este particular el Maestro como el cocinero industrioso, que de un mismo manjar hace para diversos gustos diferentes guisados. Porque entre los que han de recibir el

12 In marg.: S. Greg. Magno prol. a la 3ª parte de su Pastoral. Cf. San Gregorio, Pastoral, Tercera Parte, Prólogo: “Porque como mucho antes enseñó Gregorio Nacianceno de gloriosa memoria, no todos pueden ser amonestados de una misma manera, porque no tienen todos unas mismas costumbres, y muchas veces daña a unos lo que aprovecha a otros. Hierbas hay con que unos animales se sustentan, que a otros los matan, y el silbo suave del hombre amansa al caballo, y azora al perro y lo inquieta; y una medicina será buena para una enfermedad, que para otra será dañosa. Y finalmente el pan que da fuerzas a un hombre robusto, si un niño tierno lo comiese, le daría la muerte. De manera que la doctrina ha de ser conforme a las calidades de las personas que la oyen, y el pasto se ha de dar a cada uno como lo ha menester, pero no que se aparte jamás de la doctrina común”. Cf. Gregorio Magno, Regla pastoral, Madrid: Ciudad Nueva, 2001, p. 114.

pasto de la doctrina, cual ha menester ruegos, cual amenazas; a este le mueven promesas, al otro castigos; uno tiene necesidad de frenos y otro de espuela. Y de aquí es que el apóstol San Pablo13, enseñando a su discípulo Timoteo el modo de

enseñar la doctrina evangélica, le amonesta que inste importunamente cuando hubiere oportunidad, arguyendo, rogando y reprehendiendo. Porque ingenios hay que quieren ser convencidos con razones, otros movidos con ruegos, y otros compelidos con represiones. Y el mismo apóstol14, para ganar a todos, dice que se

hacía todas las cosas, acomodándose a las condiciones de todos, las cuales por la mayor parte son tan diversas, que apenas hay dos entre ciento que puedan ser gobernadas y enseñadas de una misma manera. Y si no se le aplica a cada cual el gobierno y doctrina conforme su naturaleza lo pide, pasa peligro que les haga daño lo que se les enseña por su provecho. Y en acertar este modo, o a lo menos en no errarle por culpa suya, va la vida del alma de los que enseñan. Pues es precisa obligación de su oficio y el aprovechamiento o pérdida de los que son enseñados. ¿Pues qué cosa puede haber más trabajosa ni de mayor dificultad que acertar a hacer esto? Y no paran aquí los trabajos de los Maestros, sino que como también son Padres espirituales, el afecto paternal con que desean ver a sus nuevos hijos apartados del mal hábito de los vicios y aprovechados en las virtudes, engendra en ellos un cuidado que les anda continuamente royendo las entrañas, y los hacen andar cercados de mil temores, experimentando en sí aquellas ansias y sobresaltos con que andaba el Santo Job15, cuando (en la consideración de sus hijos )

13 In marg.: 2 ad. Thi. cap 4. Cf. 2 Tim 4, 2: “Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina”.

14 In marg.: 2 ad. Cor. cap 9. Error tipográfico. La cita correcta y completa es 1 Cor 9, 19-23: “En efecto, siendo libre, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más que pueda. Con los judíos me he hecho judío para ganar a los judíos; con los que están bajo la Ley, como quien está bajo la Ley –aun sin estarlo- para ganar a los que están bajo ella. Con los que están sin ley, como quien está sin ley, no estando yo sin ley de Dios sino bajo la ley de Cristo. Me he hecho débil con los débiles para ganar a los débiles. Me he hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos. Y todo esto lo hago por el Evangelio para ser partícipe del mismo”.

15 In marg.: Job. c. 1. Cf. Iob 1, 4-5: “Solían sus hijos celebrar banquetes en casa de cada uno de ellos, por turno, e invitaban también a sus tres hermanas a comer y beber con ellos. Al terminar los días de estos convites, Job les mandaba a llamar para purificarlos; luego se levantaba de madrugada y ofrecía holocaustos por cada uno de ellos. Porque se decía: "Acaso mis hijos hayan pecado y maldecido a Dios en su corazón." Así hacía Job siempre”.

derramando lágrimas y arrancando suspiros, ofrecía a Dios sacrificio por ellos, diciendo: “¿Si pecarán mis hijos? ¿Si entrará el espíritu de blasfemia en sus corazones?” De esta manera, pues, será forzoso a los que son Maestros, si acaso —lo que Dios no quiera— no les falta el afecto de padres, andar con un perpetuo temor y sobresalto, sintiendo en su corazón mil latidos, nacidos del recelo y sospecha de las faltas que pueden hacer sus novicios. Porque si los consideran juntos en el noviciado, temen que algún espíritu de ira no los inquiete por ocasión de algunas palabrillas inconsideradas; si en el coro rezando el oficio divino, temen los descuidos que pueden hacer y la turbación que con ellos pueden causar a los religiosos; si en la iglesia ayudando las misas, temen no llegue alguna persona seglar a inquietarlos, apartándolos de sus buenos propósitos; si andando por el convento, temen no se escandalicen de ver alguna faltilla o descuido en los religiosos profesos, de manera que no hay lugar que los asegure de los recelos que tienen. Pues, por la parte que desean su aprovechamiento en el bien, ¿quién puede decir las ansias que los aquejan? Aquí son aquellos dolores de parto con que perpetuamente andaba el apóstol San Pablo16. Aquel decir: “Hijuelos míos, a quien vuelvo a parir de nuevo

hasta que se forme Cristo en vosotros”, ¿en qué entendéis? ¿Cómo no aprovecháis? ¿Si es por descuido mío, o por tibieza y negligencia vuestra? Y por cualquiera de estas causas que sean el no aprovechar sus novicios, les atraviesa un cuchillo de dolor el alma. ¿Cuántas veces este cuidado quita a los Maestros el sueño? ¿Cuántas veces les hace dejar el reposo de la oración? Lo que más es de ponderar, y con razón, es que si acaso carecen de estos cuidados, eso es lo que se los ha de causar mayores, porque es argumento de que les falta el celo y el amor paternal, que es una de las mayores faltas que puede tener un Maestro. ¿Pues cómo es posible dejar de ser trabajoso un oficio sujeto a tantos temores y una vida tan llena de sobresaltos? Pudiera decir otras muchas dificultades que se ofrecen en este magisterio; pero solas

16 In marg.: Ad. Galat. cap. 4. Cf. Gal. 4, 19-20: “Bien está procurarse el celo de otros para el bien, siempre, y no sólo cuando yo estoy entre vosotros, ¡hijos míos!, por quienes sufro de nuevo dolores de parto, hasta ver a Cristo formado en vosotros. Quisiera hallarme ahora en medio de vosotros para poder acomodar el tono de mi voz, pues no sé cómo habérmelas con vosotros”.

estas me parecen por ahora bastantes para que en alguna manera pueda echarse de ver su mucha dificultad y trabajo.

Related documents