• No results found

6 Change in Location of Employment in Response to Changes in Benefits

Es generalmente aceptado que durante el período durante el cual tendió a crecer el exceso de ahorro se desaceleró el crecimiento del nivel de actividad y la demanda agregada (Maddison, 2001). Paralelamente, numerosos signos indican que una caída generalizada en el grado de utilización de la capacidad instalada tuvo lugar, produciéndose incluso una abierta sobrecapacidad en algunas ramas puntuales. Podría postularse así que la combinación de estas dos tendencias representa una causa de la menor inversión de las CNF desde 1980. A continuación se repasan los principales argumentos sobre la debilidad de la demanda en el período y sus efectos sobre la inversión. Asimismo, se describen algunos indicios generales de la caída en el uso de la capacidad instalada que se combinó con el menor dinamismo de la demanda contribuyendo al descenso de la inversión.

Para una parte de la literatura el menor crecimiento de la demanda y, con ello, de las oportunidades de inversión ocasionó el repliegue de la formación de capital observado durante el período posterior a 1980. En efecto, de haberse conservado la relación capital-producto de 1980, la desaceleración del crecimiento de la demanda agregada habría producido una caída de la inversión de las CNF incluso mayor en Francia, Canadá, Japón e Italia (André et al, 2007). En la misma línea, y en contraposición a lo que sugieren los autores de la financierización, Bellamy Foster (2007) y Barba y Pivetti (2012) afirman que la acumulación de activos financieros entre las CNF norteamericanas es un resultado de la incapacidad de las firmas de reinvertir rentablemente sus utilidades en aplicaciones operativas, en este contexto de debilidad de la demanda.

Las causas citadas para explicar dicha desaceleración de la demanda agregada son diversas y han actuado durante distintos lapsos de tiempo: las elevadas tasas de interés reales dañaron la demanda en especial durante los primeros años de la década de 1980; las políticas fiscales restrictivas, y la difusión de programas de austeridad y ajuste estructural lo hicieron durante los años ´90; la desaceleración de las economías del sudeste asiático impactó en la última parte de esa década (Crotty, 2000). Sin embargo, la causa de la desaceleración de la demanda en la etapa post-1980 más analizada en la literatura consiste en la caída del consumo generada por el avance en la desigualdad en la distribución del ingreso.

En particular, Sweezy y Magdoff (1987) sostienen que el lento crecimiento del consumo reduce la utilización de la capacidad instalada haciendo que las firmas deban limitar la reinversión de sus beneficios. En ese sentido, algunos estudios sugieren que la principal fuerza tendiente a la caída del consumo es el avance de la desigualdad en la distribución del ingreso que es a su turno, una consecuencia de las modificaciones sufridas por la inversión. Barba y Pivetti (2012) buscan ofrecer una explicación de la forma en que los cambios sufridos por la inversión desde 1980 en adelante empeoraron la distribución del ingreso, llevando a una menor demanda final y, por último al decaimiento de la propia inversión.

Según estos autores, a diferencia de la inversión generadora de nueva capacidad, desde 1980 cobraron importancia tres tipos de inversión que alteraron la estructura productiva y tendieron a empeorar la distribución del ingreso: (a) los nuevos métodos de producción ahorradores de mano de obra concentraron la distribución del ingreso

generando un desempleo tecnológico que redujo los salarios y la demanda en el largo plazo; (b) los cambios en la composición de la inversión agregada a favor del sector servicios y en detrimento del manufacturero generaron desempleo y caídas netas en el salario promedio, como consecuencia del menor nivel medio de especialización técnica requerida para el personal empleado, la menor proporción de negociaciones colectivas y legislación protectora de empleo más laxa del sector servicios; (c) la relocalización de plantas en el exterior, con las consecuencias enunciadas la sección anterior. Barba y Pivetti aseguran que la concentración en la distribución del ingreso a la que condujeron estas modificaciones, redujeron la demanda final y a su turno deterioraron los estímulos a la inversión destinada a la ampliación de la capacidad productiva.

Hasta el desencadenamiento de la crisis financiera internacional en 2007, una serie de factores actuaron debilitando la capacidad explicativa esta hipótesis. Por un lado, pese a la creciente desigualdad en la distribución del ingreso en Estados Unidos, el consumo privado como proporción del PBI creció en casi 10 puntos porcentuales desde 1980, llevando a una caída proporcional en el ahorro de los hogares. Más aún, la expansión de la inversión residencial por parte de los hogares produjo en este sector una posición financiera neta crecientemente deficitaria (van Treek y Sturn, 2012). Por otro lado, la desigualdad del consumo avanzó mucho más lentamente que la del ingreso (Greenspan, 1996, Krueger y Perry, 2006). Por consiguiente, algunos autores han sugerido que la mayor parte de la desigualdad del ingreso es explicada por componentes transitorios del mismo, permitiendo a los hogares asegurarse frente a las fluctuaciones del ingreso mediante la contratación de crédito para el consumo (Krueger y Perry, op. cit.).

Sin embargo, hallazgos más recientes encuentran que el crecimiento de la desigualdad obedeció en igual o mayor medida a cambios permanentes en la distribución del ingreso, indicando la insustentabilidad de la expansión del crédito como mecanismo para preservar el consumo de los segmentos de la población más desfavorecidos (Moffit y Gottschalk, 2012, Sabelhaus y Song, 2009). En efecto, tal insustentabilidad del crédito al consumo se volvió palpable con la crisis financiera desde 2007 (Rajan, 2010, Barba y Pivetti, 2009)15.

15 Los aumentos la desigualdad en la distribución del ingreso también ocurrieron en otros países del G-7,

aunque los períodos de ascenso y sus efectos sobre el consumo difieren de país en país. En Alemania, por ejemplo, la desigualdad sólo creció desde 2000 en adelante (Bönke, Corneo y Lüthen, 2011), pero esto no condujo a un mayor endeudamiento de los hogares alemanes ni creció la participación del consumo privado en el producto.

Por otro lado, es preciso referirnos brevemente a la contracción en el uso de la capacidad instalada y la aparición de excesos de capacidad. Son relativamente conocidos algunos ejemplos puntuales de ramas de actividad a nivel mundial donde se han acumulado importantes excesos de capacidad. Es el caso de las ramas automotriz, siderúrgica, química y petroquímica, y telecomunicaciones, entre otras16.

Quizás un síntoma del grado en que esto constituye un proceso general sea la tendencia a la caída en el nivel de utilización de la capacidad instalada en la industria de Estados Unidos y Canadá, los países para los que es posible encontrar información estadística sobre el tema. Este nivel mostró una caída neta significativa entre las ramas relevadas por la Reserva Federal y las estudiadas por la oficina de estadísticas de Canadá. En el caso estadounidense la inclinación a disminuir el grado de uso de la capacidad instalada se verifica desde los años `70 y para ramas con diversos grados de utilización “normal” de la capacidad. En cuanto a las ramas canadienses, la evolución es similar desde fines de los ´80. En ambos casos, la tendencia a la caída se ve interrumpida por un crecimiento de la utilización durante el auge de los años ´90 para aquellas ramas que típicamente tienen un menor nivel de uso “normal”. No se registran estudios que aborden el estudio de la utilización de la capacidad en el periodo, por lo que un análisis general de las estadísticas disponibles sobre la misma es realizado en el Anexo III.4. En efecto, algunos estudios han utilizado el argumento del exceso de capacidad para explicar la anémica recuperación de la inversión en Estados Unidos luego de la crisis de 2001. Varios postulan la existencia de un exceso de capacidad generado por el boom de inversión norteamericano durante la década de 1990 (Greenspan, 2002; McCarthy, 2004, French, Klier, y Oppedahl, 2002). Desai y Goolsbee (2004) prueban empíricamente esta hipótesis y encuentran que si bien no es posible atribuir la debilidad de la inversión agregada al exceso de capacidad, sí se corrobora que la baja inversión del sector manufacturero en el período posterior a 2000, se ve afectada por su exceso de inversión en el período previo.

En suma, a la luz de estos elementos es posible plantear que la combinación de la desaceleración de la demanda y la caída en las tasas de utilización de la capacidad instalada afectó negativamente la inversión de las CNF luego de 1980.

16 Además de la gran cantidad de notas periodísticas sobre el tema, para el caso de la industria de las

telecomunicaciones ver Johnson (1987) y el capítulo 10 de Sterling (2006), sobre la rama automotriz ver Humphrey y Memedovic (2003), para el caso siderúrgico ver Blonigen y Wilson (2010).