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5.5 Change vector analysis
portentos divinos que
incitan a reconocer la
intervención de Dios
y la dependencia del
El sueño
de la razón
Una radiografía al alma de escritores famosos
Entrega #14
Juan A. Monroy
Periodista y Pastor evangélico
Cuando duda el intelecto
El intelectual creyente se ve asalta- do con mucha frecuencia por dudas de fe. En realidad, hombres como Unamuno, Nietzsche, Kierkegaard, incluso Camus y Sartre, represen- tantes del existencialismo, vivieron en permanente lucha contra las du- das que continuamente afloraban a sus cerebros.
El conocimiento humano, viene a decirnos la Biblia, es pariente cer- cano de la duda. Cuando las pre- guntas del intelecto encuentran ce- rradas las puertas de la fe, la duda hace su aparición a través de las ventanas del espíritu.
Gerardo Diego dedica en Odas mo- rales un bello poema a la duda. El poeta la describe fija y bravía, gi- rando en torno al quicio de la razón:
Gerardo Diego
Todos los muertos son iguales (#2)
Duda, fija y bravía,
girando siempre en torno de tu quicio,
fuerte matrona mía, contralto del indicio
que abres tu facistol de apuesta y juicio.
La duda es como una pena escondi- da, un río que corre por las profun- didades del ser humano y cuyas aguas inquietan todo el ser:
Tu secuencia que avanza como un oscuro río subterráneo graba y borra esperanza, total ya e instantáneo
eco y surco en la bóveda del crá- neo.
Petrarca decía que el final de la duda es el principio del reposo. Si se quiere evitar el continuo tormen- to interior, la duda debe quedar dor- mida en el hondón de la conciencia:
Sigue, ya no me asustas,
yo te exprimo sustancia y quin- taesencia.
Tus prosas siempre justas van en fatal cadencia a acostarse al hondón de mi conciencia.
La duda no es negación. Es lucha entre la razón y el espíritu. Quien nunca duda sólo se halla a mitad de camino de la auténtica creencia. Tomás, uno de los discípulos de Cristo, duda de las palabras de fe de sus compañeros, pero cuando se en- frenta directamente con el Misterio lo abraza sin vacilación. Gerardo Diego ve así la duda:
Pues negación no eres
ni espíritu del mal, sino verdades que tú vives y mueres,
resquicios, majestades
que turnan, cegadoras soledades.
En la última estrofa del poema, Ge- rardo Diego dice que no debemos dejarnos vencer por la duda. Si no se la aleja a tiempo, puede acabar en desesperación y desequilibrio de la personalidad espiritual. Por esto se impone la lucha:
Que mientras la hora llega del silencio sin ritmo, extenso, mudo,
yo me acojo a tu brega. Sin tacha y sin escudo,
contigo y contra ti lucho desnudo.
La Biblia afirma que la duda provo- ca inestabilidad en el alma. El hom- bre que duda, dice, «es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra» (Santiago 1:6).
Un solo Salmo de la Biblia, el 23, ha contribuido a despejar más du- das que granos de arena hay en las playas del mar. El versículo cuatro de este Salmo dice así: «Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu caya- do me infundirán aliento».
Gibran Khalil, ese tierno y profun- do poeta libanés de educación occi- dental, que tan bellos libros nos ha dejado, dice que la duda es una pena que se sufre en solitario por-
que desconoce que la fe es su her- mana gemela.
Gerardo Diego parece sentirlo de igual manera, porque en el mismo libro Odas morales, junto al poema dedicado a la duda, coloca otro de exaltación a la fe.
La duda, cuando degenera en de- sesperación, se hace destructiva, en tanto que la fe es siempre construc- tiva.
Fe y carne, como símbolos de espí- ritu y razón, mantienen una lucha permanente que sólo cesa cuando se cierra la puerta de las cavilacio- nes y se abren las ventanas a la se- guridad:
Dime tú si procuras
sentir la fe y la carne siempre hermanas.
Espanta conjeturas -murciélagas membranas-, cierra la puerta y abre la venta- na.
En la estrofa siguiente, Gerardo Diego se plantea el origen de la fe y afirma que viene de lejos:
La fe viene de lejos.
Desde antes de nacer clama y porfía.
Luz de estrellas, espejos en que Dios sonreía
a su Madre de cielo y poesía.
Interpretando correctamente la Bi- blia, Gerardo Diego afirma el ori- gen divino de la fe, que antes de nacer en el ser concreto ya clama y porfía desde las estrellas en luz.
Los griegos entendían la fe desde una posición autónoma. El indivi- duo humano elegía y componía el plan que más le agradaba para su vida. La fe bíblica, en cambio, es iniciativa y respuesta. La iniciativa parte de Dios. El habla, revela, co- munica y el hombre responde acep- tando la palabra divina.
En el Nuevo Testamento, Jesús es la última y más perfecta revelación del Padre. Dios habla en Cristo. Esta es la iniciativa, el estímulo a la fe. El hombre debe responder acep- tando el plan propuesto. Es así como lo explica el apóstol Pablo:
«Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu cora- zón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confie- sa para salvación» (Romanos 10:8-10).
Las maravillas de la Naturaleza son portentos divinos que incitan a re- conocer la intervención de Dios y la dependencia del hombre. En el desarrollo de la fe, estos hechos vi- sibles, que testifican del Poder invi- sible, pueden llegar a ser decisivos. En una estrofa que recuerda el ca- pítulo 37 de Job, Gerardo Diego nos invita a contemplar las maravi- llas de la Naturaleza, que constitu- yen un camino abierto a la fe:
Quédate solo y mudo
contemplando esas señas infinitas.
Numerarlas, ¿quién pudo? ¿Quién volar a sus citas,
nadar en ese mar de margaritas?
Estas obras de la Naturaleza que in- voca el poeta son puertas abiertas al conocimiento de Dios. Las ver- dades que en la Naturaleza descu- brimos son imágenes del Creador. Ya decía Spinoza que el poder de la Naturaleza es el poder de Dios. (Continuará). R
Las maravillas de la
Naturaleza son
portentos divinos que
incitan a reconocer la
intervención de Dios
y la dependencia del
Félix Benlliure Andrieux Diplomado en Teología en el Instituto Bíblico Europeo de París. Instalado en España dividió su tiempo entre el pastorado, la enseñanza y la literatura.