5 Endophytic Beauveria bassiana activates expression of defense genes in grapevine and
5.3.3 Changes in expression patterns after treatment with B bassiana
mundo sin problema.
1) CONEXIÓN
¡Conexión! He tenido una idea. Probablemente lo más importante será registrarla correctamente en la libreta de ideas, escribiendo cualquier detalle que haga que la recordemos exactamente como la
tuvimos cuando leamos esa página unos días después. Acto seguido, introducimos esa idea en la incubadora: nos damos, como mínimo, unos días para pensar en ella. Aquí, en esta primera fase (y aunque nos cueste pues tenemos muchas ganas), lo más recomendable es no contar la idea a nadie, sino simplemente ir pensando en ella y apuntar lo que se nos ocurra en esa página de la libreta.
Esta primera fase puede durar desde un par de días a unos cuantos años, puesto que no contaremos la idea a nadie hasta que consideremos que ya está madura y seamos capaces de explicarla en un minuto, en diez o en el tiempo que haga falta, sin olvidar lo más importante: contarla siempre igual. En caso contrario corremos el riesgo de que tras contarla a cinco personas nos demos cuenta que tenemos cinco ideas distintas.
2) MADURACIÓN
¡Maduración! Una vez podamos explicar nuestra idea y responder a tres preguntas básicas (por qué es útil, qué posibilidades hay de transformarla en un proyecto y hasta qué punto queremos involucrarnos en ella), habrá llegado el momento de, sin sacarla de la incubadora, presentarla a un grupo reducido de personas, creando así un “círculo” de confianza. Y lo primero que diremos a las personas que decidamos meter en este círculo, antes incluso de contarles la idea, será que por favor la traten de manera confidencial, ya que todavía no está lo suficientemente madura como para que se conozca.
Con esto conseguiremos dos cosas: la primera y más importante, que la idea no pierda la “protección” que le proporciona el hecho de no ser pública. Y, la segunda, que esas personas a las que se la cuentas comprendan que valoras mucho su opinión, ya que has contado con ellas para madurar la idea antes de ofrecerla al mundo.
El objetivo de esta segunda fase, que como la primera puede durar desde un par de días a varios años, es descubrir por dónde flaquea la idea e, intentando mantener el espíritu inicial, acabar de darle forma. Nuestra libreta de ideas se llenará de comentarios, de análisis de lo que ya existe en el mundo para solucionar el mismo problema o problemas parecidos a los que nos hemos enfrentado, de sugerencias recibidas que pueden llevarnos a realizar modificaciones o a plantearnos preguntas para responder en el futuro, etcétera.
3) DECISIÓN
¡Decisión! Probablemente la fase más complicada será la tercera, donde decidiremos lo importante que es esta idea para nosotros y qué repercusión tendrá en nuestra vida. En esta fase ya disponemos de un documento más elaborado en el que hemos desarrollado la idea y un plan para ponerla en marcha. Podemos llegar a esta fase sin haber decidido totalmente si seguir adelante, pero en caso de que optemos por hacerlo, ya tendremos un planning detrás para empezar.
Llegados a este punto, el objetivo es llegar a cuanta más gente mejor, presentando nuestra idea al mundo. Hace cinco o diez años una de las pocas opciones que teníamos era crear una página web, con el correspondiente gasto.
Hoy en día, en cambio, existen multitud de soluciones que nos permiten dar a conocer una idea sin pagar nada. Podemos crear un perfil en las redes sociales o montar una página web o blog sin pagar nada gracias a las decenas de plataformas a las que tenemos acceso. Mi recomendación es que expliques la idea de manera clara, sin miedo a que la copien, e intentar dar la sensación de que controlas ese campo. La mejor manera de evitar que nos copien una idea es demostrar que somos los que más hemos estudiado ese tema y que, por lo tanto, no tendría sentido perder tiempo en plagiarla cuando pueden contactar con nosotros para colaborar y remar en la misma dirección.
Hecho esto, solo nos quedará pedir a todos nuestros amigos que nos ayuden publicando la idea en sus respectivos perfiles y blogs para que llegue al mayor número de personas posible. Y, luego, lo más complicado pero lo más divertido: ¡empezar a desarrollar esa idea! Dicen por ahí que hay un libro llamado Está todo por hacer que cuenta cómo hacerlo, y otro llamado Optimismamente que nos propone cómo afrontar los problemas que irán surgiendo cuando la idea se vaya haciendo realidad. Nada, por si te interesa seguir leyendo cuando acabes este libro...
Tras describir las tres fases, probablemente nos daremos cuenta de que a lo largo de un día pueden llegar a la fase I varias ideas. El número de ideas que accedan a la fase 2 se limitará a una o dos a la semana (para no cansar a la gente con tantas ideas), y probablemente las que superen la fase 3 no serán más de un par al año. ¡Que no cunda el pánico! Precisamente la magia de tener ideas es que debemos decidir por cuál de ellas apostar, y dedicar toda la energía en transformar esa, y no las demás, en la idea ganadora.
Si le hemos dado importancia al hecho de decidir a quién le contamos una idea, deberíamos darle todavía más importancia al hecho de que alguien decida contarnos su idea a nosotros. Desgraciadamente, no es fácil explicar una idea cuando tenemos la sensación de que, sea cual sea, nuestro entorno más cercano nos responderá:
¿Te has vuelto loco? ¡Esto nunca tendría éxito! Esta sería la típica respuesta de alg uien que nos quiere y
quiere sobreproteg ernos evitando que asumamos el riesg o de fracasar con nuestra idea, sin entrar a valorarla ni un seg undo. También podría ser la respuesta de alg uien que pensamos que nos quiere pero que en realidad no soportaría que triunfáramos, así que quiere evitar que lo intentemos. No es mala idea, aunque... no creo que tú puedas empezar algo así. Con esta respuesta también querrían proteg ernos para que no nos expusiéramos a un fracaso, pero sobre todo querrían desmotivarnos, y para ello nos recordarían nuestras carencias, que podrían ser ampliamente cubiertas por otros que llevaran a término esa misma idea. ¡No has estudiado suficiente para montar eso! ¡Te va g rande este proyecto! ¡No tienes ni idea de este mercado!... y tantas otras frases parecidas. ¡Qué buena idea! Lástima que no hayas nacido en Silicon Valley (o China, o Alemania, o Reino Unido, o...). Siempre habrá un lug ar, un entorno mejor donde poner en marcha nuestra idea. Y precisamente eso es lo que nos remarcaría alg uien que realmente piensa que no triunfaremos nunca con nuestra idea porque hay una desventaja demasiado g rande respecto a otros emprendedores que quieran desarrollarla: hemos nacido, aparentemente, en el lug ar equivocado.
La verdad es que, por triste que parezca, si contamos una idea a diez personas en según qué entornos, es muy probable que más de cinco nos respondan con una de esas tres opciones. Y la razón es probablemente la falta de cultura emprendedora en dichos entornos.
Evidentemente cada una de esas frases tendrá algo de razón, pero lo que todas tienen siempre es una carga desmotivadora de la que nos costará muchísimo librarnos, ya que probablemente si las primeras personas a quien contamos la idea nos responden eso, nuestro cerebro intentará protegernos “de nosotros mismos” buscando a toda velocidad cualquier excusa para que no la pongamos en marcha.
Esta situación nos tiene que hacer reflexionar sobre qué debemos responder cuando alguien nos explica una idea, ya que después del rol de “ideador”, el siguiente rol más importante en el proceso de conversión de una idea en una realidad es el de “consejero” (ya sea de manera formal en el seno de una empresa, o de manera informal como miembro del grupo de personas a quien primero se le cuenta la idea).
Si lo vemos en perspectiva, la mejor respuesta que podemos dar cuando nos explican una idea es siempre esa que nos gustaría recibir a nosotros. Y no se trata de que soltemos un ¡Felicidades, me
encanta, adelante! cuando quizá no lo vemos claro, porque eso sería incluso más perjudicial que una
de las frases que hemos visto antes, sino de que lleguemos a la siguiente reflexión: En caso de llegar a ser usuarios de esta idea,
Cualquier respuesta a esta pregunta será un feedback valioso, sincero, y la mayoría de las veces estimulante para la persona que ha tenido la idea. Y en caso de que de ninguna de las maneras pudiéramos llegar a usar esa idea (por ejemplo, una manera más eficaz de encajar el zapato de mujer en su pie cuando tú no eres una mujer ni usas zapatos de mujer) el mejor feedback que podremos darle es recomendarle una persona que, al ser un potencial usuario de su idea, creamos que pueda dárselo.
Al fin y al cabo, cuando damos un feedback a alguien nuestro objetivo es conseguir que en caso de que esa idea se haga realidad lo haga con las mayores de posibilidades de tener éxito, no juzgarla.
Contar bien una idea es casi tan importante como tenerla. Ya hemos visto cuándo es el mejor momento para contarla, así que toca ver cómo transmitirla con estilo..., pensando en conseguir que esa idea se quede en la cabeza de quienes la escuchen.
Este libro no trata de cómo hablar en público (¡conexión!, acabo de tener una idea...), aunque transmitir ideas de una forma correcta bien merece un capítulo, incluso un libro o una carrera entera en la universidad. Y es que de todas las maneras que existen de transmitir ideas –ya sea hablando, a través de un e-mail, un panfleto, una presentación o una llamada–, si lo hacemos cumpliendo una serie de pautas, podremos duplicar e incluso triplicar las posibilidades de que la idea no sea olvidada. Veamos cuáles: