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The changing purpose and needs for soil mapping in Victoria 48

Chapter 3 Spatial soil information: user needs, new prediction methods and uncertainties

3.3 Soil mapping, benefits, costs and utility 47

3.3.1 The changing purpose and needs for soil mapping in Victoria 48

Como ya se mencionó anteriormente, la plaza mayor puede ser el espacio más complejo de una ciudad por sus relaciones históricas y socio-culturales. Las teorías hermenéutica (de Ricoeur) y dialógica (de Bajtín) sirven para aproximarse a su comprensión desde su complejidad.

La hermenéutica aplicada al campo de la arquitectura se refiere a la interpretación que existe de un proyecto de arquitectura entre sus partes y el todo de un modo circular continuo,32 involucrando los componentes espacial y temporal. La

arquitectura se convierte en texto, en narración, gracias al cruce entre el espacio y el tiempo, un tiempo humano que logra penetrar la espacialidad, transformándola y

31 Rossi, 70.

32 Evelina Calvi, "Proyecto y relato. La arquitectura como narración," Arquitectonics. Arquitectura y

dándole un sentido de lugar. Desde el punto de vista hermenéutico, el lugar arquitectónico se lee más allá de su espacialidad geométrica, como un espacio de lo

vivido. Su dimensión vital se expresa a partir de las interacciones que se suceden en

el tiempo y de las que presenta testimonios a través de las variaciones que experimenta. Es en las variaciones donde están las huellas que conforman los hilos de un texto que debe interpretarse. Es un texto poco inteligible que debe descifrarse y no es el producto de un diseño unitario sino de la superposición de tramas y fragmentos narrativos.33

En la arquitectura ocurre un fenómeno semejante al de la narrativa. La narrativa parte de la necesidad humana de relatar algo, sea éste un relato histórico o un relato de ficción. La arquitectura parte de la necesidad de generar un espacio de protección por el simple acto de habitar.

Paul Ricoeur empieza su ensayo “arquitectura y narratividad” refiriéndose al tema de la memoria. Retoma la definición de Aristóteles sobre la memoria: “hacer presente la ausencia”. La memoria es un trabajo de inscripción individual y colectiva que responde a condiciones espacio-temporales.34 La narratividad, por su parte, es hacer

entendible lo enredado mediante un trabajo de reflexión inicial sobre lo que ocurre (acontecimientos).35 Dentro de la filosofía hermenéutica de Ricoeur se puede

encontrar una relación estrecha entre la memoria y la narratividad a partir de un recorrido que va desde la memoria hasta el relato por medio del recuerdo: la memoria llega tanto al objeto construido (arquitectura) como al lenguaje (literatura) a partir del relato o de una “puesta en relato”. El acto de pasar de la memoria al relato se realiza a partir del recuerdo, del hecho de declarar “he estado allí”. Esa declaración de la memoria se inscribe en los testimonios y en un relato donde queda manifestada la experiencia de lo vivido.36

Mientras el relato se desarrolla en el tiempo y pertenece al campo del lenguaje la arquitectura, por su parte, se desarrolla en el espacio y pertenece al mundo material construido. Pareciera imposible una interrelación entre las dos a primera vista. Sin embargo, cuando se habla del tiempo contado y del espacio vivido, aparece una

33 Calvi, 65-66.

34 Rita Messori, "Memoria e inscripción. Temporalidad y espacialidad de la arquitectura según Paul Ricoeur."

Arquitectonics. Arquitectura y dialogía.13 (2006): 35-62.

35 Paul Ricoeur, "Arquitectura y narratividad," Arquitectonics. Arquitectura y hermenéutica.4 (2003): 19. 36 Ricoeur, 10.

nueva dimensión o entrecruzamiento que lleva a pensar que no se puede entender el uno sin el otro.37 Ricoeur concluye que existe claramente un paralelismo entre

arquitectura y narratividad. Aunque él es consciente de esta aparente separación entre ellas, afirma: “la arquitectura es para el espacio lo que el relato es para el tiempo”. Por un lado está el acto de construir en el espacio y por el otro, el acto de narrar en el tiempo: “el tiempo es tiempo humano sólo en la medida en que se exprese según un modelo narrativo”.38 Ricoeur propone fusionar el espacio con el

relato y la arquitectura con el tiempo mediante un entrecruzamiento del espacio y del tiempo con los actos de construir y de narrar. Su análisis se fundamenta en la doble condición de espacio mixto y tiempo mixto: el tiempo del relato es una mezcla entre el tiempo vivido o histórico, el mental y el cósmico. El presente es el nudo del tiempo narrativo y el nudo del espacio construido.39 El espacio construido es una mezcla de lugares (físico-social).

Para Ricoeur existe una doble temporalidad implícita en el acto de “construir- habitar” y una doble espacialidad en el acto narrativo: “entrecruzar la espacialidad del relato con la temporalidad del acto arquitectónico por el intercambio de espacio- tiempo” permite “volver a encontrar, guiados por la temporalidad del acto arquitectónico, la dialéctica de la memoria y del proyecto...”.40 Es importante resaltar el papel que tiene la arquitectura como constructora de lugares y el hecho de que está cargada de ciertos valores como es la memoria colectiva de acontecimientos históricos. El lugar es un elemento de articulación, interconexión y relativización entre el espacio y el tiempo.41

En su análisis hermenéutico, Ricoeur divide el “tiempo del relato” en tres fases: la.

prefiguración, que equivale a la conversación cotidiana (fase previa al relato), la configuración, que equivale al tiempo relatado (o “relato”) y, por último, la refiguración, que equivale a la lectura y relectura del relato. Del mismo modo hace

paralelamente una división del tiempo de la “construcción” o del “objeto construido” de la siguiente manera: la prefiguración como idea inicial, “proyectar” (puesta en intriga), la configuración como construcción real “objeto construido” y la

37 Messori, 37. 38 Calvi, 65. 39 Ricoeur, 13. 40 Messori, 35. 41 Calvi, 65.

refiguración: habitar y usar el espacio, “habitar que rehace la memoria del construir”42 (ver figura 4).

Figura 4. Esquema hermenéutico aplicado a la arquitectura (Ricoeur).

La prefiguración es la primera fase en la que el relato existe en términos de “conversación cotidiana” antes de adoptar una forma literaria, sea ésta histórica o de ficción. En esta fase del “objeto construido” se habla de “proyectar” a partir de la experiencia del “habitar y del construir” precedente. Para relacionar arquitectura y narratividad en esta primera fase se puede decir que “toda historia de vida se desarrolla en un espacio de vida”.43 En esta fase, el objeto construido o edificio representativo de la plaza mayor se encuentra en una idea previa a la construcción, donde existe un consenso entre las voces de las instituciones, el arquitecto que proyecta y la sociedad.

La configuración es la fase donde la conversación cotidiana se convierte en “relato” y pasa del contexto de la vida cotidiana al nivel de la literatura. Se trata de hacer una “historia” con los acontecimientos y convertirlos en una trama. En este sentido, la escritura da durabilidad al objeto literario, así como la dureza del material da durabilidad al objeto construido.

El acto de configuración del “relato literario” tiene tres etapas: la puesta en intriga (reflexión inicial), la inteligibilidad (hacer entendible el relato) y la intertextualidad (confrontación de distintos textos entre sí). La intertextualidad en el objeto construido se refiere a que un edificio no se puede explicar aisladamente sino que debe su explicación al contexto en que se inscribe, sea éste histórico, social, económico o urbanístico. El contexto construido guarda la huella de las historias de vida en el acto de habitar de ciudadanos del pasado y del presente. El nuevo objeto

42 Ricoeur, 14. 43 Ricoeur, 16.

se adapta a las nuevas maneras de habitar que se integran al entramado de las historias de vida ya caducadas.

“...cada nuevo edificio presenta en su construcción (que es, a la vez, acto y resultado del acto) la memoria petrificada del edificio que se está construyendo. El espacio construido es el tiempo condensado.”44

Ricoeur habla del estilo y de la necesidad como dos maneras de entender la configuración y como una posición frente al “qué hacer” de la arquitectura. El estilo se refiere a hacer uso o no de la historia y de la teoría de la arquitectura, la necesidad al hecho de incorporar o no las teorías psicológicas y sociológicas al nuevo proyecto.45

En la plaza mayor no se podría hablar de memoria si no existiera la relación entre construcción-habitar o configurar-refigurar. Los proyectos arquitectónicos, una vez se convierten en objetos construidos, son los que contienen las historias vividas, es decir, la memoria. Son las huellas de un pasado que se traen al presente. Así como el relato se socializa a partir de la lectura y la relectura, la plaza mayor se convierte en un acuerdo donde los proyectos arquitectónicos narran sus propias historias vividas por medio del uso del espacio. La plaza mayor se puede explicar en los acontecimientos en el tiempo. Gracias a ellos las formas (proyectos) se cruzan con el tiempo histórico de la plaza y se pueden comprender sus usos.

Cada proyecto arquitectónico de la plaza se constituye en un “texto” que se añade a los otros “textos” o proyectos que la conforman. Estos textos deben descifrarse para su comprensión dentro de la etapa hermenéutica de refiguración o intertextualidad. En este caso únicamente se habla de edificios representativos, aquellos que finalmente tienen una historia que contar.

La refiguración es la última etapa, donde se aproximan la arquitectura y el relato. En la literatura se refiere al acto de leer, incorporando en esta etapa al lector. Así como la obra arquitectónica no termina con la construcción sino con el uso del espacio, el

44 Ricoeur, 21. 45 Ricoeur, 24-25.

relato no termina con el texto sino con el lector.46 El texto no sólo revela algo oculto sino que transforma la interpretación del lector. El uso del espacio implica una relectura del entorno urbano construido, un aprendizaje no solamente de la yuxtaposición de estilos sino de las historias de vida cuya huella llevan los edificios y los monumentos. La piedra que perdura hace que las huellas que contienen los edificios sean testimonios actualizados del pasado que “ya no es” pero que “ha sido”. Todo este ejercicio plantea la idea de construcción de un “lugar de la memoria” 47

El uso del espacio es la interacción o entrecruzamiento entre objetos y sujetos, de espacio y sociedad en el tiempo histórico. Sin los proyectos y su materialización no se puede hablar de uso. En el uso es donde se cruza el proyecto y su materialización y donde se hacen realidad las intenciones de una sociedad.

El trabajo hermenéutico de la plaza mayor se debe realizar en varias escalas al mismo tiempo. Un ejemplo de ello es que se puede estudiar cada objeto arquitectónico por separado para luego volverlo a unir al conjunto de la plaza (esto en el caso de analizar un único espacio-tiempo de la plaza). Otra manera de aproximarse al análisis es separando cada espacio-tiempo de la plaza y tomando la plaza en su conjunto como síntesis (ver capítulo 4).

Cuando se habla de formas en la plaza mayor se debe hacer referencia a la materialización de los proyectos arquitectónicos, sean estos las construcciones en sus bordes o intervenciones en el espacio público. Surge la pregunta: ¿dónde termina el proyecto arquitectónico en la plaza mayor? Algunos podrán afirmar que termina en el objeto construido, en lo material físico, pero realmente termina en el objeto usado o, dicho en otras palabras, en el “uso social” del objeto construido (es importante entender la relación autor-objeto-usuario).48 Es fundamental comprender

todo lo que ocurre una vez que el objeto arquitectónico es insertado en un contexto urbano (en este caso la plaza mayor). El objeto construido y usado contiene toda la información del proceso previo (prefiguración y configuración), así como información de la memoria, de la historia y de cómo la arquitectura influencia a los grupos

46 Ricoeur, 26. 47 Ricoeur, 28.

48 Ana Paula De Oliveira, "El taller de proyectos como laboratorio: memoria y lugar," Universidad Politécnica de

sociales en sus comportamientos en el espacio de la plaza y en su manera de comprenderlo (ver figura 5).

Figura 5. Esquema hermenéutico por objeto construido a partir de Ricoeur (Muntañola).

Hablar de la plaza mayor es hablar simultáneamente del proyecto como “resultado de la acción” y como “acción”. A partir de situar el texto (proyecto) en la intertextualidad (contexto de la plaza), se puede comprender la plaza mayor desde el uso del espacio de lo configurado-refigurado (o desde lo habitado-construido según Paul Ricoeur) como un lugar de poder y de manifestaciones socio-culturales (ver figura 6).

Figura 6. Relación entre objetos construidos (intertextualidad) de la plaza mayor en el espacio-tiempo. En este caso los objetos construidos son los edificios representativos y modificaciones en el espacio público (Autor).

Es importante aclarar que una plaza mayor, además de sus usos en manifestaciones de poder político (una de las razones que la hace distinta a las demás plazas cívicas) se comporta durante la cotidianidad como una plaza pública más de la ciudad. Esto se puede leer en la plaza de Bolívar (ver capítulo 5). Cada día de la semana es una plaza cívica más de la ciudad en la que el uso del espacio está influenciado por las actividades de los edificios que la conforman en sus bordes, además de las actividades del barrio o sector al que pertenece. La plaza de Bolívar pertenece a un sector de oficinas y comercio principalmente, aunque también hay vivienda y equipamientos como colegios e iglesias, entre otros.

Es fundamental estudiar la fase de refiguración o “uso social” de los proyectos arquitectónicos (edificios representativos) que delimitan la plaza para entender de qué modo se conforma como lugar de poder y de manifestaciones socio-culturales. Sería un error abordar la plaza mayor como si fuera un solo proyecto arquitectónico (dado de una vez y para siempre) porque ésta obedece a múltiples ideales sociales

que son materializados en los proyectos arquitectónicos que la conforman en el tiempo y que, al convertirse en “resultado del acto” o en texto y memoria, se entrecruzan con otros textos y otras memorias. La plaza mayor debe entenderse desde su complejidad, desde cada proyecto arquitectónico y desde su intertextualidad con el conjunto. Los objetos arquitectónicos (edificios representativos) condicionan cómo se usa el espacio de la plaza por parte de la sociedad. Configuran físicamente el lugar de la plaza y generan nuevas relaciones espaciales y sociales con ella.

En la etapa de refiguración de la plaza debe tenerse en cuenta que no es lo mismo una intervención o transformación realizada en el espacio público que la llevada a cabo en un edificio representativo. En el espacio público de la plaza los usuarios son la sociedad en general, así como los distintos grupos sociales que la visitan. En el caso de los edificios representativos, el uso del espacio está dividido en dos aspectos: en primer lugar, en el edificio en sí, con su programa arquitectónico y distribución interior que responde a unos determinados usuarios. En segundo lugar, en su relación directa con la plaza y los usuarios habituales que la frecuentan.

Como conclusión se puede afirmar que es en el uso del espacio de la plaza donde se puede comprender la relación entre los objetos construidos (edificios representativos) y los comportamientos de las personas en el tiempo.