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Chapter 2 Catchment modelling

2.3. Representation of different hydrological processes in catchment models

2.3.6. Channel flow

En este apartado realizaremos tres operaciones. En primer lugar, comentaremos críticamente una propuesta de José Ignacio López Soria sobre el modo de producción (estructura económica, estructura social, formas de conciencia social, intelectuales orgánicos, ideologías políticas, formas de Estado y cultura) en este momento y su posterior configuración teórica. En segundo lugar, trazaremos una semblanza de José María de Pando, sus vinculaciones con Felipe Pardo, describiremos la naturaleza político literaria

de su tertulia y analizaremos íntegramente la Crónica Política Literaria de

Lima (1827) y dos años del Mercurio Peruano (1827-1834/ 1839). En tercer

lugar, precisaremos la importancia de José Joaquín de Mora en la gestación del orden literario y en la creación de textos narrativos. Finalmente, estudiaremos El genio del Rímac, heredero de las inquietudes liberales, abierto enemigo de Pando y su grupo, y el espacio donde se empiezan a publicar novelas por entrega.

2.2.2.1 Modo de producción y discurso de la emancipación López Soria (1977) formuló bajo los planteamientos marxistas un modelo para analizar el modo de producción (MP) en el Perú. La hipótesis principal es que la determinante de la génesis, configuración y dinámica del MP es el hecho histórico de la dominación (20). Analizaremos tres de las variables de su modelo para el periodo que nos interesa.

Considera que los intelectuales orgánicos del periodo son: cleros, togados y técnicos de la planificación. Establece que en los primeros años de la independencia –a la inversa del periodo colonial– se observa cierta preeminencia de los hombres de leyes sobre los religiosos. Posteriormente, con el inicio del capitalismo monopolista dominado emerge la figura del profesional técnico que gradualmente desplazará a los otros (44-5). No se puede negar la importancia de abogados y clérigos en la conformación del orden sociocultural, pero se olvida que el letrado de la primera mitad del XIX es competente también en la producción de discursos literarios que formalizan modelos de aprehensión y constitución de la realidad. También habría que indicar el desfase entre la modernización política y la

modernización social que remite a descolocaciones y discronismos entre los intelectuales orgánicos que nunca funcionaron como bloque homogéneo.

El liberalismo claudicante es la ideología política característica de la oligarquía mediadora ya que renuncia al proteccionismo sobre la propia industria, copia acríticamente fragmentos ideológicos de la burguesía industrial, postula minoritarios derechos políticos y fortalece las relaciones de dominación: el paso de gobiernos democráticos a dictaduras militares se explica porque la forma política no interesa, sino el resguardo de las relaciones de dominación del capitalismo monopolista entre el centro del sistema y las periferias (47). Dos objeciones: a) se sabe ahora que existió un importante grupo de comerciantes, artesanos e industriales que presionaron y consiguieron leyes proteccionistas y un cierto desarrollo nacional35. Por ello,

la imagen de un liberalismo claudicante debe ser matizada y también la supuesta unidad de la oligarquía mediadora; b) en cuanto a los derechos políticos, hasta el final del XIX, los indígenas tuvieron mayores posibilidades de ejercer su derecho al voto que en el siglo XX: la famosa Ley de Piérola excluyó a la gran mayoría de ellos de sus derechos ciudadanos (vide ut

supra, 1.1.2).

Por último, plantea que la forma cultural preferida de la oligarquía mediadora es el teatro costumbrista que refleja un momento superficial y frívolo de la vida de los sujetos: la epidermis de la cotidianidad. Posteriormente, nuestro romanticismo también sucumbe a “un situacionismo intrascendente, plagado de inautenticidad. Se trata de un romanticismo sin vivencia romántica” (54-5). Ambas tesis se refutan fácilmente: el teatro de

Pardo es un teatro político que está lidiando mediante los códigos costumbristas con problemas centrales como la imagen de la nación, las uniones interétnicas, la educación, etcétera. En cuanto al romanticismo, podemos aceptar su debilidad, pero no podemos desconocer que en su seno se gestaron procesos que coadyuvaron a la modernización sociocultural y a la difusión de la modernidad.

En síntesis, el modelo de López Soria es un elaborado intento de ofrecer un mapeo del modo de producción, pero solo posee cierta validez en sus líneas más generales. La tarea inconclusa y que escapa a los marcos de esta tesis es proponer un modelo inductivo que surja del análisis minucioso de los procesos económicos, socioculturales y políticos del periodo. Además es imperativo incorporar en dicho futuro modelo las variables de modernización y modernidad que son construcciones más flexibles y permiten iluminar mayores áreas que las rígidas categorías marxistas.

Muchos años después, López Soria (2001) ha reformulado sus planteamientos y considera que desde el Mercurio Peruano (1791-5) hasta mediados del siglo XIX, predomina en nuestra sociedad el discurso de la emancipación. El objetivo de este discurso, construir una sociedad de individuos libres e iguales ante la ley, se fundamenta en el horizonte epistemológico de la subjetividad, prefiere la deducción como procedimiento cognoscitivo y su criterio axiológico es la naturaleza humana entendida como autonomía y racionalidad y como sustrato de los derechos y deberes del hombre. Su referente paradigmático es la Europa latina y el tipo de experto el jurista y el hombre de letras (48-9). Evidentemente, este cuadro está más cercano a nuestros marcos de lectura, pero igualmente planteamos una

objeción: se está olvidando las tecnologías de discriminación implícitas o explícitas y las prácticas racistas que están dentro de este discurso de emancipación y que lo condujeron al fracaso en su afán de construir un Estado nacional.

Concluido este debate con el único modelo teórico que ha intentado ofrecer una explicación integral del periodo, procederemos en las tres secciones siguientes al análisis de la actuación en la gesta del orden letrado de José María de Pando, Joaquín de Mora y el grupo de liberales doctrinarios.

2.2.1.2 José María de Pando y su tertulia. La Crónica Política

Literaria de Lima y el segundo Mercurio Peruano

No es nuestra intención trazar las vicisitudes biográficas de José María de Pando (1787-1840)36, pero intentaremos identificar las condiciones que

determinaron la forma y el significado de sus ideas. Consideramos insuficiente la calificación de “tradicional” que se adscribe a José María de Pando37 y resulta también parcial la designación de “padre del comercio libre

36 Véase una descripción y valoración de su vida y obra en Basadre (1983: I, 106-108; II, 274-

276). También debe consultarse los artículos de Porras (1926) (1952) (1953) sobre Felipe Pardo y Aliaga donde hay gran información sobre las actividades políticas y literarias de Pando. Hay una breve semblanza de Pando en Porras (1974: 125-130). Una exposición más detallada de sus actividades antes de viajar al Perú puede consultarse, con las reservas del caso, en Mendiburu (1934, VIII: 325). Las investigaciones más exhaustivas sobre las actividades políticas de Pando en el Perú son las sucesivas tesis de Peter Baltes (1968 y 1968a). Una relación de sus obras publicadas, aunque no completa, puede consultarse en Palau (1948, XII: 246). Para contrarrestar los múltiples ataques anónimos por su vinculación con el proyecto político de Bolívar en el Perú, el propio Pando publicó tres manifiestos, en los cuales podemos hallar una autobiografía y una defensa de su actuación política durante el régimen bolivariano (1826) (1827) (1827a).

37 Carlos Ramos considera a Pando como uno de los pocos pensadores que escapa al

esquema de la “modernización tradicionalista” por su “conservadurismo” (1994:67). Trazegnies considera a Pando “un hombre eminentemente tradicional” que adopta en la

Reclamación sobre los vulnerados derechos de los hacendados de las provincias litorales de Lima (1833) un razonamiento moderno (1980: 53).

peruano”38. Estas contradictorias calificaciones no abarcan el arco completo

de sus ideas y no revelan la organización de su discurso, impidiendo una visión unitaria de su devenir intelectual.

En el plano de su actuación política encontramos un paradójico desplazamiento: abandona España en 1823 ante el derrumbe de los principios del liberalismo español y once años después hace lo mismo en el Perú ante el derrumbe de los principios autoritarios. Se derivan de estos dos exilios dos ubicaciones distintas sostenidas con fervor, pero quizá sea posible encontrar más allá de los furores un mismo zócalo que rija las variaciones. Peter Baltes sostiene que fue siempre un partidario de la monarquía constitucional: Por ello, cuando este proyecto fracasó en el Perú con la salida de Bolívar, se adhirió a Gamarra para intentar conservar en el régimen republicano, por lo menos, algunos de sus rasgos a través de una mayor acentuación del sistema presidencialista (1968) (1968a). Esta opción política de Pando sería el hilo conductor de su praxis política y vital.

Ángel Rama, en un conocido ensayo, postula una sugerente categoría para el análisis de las ciudades latinoamericanas: La ciudad letrada, la cual estaba conformada por una pléyade de religiosos, administradores, educadores, escritores y múltiples servidores intelectuales (1984:25) que cumplieron una tarea decisiva en el orden de los signos, al constituir la realidad social de las ciudades dotadas de significaciones. Por supuesto, la administración de la ciudad real correspondía a dichos “letrados”, quienes demostraron durante los trastornos de la Independencia, su capacidad de adaptación al cambio y al mismo tiempo su poder para refrenarlo dentro de

38 Paul Gootenberg (1988: 418). Nótese que este autor restringe el término liberal a los

los límites previstos, garantizando así su propia continuidad como clase por naturaleza dirigente (1984: 55 y ss.).

José María de Pando se ajusta perfectamente a la categoría de letrado descrita por Rama. Estudió en el Real Seminario de Nobles de Madrid, donde la educación, lecturas e influencias estaban destinadas a proporcionar al estamento nobiliario y a otros sectores sociales39 una educación y una

base cultural acordes con sus futuras funciones administrativas y gubernamentales. Pese a la orientación cientificista y militar del Seminario no se descuidó la enseñanza del latín, lectura de los clásicos, retórica y oratoria (Aguilar, 1980: 337); pero sobre todo, el empleo del lenguaje a través de la palabra escrita con funciones redentoras derivadas de la autopercepción de pertenecer a una clase ilustrada y educada para dirigir la res pública.

Pando publicó su célebre Epístola a Próspero en 1826, notable conjunción de la poética neoclásica y la defensa del autoritarismo. Jorge Basadre lo califica como “la figura más importante entre los intelectuales autoritarios que acompañaron al primer gobierno de Gamarra” (HR, I: 280). José María de Pando fue impulsor y redactor de periódicos y revistas como

Crónica Política y Literaria de Lima (1827), el primer periodo del Mercurio Peruano (1827-1834/ 1839) y La Verdad (1832-1833). Además, La Oliva de

Ayacucho (1833) y El Atalaya (1833) del Cuzco fueron inspirados y quizá redactados por Pando (HR, I: 274).

39 Aguilar Piñal sostiene que desde 1790 el Seminario de Nobles de Madrid inicia un marcado

declive, pierde su carácter elitista al quedar incorporado al centro los cadetes de la clausurada Escuela Militar de Ocaña y los estudiantes de la Real casa de pajes. Comienza también la concesión de becas a hijos de militares o personal del real servicio, Se observa también una relajación en las costumbres de los estudiantes y la difusión de nuevas ideas. En este periodo estudió José María de Pando (1980: 345-346).

La dimensión política de la obra de Pando es reconocida por los historiadores, pero su papel en la constitución de las primeras tertulias literarias y en la gestación de periódicos y revistas culturales no es reconocida por los especialistas de la literatura. Una fuente antigua consigna la importancia que desempeñó en la articulación de las primeras redes literarias. El primer presidente civil peruano, Manuel Pardo –hijo de Felipe Pardo–, escribía en el prólogo de las Poesías y escritos en prosa de D. Felipe

Pardo (1869), respecto de las tertulias de 1827-1831, lo siguiente:

El partido que tendia á la reforma por el principio de autoridad, y que, aunque impropiamente ha sido llamado el partido conservador del Perú, tuvo su cuna en la tertulia de Pando. Don José María de Pando, D. Andrés Martinez, D. Manuel I. de Vivanco, D. Pedro Antonio Latorre, D. J. J. Olmedo, D. J. J. de Mora, D. Manuel Urquijo, D. José A. Rodolfo y varios otros formaron, en esa tertulia, el primer núcleo. D. F. Pardo atraido a su círculo por relaciones de familia, por las ideas europeas que en él dominaban y por el comercio literario, que allí alternaba con las discusiones políticas, no tardo en profesar sobre la aplicación de las ciencias sociales al Perú, teorías que se hallaban en conformidad con los principios que su educación escolar y doméstica le habían inoculado (XVI-XVII).

A este testimonio, deben hacérsele dos precisiones. A) J. J. Olmedo es enviado a Londres por Bolívar en calidad de ministro plenipotenciario en 1925, y allí cultiva la amistad de Bello. A los tres años regresa a Guayaquil, donde desempeña altos cargos, entre ellos la vicepresidencia de la República y el gobierno de Guayas; retorna al Perú pocos años antes de su muerte acaecida en 1847. Por lo tanto, no pudo formar parte de las tertulias de Pando entre 1827 y 1831; no obstante, fue amigo de Pando –ambos fueron colaboradores del régimen Vitalicio de Bolívar– y compartió sus ideas. B) Mora recién llegó al Perú en 1831, pero se vinculó rápidamente con el grupo de Pando y Pardo.

Porras (1926) ha sido el primero en estudiar en detalle este cenáculo y ha sintetizado las características de este notable núcleo de pensadores y literatos:

Fundado inicialmente en la comunidad de gustos y de simpatías literarias y hasta quizá en prejuicios sociales de rango, el grupo acabó cediendo a la pasión absorbente de su época, por convertirse en una agrupación política. Por su triple carácter de cenáculo literario, de “elite” social y de partido aristocrático, tuvo naturalmente que vivir distanciado de la multitud, odiado por ésta y pretendiendo dirigirla. El grupo fue pues conservador e impopular (1926:171).

Porras, retomando la cita de Manuel Pardo y analizando críticamente información proporcionada por Riva-Agüero (1905), agrega tres nombres: Hipólito Unanue, José Cabrero y Salazar y Manuel Ferreyros. Posteriormente, traza una breve semblanza de los miembros de esta tertulia: Rodulfo fue un amigo íntimo de Pardo y participaron juntos en la polémica por la reforma del teatro; Martínez (1795-1856), católico ferviente, se distinguía por sus dotes oratorias; Cabrero y Salazar era miembro del Antiguo Régimen, había sido Rector de la Universidad y miembro del Cabildo; Ferreyros (1793-1872) fue diputado de la primera Asamblea, llegó a ser un prominente político y compuso poemas neoclásicos (171- 174).

Porras establece que el Mercurio Peruano fue el órgano literario y político de este cenáculo y en sus páginas podemos notar la evolución del grupo: reserva ante los actos de La Mar (influenciado por el grupo liberal), elogios de Gamarra y, después del golpe de La Fuente y Gamarra, plena adhesión al gobierno de Gamarra. Por ello, decaen las actividades literarias y el grupo se convierte en un “consejillo político de Gamarra” (174).

Luis Monguió sostiene que cuando Felipe Pardo y Aliaga retorna a Lima, tenía 21 años y pronto se orientó hacia el grupo literario y político presidido por José María de Pando en su casa de la calle Piedra; Pando y

Pardo eran limeños de nacimiento y españoles de educación. Ambos compartían un reformismo moderado bajo la batuta de un gobierno fuerte. Además, en el aspecto educativo, Pardo colaboró con José Joaquín de Mora en el frustrado establecimiento del Ateneo del Perú (1973: 3-5).

Dados los testimonios de Manuel Pardo, las inquisiciones de Porras y de Monguió podemos concluir que existió una tertulia política literaria presidida por José María de Pando que articuló a diversas figuras de la época. En el ámbito político, el personaje más prominente fue Manuel Ignacio de Vivanco (1806-1873), el caudillo militar más ilustrado y el perpetuo conspirador que se proclamó Supremo Director del Perú en 1843 y fue derrotado por las tropas de Castilla y Nieto. En el ámbito literario, tenemos dos figuras sobresalientes: José Joaquín de Mora y Felipe Pardo.

A esta estrecha vinculación entre Pardo y Pando, podemos agregar dos nuevos lazos: a) ambos asumieron la redacción de varias revistas y periódicos de manera integral demostrando una capacidad de escritura notable ya que siempre mantuvieron una alta competencia literaria (bajo el paradigma neoclásico supieron asumir el tono de la apología, la ironía, el sarcasmo y la diatriba) y una lógica política inflexible; b) ambos desarrollaron una preocupación por el fenómeno de la esclavitud y, a través de sus textos, constituyen momentos decisivos en la conformación del discurso sobre la esclavitud. Con Pando el sujeto esclavista alcanza su máximo desarrollo y mayor conocimiento sobre la institución en el discurso jurídico con la publicación del folleto Reclamación sobre los vulnerados derechos de los de

los hacendados de las provincias litorales del departamento de Lima 40 y con

Pardo se representa el discurso del personaje esclavo de procedencia africana con notable verosimilitud en textos literarios; ellos en ámbitos diferenciados constituyen hitos centrales en el devenir del sujeto esclavista.

El incipiente campo literario peruano republicano empezó a forjarse lentamente en 182741, fecha en la cual se retiraron de Lima las tropas

colombianas, y está directamente asociado a la presencia de importantes periódicos y revistas que se inician y empiezan a multiplicarse entre 1829 y 1833. Basadre con una de sus clásicas frases denomina a este periodo: “la edad de oro en el periodismo durante el primer gobierno de Gamarra”. El historiador tacneño –apoyado en la Biblioteca Peruana de Paz Soldán– señala que en 1834 había 23 periódicos en Lima, en 1835 disminuyeron a 14, en 1836 solo 5, en el periodo 1837-1839, 8 (HR, II: 293). Esta exacerbación de la libertad de imprenta queda graficada en las continuas demandas de la época para que se multipliquen los periódicos y se rebaje el precio de las imprentas, un ejemplo contundente es la definición que se ofrece en el primer número de El Cañón42 (1833):

La libertad de imprenta no es otra cosa que la facultad que tiene todo ciudadano de publicar y estender por medio de la imprenta sus opiniones, sin censuras, sin ecsamen, sin permiso anterior, quedando solamente responsable del abuso que pueda hacer de esta libertad (1: s/p).

Pando fue el inspirador y principal redactor de dos de los más importantes medios de la época: La Crónica Política y Literaria de Lima (1827) –bisemanario que alcanzó cinco números– y el segundo Mercurio

41 Curiosamente ese mismo año se publica la primera revista científica del Perú que revelaba

la incipiente autonomía del discurso científico de las preceptivas religiosas y morales, el

Memorial de Ciencias Naturales y de la Industria Nacional y Extranjera editado por Nicolás de

Piérola y Mariano de Rivero que logró publicar 84 artículos a lo largo de dieciocho meses (Basadre, HR, II: 288).

Peruano43 (1827-1834 / 1839). Del primero sostiene Porras que es la “primera

revista literaria” que pretendió “dar a conocer las novedades literarias y filosóficas de ultramar” y que “no tuvo acogida en el medio iletrado” (1926:172). Por su parte, Basadre plantea que es uno de los mayores exponentes del periodismo de opinión por la calidad de sus artículos políticos (II: 288). Analizando la colección de La Crónica Política y Literaria de Lima, encontramos que se incluyen los siguientes textos asociados a la literatura: una noticia elogiosa sobre el poeta español Juan Meléndez Valdés44, una

“anécdota interesante” formada por un breve texto narrativo anónimo de carácter histórico y con pretensiones de verdadero que se presenta como una historia ejemplar, una anónima poesía (silva) de tema amoroso nostálgico y