• No results found

CHAPTER FIVE: ANTHROPOMETRIC PATTERNS OF CHILDREN AGED FIVE YEARS AND UNDER

Los GAM abordan situaciones muy variadas y no siempre parten de los mismos objetivos. Esto determina la existencia de diferentes tipos de GAM que responden tanto a problemáticas y objetivos distintos como a diferencias en su composición. Para qué y

quiénes serían las preguntas elementales sobre las que se puede establecer una tipología inicial de GAM. Aquí me limitaré a recoger las clasificaciones más habituales y

reconocidas, que resultan suficientemente operativas en la práctica.87 Considero, sin embargo, que en desarrollos posteriores habría que intentar construir tipologías alrededor de las diferentes narrativas que producen los GAM y a partir de las aplicaciones de la reciprocidad observables en ellos.

La clasificación más común en nuestro país diferencia tres tipos de situaciones genéricas:

1. Grupos de personas afectadas por enfermedades crónicas o de larga duración y por trastornos congénitos. Es, con mucha diferencia, el sector de GAM cuantitativamente más importante.

2. Grupos de personas con adicciones. Este sector tiene una especial significación histórica y simbólica, puesto que los primeros GAM aparecen en el campo del alcoholismo.

3. Grupos de personas con situaciones de difícil asimilación. Este es, en realidad, un sector misceláneo en el que se agrupan las problemáticas que no forman parte de los dos anteriores. Las consecuencias de conflictos familiares, la soledad o las pérdidas de seres queridos son ejemplos significativos de este tipo de situaciones.

Los GAM se clasifican también según quienes son sus componentes: 1. GAM de personas afectadas.

2. GAM de familiares de personas afectadas, que a veces incluyen también a amigos.

3. GAM mixtos de personas afectadas y familiares.

4. GAM de profesionales.88

En función de los objetivos y actividades se establece otra clasificación:

1. Grupos para el intercambio de información y de experiencias. Esto implica la adquisición y desarrollo de conocimientos y habilidades útiles para manejar la situación que se vive.

2. Grupos para realizar actividades de relación social o de tipo recreativo. En estos casos “salir de casa” es la motivación principal. Se constituyen en situaciones que conllevan aislamiento social, algo frecuente en afecciones crónicas.

3. Grupos enfocados hacia la creación y prestación de servicios. Cuando ésta es la finalidad principal derivan en estructuras más complejas como las AS. Como

87 Sigo a Roca, Llauger (1994: 216-217) que, como en otros aspectos, es el mejor resumen que tenemos a nivel descriptivo.

88 Prácticamente ausentes en España donde, cuando existen, raramente llegan a formalizarse como tales. Aparecen en lugares como las unidades de cuidados intensivos o de pacientes terminales.

ejemplo pionero en Cataluña se puede citar a las clases de rehabilitación de la voz organizadas por grupos de personas laringuectomizadas.

4. Grupos de presión social. Tienen carácter reivindicativo y también derivan fácilmente en otras formas asociativas. En esta categoría son bien conocidas las actuaciones de grupos de minusválidos contra las barreras arquitectónicas. También merece ser citado el éxito de los hemofílicos catalanes en su lucha por conseguir unidades de cuidados integrales para su colectivo.

5. Grupos de apoyo emocional. Aparecen en prácticamente todas las situaciones susceptibles de propiciar la formación de GAM, especialmente cuando conllevan un fuerte componente de angustia. Es el tipo de grupos más proclive a generar formas confusas que en realidad son grupos terapéuticos o de apoyo con intervención profesional.

Hay que añadir a estas tipologías la que divide a los GAM en anónimos, según el modelo de Alcohólicos Anónimos que será presentado en el siguiente punto, y en GAM no anónimos en los cuales se utilizan abiertamente los nombres y apellidos de sus miembros. El anonimato, lógicamente, facilita la integración al grupo en las situaciones más estigmatizadas y tiene mayor sentido cuando no se piensa en una estancia muy prolongada en el GAM. Por otra parte, y Alcohólicos Anónimos es una buena prueba de ello, el anonimato dificulta utilizar las funciones de representación de la entidad como plataforma de prestigio o de poder, contribuyendo así a mantener la horizontalidad. Se habla también de grupos abiertos o cerrados según se admita o no la presencia de nuevos componentes. Los grupos de acogida de nuevos afiliados son los grupos abiertos por excelencia.

Como todas las clasificaciones, las que acabo de presentar adolecen de una excesiva rigidez. En la práctica las categorías enunciadas es frecuente que aparezcan formando múltiples combinaciones y articulaciones. Tales articulaciones plantean la necesidad de poner en marcha nuevas actividades además de la ayuda mutua propiamente dicha, impulsando el proceso organizativo que conduce a determinados GAM a desarrollar una AS. Un proceso que propongo etiquetar como modelo clásico de formación de las AS, porque históricamente está en el origen de estas organizaciones (Riessman, 1995).

En las tipologías mencionadas se ha apuntado que los grupos enfocados hacia la prestación de servicios y los de tipo reivindicativo son los que más tienden a convertirse en AS. Y dentro de las combinaciones de fines y actividades aludidas, las que tienen este mismo carácter son también las que más propician la transformación de los GAM originales en AS. Tanto la prestación de servicios como la presión social son actuaciones que se dirigen a producir cambios en el entorno social e institucional, lo que

supone entrar en una dinámica que excede al pequeño marco de la interacción intragrupal. Si en un GAM ésta última funciona sobre relaciones basadas en la vivencia, a partir de lo que en el punto anterior calificaba como constelación de los síntomas, la prestación de servicios y la presión social implican otro tipo de lógica. Cuando no se percibe esta diferencia de niveles de actuación y de elaboración simbólica, el discurso de la racionalidad técnica y política se impone fácilmente a la intersubjetividad interna del GAM, arrinconándola a un lugar menos relevante. Por otra parte, la reivindicación de nuevos servicios o la creación de los mismos por las propias AS, no acostumbra a cuestionar los modelos existentes. Solamente se exige su extensión a nuevos colectivos o el aumento de sus prestaciones. Por esta vía los modelos de intervención profesionalizada se instalan fácilmente en las AS.