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Hacia el año de 1617, o sea unos años antes de que estallara la guerra, Juan Valentín Andreas pareció cambiar de actitud hacia “Cristián Rosencreutz” y sus “hermanos”. El mito que en un principio había recibido con tanto entusiasmo como expresión de las aspiraciones de reforma general y de progreso de la ciencia ahora parece ser menospreciado por el mismo Andreas, como un vacío

ludibrium. En su lugar, comenzó a aconsejar la formación de “uniones” o “sociedades” cristianas,

inspiradas por metas muy similares a las expresadas en los manifiestos rosacruces. Serían la expresión de un impulso renovador de la religión, o de una nueva reforma, que por medio de los preceptos y el ejemplo fomentaría la propagación de la caridad cristiana y del amor fraterno, y emprendería seriamente actividades intelectuales y científicas en bien de la humanidad. Estos grupos, aunque tendían a seguir las líneas generales establecidas por los manifiestos rosacruces, divergían de éstos en dos aspectos importantes: en primer lugar, no expresaban sus objetivos mediante el mito rosacruz, sino en términos mucho más directos, y en segundo, de las brumas de la invisiblidad y de una posible inexistencia surgían a la realidad. Uno de estos grupos, llamado Societas cristiana, seguramente tuvo existencia real, pues fue una sociedad fundada por Andreas entre 1618 y 1620, la cual, en aquella época anterior a la guerra, tuvo una vida breve, terminada repentinamente en los años desastrosos que siguieron a la derrota. No obstante, no desapareció del todo, e influyó directamente en la formación de otra sociedad, que por lo contrario tenía ante sí un brillante futuro.

Ahora trataremos de descifrar lo que Andreas puede haber querido decir cuando designó

ludibrium o “farsa” a la fraternidad R.C. Estudiaremos con mayor detenimiento ese asunto, para

identificar los cambios en la actitud de Andreas hacia esta expresión del lenguaje teatral, y para discutir la relación del ludibrium de la fraternidad R.C. con la Societas Cristiana real.

En la mente de los hombres de aquella época, los escenarios y teatros reales se relacionaban en forma nebulosa con la frecuente comparación del mundo con un teatro y de la vida del hombre con

un papel representado en el escenario.1 No es verdad que Shakespeare haya inventado el refrán que

dice que “todo el mundo es un escenario”, pues ésta era una idea fija en todas las mentes, y en los escritos de Andreas el símil del teatro se presentaba constantemente. En su juventud, como sabemos, se había entusiasmado mucho con la influencia dramática recibida de las compañías viajeras de

actores ingleses2, y esta influencia afectó la forma teatral con que expresó su brillante obra Las bodas

químicas, en 1616. El interés de Andreas en el teatro y la forma profundamente dramática en que

funcionaba su mente deben ser tomados en cuenta al considerar todos los casos en que se refiere a la fraternidad R.C. llamándola ludibrium. En su caso, puede ser que éste no sea siempre un término despectivo. En realidad, si examinamos los pasajes de sus escritos en que habla de los hermanos R.C. encontramos que, a pesar de que un modo muy común de denigrarlos era referirse a ellos como simples comediantes, actores o gente frívola y tonta, en otras ocasiones alaba grandemente a los actores, las obras de teatro y el arte dramático en general, considerándolos valiosos social y moralmente. ¿Qué conclusión podemos sacar de esto? Pero veamos algunos ejemplos de uso de las comparaciones teatrales en los escritos de Andreas.

En el Menippus o “Cien diálogos satíricos”, publicado en 1617 en “Helicona, cerca del Parnaso”, Andreas tiene palabras severas para la Fraternidad de la Rósea Cruz, que había sido “únicamente un

ludibrium para los curiosos, en el que los que trataron de seguir un camino artificial y desusado, en

lugar del sendero verdadero y simple de Cristo, han sido engañados”.3 Esto ciertamente parece una

condena.

1 E.R. Curtius, European Literatura in the Latin Middle Ages, Londres, 1953, pp. 138 ss.; Yates, Theatre of the World,

pp. 165 ss.

2 Cf. supra, p. 54.

En la obra Peregrini in Patria errores, publicada en 1618, supuestamente en “Utopía”, se hacen tristes comentarios sobre el mundo, considerado como un laberinto, y sobre el hecho de que los que

buscan el conocimiento sólo encuentran fábulas vanas.4 Y en un pasaje acerca de la “escena” o

escenario, el mundo es comparado a un anfiteatro donde nadie aparece en sí mismo bajo una luz

verdadera, sino que todos están disfrazados5. Aquí, la comparación del mundo con un teatro implica

que es un lugar donde se engaña.

La Mitología cristiana de Andreas, editada en 1618, demuestra conocimientos muy amplios sobre los acontecimientos de la época, aunque éstos sean presentados de manera fragmentaria y confusa, y contiene numerosas referencias al arte dramático y al teatro. Se trata de una obra dividida en libros, cada uno de los cuales se divide a su vez en partes muy cortas que tratan una serie

inmensamente variada de temas. La sección sobre la “Tragoedia”6 expresa una aprobación entusiasta

de las representaciones dramáticas, y la que lleva por título “Repraesentatio”7 afirma que la comedia

puede enseñar la modestia decorosa y la verdad. En otra sección8 se da el argumento de una comedia

moral en cinco actos (la cual puede compararse a la que figura en Las bodas químicas, que también

tiene cinco actos), y en el capítulo sobre “Mimi”9 se discute acerca de los actores de una manera

simpática; después, en la parte titulada “Ludi”10, que es muy impresionante, Andreas declara que es

obra piadosa la construcción de teatros públicos donde se representen obras (ludi) con escenas muy ricas. Dichas obras son sumamente útiles para enseñar a los jóvenes, instruir a la gente, afirmar la mente, deleitar a los viejos, retratar a las mujeres y divertir a los pobres. Los más severos padres de la Iglesia, dice Andreas, condenaron el teatro, pero los más recientes (recentiores) aprueban las comedias decentes. Este trozo es una notable defensa del teatro como institución de valor educativo y social, que debe ser aprobada por los cristianos.

Por supuesto que los teólogos “más recientes” que aprobaban el uso moral y piadoso del drama eran los jesuitas. Pero ¿habría aprobado Andreas con igual entusiasmo el drama jesuita?

Las referencias encomiásticas a dramas, comedias y ludi que figuran en la Mitología cristiana deben tenerse presentes cuando se analizan las observaciones hechas en la misma obra por Andreas sobre la Fraternidad de la Rósea Cruz, calificada de ludibrium o comedia. El capítulo que lleva el título de “Fraternitas” alude sin duda a la fraternidad R.C., de la que dice que es “una fraternidad

admirable que presenta comedias en toda Europa”.11 Son desconcertantes las declaraciones de esta

clase, que se encuentran siempre aquí y allá en las numerosas obras de Andreas, pero siempre de un modo vago y no concluyente.

Sin tratar de embarcarnos en una discusión profunda de los problemas, tan enteramente nuevos y poco comunes, planteados por el interés de Andreas en el teatro, nos atrevemos a decir, como aliciente para quien tenga pensado emprender un trabajo de investigación detallada sobre la literatura del frenesí rosacruz en Alemania, que posiblemente una investigación de tal especie revelaría una cierta relación entre las actividades de los actores ingleses y la divulgación de las ideas “rosacruces”. También Ben Jonson, en uno de sus dramas alegóricos (Las islas afortunadas, de 1625), insinúa que puede haber relación entre las doctrinas rosacruces y los actores, en un pasaje en el cual demuestra un notable conocimiento de una publicación poco conocida del período del frenesí rosacruz, y juega

muy inteligentemente con el tema rosacruz de la invisibilidad.12

4 Andreas, Peregrini in Patria errores, 1618, p. 65. 5 J.V. Andreas, p. 118.

6 Andreas, Mythologiae Christianae … Libri tres, Estrasburgo (Zetzner), 1618, II, 46 (p. 67). 7 Ibid., IV, 35 (p. 188).

8 Ibid., V, 8 (p. 251). 9 Ibid, VI, 26 (p. 301). 10 Ibid., VI, 23 (p. 299). 11 Andreas, VI, 13 (p. 290).

12 Ben Jonson, Works, ed. de Herford y Simpson, Oxford, 1923-1947, VII, pp. 710-722. Jonson describe con exactitud el

grabado del edificio alado que figura en el Speculum Rhodo-Stauroticum de Theophilus Schweighardt (cf. frontispicio y

supra, pp. 133, 134, 135, y hace curiosas alusiones a una Orden Rosacruz “invisible”, con la cual parece relacionar a los actores. Su tono es satírico, y tal vez la alusión tiene relación con la posición político-religiosa de Jonson. Respecto a otras alusiones satíricas a los rosacruces que hace Jonson, cf. Theatre of the World, pp. 89-90.

Así pues, la descripción de la fraternidad R.C. que hace Andreas en términos teatrales puede tener un significado que apenas empezamos a percibir nebulosamente. Andreas era un autor de altas dotes y gran imaginación, cuyas energías creadoras se desencadenaron mediante las nuevas influencias presentes en su ambiente, especialmente (como ya hemos dicho) las de los actores ingleses que inspiraron sus primeros trabajos. El fuerte interés de Andreas en el arte dramático ayuda a explicar el ludibrium de Cristián Rosencreutz y su fraternidad, que no es una broma sino la presentación, en términos dramáticos, de un movimiento religioso e intelectual profundamente interesante. Andreas es un caso tristísimo de talento nacido en una época incapaz de comprenderlo, pues fue un hombre muy dotado y original, tal vez un precursor de Goethe por la estructura dramático-filosófica de su mente, a quien se obligó a renegar de sus dotes y a agotarse en una dolorosa ansiedad, en vez de ayudársele a recoger el fruto de la reputación que debía haberle dado su generosa naturaleza y sus notables dotes intelectuales e imaginativas.

Porque no hay duda, en nuestra opinión, de que Andreas sufrió una fuerte angustia a partir de 1617, por el cariz que fue tomando el frenesí rosacruz; evidentemente él percibió que esto iba a hacer daño a la causa que quería servir y por ello trató de restañar la corriente y de guiarla por otros cauces.

Al final de la Mitología cristiana hay un diálogo entre Aletea y Filaletes (la Verdad y el Amante

de la Verdad). según Waite13 y Arnold14, las afirmaciones hechas allí por Andreas demuestran que

había decidido combatir el movimiento rosacruz, tal vez alarmado por el rumbo tomado por los acontecimientos. El Amante de la Verdad le pregunta a la Verdad su opinión acerca de la fraternidad R.C., y si ella misma forma parte de dicha hermandad o tiene algo que ver con ella. La Verdad responde con toda firmeza “planissime nihil”, es decir “absolutamente nada”. Esta es la respuesta normal a preguntas de semejante especie y, como siempre, tiene carácter evasivo, pero veamos

también el resto del parlamento de la Verdad:15

No tengo absolutamente nada que ver con ella [con la fraternidad R.C. ]. Cuando sucedió, no hace mucho tiempo, que unos hombres de letras estaban preparando una representación de ciertos grupos ingeniosos, me acerqué a mirar, considerando que la moda actual es aceptar ávidamente las nociones más nuevas. Como espectadora, no sin cierto placer, contemplé la batalla de los libros y poco después fui testigo de un cambio completo de actores. Pero como actualmente el teatro está lleno de pleitos, con un gran choque de opiniones, y expresadas mediante alusiones vagas y conjeturas maliciosas, decidí retirarme completamente, para no tener ninguna participación en un asunto tan dudoso y resbaladizo.

De esta declaración resulta bastante claro que si Andreas retiró su apoyo a la fraternidad R.C. no fue porque la considerara “teatro” o “representación” preparada por “unos hombres de letras”, puesto que le gustaba y alababa el “teatro”, la “comedia”, el ludibrium del asunto mismo; además, admite ser un “espectador”, pues bien sabía de lo que se trataba por haberlo visto desde su principio. Y teniendo presente su opinión de que el teatro es bueno y moralmente útil, el ludibrium o representación dramática de la fraternidad R.C. podía ser la presentación teatral de temas buenos y útiles. Lo que Andreas censura en el teatro es que otra gente, u otros actores, se hayan introducido al movimiento original y lo estén echando a perder.

Cuando se publicó la Mitología cristiana en 1618 el frenesí rosacruz estaba en todo su apogeo; si se estudiaran con mayor detalle los libros publicados por entonces, tal vez fuera posible identificar las contribuciones que resultaron negativas, y las conjeturas maliciosas –con las que probablemente se inició la caza de brujas dirigida contra los hermanos R.C.– que alarmaron a Andreas al punto de creer que era mejor retirar el mito.

Y sin embargo, el aspecto más picante y curioso de toda esta extraña historia es que el mismo retiro aparente de Cristián Rosencreutz fue un ludibrium, o sea una broma mística comprensible sólo para los amigos de aquel ficticio personaje. Esto es lo que revela el análisis cuidadoso del prólogo a la obra más importante de Andreas, que es la descripción de la ciudad ideal o utópica de Cristianópolis.

13 A.E. Waite, Brotherhood of the Rosy-Cross, p. 205. 14 Arnold, Rose-Croix, p. 194.

La Reipublicae Christianopolitanae Descriptio, publicada por el fiel editor de Andreas, Lázaro Zetzner, en Estrasburgo en 1619, es una famosa obra que ocupa una posición respetable en la literatura europea como obra clásica menor de la tradición utopista derivada de Tomás Moro. Los lectores de habla inglesa la tienen a su alcance en una traducción publicada en 1916.16 La Christianopolis es un punto de referencia bastante conocido en el campo de los estudios relativos a

las primeras décadas del siglo XVII, ya que obviamente es de rigor compararla con la Nueva

Atlántida de Bacon, de la cual es casi contemporánea. No obstante, estamos entrando a este campo

por un camino poco transitado, en el que abundan las zarzas rosacruces, y el mismo punto de referencia presenta un aspecto diferente a un lector que no llega por las carreteresa planas y seguras de la historia académica, sino fresco del pánico olvidado del frenesí rosacruz.

El prólogo de Christianopolis empieza con un lamento por la opresión que sufre la Iglesia de

Cristo a manos del Anticristo, por lo que se ha decidido restablecer la luz y disipar las tinieblas.17 A

la reforma de Lutero debe seguir ahora una nueva reforma. El drama de los tiempos de Lutero “puede volverse a representar en nuestros días”, porque “la luz de una religión más pura ha brillado ante nosotros”. muchos hombres de espíritu fervoroso (entre los cuales Andreas menciona a John Gerard, John Arndt y Matthew Moller) han invocado el principio de una época de meditación y de renovación espiritual, y la propagación de una nueva efusión del espíritu cristiano en el tiempo presente. “Una cierta fraternidad” había prometido esto, pero en cambio ha provocado una extrema confusión entre los hombres. Andreas alude, por supuesto, al frenesí causado por la aparición de los manifiestos rosacruces.18

Una cierta fraternidad, que en mi opinión era una broma pero que según los teólogos fue un asunto muy serior ... prometió ... las cosas más grandes y maravillosas, hasta las cosas que los hombres generalmente desean, agregando también la excepcional esperanza de que se corrigiera la corrupción del actual estado de cosas y ... la imitación de los hechos de Cristo. La confusión entre los hombres que siguió a este informe, el conflicto entre los dosctos, la inquietud y conmoción de los impostores y estafadores son indescriptibles ... Algunos ... en este ciego terror deseaban conservar y defender por la fuerza sus viejos, anticuados y falsos negocios. Otros se apresuraron a renunciar a sus opiniones y ... a salir en busca de la libertad. Otros ... acusaron de herejía y fanatismo los mismos principios de la vida cristiana ... Y mientras esta gente reñía y se apiñaba en las tiendas, dio ocasion a muchos otros de estudiar y juzgar estas cuestiones.

Así pues, según Andreas, el frenesí tuvo por lo menos este resultado positivo: hizo que muchos pensaran y se dieran cuenta de la necesidad de hacer una reforma. También insinúa que se tomen medidas para iniciar dicha reforma. Tal vez sea aquí donde sugiere por primera vez la formación de

uniones o sociedades cristianas que deben perseguir sus fines sin hacer el menor misterio de ellos.19

Pues ciertamente no cometeríamos la injuria contra Cirsto y Su Palabra de preferir aprender el modo de salvarnos ... de alguna sociedad (si acaso existe verdaderamente una así) nebulosa, omnisciente sólo a los ojos de su propia jactancia, cuyo emblema es un escudo cosido, y desfigurada con muchas estúpidas ceremonias, que de Aquél que es él mismo el Camino, la Verdad y la Vida ...

Esto parece ser una condena de la fraternidad R.C., sociedad (probablemente) irreal y ficticia que tiene emblemas y ceremonias curiosas, la cual debe ser sustituida por una sociedad cristiana real y no ficticia. En realidad, dicha sociedad ya había sido fundada por Andreas ( la Societas Christiana) pero de esto hablaremos más adelante.

Sin embargo, lo que pone en duda la validez de la supuesta denigración de la fraternidad R.C. que figura en este prólogo es su último párrafo, en el que se invita al lector a embarcarse y zarpar

rumbo a Cristianópolis:29

16 F.E. Held, Christianopolis. An Ideal State of the Seventeenth Century, Oxford, 1916. 17 Christianopolis, trad. de Held, pp. 133 ss.

18 Ibid., pp. 137-138.

19 Christianopolis, pp. 138-139. 29 Ibid., p. 141.

El camino más seguro será ... que te embarques en tu nave, la cual lleva como marca distintiva el signo de Cáncer, que zarpes por ti mismo en condiciones favorables rumbo a Cristianópolis y que allí investigues todo con mucho cuidado y en el temor de Dios.

En el curso del viaje, después de un naufragio, es descubierta la isla en que se encuentra la ciudad ideal de Cristianópolis, que se describe en el libro.

También Cristián Rosencreutz y sus amigos se embarcan en naves marcadas con los signos del

Zodíaco, para emprender viajes de mayor descubrimiento espiritual, al final de las Bodas químicas.21

Aludiendo, al terminar el prólogo, a la obra de la que “Cristián Rosencreutz” es protagonista y que Zetzner había publicado apenas tres años atrás, Andreas relaciona este prólogo de Christianopolis con las Bodas químicas, de tal modo, que la isla en que se halla la ciudad ideal realmente es descubierta por Cristián Rosencreutz en el viaje que inicia al terminar las Bodas químicas.

Así trató de eludir el bromista piadoso y místico el frenesí, y continuó predicando el evangelio rosacruz sin decir su nombre. Después de todo, como observa Shakespeare, “¿Qué es un nombre? Una rosa tendría el mismo dulce olor aunque se llamara de otro modo”.

El trazo urbano de Christianopolis se basa en el cuadrado y en el círculo. Todos sus edificios están construidos en cuadrados, el mayor de los cuales es externo y comprende otro más pequeño, que a su vez circunscribe otro más pequeño y así sucesivamente hasta llegar al cuadrado central, donde domina un templo redondo. Los miembros del gobierno urbano a menudo tienen nombres angélicos, tales como Uriel, Gabriel, etc. ... y una armonía cabalística y hermética del macrocosmos y el microcosmos, del universo y el hombre, se expresa por medio de su simbólico trazo. La descripción de la ciudad es una fascinante mezcla de lo místico con lo práctico; por ejemplo, está muy bien iluminada, y esta buena iluminación tiene una importancia cívica, porque desalienta la comisión de delitos y todos los males que se desarrollan en la noche. Esta iluminación también tiene un significado místico: se trata de una ciudad donde brilla la luz de la presencia divina.

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