predicaran, que sanaran y que echaran fuera demonios. Evidentemente, uno de los principales objetivos del Señor era preparar a un pequeño grupo de discípulos para que a su vez discipularan a todas las naciones. Aunque estos doce hombres eran ordinarios, tuvieron un Maestro que fue cualquier cosa menos ordinario. Los discípulos tenían las fortalezas y debilidades de los hombres ordinarios. Eran inestables, tempestuosos e incluso revolucionarios, considerados, solícitos, diestros trabajadores, astutos para asuntos fiscales, inseguros, codiciosos, escépticos e incluso traidores. Verdaderamente, una amplia gama de características.
El ministerio público de Jesús fue breve, pero intenso. Tanto Sus amigos como familiares se preocuparon por Su bienestar. Los líderes religiosos insistían en que estaba controlado por Satanás, pero Jesús siguió relacionándose con la gente sobre una base espiritual. Un grupo de amigos, posiblemente miembros de Su familia, tenían temor de que hubiera perdido el juicio. En el 3:31 leemos que “sus hermanos y su madre” vinieron a él y lo llamaron. Cuando Jesús dijo: “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?”, lo que quería era dejar en claro que en Su reino, las relaciones espirituales son más fuertes que los lazos familiares. Aquel que hace la voluntad de Dios no sólo es un discípulo de Jesús, sino que pertenece a la familia de Dios.
Como hemos mencionado antes, Marcos enfatiza más las obras de Jesús que Sus palabras. El capítulo 4 contiene el grupo más grande de parábolas de este evangelio. Marcos seleccionó tres que representan el crecimiento del reino—plantar, crecer, cosechar. La parábola del sembrador es la base para comprender las otras parábolas. Le reveló a los discípulos la determinación que tiene el diablo de impedir que la Palabra de Dios anide en el corazón de los hombres y muestra la dureza de algunos (4:1-20). Y, aunque esta parábola se llama “del sembrador” habla mayormente de los tipos de suelos y su impacto para la cosecha. Enseña que debemos ser cuidadosos al aceptar la Palabra de Dios.
La parábola de la luz (4:21-25) manifiesta la responsabilidad que tienen los creyentes de transmitir la verdad de Dios. Al igual que lámpara sobre la repisa hace que las cosas sean visibles, así el mensaje del evangelio trae a la luz la verdad de Dios. Los que tienen oídos son personas que se disponen a recibir esa verdad. Sólo ellos pueden en verdad comprender y obedecer.
La parábola del crecimiento inconsciente (4:26-29) prueba que el cumplimiento del programa de Dios puede ser lento e imperceptible para los sentidos del hombre, pero su clímax es inevitable. Esta parábola sólo aparece en Marcos. El granjero no sabe cómo crecen sus cultivos. Así también nosotros tampoco comprendemos el poder transformador del reino de Dios en la vida humana. Dios es Quien realiza el milagro. Nosotros sólo podemos sembrar en fe y esperar los resultados.
La parábola de la semilla de mostaza les asegura a los discípulos que las cosas más grandes tienen inicios pequeños (4:30-34). El reino de Dios parecía muy pequeño y débil en la persona de Jesús y Su pequeña banda, pero estaba destinado a ser una bendición a
nivel mundial.
Después de hacer un rápido repaso de la enseñanza de Jesús, Marcos pasa a mostrar Sus poderosas obras. Los enemigos que Jesús confronta son feroces: las tormentas de la naturaleza, la posesión demoníaca y la muerte. El apaciguamiento de la tormenta (4:35- 41) demuestra el cuidado eterno de Cristo por Sus seguidores y Su poder sobre la naturaleza como creador y gobernador. A pesar de Su palabra (4:35) y presencia física, los discípulos tienen miedo de hundirse, lo cual manifiesta su falta de fe en Él. Cuando Jesús sale del bote en la ribera oriental del lago en el país de Gadara (5:1-20), viene a Su encuentro un hombre con espíritu impuro quien confiesa Su deidad y lo adora. Jesús echa fuera los demonios y restaura a sanidad y serenidad a ese hombre. La expulsión de los demonios de este endemoniado muestra cuán poderoso es el control de Satanás en la vida de muchos. Las reacciones a este milagro muestran un contraste entre el materialismo egoísta y la compasión de Cristo. Su poder sobre la enfermedad y la muerte se nota en la sanidad de la mujer que tiene flujo de sangre y en la devolución de la vida de la hija de Jairo (5:21-43).
Al final de esta sección, vemos el rechazo del pueblo hacia Jesús (6:1-6), cuya falta de fe contrasta vívidamente con la fe de la mujer que toca el borde de Su túnica. A pesar de la milagrosa evidencia expuesta, se nota una creciente oposición contra las afirmaciones de Cristo. Su pueblo natal de Nazaret lo trata simplemente como a un ser humano cualquiera. Incapaces de negar Su sabiduría y poder, la gente de Nazaret no desea admitir que esa sabiduría y poder provienen de Dios. Este rechazo consciente de recibir la evidencia y admitir que la presencia y poder de Dios están manifiestos, es la esencia de su pecado—el pecado de la incredulidad. Este pasaje (6:3) revela también que José y María tuvieron varios hijos después del nacimiento de Jesús, porque se hace referencia a cuatro hermanos y “hermanas”.
4. Tercera sección (6:7-8:21). Envío de los discípulos en una misión. Después de ser