1 Juan 3:8:
"Para esto apareció el Hijo de Dios, para DESHACER LAS OBRAS DEL DIABLO‖ Colosenses. 2:15
"Despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz"
De acuerdo a esta Escritura, Jesús DESHIZO — destruyó — las obras del diablo, lo DESPOJÓ de su poder, y TRIUNFÓ sobre él.
Ya que las obras de Satanás han sido destruidas, su poder despojado, y que han triunfado sobre él, debe ser un adversario derrotado.
El triunfo de Jesús fue nuestro triunfo. Su victoria nuestra victoria. El no hizo nada para sí mismo. Todo lo hizo para nosotros.
El derrotó a Satanás por nosotros. Le despojó de su poder por nosotros. Destruyó sus obras por nosotros. Lo conquistó por nosotros.
Pero Satanás (que fue derrotado) tiene a su señor (la Iglesia, que es el cuerpo de Cristo) en servidumbre. ¡Qué cosa tan terrible!
El derrotado dominando a su propio señor, la Iglesia, cuando, de acuerdo al Nuevo Testamento, a la Iglesia se le ha dado el poder y la autoridad sobre un Satanás ya conquistado.
¿Vas a mantenerte sujeto al dominio de Satanás? ¡No! ¡Levántate de su servidumbre! ¡Confiesa que eres el conquistador! Entonces asegúrate de "mantener firme, sin
fluctuar, la profesión de nuestra fe, porque fiel es el que prometió" (He.10:23). Mantén tu
confesión de la Palabra de Dios.
"Cada creyente puede venir a ser un señor del diablo en el transcurso de un corto tiempo" dice F. F. Bosworth.
Cuando Jesús se levantó de entre los muertos, dejó tras sí a un Satanás derrotado eternamente.
Siempre piensa de Satanás como de un enemigo derrotado eternamente.
Piensa de un Satanás sobre el que Jesús, y tú en el Nombre de Jesús, tienen dominio y autoridad completa.
La Biblia declara que "somos hechura suya, (re) creados en Cristo Jesús (Ef. 2:10).
"Si alguno está en Cristo, nueva criatura es" (2 Corintios 5:17).
Somos hechos positivamente "nuevos" EN CRISTO. Venirnos a. ser "miembros de Su Cuerpo, de Su carne y de Sus huesos" (Ef. 5:30).
Sobre el terreno de estas Escrituras, debe ser que, lo que Cristo es, nosotros hemos venido a ser. Somos lo que Él es. Estamos en Él.
Él confirmó esto en lo que respecta a la habilidad y el poder cuando dijo: "El que en mí
cree, las obras que Yo hago, él las hará también" (Jn. 14:12).
Ahora tenemos la autoridad de hacer las mismas obras que Jesús hizo, al hacerlo en Su Nombre.
Si esto es verdad de nuestras obras, entonces es verdad con respecto a nuestra posición delante de Dios.
Dios nos ha colocado en Cristo, "en quien tenemos redención" (Ef. 1:7). Dios nos ve en Cristo, "porque de Su plenitud tomamos todos" (Jn. 1:16). Estos hechos constituyen nuestra confesión, y pensamos, hablamos, oramos y actuamos en su armonía.
El decir lo que Satanás está haciendo en nuestras vidas, es negar lo que somos en Cristo.
Cuando sabes que eres lo que Cristo dice que eres, entonces actúas de acuerdo a ello, confesando lo que El te ha hecho. Esto glorifica a Dios y a Su Palabra.
Cuando Jesús dijo: "Al que cree todo es posible", quiso decir que todas las cosas le son posibles a los creyentes.
¡Qué clase de señores Él nos ha hecho!
Creemos en Él. ¿Quién es Él? ¿Qué es Él? Si somos creados en Él, entonces ¿qué significa eso?
Si es en Él en quien vivimos, nos movernos y tenemos nuestro ser, entonces es necesario saber lo que Él es, y todo lo concerniente a Él.
El Hombre a la diestra de Dios, quien me amó y murió por mí, y que ahora vive para siempre para mí.
Él fue la contestación de Dios al clamor universal de la humanidad. Él era Dios manifestado en la carne.
Jesús no era un filósofo en busca de la verdad. El era Verdad. El no era un místico. Era una realidad.
No era un reformador. El era un re-creador. El no era un visionario. Era la Luz del mundo. El nunca razonó. El sabía.
Nunca estaba apurado. Nunca tuvo miedo. Nunca mostró debilidad. Nunca dudó.
Siempre estaba listo. Estaba seguro. Había certeza en todo lo que El dijo o hizo. No tenía sentido de pecado ni necesidad de perdón.
Nunca buscó ni necesitó consejo. El sabía por qué vino. Sabía de dónde había venido. Sabía quién era. Conocía al Padre. Sabía del cielo. Sabía a dónde iba. Conocía al hombre. Conocía a Satanás.
No tenía sentido de escasez. El no tenía sentido de limitación.
Y nosotros somos (re) creados en Cristo Jesús. Estamos en Cristo. Somos miembros Suyos.
Jesús no tenía sentido de temor. No tenía sentido de ser derrotado. No se encogió ante el dolor ni el tratamiento brutal.
Él era el Maestro, el Señor, cuando lo arrestaron. Era el Maestro en Su juicio.
Él era el Todopoderoso, sin embargo, solo un hombre. Y Él está en nosotros. "Cristo
vive en mí” (Gálatas. 2:20). "Que habite Cristo por la fe en vuestros corazones" (Ef. 3:17).
"Cristo en vosotros, la esperanza de gloria" (Col. 1:27). "Cristo es vuestra vida" (Col. 3:4). "Mas por El estáis en Cristo Jesús‖ (1 Corintios. 1:30). "Jesucristo está en vosotros" (2 Co. 13: 5).
¿No son éstas verdades casi sorprendentes?
Cuando la Iglesia comience a ver el lugar que ocupa en Cristo, y lo que Dios nos ha hecho ser en Su Hijo, y luego se decida a hacer este tipo de confesión, en lugar de hablar de su debilidad, de su escasez, su incapacidad, y su enfermedad, vendrá a ser nuevamente el cuerpo de Cristo irresistible.
Ella otra vez tomaría, su lugar como la Iglesia del Nuevo Testamento, mientras marcha hacia adelante en este triunfo de la fe gloriosa.
Entendiendo tu relación a Dios, y tu posición como un creyente, re-creado en Cristo, debes recordar que estás autorizado a usar Su Nombre.
Ese Nombre controla a Satanás y a sus obras, y ese Nombre ha sido dado legalmente para el uso de todo creyente. "En Mi Nombre echarán fuera demonios" (Mr. 16:17).
Si podemos echar fuera demonios, entonces podemos echar fuera las enfermedades traídas por los demonios. RECUERDA: SATANÁS ESTÁ DERROTADO ETERNAMENTE.