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interrupción del ciclo de la experiencia, mecanismos de evitación de contacto/retirada, polarización, transferencia / contratransferencia.

Así, desde la aurora mitológica de nuestra condición de Seres Humanos, están asociados con la experiencia de la vergüenza: conciencia, conocimiento, mirada del prójimo, seducción, deseo, desnudez, ruptura de confluencia, introyección, proyección, culpabilidad… fenómenos que el Hombre llama “vivir”. (Robine, 2005, p. 152).

5.2.3.1 Vergüenza en proceso: interrupciones en el contacto y mecanismos evitación.

En el enfoque gestáltico, la vergüenza puede servir como una señal de que el estado de conexión y los límites entre yo y mi mundo están amenazados o necesitan atención (Lee, 1996). La culpa y vergüenza sanas, como todas las emociones, son experiencias que pasan por el ciclo figura fondo (ciclo de la experiencia o ciclo de las necesidades). En otros casos, sin embargo, el proceso de autorregulación se basa en la vergüenza, por lo que la persona finalmente se estructura en base a ella.

En estados sanos los sentimientos de vergüenza y culpa son más bien situacionales y no globales, se generan a raíz de condiciones actuales en el campo organismo/ambiente, no son negados, ni se sufre la autoaniquilación. De esta forma,

la persona como un todo no es condenada por transgresiones pequeñas y la autoestima no se pierde por completo debido a debilidades personales específicas. Al intensificarse el contacto, se toman medidas adecuadas y plenamente comprometidas (contacto final). Esto incluye reparar los daños y reconocer los límites (Yontef, 1995, p. 471).

La vergüenza puede surgir por una sensación de rechazo real o imaginaria, por la sensación de exposición de un anhelo que creemos inapropiado o más de lo que merecemos, ante otros o ante nosotros mismos. La vergüenza puede ser gatillada por decir algo que consideramos estúpido, que evoca un juicio

autocrítico o cuando queremos contacto (íntimo, sexual o de otro tipo) y descubrimos que nuestro compañero no, o viceversa (Lee, 1996).

A continuación, se ilustra a través de un ejemplo lo que podría ser el ciclo de la experiencia a raíz de una situación de vergüenza, y que por lo tanto, es integrada como experiencia, es decir, una vergüenza “sana” para el organismo: Un “buen” alumno11 debe hacer una disertación en el ramo en que le va mejor, delante de sus compañeros y profesora que reconocen su manejo del tema. Él se siente confiado. Luego de la presentación, la profesora le da retroalimentación frente a los demás y le señala que se nota su falta de preparación, ya que se tomó muy relajadamente la actividad y que ella esperaba más de él.

1.- Sensación: sorpresa, presión en el pecho, angustia, rabia.

2.- Conciencia: Vergüenza por haberlo hecho mal delante de mis compañeros. Rabia por que no sabía como hacerlo. Me importa lo que piense de mí. No quiero dejar de ser bien evaluado por mi profesora.

3.- Energización: aumento de energía emocional, enrojecimiento, sube la temperatura, contracción, cae la cabeza, esto es importante, necesito hacer algo…

4.- Acción: empiezo a movilizar mis recursos para resolver esta situación

5.- Contacto: con mis límites y recursos. “voy a aplicar todo esto y mejoraré para la próxima”. Me hago responsable, me importa lo que piensen ellos de mí

(pertenencia). Tengo confianza en mis recursos para hacerlo. Si no me preparo puede que lo haga mal, pero la próxima vez me prepararé bien y haré una buena presentación (testigo íntimo “interno”). Explico que no sabía qué se esperaba de mí en la evaluación, pero que para la próxima vez lo haré mejor. La profesora acepta esto, no cuestiona ni devalúa (testigo íntimo).

6.- Consumación: Con esta resolución baja la activación y es posible cerrar la experiencia ya que no hay un compromiso del self.

Si la vergüenza, a pesar de todos sus efectos potencialmente devastadores, pasa por el ciclo de autorregulación, corresponde entonces a una experiencia adaptativa, organísmica y da cuenta de algún tipo de necesidad que se puede satisfacer a través del contacto-retirada. De este modo, la vergüenza responde a la necesidad social de proteger los límites de lo privado para el self y para otros, “definiendo el comportamiento adecuado y el límite de lo privado y lo público. Desalienta al fracaso, gratifica y anima la consecución de éxitos, los aciertos, el sacrificio en la consecución de objetivos, y preserva la dignidad” (Yontef, 1997, ¶ 37). De esta forma, la vergüenza puede ser “razonable”, apropiada y socialmente productiva.

En el ejemplo, el sujeto toma contacto con sus límites, al reconocer que si no se prepara bien, será mal evaluado (no es omnipotente, no es inmune a la crítica). Al mismo tiempo, toma contacto con sus recursos, al darse cuenta de que tiene las habilidades necesarias para resolver bien la situación la próxima vez. Finalmente, toma contacto con su deseo de pertenencia, al darse cuenta de que le importa el ser bien visto por la profesora y estar en el grupo de los

“mateos”. Entonces, la vergüenza se resuelve tomando contacto con un sentido de sí mismo con límites y recursos, y con un campo interpersonal que por un lado ofrece reconocimiento y valoración, pero por otro lado exige ciertas cosas para poder pertenecer.

Todas las personas, entonces, pasan por momentos de vergüenza que pueden desorganizar su vida un tiempo, pero son capaces de integrar esta vivencia sin mayor compromiso del self, según la tendencia natural a moverse para integrar el campo en su totalidad de la manera más coherente y útil posible. Cuando existe un área que no es posible integrar o que no sirve, no se permanece en eso y se generan estrategias para evitar contactarse y, por lo tanto, no entrar en un proceso de vergüenza. Si se permaneciera en esta experiencia tan dolorosa sin el apoyo intersubjetivo (real o imaginario que sería lo que marcaría la diferencia), el resultado, como se ha dicho anteriormente, sería desastroso, pudiendo ser que estos sentimientos incesantes, inevitables y sostenidos de vergüenza y humillación intensas pueden estar en la raíz de la mayor parte de los suicidios (Wheeler, 1996 citado en Wheeler, 2005).

Mecanismos de evitación de contacto.

Como ya se ha señalado, algunas personas se estructuran en base a la vergüenza, en los que “a veces los mecanismos de evitación son tan fuertes que los pacientes descubren su vergüenza indirectamente en lugar de sentirlo

mecanismos podría dar cuenta de una persona tendiente o estructurada en la vergüenza.

A continuación describiremos algunos mecanismos de evitación de contacto y como funcionan específicamente en el caso de la experiencia de vergüenza.

Introyección.

“Al exigir identificación y sumisión a una autoimagen, las expectativas neuróticas de la sociedad disocian aún más al individuo de su propia naturaleza. El primer y último problema para el individuo es integrarse por dentro y, con todo, ser aceptado por la sociedad” (Perls, 1978, p. 12).

Perls designaba a la vergüenza, al “apuro”, el malestar y el miedo como los “Quislings12 del organismo”, ya que estos afectos restringen las expresiones

del individuo y se transforman en represiones (al igual que este político que se identificaba con el enemigo y no con su pueblo) (Robine, 2005, p. 162).

Los ideales culturales que son transmitidos por la familia, pueden ser introyectados y transformarse en “deber ser”, en un ideal del yo con que se compara al propio self (Morrison, 2005; Yontef, 1995).

12 Quisling: político Noruego que solicitó a Hitler la ocupación de Noruega, lo que le permitió

Al responder a los “debería”, el individuo juega un rol que no se basa en sus necesidades genuinas. Se torna falso y fóbico. Se resiste a ver sus limitaciones y representa roles que no responden a su propio potencial (…) Construye un ideal imaginario de como “debería” ser y no como realmente es. El concepto de perfección es uno de esos ideales. Las exigencias de perfección lo limitan en su capacidad para funcionar consigo mismo, como en la situación terapéutica y en otras situaciones sociales (Perls, 1978, p. 13).

Entonces, si la comparación del yo real con el ideal perjudica al yo real, se estaría hablando de una vergüenza basada en la introyección. Las personas con tendencia a la vergüenza se comparan con este sí mismo ideal y se identifican más con él que con la experiencia real de sí mismas, es decir, se experiencia la vergüenza en la medida en existe una discrepancia con el ideal. Sin embargo no es raro que “por medio de la terapia, los pacientes descubran que no les agradan las personas que se ajustan a su sí mismo ideal” (Yontef, 1995, p. 466). La autoimagen ideal de las personas con tendencia a la vergüenza generalmente es rígida y permite sólo una estrecha gama de rasgos.

Desde el enfoque gestáltico de la vergüenza es necesario entonces considerar el origen pasado (allá y entonces) como fondo que matiza la figura de la experiencia actual de vergüenza, ya que durante la infancia la vergüenza es producida por personas del mundo externo que adoptan la actitud de

ser” y comienza a instalarse como un avergonzador interno (Levy, 2000); el juez que devalúa a la persona pasa a ser ahora una voz interna (Miller, 2010).

Es importante destacar también, en cuanto a los ideales culturales, que “las sociedades orientadas a la vergüenza a menudo enseñan que el control es digno de orgullo y la falta de "autocontrol", motivo de vergüenza” (Yontef, 1995, p. 460). Por lo tanto,

si “valerse por sí mismo” es el ideal, cualquier apoyo o apuntalamiento que provenga del otro, del ambiente estará asociado a debilidad o incluso fracaso: el fracaso de no poder hacerlo completamente solo, el fracaso que significa necesitar a otros en vez de lograrlo en forma completamente independiente (Wheeler, 2005, p. 160).

Se genera así el deseo que produce más vergüenza si no ha sido legitimado que es: “tengo vergüenza de que se advierta mi deseo de expresarme, de mostrarme y de hacerlo bien, para lograr que me acepten, me reconozcan, me quieran o me admiren” (Levy, 2000, p. 142).

Proyección.

La capacidad de percibir e interpretar los propios mundos subjetivos es propia de los seres humanos y así evaluamos y predecimos continuamente qué apoyo o soporte estará disponible en el campo, lo cual se transforma en una guía para

actuar de acuerdo a lo que creemos idóneo para tener éxito y satisfacción (Wheeler, 2005).

Por lo tanto, de acuerdo a estas expectativas de apoyo en el campo es que se esconde una parte de uno mismo, ya que si se permitiera que ese rasgo sea visto, sería tomado por lo que es y eso no es lo deseado. “Mis expectativas son: ser enjuiciado, desdeñado, rechazado o, en todo caso, no ser acogido y sostenido en el campo, lo que significa que será considerado como parte mía” (Wheeler, 2005, p. 228).

Como ser visto implica exponerse, las personas con tendencia a la vergüenza proyectan sus propios ojos críticos y esperan ser consideradas deficientes. Ser visto significa no tener un escudo, no poder esconderse, no tener máscaras ni privacidad. Por esto a los individuos con tendencia a la vergüenza les incomoda mirar o ser mirados, desconocen lo que sus ojos ven, generalmente mediante la proyección. Naturalmente esto empeora en un ambiente inseguro, crítico, es decir, inductor de la vergüenza.

Para Robine (2005), puede parecer que la proyección es el fenómeno de frontera más utilizado en la vergüenza, ligada a una proyección del asco del otro, siendo el posible contenido de esa proyección algo así como:

tal como soy no podré ser introyectado por el prójimo. Ya sea que el “tal como soy” ataña al grano en la nariz, a la exposición de mis genitales o a un sentimiento de no-valor de mí mismo (lo que cubre experiencias de

considero que no puedo ser introyectado por el otro. (Robine, 2005, p. 160-161).

Lo “insuficientemente bueno” que soy o pienso ser, se convierte en insuficientemente bueno para ser introyectado, o sea, apropiado apreciado, querido, etc. (Robine, 2005). De esta forma, las personas con tendencia a la vergüenza a menudo se sienten indignos de ser tocados, o sienten que si una persona los toca, descubrirá que son agobiante, desagradable o incluso tóxico. Por lo tanto, se sienten perturbados al ser vistos o tocados, o al darse cuenta que desean ser vistos o tocados (Yontef, 1995).

Cuando las personas con tendencia a la vergüenza se autojustifican, son hipócritas y atacan o desprecian a los demás, se están defendiendo mediante la proyección de un sentimiento de vergüenza más profundo e importante. Esta protección se construye debido a la falta de confianza en sí mismas y a la falta de identificación afectiva con su actual sí mismo, pero es ineficaz porque usualmente no disminuye el sentimiento de vergüenza, no ayuda a enfrentar la situación y aliena a las personas (Yontef, 1995).

Retroflexión.

“A falta de no poder forzar al mundo a que no lo mire, a falta de no poder destruir los ojos del mundo, el avergonzado desea ser invisible” (Robine, 2005, p.162).

Block Lewis (1971 citada en Robine, 2005) señala que la vergüenza aparece muy ligada a la hostilidad dirigida contra sí mismo, mientras que en la culpabilidad, la hostilidad podía estar dirigida tanto hacia sí mismo como hacia el exterior.

La vergüenza es preferentemente algo que le sucede a uno con uno mismo (Paz, 2005) y esa energía volcada hacia sí mismo, en gestalt nos habla de retroflexión, es decir, que hay un “yo” que discrimina, no acepta, rechaza, odia, oprime, descalifica, oculta y daña a un “sí mismo”. Como se dijo anteriormente, este autorrechazo y el darse cuenta pleno son mutuamente excluyentes, ya que no es un darse cuenta perceptivo el “decir “yo soy” como si fuera una observación de otra persona, como si el “yo” no fuera elegido, o sin saber cómo uno crea y perpetúa ese “yo soy”” (Yontef, 1995, p.135).

La reacción de vergüenza al estar en una situación en que se es el foco, ya sea de crítica, o de una atención neutral o positiva, usualmente implica una contracción indiscriminada y una agresión contra el sí mismo. Así,

para ocultarse, se utiliza en parte la retroflexión, que consiste en sustituirse uno mismo por el ambiente, y la persona con tendencia la vergüenza lo usa para evitar su exposición y sentido de vergüenza que vienen con el contacto social. Los sentimientos autodirigidos se retroflectan, sustituyendo al contacto interpersonal” (Yontef, 1995, p. 468).

La retroflexión se manifiesta usualmente en la vergüenza por el marcado aislamiento, el deseo de desaparecer del campo del otro (y de sí mismo) y por tanto la negación de la propia necesidad de amor y aprobación externos, adoptando a menudo una defensa de autosuficiencia. “Una de las ironías de la vergüenza es que la tendencia natural a ocultarse, aleja a la persona de la posible sanación, que es un encuentro afectivo” (Yontef, 1995, p. 469).

Al ocultarse, la persona se aísla y se crea un círculo vicioso interminable, porque, al no tener interacción con otros ni retroalimentación, no tiene potencial para contradecir el sentido de vergüenza. Entonces, al percibir la sensación de vergüenza, se produce el sentimiento de “vergüenza de estar avergonzado”. “Cada darse cuenta conduce a la vergüenza, la vergüenza conduce al deseo de ocultarse, luego la vergüenza lleva a la vergüenza de sentir vergüenza y a sentir vergüenza de querer ocultarse. Mientras más necesitamos o deseamos contacto, más intenso es el sentimiento de vergüenza” (Yontef, 1995, p. 467), mayor el deseo de esconderse y mayor aislamiento.

Así, en esta forma de retroflexión,

en esta desaparición de sí mismo ligada a la vergüenza, se puede descubrir la epigénesis de la desaparición de sí mismo, que se encuentra en las personalidades con perturbación del narcisismo: cronificación del recogimiento en sí mismo, retirada del afecto, desaparición de ciertas funciones del yo en beneficio de una confluencia generalizada en el fondo y construcción de lo que Winnicot llama un

“falso self”, ofrecido a la vista y susceptible de colmar las proyecciones o expectativas del otro (Robine, 2005, p. 162).

Confluencia.

Block Lewis (1971 citada en Robine, 2005) señala que los sujetos dependientes del campo están más inclinados a la vergüenza que a la culpabilidad en los primeros encuentros terapéuticos, situación que se invierte en los sujetos independientes del campo que son más propensos a la culpabilidad que a la vergüenza. Robine (2005), declara que esta “dependencia del campo” es una forma de confluencia y “lo contrario de la confluencia es la conciencia, que implica una figura de contacto y de diferenciación” (p. 148).

Así, la vergüenza es la ruptura de la confluencia debido a que la vergüenza aparece a raíz del darse cuenta, de la conciencia de sí mismo asociada a la exposición del sí mismo, a la desnudez y a la mirada del otro.

La vergüenza revela un peligro vinculado a la diferenciación en el campo. El peligro estriba en la organización del campo, entre la conciencia de sí mismo y la crítica proyectada. Entonces, la tentación podría ser, volver a encontrar la confluencia o una pseudoconfluencia destruyendo uno de los polos del peligro (Robine, 2005, p. 162).

Es decir, la persona se ve tentada a volver a confluir con el entorno para evitar el peligro que genera el quedar expuesto a través del darse cuenta en un entorno que se proyecta como crítico.

En un campo indiferenciado en que la confluencia se mantenía por medio de otros mecanismos de evitación (como por ejemplo, retroflexiones), la presencia de un otro gatilla un darse cuenta, una conciencia de sí mismo y surge la figura del self en su insuficiencia. Esta figura o conciencia de sí mismo es certificada ante la mirada del otro, es sostenida y energizada por el otro. El darse cuenta introducido por la presencia del otro rompe con la confluencia previa (semejante al concepto de “acomodación patológica” de Brandchaft citado en Morrison 2005) y deja al sujeto con sus retroflexiones.

Entonces, desde este punto de vista, la vergüenza en cuanto a ruptura de confluencia es igual a la conciencia.

En cuanto a un momento de vergüenza, cuando alguien avergüenza a otro, se marca la ruptura de la confluencia en la diferenciación de un nosotros que antes era indiferenciado, ya que se hace evidente “que yo soy más (en esto o aquello) que tú” (Levy, 2000). Así, una de las formas de evitar la aparición de la figura de la vergüenza, es mantenerse indiferenciado del grupo, o mantenerse en confluencia. La persona, con el fin de evitar la ruptura de la confluencia y la subsecuente experiencia de vergüenza por ser quien es, prefiere mezclarse en un grupo, camuflarse en la masa a costa de la expresión de sí mismo y del propio proceso de autorregulación.

Por lo tanto, en el ciclo de la experiencia, podrían aparecer interrupciones del contacto que, sabiendo reconocerlas, podrían dar cuenta de un proceso de vergüenza en curso, por ejemplo:

- Entre consumación y sensación: Se destina mucha energía y cuidados a evitar las situaciones en las que se podría quedar expuesto a volver a sentir vergüenza (Levy, 2000). Se evita la ruptura de la confluencia que implica la vergüenza (Robine, 2005): confundirse indiferenciadamente en la masa, buscando ocultar el self, sin mostrarse para no quedar expuesto a la mirada del otro o de sí mismo, así como el esfuerzo por no cometer errores13

- Entre sensación y conciencia: Normalmente el proceso de sentir la vergüenza se sustrae de la conciencia a base de maniobras automáticas que funcionan para evitar experimentar la exposición del self a otros, y también aspectos del propio self hacia uno mismo (Yontef, 1995, 1997). También una actitud prejuiciosa y discriminatoria podría hablar de una proyección del sentimiento de vergüenza (o discrepancia con un ideal), ya que al proporcionar un sentimiento de superioridad social, el prejuicio puede ayudar a ocultar los propios sentimientos de inferioridad (Myers, 1995). Emociones como el orgullo y la envidia también podrían dar cuenta de una interrupción en esta fase.

- Entre conciencia y energización: confusión, bajar el perfil, ganas de arrancar o “que me trague la tierra”, justificaciones, excusas. Es decir, en base a una

13

Si bien el esfuerzo por no cometer errores remite más bien a la evitación del sentimiento de culpa por los actos realizados, se relaciona con el sentirse avergonzado por ser la persona que podría cometer ese acto, lo cual es llamado nexo vergüenza-culpa en Yontef (2005) o

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