4. Ability to take on the obligations of membership
4.24. Chapter 24: Justice, freedom and security
4.5.2.1.1 Tradición física
Newton distinguió el estímulo y la sensación a través de sus experimentos con la luz, lo que le llevó diferenciar la experiencia perceptiva y el estímulo físico que la hace posible. Además hizo evidente que la sensibilidad del ojo humano variaba cuando variaba la longitud de onda en las radiaciones. Estas conclusiones le dan a Wundt instrumentos para especificar las propiedades del estímulo, pero no le proporcionan medios para medir la percepción, un legado que recogerá de la tradi- ción psicofísica.
4.5.2.1.2 La tradición psicofísica
La psicofísica, fundada en 1860 por Gustav Fechner, tiene como principal objetivo establecer correspondencias entre las propiedades del estímulo y las de la percepción, ya que se podía medir la energía física, pero no se sabía cómo medir la intensidad con la que se recibe.
Para conseguirlo, Fechner buscó y determinó los umbrales a partir de los cuales el estímulo pasa de no ser percibido a serlo, y estableció una ley, la ley de Fechner, que preveía que existía una proporción entre el estímulo y su percepción. Aunque esta ley resultó inadecuada (Lillo, 1993: 36), porque se demostró que, a partir de un determinado momento, multiplicar por dos un estímulo no significaba que la percepción de ese mismo estímulo se duplicara (Lillo, 1993: 145), a este autor se le reconoce el mérito de ser el primero que intentó proporcionar instru- mentos para medir cuantitativamente la percepción.
Pero para que Wundt desarrollara una explicación del hecho perceptivo necesitaba, además de la distinción entre estímulo y percepción, y de instrumentos para medir la percepción, los me- canismos que explicaran cómo se relacionaban los estímulos con la percepción. En este sentido, el legado más importante lo recibió de los filósofos empiristas británicos.
4.5.2.1.3 La tradición empirista
Como veremos en un apartado posterior, existen dos corrientes epistemológicas que posicio- nan nuestro conocimiento bien entre lo aprendido, la postura empirista, bien entre lo innato, la postura nativista.
Una de las principales figuras del empirismo, Hume, defendió que las percepciones están en nuestra mente y que pueden ser simples y complejas, de modo que la asociación de percepcio- nes simples conformarían las complejas. Esta terminología de percepciones simples y comple- jas se sustituirá, con el tiempo, por la de sensaciones y percepciones.
Pero cómo explicar las sensaciones y las percepciones si se trata de una respuesta al estímulo que depende de cada individuo y de las condiciones como llega el propio estímulo. Para supe- rar este callejón sin salida, propusieron la existencia de una serie de sensaciones fidedignas que servirían para validar las que no lo eran. De esta manera concibieron el estudio de la tercera dimensión, y defendieron que si podemos apreciar la profundidad en una imagen en dos di- mensiones, es porque en la imagen retiniana existen una serie de claves de la profundidad que son utilizadas por el cerebro. Estas claves han sido denominadas como claves pictóricas de la profundidad, porque serían las responsables de que podamos apreciar la profundidad en una representación bidimensional, y son (Lillo, 1993: 36 y ss.):
. la clave de altura, en el sentido de que los objetos que están lejos tienden a proyectarse más altos en la fotografía que los más próximos;
. la clave del tamaño relativo, ya que los objetos lejanos tienden a proyectarse más pequeños que los que están más próximos;
. la clave de superposición, en el sentido de que los objetos más próximos tienden a tapar u ocluir a los más alejados.
Una vez establecidas estas claves se plantea una contradicción porque se demuestra que no son fiables: un elemento puede estar más elevado en la imagen porque su situación real sea ésta y no porque esté más alejado, pero sin embargo aprendemos a interpretarlas en clave de profun- didad. ¿Por qué?
La respuesta a esta contradicción y a esta pregunta está en las claves fisiológicas, que se deno- minan así debido a la diferencia en la presión ocular que se producen en función de la distancia a la que se encuentra lo que miramos (Lillo, 1993: 36-39):
las distancias, de modo que es grueso y redondeado en las distancias cortas, y fino y alargado en las distancias largas;
. la convergencia, que se produce cuando centramos la atención en un objeto y se forma un án- gulo imaginario entre los dos ojos, un ángulo que se incrementa cuando se reduce la distancia de observación, lo que aumenta la tensión en los músculos que mueven los ojos.
A través de estas claves fisiológicas podemos calibrar las claves pictóricas de profundidad, ya que a lo largo del curso vital es posible que ciertos valores de las claves pictóricas se asocien con ciertos valores de las fisiológicas y adquirir, progresivamente, la capacidad para hacernos percibir profundidad (Lillo, 1993: 41-43)
Lillo señala que aunque es posible que existan diferentes motivos para discrepar de esta forma de concebir la percepción visual de la tercera dimensión, lo cierto es que las claves pictóricas pueden utilizarse con efectividad en dibujos y fotografías para distorsionar fácilmente el ta- maño con el que se perciben las cosas (Lillo, 1993: 43), y que algunas de estas propuestas se continúan utilizando en la actualidad (lo veremos en párrafos posteriores) en el estudio del reconocimiento, “uno de los aspectos de la percepción que más influye en nuestra experiencia consciente” (Lillo, 1993: 379-381).