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4. Ability to assume the obligations of membership

4.24. Chapter 24: Justice, Freedom and Security

En los trabajos de Morin y de Luhmann se advierte que la idea del sistema como una unidad organizada permite entender que el enfoque de sistemas es una forma también organizada de estudiar las organizaciones sociales desde una perspectiva de entenderlas como sistemas abiertos/cerrados, que se diferencian del entorno a partir de propiedades emergentes y autopoiéticas. Una mejor expresión de este tipo de pensamiento sistémico es la Teoría de Sistemas Abiertos (TSA).

La TSA, tal como se presenta en Katz y Kahn (1978), enfatiza la estrecha relación entre la estructura del sistema y el ambiente que la rodea (pp. 30-33). El concepto de entropía, igual que en Morin (1992), ejerce un rol vital en el estudio organizacional: sin insumos continuos cualquier sistema muere y, en las organizaciones sociales, esos insumos son el esfuerzo humano y la motivación, entre otros (pp. 146-147).

La TSA es la culminación de una serie de planteamientos teóricos que se iniciaron a partir de la observación de que los individuos, al organizarse socialmente, producen una sinergia cuyos objetivos no necesariamente coinciden con los de la organización misma. De esta manera, nos dicen Katz y Kahn (1978), el nivel de la conceptualización se establece en el macro-nivel, en el nivel de la organización vista como sistema, mientras que el micro-

Álvaro Quijano Solís nivel, el de los datos, se ubica en el nivel de los componentes, con énfasis en las personas.

La TSA proporciona un marco para analizar cómo los patrones de intercambio de energía o de actividad de la gente contribuyen a transformar los insumos en el producto final, y cómo este producto reactiva esos patrones. Así se determinan los límites del sistema, a partir de las transacciones que se hacen con el medio ambiente para realizar este proceso de transformación.

El enfoque de la TSA es el marco necesario para reconocer que los cambios en el medio ambiente demandan cambios en las organizaciones y en el planteamiento de los problemas y, de esta manera, los cambios deben enfocarse no sólo hacia el funcionamiento interno y al ajuste de componentes, buscando la estabilidad del sistema, sino también hacia la búsqueda de una mayor flexibilidad frente a las influencias del medio ambiente.

En sentido estricto, la TSA no es una teoría. No establece relaciones de causa-efecto ni hipótesis específicas, ni proporciona pruebas para ellas. Es, al igual que el enfoque de sistemas, una especie de metateoría, una estructura, un modelo en el sentido común de la palabra. Se trata de un enfoque conceptual para entender y describir muchos tipos y niveles de fenómenos, particularmente aquéllos que pueden identificarse a partir de procesos dinámicos recurrentes y que constituyen patrones cíclicos de eventos que ocurren en contextos más amplios.

Según Fuentes Zenón (1993), en este enfoque se adopta una relación productor- producto como alternativa a la relación causa efecto, en donde es necesaria la existencia del productor, pero esta existencia no es suficiente, puesto que otros factores también influyen en el producto. En sus propias palabras:

Este tipo de relación permite introducir aspectos como albedrío, elección y objetivos, de manera tal que los fenómenos no sólo se explican por lo que los provoca, sino también por el efecto que se desea producir (teleología) (Fuentes Zenón, 1993, p. 12)

La TSA retoma de las concepciones marxistas, de la teoría del campo social de Lewin y de los estudios de Vygostky el principio de que las relaciones sociales priman sobre las características individuales y son las fuerzas determinantes, a partir de las cuales la dinámica estructural se expresa dialécticamente (“pienso como vivo, no vivo como pienso”).

Aceptación de tecnologías de información y cambio organizacional: propuesta metodológica para su planeación en una biblioteca académica

Los planteamientos de Talcott Parsons y los funcionalistas estructurales incorporan a la TSA el análisis de las estructuras sociales a partir de las funciones que realizan, en la búsqueda de la estabilidad social entre “subsistemas”. Esta escuela permitió sentar las bases del análisis de transacciones entre subsistemas del mismo sistema social, a partir de la noción de roles y funciones frontera entre los subsistemas.

Por su parte, la escuela de Allport aportó nociones tan importantes como la de inclusión parcial que ha permitido clarificar el hecho de que la membresía y el rol sociales sólo involucran una parte de la personalidad de los individuos. Es decir, la “pertenencia” del individuo a la organización es parcial.

Allport sostenía que los sistemas sociales no tienen forma anatómica, que la función es la estructura y que la identificación de los patrones de conducta organizacional se da a partir de los ciclos de eventos que, a su vez se determinan por los ciclos repetitivos de interacción humana que conservan los saberes y haceres que, al ser identificados y comprendidos mediante la observación, permiten la predicción de futuros eventos. De esta forma, la causalidad no es históricamente lineal, sino continua y no depende del tiempo, sino del ciclo de eventos. Por ello, el cambio planeado en una organización produce consecuencias en ella dependiendo de las condiciones del sistema en un momento dado. Es decir, el éxito del cambio se vuelve circunstancial.

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