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“Es más fácil aprender lo que no se sabe que aprender lo que se sabe”. Jacques Salomé.

A partir del golpe, la biología entra pues en el estrés, y esto para hallar una solución. Varios casos de figura se presentan.

Primera posibilidad

En el ciclo ultradiano, cada 90 minutos, el individuo pasa por una fase de estrés (llamada ortosimpaticotonia o simpaticotonia) a una fase de relax (parasimpaticotonia o vagotonia). La fase de estrés dura aproximadamente

60 minutos y la fase de descanso, de relax, de recuperación, aproximadamente 30 minutos.

Segunda Posibilidad

El ciclo circadiano: Si los conflictos no pudieron resolverse en los 90 minutos, hay esta gran fase de relax y reparación que es el sueño, que debe permitirnos recuperarnos de todo el estrés de la jornada. Los sueños tienen por función, entre otros, clasificar, liquidar, incluso resolver los conflictos del día o de los días precedentes.

Tercera Posibilidad

Nuestra biología no puede permitirse quedarse en un estrés duradero. Si aún no se ha hallado solución, trabajará con economía, limitando este estrés, limitándolo a una parte del cuerpo solamente, del cerebro o del psiquismo. No es bueno para el resto del cuerpo que todos nuestros pensamientos estén obsesionados por un conflicto, que nuestro cerebro esté en “sobrevoltaje”, que dejemos de dormir y de digerir… La solución entonces es hacer caer el estrés en la biología inconsciente, psiquismo, cerebro, cuerpo y energía. El drama siendo no haber sabido hallar una solución, esta gestión del estrés pasa al inconsciente, aunque solo fuera para poder comer, dormir, vivir. Sino, morimos. Entonces, ya no hay más que una pequeña parte del psiquismo, cerebro, cuerpo y energía interna que están en este estrés, la ortosimpaticotonia.

En mi opinión, tocamos aquí al nacimiento del inconsciente, que es la suma de todos nuestros aprendizajes, incluidos los aprendizajes positivos. En su polaridad negativa, el inconsciente no es más que la suma de todas nuestras situaciones no acabadas, no liquidadas.

Físicamente y psicológicamente, guardamos. Ya no se habla de la cosa con palabras, no se expresa pero se imprime, porque no se ha encontrado solución, o porque no se puede hablar de ello.

En cualquier síntoma, hay lo que yo llamo una pantalla de humo. Cuando alguien se presenta con un síntoma, el que sea, sabemos que en alguna parte, hay un rechazo, porque la cosa era demasiado dolorosa y que no había solución.

En terapia, llevamos a la persona ahí donde no quiere, no puede o no sabe ir: en su oscuridad, la famosa cámara negra que es el inconsciente.

Es primordial para el terapeuta y el paciente tener consciencia de este fenómeno, de esta realidad que se llama a veces, en psicoanálisis, fenómenos de resistencia, que son inconscientes, involuntarios, pero que se explican también de modo biológico.

Los conocimientos de la función biológica de cada órgano (lo que llamamos el desciframiento) de cada enfermedad, permite a la persona acceder a este dato inhibido, atravesar la pantalla de humo. Por ejemplo, frente a un problema tocando los pulmones, en seguida, gracias al desciframiento biológico, en la pista de un conflicto de miedo a la muerte. Para problemas óseos, se sospechará inmediatamente una desvalorización, etc.

Con este desciframiento, es más fácil hacer que el paciente recobre los sucesos escondidos, fuentes de estrés:

-Una vez que la palabra de lo experimentado está pronunciada,

-Cuando se ha dado ejemplos de otros pacientes que tuvieron este mismo experimentado.

-Contando metáforas, historias de animales.

Caso clínico

Una mujer tenía un cáncer de los pulmones, enfermedad que esta ligada a un conflicto de miedo de morir, a lo cual ella contesta que de ninguna manera. Sin embargo, en la sesión siguiente, me confía: Me acordé de un suceso. Fui a casa de mi padre recientemente, y para bromear, cogió a mi bebé y lo columpió encima del vacío, por la ventana de su piso en el piso décimo del inmueble. Esto a mí en absoluto me hizo gracia. Y después hay otra cosa. Y luego hay otra cosa, estabamos en coche con mi familia y en pleno zona silvestre, mi padre percutó un coche. En nuestro coche, mi padre estaba ensangrantado, mi hermano y mi hermana estaban ahí, inanimados. Fui al otro coche para pedir ayuda, y las dos personas de este coche también estaban inconscientes. Finalmente todo mi familia sobrevivió, pero las dos personas que estaban en el otro coche habían muerto en el instante…”

Esta mujer había vivido un drama muy fuerte que había totalmente puesto de lado porque no había habido solución, era insoportable. Este suceso estaba escondido detrás de una pantalla de humo.

Es también la historia de este monje a quien se le había inculcado, en su pequeña infancia, la creencia que el infierno, el pecado, pasan por la mujer. Había entrado en un monasterio, en parte probablemente, para aislarse de las mujeres. Al final de su vida, mató a una mujer accidentalmente en un paso de peatones. Dijo a los policías que no la había visto. Por así decirlo, había borrado la imagen de la mujer. Ya que era peligrosa, ya no la veía.

Hay una autonomía de la emoción y de la creencia, detrás de la pantalla de humo. Pero el inconveniente es que con el paso de los años, esto ya no sirve de nada. Un comportamiento que en un momento fue vital para la supervivencia, puede volverse del todo inútil o incluso molesto algunos años más tarde.

Durante la guerra, una persona pudo establecer comportamientos de desconfianza y de sospecha en relación con todo el mundo, y esto puede haberle permitido sobrevivir. Pero 50 años más tarde, seguir desconfiando de todo el mundo puede ser un limite y un gran obstáculo. Se llama esto una paranoia.

La terapia consistirá de algún modo a enseñar al inconsciente que la guerra ha acabado. La persona sólo irá en sus problemas si sabe que puede salirse de ellos, que puede aportarles remedios.

Una palabra de sabiduría dice que un reloj parado está a la hora dos veces al día. Con un golpe, hay algo que se bloquea en el tiempo. La persona tiene razón dos minutos por día, pero todo lo que queda de tiempo, está inadaptada. Se trata en terapia de “volver a dar cuerda al reloj” para ponerla en su presente.

2. Los sistemas nerviosos

“Es al nivel del sistema nervioso autónomo con sus dos ramas, el simpático

y, al opuesto, el parasimpático, que se sitúa uno de los principales sistemas de comunicación entre el espíritu y el cuerpo y por vía de consecuencia, el efecto placebo, esto aplicándose tanto a la enfermedad como a la curación”.

Guy Lazorthes. El cerebro y el espíritu.

Sistema ortosimpático y sistema parasimpático

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