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Cuando ya empezaron a entrar los paramilitares, empieza a dañarse más la cosa, porque entonces ya era un grupo que iba contra la misma comunidad. O sea contra las personas del pueblo. Porque ellos decían que aquéllas personas del pueblo les colaboraban a las guerrillas. O sea que nosotros, todos lo que vivíamos allí, éramos colaboradores de la guerrilla. Aunque eso no fue una realidad. Porque uno colabo- rar sería uno ir y llevar sus cosas allá donde ellos están sabiendo quienes son. Pero si usted tiene un negocio de comerciante y yo voy a comprarle yo no tengo que de- cirle a usted que yo soy de la guerrilla, usted de todos modos lo va a vender. Porque por supuesto usted está es vendiendo, usted no pregunta quien es policía o soldado.

Usted vende. Eso hacíamos nosotros vender. Zaragoza, Antioquia, 1998, P. 65.

En la lógica de la confrontación armada, el hostigamiento es un acto dirigido a para-

lizar, intimidar, exigir, acosar. Los efectos colectivos del miedo son intencionales. Al hostigar, un actor armado está buscando activar el miedo, generar zozobra, demostrar su capacidad potencial de hacer daño. El mensaje invisible que se quiere trasmitir con esos episodios es que “el contrincante” no ha obtenido la victoria, que la confrontación

armada sigue.

La población civil es el escenario de esa guerra para desalojar a un actor del territorio en

disputa o para obtener ventajas tácticas en su estrategia de control. Para comprender la lógica de muchos de estos impactos, y de los casos colectivos que se analizan en este estu-

dio, hay que mirar detrás de lo visible. Zonas de retaguardia, zona roja o rosa, pacificación contrainsurgente, son a la vez conceptos de la guerra y lógicas de las acciones contra la

población. A veces, predominan los asesinatos selectivos, en otras las masacres. A veces

se quiere el desplazamiento, en otras el confinamiento. Incluso los proyectos de desarro-

llo pueden ser parte de la lógica de control militar de un conflicto o de tejer las relaciones

socioeconómicas en un escenario de consolidación de dicho control.

O sea se enfrentaron paramilitar, guerrilla, ejército y policía, para acabar con el pueblo, acabar con veredas. Hacían subir a la gente de las veredas hacia el pue- blo, del pueblo las hacían salir, porque ya era la amenaza para todos, no era para uno solo, era para todo el mundo. En ese tiempo en el 2002, nos vinimos como 300

El hostigamiento, no solo busca al final la parálisis por el miedo, sino también involucrar a la población civil de distintas maneras en la dinámica del conflicto armado: por ejemplo como informante, colaboradora, financiadora, escudo humano, botín colectivo, y también como base social y política de uno u otro grupo armado.

Después de eso frente a las personas que no siguieron esa tónica de estarse reu- niéndose con ellos, empezaron a tomar represalías. Porque uno a veces en sus tan- tas ocupaciones, no se prestaba para ese cuento y ellos querían que uno estuviera dándoles información de cosas que le pasaban alrededor del entorno, y no todo el mundo se prestaba para eso. Entonces los que no llegábamos a estar de acuerdo con todo lo que hacían y decían, ya nos cogían como objetivos militares, objetivos

de guerra. Bajo Atrato, Chocó, 1998, P. 139.

Esta ha sido una guerra contra la población civil. De ello dan cuenta las miles de víctimas y de sobrevivientes registradas por organismos tanto públicos como privados. Los actores armados han combatido entre sí, pero los hechos y las cifras nos indican que han privi-

legiado el ataque, los asesinatos, las violaciones, el hostigamiento y el amedrentamiento a las poblaciones, ya sea porque las señalen bajo la influencia política del contrincante o porque es el modo más eficaz de control político, económico y simbólico en la perspecti-

va de ganar posiciones, control y, en últimas, la guerra.

Cuando vieron el avión fumigando, mi hermano logró con la gente más cercana, meterse al monte con mujeres embarazadas, con niños. Se quedaron allá más de ocho días. Mi hermano cogió a esa gente y llegó hasta cerro Azul muertos de

hambre, de frío y todo. Pidieron trabajo en una finca, y contaron que desde un

avión habían fumigado a los campesinos, que ellos vivían en tal parte y en otro cerro tengo entendido que el otro grupo armado tenía unos gringos secuestrados.

Belmira, Antioquia, 1986, P. 90.

“El pueblo” ha sido erigido el centro discursivo de los proyectos y acciones armadas, pues en su nombre se justifican todos los actos de guerra. Sin embargo, los hechos más bien indican que la población civil ha sido el chivo expiatorio de todos los grupos armados ilegales y legales. La población civil, según conveniencia, es prescindible o necesaria; bien preciado o ruin; trofeo o botín de guerra.

A las 6 de la tarde pasaron los paramilitares diciendo que nos teníamos que reubi- car a la iglesia de Bellavista, y la gente pensando que, como era un sitio sagrado,

eso lo iban a respetar, que no le iban a hacer nada a uno. Nos juntamos ahí no

sabiendo que ellos nos iban a utilizar como escudos humanos. Eran las 10 de la mañana, cuando la guerrilla alcanzó a disparar como tratando de ubicarlos a

ellos, a los locos (paramilitares). De allí los paramilitares empezaron a disparar

del atrio de la iglesia o sea del patio de la iglesia hacia abajo y ellos mutuamente

de debajo hacia arriba. En una de esas, la guerrilla tiró el cilindro bomba. Noso-

escuché la explosión… había gente sin cabeza, gentes mutiladas, niños gritando.

Bellavista, Bojayá, Chocó, 2002, P.468.

Conmueven los relatos de las mujeres víctimas al constatar el desprecio por la población,

así como por los lugares sagrados y las creencias de la gente. La población civil ha estado en medio del fuego cruzado, utilizada como escudo humano, en una clara violación de los códigos de guerra, del Derecho Internacional Humanitario. La guerra en Colombia ha sido profundamente atroz, no solo con los combatientes sino sobre todo con las mujeres, hombres, niñas y niños que han tenido el infortunio de morar en un territorio de interés político y económico para alguno de los actores armados, así como de los no armados que les financian, auspician y protegen.

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