filas del partido Nacional (PN), teóricamente el partido gobernante, se ha desatado ya una carrera abierta para hacer proselitismo político de cara a ganar la nominación presidencial del partido en las elecciones generales de 2013. Son cuatro los principales aspirantes a convertirse en el sustituto de Pepe Lobo al frente de la Presidencia de la República: Juan Orlando Her- nández, actual presidente del Congreso Nacional; Ricardo Álvarez, alcalde de la capital; Miguel Pastor, ministro de Obras Públicas, Transporte y Vi- vienda, y Óscar Álvarez, ministro de Seguridad.
De los cuatro, los tres primeros son los que tienen las mayores posibilida- des, especialmente Hernández y Álvarez. Todos ellos utilizan los recursos logísticos de las respectivas instituciones que dirigen para favorecer sus afanes proselitistas y organizar desde ya sus núcleos de apoyo en los dife- rentes municipios y departamentos del territorio nacional. Hernández, con el pretexto de “socializar” y consensuar con la gente los proyectos de ley de la reforma laboral y el de la creación de empresas mixtas con inversión pública y privada, se ha dado a la tarea de recorrer todo el país, en un abierto inten- to por construir una red de apoyo nacional a sus pretensiones presidencia- les. El alcalde Álvarez, por su parte, ha entrado en una abierta competencia con el ministro Pastor por ganarse la simpatía de la gente mediante la repa- ración de las vías deterioradas y la reconstrucción de carreteras. El cuarto aspirante, el ministro Óscar Álvarez, es el que la tiene más difícil ya que no ha podido exhibir éxitos convincentes en su lucha contra la delincuencia común y organizada. Su frustración es mayor porque comprueba cada día que sus contrincantes le ganan cada vez más la carrera y ponen distancia considerable con respecto a su propia campaña proselitista.
El presidente Pepe Lobo, que todavía no se inclina por ninguno de los aspi- rantes en particular, no oculta su disgusto porque la carrera por la nomina- ción presidencial haya comenzado en forma tan prematura, antes incluso de cumplir el primer año al frente de la Administración pública. Tradicionalmen- te se ha acostumbrado que los aspirantes den una tregua de al menos dos años al presidente de la república, permitiéndole gobernar sin mayores con- tratiempos partidarios y con el apoyo pactado de todos los posibles precan- didatos presidenciales. Esta vez nadie parece interesado en respetar esa vieja norma de la política tradicional hondureña.
Como si no tuviera suficientes problemas con la crisis política que recibió en herencia envenenada, el presidente Lobo debe lidiar también con los celos y recelos de los prematuros aspirantes presidenciales, sus luchas internas y el desgaste adelantado del poder presidencial.
En los treinta años que lleva ya recorridos el proceso de transición desde los gobiernos autoritarios hacia la democracia, el presidente Lobo ha sido, sin duda alguna, el presidente más débil y solitario en el ejercicio del poder.
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Diario de la conflictividad en Honduras 2009 - 2015
Criticado por la vieja guardia de su propio partido, cuestionado por los gru- pos cívicos de la ultraderecha golpista, presionado por los núcleos empresa- riales más conservadores y ambiciosos del país y, para completar el cuadro, rechazado y satanizado por la ultraizquierda del llamado Frente de Resis- tencia Popular, así como desconocido por varios influyentes gobiernos de Latinoamérica, Lobo se encuentra en una difícil encrucijada, atrapado entre sus propias vacilaciones y una muralla absoluta de incomprensión y cues- tionamiento a sus escasas iniciativas políticas. A veces da la impresión de que todavía no ha empezado a ejercer su gobierno.
Como si todo esto fuera poco, el país ha sido víctima de las intensas lluvias de la temporada, que han provocado inundaciones, derrumbes y serios da- ños a la infraestructura vial del país, todo esto sin contar la mortal epidemia del dengue, una enfermedad que ha provocado ya más de cuarenta muertos y ha puesto al desnudo toda la fragilidad, los vicios y carencias del sistema de salud pública en el país.
La conflictividad que no cesa…
n medio de la crisis de gobernabilidad política en que se encuentra sumido el país desde el golpe de Estado del 28J, la ingobernabilidad social campea por sus propios fueros. Como ya es costumbre, sus destacados protagonistas son los principales gremios y sectores sociales organizados del país, en este caso los maestros de primaria y secundaria del sistema educativo nacional. Reclamando lo de siempre, el pago de sala- rios atrasados y la asignación transparente de los cargos intermedios en la estructura administrativa del sistema educativo, los maestros han paralizado el funcionamiento de la red de centros escolares, condenando a millones de niños a perder sus clases y permanecer en sus casas. A los reclamos tradi- cionales, esta vez han sumado la demanda de pago de la millonaria deuda que tiene el Estado con el Instituto de Previsión del Magisterio (INPREMA), una institución que fue virtualmente saqueada (más de tres mil millones de lempiras) durante los siete meses que duró el gobierno de facto de Roberto Micheletti (julio 2009 - enero 2010). Y ahora, para radicalizar más sus de- mandas, los maestros en huelga exigen la destitución del ministro de Edu- cación, el otrora dirigente gremial Alejandro Ventura, un personaje social- mente muy cuestionado, con numerosos líos judiciales pendientes y órde- nes de captura en suspenso.
Las constantes huelgas magisteriales han ocasionado la pérdida de 310 días de clase en los últimos cinco años, es decir que el país ha perdido un año entero de educación en el último quinquenio.
En el otro extremo del país, en la zona del Bajo Aguán, en la costa norte frente al Mar Caribe, los conflictos agrarios no dan señales de llegar a su fin.